Al Tao a través del Río

Las clases de movimiento expresivo, sistema río abierto, son un lugar donde poder danzar, expresar, encontrarse con uno mismo y con el otro, disfrutando y auto-conociéndose. Este trabajo corporal tiene su raíz más profunda en el conocimiento indio de los chakras.

Personalmente, he investido mi larga práctica taoísta, de tai chi y chi kong, de un aire serio, ausente de emoción, inexpresivo, que haciéndolo solemne, me permitía concentrarme y facilitaba la concentración en mis alumnos, pero también me impedía una profundización en la alegría de corazón de la práctica. Desde que practico Movimiento Expresivo, incluso si lo hago a modo taoísta, he podido profundizar en la experiencia del TAO, de la no diferenciación, de la comunión con el otro y con el ser más profundo que habita dentro de Uno. No es necesario ser serio, no siempre al menos. Ser aplicado y constante en la práctica es fundamental, pero no necesariamente introvertido, ni ausente ni carente de vida, que es el riesgo que tienen estos caminos mal llevados, ya que entre otras cosas, nos pueden inducir una exigencia y dureza nada caritativa con nuestros egos, y por la misma, nada útil. Recordemos que el ego crece más cuanto más duro le pegamos.

El trabajo en movimiento expresivo es amable con el ego, lo lleva de la mano, le da un espacio donde expresarse, ser, y compartir con otros egos, sin juicio, donde todos juntos, al final, tornan un equipo de virtudes precioso, lleno de movimientos distintos, colores, luces y armonía creadora.

Y, en lo concreto, ¿cómo puede ser una sesión? Fácil. Por ejemplo, uno se pone a seguir al facilitador, emulando su movimientos, luego imita a sus compañeros, con diferentes pautas y músicas de fondo, y en determinado momento toma contacto con su propia necesidad de movimiento y la sigue, con la gestualidad y fuerza que le surja. Acaba la sesión y uno se siente liberado. El río se abrió, y las compuertas dejan pasar la vida que hay por nuestro cuerpo, que estaba bloqueado, por estrés, traumas cotidianos o antiguos, o lo que es más antiguo todavía, la cristalización del carácter en nuestro cuerpo. Esto último nos volvió máquinas repetitivas, especialistas en determinados movimientos y actitudes ante el mundo: el apolíneo, el dionisíaco, el culposo, el orgulloso, etc.

El Movimiento Expresivo nos ayuda a recuperar movimientos, que perdimos en la mecanización del carácter, y nos devuelve la experiencia de ser más libres y plenos de manera liviana y gozosa.