Neurociencia y Santo Tomás

Durante casi dos décadas ya, he dado conferencias sobre los beneficios del autoconocimiento y las prácticas meditativas, como un entrenamiento psico-corporal, que trae enormes beneficios para la salud mental, emocional, corporal y espiritual. Mi capacidad de convencer a los que allí me escuchaban, pasaba por lo que yo emano, los estudios internacionales que traigo, o la propia confianza en las instituciones para las que trabajo, punteras a nivel mundial. Sin embargo, eventualmente, había un acto de fe que muchos no eran capaces de hacer, escépticos, pensando que era pura mitología china. Ahora ya no hay excusas, gracias a los avances de la tecnología, y la neurociencia, podemos observar a meditadores, incluso en tiempo real, y medir la evolución de indicadores como la tiroxina, colesterol, azúcar, regeneración del hipocampo, etc.

No juzgo las resistencias a creer, yo mismo hace 25 años, fui a un restaurante chino de un barrio modesto, donde moraba un chino viejísimo, que me decían “capaz de curar con las manos”, para ver si me ayudaba con un esguince recidivante. Le expliqué con gestos, porque no hablaba español, que había comenzado a hacer tai chi, a lo que el hombre se puso a tres metros de mi, y me pidió que extendiera la palma de mis manos. Él colocó sus dedos en forma de “espada de luz”, se concentró y proyectó sobre mi palma un calorcito que me recordó aquel de las máquinas de onda corta de los centros de rehabilitación. Me fui de allí con sensación de no entender para qué había estado, pues francamente, la curación no fue milagrosa, como me habían prometido, sino más bien otra sesión de rehabilitación con “calorcito”, un pequeño paso en comparación con lo que yo iba buscando, que eran pasos de gigante, sin entender entonces la importancia del camino.

Hoy leyendo sobre neurociencia, me doy cuenta de que quizás aquella fue la prueba de Santo Tomás, dónde yo me reafirmaría y continuaría trabajando la energía a diario, pues a tres metros de él, realmente pude sentir su proyección de calor en mis manos. No somos un cuerpo físico aislado, lo supe entonces y lo vivo cada vez que hago meditaciones dinámicas, donde juego con la energía, la expando, la concentro, la muevo, la reubico en mi cuerpo facilitando que mis órganos se mantengan sanos, es más mi estado energético tiene un efecto sobre mis clientes y entorno personal, donde la gente encuentra calma cerca de mi. “Efecto lexatín”, lo llaman. No es que sea un brujo, un curandero que ha heredado un don y vivo en la sombra de un restaurante chino, no, es que practico todos los días, cuido mi alimentación y los entornos que frecuento huyendo de toxicidades de todos tipos. La meditación es una “medicina” autoinducida, ¿a ti no te interesa? Es gratis. Si tienes curiosidad mira este vídeo de una de mis prácticas, a ver que te llega:

https://www.youtube.com/watch?v=ibRxsK4J-c0

A pesar de que es gratis, todavía hay rechazo cultural por parte de muchos, que para defender inercias, conductas y actitudes propias insanas, rechazan lo ajeno, juzgando sin conocimiento. “Mira a los chinos y los indios, su poco respeto por los derechos humanos”, “no ves que viven como animales, no tienen nada de avanzados”, “nuestra cultura es mejor que la suya”. Son algunos de los comentarios que he escuchado en defensa de no sé qué y en contra de tampoco sé qué, pues como digo, ya no hay que hacer actos de fe. Los efectos de las prácticas meditativas y de atención plena han sido corroborados en universidades y hospitales de todo el mundo. Vease Massachussets, Carolina del Norte, Harvard, Gran Canaria, etc. No veas choque de civilizaciones donde no los hay. Los listos no chocamos, hacemos alianzas, de civilizaciones en este caso, y sacamos lo mejor de cada una, sin substituir una por otra, ni restar valor a nuestros propios genios, como Machado, Ortega, o el mismísimo científico Ramón y Cajal, que por cierto ya hablo de regeneración neuronal en 1900, para burla de académicos retrógrados de la época, (cien años después se ha podido comprobar que era cierto, recuerden lo que comentaba al principio sobre el hipocampo).

Aquellos que todavía necesitan pruebas intelectuales, que lean informes de Harvard y libros bien documentados (como Flow, de Mihaly Csikszentmihalyi, o la película “y tú qué sabes”), y los que necesitan experimentar, que se expongan como yo a experiencias, pero está claro que cuanto antes se pongan todos a practicar con frecuencia diaria, antes sentirán los efectos. Para finalizar, creo importante no confundir leer sobre el tema con practicar las técnicas. Este año he tenido la rara coincidencia de tener como clientes a mucha gente con cocientes intelectuales elevadísimos, auténticos genios, que han leído mucho más que yo sobre Yoga, Chi kung, Vipassana, misticismo sufí, Zen, Zog Chen, Mindful, neurociencia, etc, y aunque lo entienden todo debo decir que la lluvia no les había calado por debajo de la cabeza.  Da igual cuanto sepa uno sobre neuropéptidos,  teoría de cuerdas ni siete dimensiones: si no te entregas, practicas y abres tu experiencia a energías sutiles, nada cambia. Si lo que digo te suena a chino quédate simplemente con esto: nutre tu corazón aportando a un entorno de paz y harmonía. Tendrás una vida larga y amorosa. Si focalizas tu atención en la lucha, siempre encontrarás donde luchar, y enfermar, pareciéndote a tus enemigos, por puro roce. Tú eliges y tú conformas tu realidad.

Jorge Urrea facilita la gestión de crisis y procesos de autoconocimiento profundos.