Padres volvamos al cole!

¡PADRES, VOLVAMOS AL COLEGIO!

Se habla mucho de cambiar el modelo de educación, y se mira con esperanza al norte de Europa y sus sistemas de clases sin paredes, y casi sin profesores, donde el alumno es más libre y reafirma su autoestima en una búsqueda sana de su propia guía interior y talento. En otras ocasiones hemos comentado sobre medidas concretas en esa dirección, planes, profesorado y límites reales necesarios para contener tanta libertad y que ésta no se convierta en angustia en unas edades, donde los límites también traen serenidad. Hoy sin embargo me gustaría aclarar la importancia de la educación de padres, reprogramación, o todavía mejor, desprogramación.

Para poder sostener un nuevo modelo educativo, no solo hay que cambiar la ley, también hay que preparar a padres, profesores, directores, escritores de textos, programas, etc. El camino es largo y tan amplio como la sociedad entera. Es por ello que a mí no me entra ninguna prisa porque prefiero trabajar con la humildad del barrendero, que pacientemente barre cada losa, sabiendo que quedan mil detrás,  y sin pretender establecer un nuevo totalitarismo educativo, que en lugar de libertad, derive en nuevas falsas verdades y creencias.

Volviendo sobre los padres: todos los que en este momento tenemos hijos en edad educativa, todos, hemos mamado de un sistema educativo muy rígido y represivo, y una educación parental y social enraizada en un régimen ultraconsevador y autoritario.

Esta primera observación está dirigida a entender el abismo que hay entre generaciones que no entienden de límites, pues en el espacio virtual, donde muchos viven la mayor parte de sus vidas, casi no hay, y la  generación anterior, que hemos crecido levantándonos cuando llegaba el profesor, con miedo de caerle mal y las posibles represalias, y tratándole siempre de usted. Ahora los alumnos no es que no se levanten cuando entra el profesor, es que no se callan, el que tiene miedo es el profesor de ser demasiado duro con el alumno y las posibles represalias de éste o de un padre que no secunda a la autoritas, quizás proyectando antiguos resentimientos.

El enfoque de los padres, por lo tanto, es en muchos casos excesivamente controlador, falto de confianza en el sistema y el profesorado, y poco contenedor de unos hijos, que no están por ser contenidos tampoco.

Volviendo a los padres y su entorno doméstico: ¿de verdad pensamos que por pagar la cuota de un colegio caro donde ya se aplica un sistema más libre lo llevamos integrado en nuestro código genético como padres? Yo nací y fui criado en la cuna de Fundación Libre de Enseñanza y me dedico al desarrollo personal, sin embargo he necesitado y necesito de continuo acompañamiento terapéutico y espiritual para no confundir mis percepciones con lo que deseo percibir, y estar centrado en lo evidente. Con mi ejemplo, quiero decir, que si queremos que los niños vivan de verdad un nuevo modelo educativo, los padres también debemos volver a la escuela.

Esto significa que los padres debemos ante todo recuperar la humildad del que quiere seguir aprendiendo sobre el mundo y sobre uno mismo, todos los días. En segundo lugar, debemos presentarnos a la paternidad desde la vocación de servicio, donde no somos autoridad paterna por reconocimiento jurídico, sino porque de verdad tenemos voluntad de servir desde nuestra función, y con esa responsabilidad nos viene un poder que emana de nosotros, benevolente, consciente, centrado, y responsable, que no se impone, sino que se nota, y se respeta…

Volver a la escuela, ser alumno, ayuda también a entender los tiempos de los alumnos, que fácilmente podemos olvidar en nuestros hijos: si yo no lo entiendo y necesito tiempo para incorporar algo, mi hijo también, o más.

Por último, que en realidad es lo primero, volver a la escuela significa conocerme a mi mismo y reconocer el mundo más allá de lo que pensaba que era y de aquello para lo que fui programado. Esta parte es sin duda la más difícil de todas, porque implica mucho atrevimiento primero para presentarme con toda mi locura neurótica, ponerla encima de la mesa, y luego observar con atención plena (mindful) para entender qué está pasando, qué parte de mi es solo un personaje que me he montado, y qué parte es real.

Cierro este artículo animando a todos y todas a hacer procesos de autoconocimiento, terapéuticos, individuales o grupales, por vuestro propio bien, y por el de vuestros hijos. Así podemos aligerar la mochila personal y evitar traspasarla de generación en generación. Así podremos respaldar un nuevo modelo educativo, que no puede luchar contra lo que perpetuemos en casa los padres. Si no lo hacemos así, el esfuerzo institucional y de profesores será malogrado.

Jorge Urrea

www.psico-tao.com