Soñando con Black Mirror

Yo tengo la sana costumbre de hacer la siesta casi todos los días, no mucho tiempo, unos 20 minutos, pero son muy reparadores, me resetean la cabeza y siento un gran bienestar, tanto que la mera idea de ir a hacerlo me excita de alegría, con riesgo de despertarme. ¿te da envidia? No me extraña, ojalá todo el mundo pudiera, pero quita la envidia de la cabeza, hoy me gustaría hablar de otra cosa. No solo es un tema de descanso, para mi necesario, también está relacionado con los mensajes que me llegan en sueños, que como decía Fritz Perls es la vía regia del inconsciente al consciente. El caso es que desde que los móviles inteligentes deciden dónde debo fijar mi atención, me tumbo y reviso redes sociales, mensajes de diferentes medios, la prensa, etc, antes de cerrar los ojos.

Mis sueños, y sus mensajes, han ido cambiando poco a poco. Ya no tengo las luchas internas que tenía conmigo mismo, donde combatía con un hombre más fuerte que yo, al que nunca conseguía devolver el golpe, porque la resistencia de encontrarme dentro del mar, hacía que nunca le alcanzara, por ejemplo. Parece que no solo he conseguido empoderarme a base de trabajo personal, sino que tampoco abuso de los demás, como en otros sueños posteriores me pasaba. Ya no: “empoderamiento sensible”, transmito en mis conferencias. Tampoco tengo pesadillas con vampiros que me tratan de chupar la sangre, porque he ido aprendiendo a autosostenerme, sin mermar el tono vital del otro para ganar en el mío, renunciando a los privilegios en la vida, que falsamente me aportaban, porque en el fondo me debilitaban.

Esta semana me he quedado un poco alterado de hecho porque mi sueño, ya no tenía la misma pantalla panorámica del cine, ¡incluso con 360 grados! No, ahora mi sueño se producía en una pantalla negra, pequeña del tamaño de un teléfono, un black mirror en el que miraba con aire serio, el ceño fruncido, un exceso de tensión en la mirada, y sobre todo, una reducida zona donde mirar. Normalmente cuando soñaba me veía incluso desde fuera, percibiéndolo todo, yo mi mismo incluido, consciente de que lo que veía, era un sueño. Un vipassana onírico, con grandes frutos psicoanalíticos, que ahora ya no estaba.

Lo iré trabajando poco a poco, pero lo primero que me llega es que aunque trato de conocer más del mundo, a través de la tecnología, esta percepción es reducida, obscura, tensa, visual en vez de sensitiva… No creo que sea una cuestión de renunciar a ella, por todo lo que sí que aporta, pero sí de no darle tanta importancia. Debo alzar la mirada, contemplar sin enfocar, sentir y respirar. Ese es el milagro de la atención plena: que trae una experiencia amplificada, que no cabe en un pequeño dispositivo; que no quepo en un dispositivo; que no soy un dispositivo, que SOY, que ERES, que SOMOS. Seguiré soñando en grande, a ver que veo, y siento…

Jorge Urrea es experto en gestión de crisis y autoconocimiento profundo, escritor y conferenciante multilingüe. www.psico-tao.com