Gracias a la vida, que me da tanto.

Dar y recibir, o el Sentido de Pertenecer.

Yo, que no tengo ningún credo, cada vez que voy a comer, empiezo por agradecer a los alimentos que me nutren y cuya existencia acaba como tal cuando tomo su energía para poder seguir con mi vida. Después paso a agradecer internamente al tendero y el transportista que me los han hecho llegar, así como en el agricultor, el pescador, mi mujer que, entre otras cosas, me ha dado estos hijos maravillosos que me acompañan en la comida con sus sonrisas; la asistenta, que hace mi vida infinitamente más llevadera, mi madre, que siempre acude a la petición de ayuda, mis amigos, mis pacientes y alumnos, que me ayudan a seguir aprendiendo cada día y me dan unos ingresos necesarios, la médico que me vio el otro día y descartó un parkinson para gran alivio nuestro, el fisio que me cuidó el cuerpo, etc, etc, etc.

De repente me siento pequeño, miento, me siento menos grande, menos autosuficiente, menos arrogante, menos “yo puedo solo y no me hace falta nadie”, y también menos solo y más acompañado. También me siento infinitamente agradecido por toda esta red de gente, de  grandes y pequeños, que me dan sentido de pertenencia y hacen que la vida que elijo sea posible. Muchos me dan comida, otros apoyo, luz, calor, contribuyendo en mis sueños (familia, profesión, amigos, estilo de vida…). Mi ego se contrae a un tamaño sano, humilde, y mi reconocimiento de necesitar al otro hace que mi corazón esté abierto a todo y a todos, haciendo que yo también quiera contribuir más todavía. Estrellas que iluminan, estrellas en el firmamento. Dar y recibir.

Mi abuela ya hacía esta ceremonia de gracias con cada comida. Recuerdo que la mayoría de los que estábamos en la mesa ansiábamos que aquello pasara rápido para poder comer y muchos de los mayores que seguían aquella retahíla de palabras, ligadas y medio masculladas a toda velocidad, lo hacían como algo rutinario, cumpliendo simplemente en vez de repasar el sentido profundo y sagrado del dar gracias. ¡Qué gran error! Debemos recuperar el sentido y la sabiduría de nuestros mayores, pues es un gran faro en momentos donde toda la tecnología e información no garantizan que veamos mejor, ni comprendamos, ni que seamos verdaderamente felices.

Esto que aquí menciono se aplica en lo personal y en lo profesional. La ambición de muchos, profesionales y políticos, hace que cada uno piense que está solo contribuyendo o tomando, chupando en algunos casos, cuando la realidad es que  todos estamos dando y recibiendo, remando y siendo impulsados, apoyándonos unos a otros, necesarios y complementarios. Esto incumbe desde las señoras de la limpieza o los servicios de basuras, que tan necesarios se han demostrado recientemente con las huelgas, hasta los presidentes de las compañías, pues en este Gran Teatro del Mundo, que diría Calderón, todos ocupamos nuestro sitio, y gracias a eso el mundo puede ser. Todos estamos a la misma distancia del centro y todos creamos el todo, el Uno, el Tao, o el proyecto empresarial que sostengamos entre todos.

Animo pues a todos a hacer un acto de agradecimiento diario por todo lo que recibimos, a la par que seamos conscientes de cuánto aportamos, para que con plenitud humildad y fortaleza, ocupemos nuestro lugar en un mundo donde el engranaje es perfecto, existe la felicidad del trabajo bien hecho y la vida es celebrada.