Espiritualidad robótica

 

Pregunta Silvia Leal, reconocida experta en sociología y tecnología, si los sacerdotes están a salvo de ser substituidos  por robots, en un artículo que como todo lo que publica merece la pena leer, si quiera para contestar, como aquí hago yo, sabedor de que todos y ninguno tenemos la razón, porque no dejamos de ver más que un solo fragmento de la realidad, con lo que espero apoyar en la construcción de una percepción más amplia.

http://www.efeempresas.com/blog/estan-los-sacerdotes-salvo-de-los-robots/

Yo leo el artículo, y aprecio en primer lugar el mensaje principal, que es que espabilemos, que casi ninguna profesión está libre de ser substituida por robots, y si queremos ganarnos el pan tendremos que hacerlo en otro sitio y/o de otra manera. Lo segundo que agradezco es que habla de fomentar nuestra humanidad como clave del éxito, para aquellos que todavía intentan ser más eficientes que un robot. Locos. Eso ya es imposible y además, lo que realmente podemos aportar en la competencia con la inteligencia artificial, que puede gestionar sin esfuerzo millones de datos para una decisión sencilla, es sin duda nuestro alma y por ende nuestra capacidad de entender nuestras miserias humanas y saber acompañarlas.

Es ahí donde confronto de pleno la posibilidad de un robot monje budista, cristiano ni de ninguna otra religión o rama espiritual. De igual manera que en Antena tres confrontaba que Facebook o Google puedan no solo saber más de nosotros o que nuestra propia madre, sino que también nos puedan acompañar mejor que ella, o que un psicoterapeuta o coach, que es en lo que a mi me toca. (ver artículo http://www.psico-tao.com/?p=879 )

Es cierto, que si es cuestión de acceso a la información, los robots pueden en el caso de los monasterios, recitar textos sagrados, mantras, laudes gregorianos o lo que se quiera. Igualmente debemos agradecer a tantos maestros del mundo entero, que ahora comparten su sabiduría y luz en forma de vídeos, artículos y conferencias en formato digital. (un ejemplo es el del Lama Rimpoché con el que trabajé un verano, que luego nos dijo que publica en youtube, y recomiendo vivamente https://www.youtube.com/watch?v=ZUvykNc6vYs&t=353s )  Es una oportunidad sin igual en la historia. Muchas enseñanzas antes permanecían ocultas no solo por límites teconológicos, también por avaricia, cual tesoro a no compartir, bajo el falso mito de que una iluminación antes de  tiempo podía volver loco (siempre fomentando el miedo para controlar el poder sobre la gente...) Sin embargo debo decir que el acceso a la información no implica la comprensión, ni el acompañamiento, que debe seguir siendo buscado en personas, profesores, maestros, seres queridos a los que escuchar con la humildad  del que no está lleno de si mismo.

Por otro lado, coincido con Silvia en que es mejor no resistirse, y abrazar las nuevas tecnologías tan rápido como sea posible, antes de que nos fagociten, y esto no es ninguna broma, como ella misma denuncia con labor verdaderamente oráculo-profética, estúpidamente desatendida por demasiados. Animo igualmente a abundar en la propia humanidad, y añado la importancia de hacer trabajo de autoconocimiento, que sirva en la relación con uno mismo, con el medio y con el otro. Por un lado nos dará una ventaja competitiva en comparación con lo que sí puede hacer un robot, de hecho servirá para que los robots puedan hacer bien su trabajo, porque “lo que nos diferencia nos hace rentables”. Por otro lado, la realidad tal y como la conocíamos de niños ha cambiado mucho, pero tampoco tiene nada que ver con lo que está por venir en poco tiempo. (Entrenarse en el vacío para no tener miedo y sabir fluir es buena cosa).

Los creativos, que a menudo son verdaderos visionarios, lo plasman en películas de niños y adultos, y nosotros, que tenemos los párpados abiertos, pero los ojos cerrados no nos damos cuenta de que lo que parece fantasía es o va a ser realidad en poco tiempo. Acompañando a mis hijos a ver una película de dibujos, Wally, “descubrí” una sociedad en la que los robots nos hacían la vida tan fácil que habíamos renunciado al movimiento corporal, deformando nuestros cuerpos de manera esperpéntica. Por cierto los robots mantenían funcionales nuestros cuerpos a base de masajes robóticos, que imagino moverán las carnes, pero no tocarán el alma, como sabe hacer el terapeuta sensible. Se me hizo obvio, una vez más, que uno debe desconfiar de los avances tecnológicos y no sumirse en un sendentarismo enfermizo, recordando aquello de “mens sana in corpore sano”.

¿Crees que exagero? ¿Quién no conoce los sillones de masajes electrónicos, las plataformas deslizantes de dos ruedas en diferentes versiones, las escaleras o plataformas mecánicas? Lo próximo, que ya está aquí, son las prendas termoregulables (que atrofiarán el propio mecanismo tiroideo de autoregulación y consumo energético) y los exoesqueletos para labores cotidianas, facilitando levantar pesos imposibles para un humano, pero con el riesgo de anular nuestra propia musculatura si lo usamos en exceso o “en lugar de”. Todo usado con mesura e inteligencia es un avance indudable, pero sin consciencia, tiene consecuencias drásticas.

En la relación con los demás seres humanos es igual. Recuerdo aquella otra película de los Surrogates, con Bruce Willis, que lo dejaba muy claro. No te la pierdas. Si te atreves con algo más duro, lee el libro “Eres bella”, de Chuck Palahniuk, conocido autor del Club de la Lucha, que te dará otra visión de los juguetes sexuales.  Si uno usa a un robot para interactuar con el mundo, corre el peligro de que solo se relacione con otros robots, mientras uno permanece en el sillón, sin asear, sucio, estancado como el agua, podrido física y espiritualmente. Advertido quedas.