feliz de volver a trabajar

Mi suegro el año pasado, amenazó a mi hijo con la que se le venía encima, porque “pronto empezaría el colegio, y se iba a enterar de lo que era bueno”, con un tono irónico que seguramente mi hijo no estaba preparado para entender con 5 años, pero más allá de eso, al comentarlo con mi mujer tuvimos la misma reacción, afortunadamente.

Esto que para él era una mera broma sin importancia, en realidad es un fiel reflejo de lo que culturalmente arrastramos desde que “nos echaron del paraíso” con la amenza bíblica de “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Nosotros dos pusimos el grito en el cielo, porque desde hace años recorremos el mundo formando a la gente en la pasión por el trabajo como modo de ser feliz y subir el rendimiento, personal y de equipo. El problema de luchar contra la incultura popular, es que está muy arraigada, y la gente te toma por un vendedor de crecepelo, pero la evidencia científica nos da la razón.

No solo es que la pasión determina el 35% del éxito profesional, que nosotros comprobamos estadísticamente con miles de encuestas, es que está demostrado también que en el ocio somos mucho menos felices que en el trabajo. ¿Te parece una broma de mal gusto? Párate a hacer memoria: ¿cuantas veces en el trabajo tienes la sensación de contínuo de atención, de que el día se pasa volando, que estás centrado en lo que haces, y que conseguirlo te da una sensación de logro, disfrute, triunfo, que te pone las pilas? Ahora reflexiona, ¿cuantas veces te pasa eso en tu ocio?

Un estudio de la universidad de Chicago nos da números muy claros: mientras que la gente pasa un 54% del tiempo con sensación de fluir, con su atención y producción en el trabajo, en el ocio, baja al 18 %, vamos que estamos empanados. Como precisamente yo defiendo que el tiempo de aburrirse en necesario para la creatividad, autoregulación organísmica, etc, no quiero hablar excesivamente mal de ese ocio, pero tampoco me parece, con estadística en mano, que haya que alabar el ocio, por encima del trabajo. Como mínimo hay que darle una vuelta a nuestra actitud en ambos casos.

Como muchos sabéis, en la actualidad creo que la atención plena es la clave del rendimiento y la felicidad, pues no solo mejora la relación con lo que uno hace, sino también con los demás. La atención plena no es solo enfocar la mente, también es enfocar el corazón, las caderas y las vísceras, ponerlo en sintonía con lo que uno hace, y disfrutar con ello. El trabajo no es una maldición divina, como nos han vendido, es una manera estupenda de ganarse la vida, que por encima de todo, nos centra, da un sentido de orden, de estructura en la que agarrarnos, nos saca del empanamiento de muchos, que en el fondo no aguantamos más en la playa.

Muchos pensarán que hablo del lujo de trabajar porque uno quiere, porque ya tiene resuelta la vida, o como dice Oscar Wilde: “El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer”, pero no. Las estadísticas nos hablan claro: en todos los niveles profesionales, las personas estaban más implicadas en lo que hacían cuando trabajaban, que cuando estaban de ocio. Es cierto, que los cargos con más responsabilidad, suelen estar más centrados o despiertos, atentos, en comparación con los que tienen labores más mecánicas, donde es más fácil aburrirse y contemplar el trabajo como una mera manera de subsistir. Ojo, que estos trabajos van a desaparecer con la llegada de los robots. Si eres de esos, despierta, fórmate y especialízate en algo que tenga futuro, y presente, pues como explico, dormirse, no es en modo alguno fuente de felicidad, rendimiento ni trabajo. Es cierto que todos conocemos alguna persona con trabajo muy humilde, que está más centrada que nadie, que disfruta con lo que hace, incluso si lleva haciéndolo 40 años, y que es verdadero ejemplo de vida para todos. De esos más que de nadie debemos aprender, pero maestros así no se encuentran en todas partes. De hecho, el entrenamiento en atención plena que facilito, apunta hacia esa maestría, de pensamiento, corazón y acción. Un reto para el que dormirse no es una opción.

En lo que se refiere a lo personal, y en contra de toda predicción, focalizar la atención es más importante que nunca. El ocio, no puede ser solo un descanso pasivo, vegetativo, playero. Nos desvitalizamos. Ojo los jubilados, que tras años de duro esfuerzo trabajando, alcanzan la anhelada jubilación y ahí para su sorpresa, enferman y mueren, sin saber por qué. Muchos hombres creen que es la edad, que evidentemente influye, pero algo que no ven es que probablemente nunca supieron sacar jugo a su ocio, valorando lo productivo por encima de lo sensitivo y afectivo, y ahora siguen recurriendo al descanso como una fuente donde retomar fuerzas, pero esa agua está estancada, podrida. Deben moverse, excitarse, por lo que les de la gana, pero seguir vivos y despiertos. Observen a las mujeres jubiladas y aprendan: una alumna mía de tai chi, con 80  años, practica padel, danza, aerobic, escritura creativa y ¡tantra!, ah si, también se nutre de sus 8 hijos y 21 nietos, cuando le sobra un rato. ¿Creen que es una excepción de los tiempos? Mi propia abuela, al llegar la jubilación, hace 40 años, en vez dejarse mustiar, se sacó el carnet de conducir e inscribió a inglés y alemán. Recuerdo las voces juiciosas de la época, que lo consideraban inadecuado en una dama, más de su edad, y no veían la productividad en ello, pues nunca podría viajar al extranjero, y conducir en aquella pequeña  Pontevedra era una excentricidad. No tenían ni idea: mi abuela tuvo una buena calidad de vida hasta casi su muerte, siempre alegre, feliz y con ganas de disfrutar hasta el final, con sus guantes especiales para conducir.

Volviendo a los que todavía trabajan, parece que hemos aceptado que la fuerza se pone en el trabajo, lo que está bien, pero a menudo, uno no se repone de esa fatiga, dejándose caer ante la televisión, sin más. No es que sea mala, yo mismo veo un poco todos los días en forma de series o películas seleccionadas. Mi atención está presente sin casi esfuerzo, y disfruto de compartir ese rato haciendo comentarios con mi gente. Sin embargo, más allá de ese rato, y del necesario descanso, debemos variar, organizar, planificar, enfocar nuestro ocio para que no se nos escape por el desagüe.  Cada uno a su manera: los hay que juegan a las cartas, ajedrez, hacen sudokus o crucigramas, pasean, hacen deporte, cortan el césped, desarrollan amistades, etc. Da igual lo que sea, con tal de que en ello haya, como en el trabajo, una sensación de disfrute, de entrega al momento, de voluntad de sacar el jugo de esos instantes, sin dejarse ir. En ese tiempo sin tiempo, por la sensación de no aburrimiento, el espacio también se expande y contrae, como si alteráramos las dimensiones. El planeta entero nos parece abarcable para nuestra ilusión y ganas de recorrerlo (que le pregunten a Marco Polo), y al mismo tiempo, un espacio tan reducido como un tablero de parchís, es suficiente para acaparar nuestra atención, haciéndonos pasar un buen rato. El universo en un grano de arroz, decía Buda.

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