Facebook el gran psicoanalista

 

Facebook el gran psicoanalista:

por Jorge Urrea (cuadro de Jesús Galiana)

 

Con motivo de la entrevista que nos hicieron en el telediario de antena 3, me quedé reflexionando sobre el alcance y utilidad del conocimiento que Facebook puede tener de nosotros mismos. Tal y como dije, nos hemos convertido en verdaderos artistas de proyectar imágenes de nosotros mismos, hasta el punto de que a muchos les cuesta ahondar más allá de la careta y encontrar su verdadero ser.

Sin embargo, es cierto que Google, Facebook o cualquier similar, sí que podría sería un buen aliado para un psicoterapeuta, como asistente que observa sin juicio, remarcando cosas obvias, que un psicoanalizado pudiera apreciar para cambiar su conducta. Por ejemplo, si Facebook o google, te pasan un informe de cuantos me gusta has dado por sector de interés, amigos, cuanto youtube o simiilar has consumido y de qué tipo, qué deportes, partidos políticos, documentales, cotilleos, atraen tu interés, etc, podrás inferir tú solo qué tipo de persona eres más allá de tu propia autoimagen distorsionada de ti mismo.

Yo que me consideraba más bien intelectual, un día hace  25 años, me senté con una revista TP, de programación de la televisión de la semana anterior, y marqué qué programas y películas había visto y sumé cuantos minutos. La conclusión hizo que cambiara completamente mi consumo de televisión, porque la imagen que pude observar desde la conciencia no me gustó nada: unas 16 horas de televisión semanal, o lo que os lo mismo, dos jornadas de trabajo enteras, muchas de ellas dedicadas a seudo-informativos sesgados, otras a películas de acción (violentas), y otras a series de poco o nulo nivel intelectual. Nada más lejos del hombre culto que yo me consideraba, o que al menos quería ser. Darme cuenta de todo aquello fue un fuerte revulsivo que me sirvió para reducir drásticamente mi consumo de televisión (en la actualidad no la veo nunca) y para elegir con consciencia donde quería poner mi energía y mis días antes de morir, pues recuerda que todos estamos en cuenta atrás.

¿Hay que evitar que el gran hermano me mire? Sinceramente creo que a estas alturas solo se pude evitar si vives fuera de la sociedad, lo que es bastante imposible, porque incluso si no tienes teléfono ni internet, sí que sueles tener una tarjeta bancaria cuyo consumo pueden observar. ¿Se le puede sacar algo bueno? Sí, se puede tomar esa información como herramienta de trabajo interno, como yo hice entonces con la programación de la televisión.

La mirada de uno, tiene tantos ángulos muertos o zonas en sombra, que es muy difícil tener conciencia de si, lo que está haciendo con su vida o si quiera responsabilizarse de las propias acciones. Por ejemplo, muchos adictos a la telecompra, buyvip o similar, deberían tener un cuadro en el salón, al lado de la televisión o en la nevera, con la factura de cuanto consumen. Igualmente con cualquier adicción, televisiva, sexual, alcohólica, etc. Un contador de cuanto llevan consumido en el día, semana, mes, año, cambia la perspectiva y puede ayudar a contener el impulso que falsamente trata de llenar un vacío.

La información, como dato objetivo, ayuda a comprender el alcance del problema. No es lo mismo, tomarse un Martini de vez en cuando, que observar las botellas de vodka o cerveza que uno tira todas las semanas. No es lo mismo, pasar un rato agradable en Facebook, que darse cuenta de que el número de horas invertido en él, es muy superior al dedicado a la suma de todos los miembros de la familia. No creas que apunto a los típicos adolescentes encerrados en su sufrimiento de hormonas y complejos, que encuentran alivio en el doble refugio de su habitación y su videojuego o red social. No. Hablo de que los cada día más mayores por edad y adicción a las redes e internet, que no miran a sus hijos, que no les tocan, que no juegan con ellos, como tampoco miran ni tocan a sus parejas. Bajo la creencia de que más es mejor, en lo virtual siempre puede haber más “amantes”, más “amigos”, más “deseos”.  Mentira. Son ilusiones tan superficiales como la pantalla, que por mucho que se toque, no tiene carne ni piel, ni calor ni ternura.

Post data: Es cierto que al menos las generaciones que hemos crecido jugando en la calle, con palos, pelotas aviones de papel, tenemos una impronta celular vital muy fuerte, que recordar en un momento dado, pero las generaciones actuales, que entran directamente en lo virtual, corren más peligro que nadie, por lo que recomiendo la abstinencia total durante los primeros años de vida, y muy moderada en los siguientes, hasta el final de la vida.