Sexo a los diez, y a los 20, 30, 40, 50…

Me llama un amigo lleno de angustia desde África, porque su hija, que vive en España con su exmujer y su nueva pareja, se quería escapar del colegio, a la edad de once años, para ir a tener sexo con un niño de 14 con el que se puso de acuerdo en el patio. Tras una larga conversación, para apaciguar las aguas y ayudarle a enfocar su energía y atención, me quedo pensativo. ¿qué ocurre para que una niña de once años “esté cansada de masturbarse durante un año y quiera consumar ya, y con cualquiera”? (palabras textuales)

Al margen del despertar fisiológico, creo que muchos nos movemos por energías colectivas, por masa, por influencias, sociales, familiares, escolares, televisivas, etc. Esta niña, seguramente ha visto los dibujos manga con su sexualidad tipo lolita rebosante por todas partes, y que por cierto, tanto provoca a tantos adultos y daña a tantas mujeres por asentar el modelo de delgadez infantil. Volviendo a ella, seguramente, es una niña con ganas de vivir, que no cierra los ojos cuando pasa por las marquesinas de los autobuses, y ve mujeres y hombres semidesnudos, reclamando y vendiendo su poder por la sexualidad. Tampoco, cierra los oídos ni los ojos ante los mayores y por esa misma razón puede ser doblemente dañada. En el colegio puede ser positivo o no, ser la pionera en explorar esos valles, generadora de envidias y admiración por su valentía, pero para otros compañeros y padres, será un estigma dificil de sobrellevar, injusto cuando todos pasaran por el mismo sitio, eso sí, condenados por sus propios prejuicios.

Aprender a gestionar la sexualidad.
Uno conduce su existencia, como conduce su sexualidad. Cuando doy terapias profundas, la sexualidad termina por salir, antes o después, como ejemplo de lo mismo que se hace en la vida no sexual, ni más ni menos. Así de importante, con lo que más nos vale aprender a gestionar nuestra sexualidad, para saber acompañar a nuestros hijos, alumnos, pacientes, feligreses, en un camino que es natural y parejo con la existencia humana. De otra manera, todos los libros y principios estudiados de memoria pronto pasarán con el fogonazo del placer, o displacer, piel arriba y piel abajo.

Ahora que cito el displacer, es importante decir en voz alta que no todo en el mundo sexual es gozo ni fiesta. Para muchos es una fuente de problemas, dolor, sufrimiento, falta de autoestima, adaptación al mundo, consentimiento viciado, etc. No hablo de homosexualidad, que también implica un proceso complejo de integración en uno mismo y en el entorno, sino de aprender todos a gestionar una energía poderosa, que nos lleva, enciende, consume o apaga. Veía hace poco un documental de la BCC muy interesante sobre la sexualidad en Japón, reino del manga, donde la falta de sexo se ha convertido en un asunto gubernamental, por la gravedad que contrae a muchos niveles. De la mano, viene el mercantilismo del mismo, no solo en la prostitución sino en el matrimonio (donde el consentimiento sexual viene condicionado a que el marido gane cierta cantidad de dinero), la venta de muñecas hiperrealistas vendiendo el contacto irrealmente perfecto, el auge del narcisismo onanista, etc. Frío, mucho frío, en una sociedad marcada por una perfección que pasó de la virtud zen a la de-solación heladora,  falta de contacto, de calor, y de amor, de amor… tan falta está que los hombres de dinero se van a clubes especiales donde ni si quiera toman mujeres, sino que van a acariciar gatos, para suplir lo que no tienen.

Dolor en el sexo.
Muchos adultos en España pensarán que a ellos no les toca esto, pero les invito a mirar sus relaciones sexuales, consigo mismos, con sus parejas, con sus amantes… ¿Cuánto de humanidad, calor, respeto, interés por el otro y por uno hay en el encuentro? Algunos machos y hembras alfa se desmoronan en consulta cuando se dan cuenta de que tanta masturbación diaria y montar a su mujer-hombre, incluso amantes, no esconde más que una compulsión, una huida, un desenchufar para no sentir, para no conectar con lo que les pasa en sus vidas. Más allá estos hombres, y mujeres, descubren dolor en su sexo, en su vida, en su biografía, la falta de cuidado de sí mismos, de los otros, falta de cariño, falta de satisfacción. Falta.

Verdaderamente no es una cuestión de edad, pues lo que puede empezar a los diez, se repite cual programación automática a los 20, 30, 40, 50, 60, 70…  NO es una cuestión de represión, como se sigue insistiendo desde la religión y algunas corrientes incluso taoistas y budistas, sino de integración, de poner consciencia, de hacerlo sagrado,

Ojalá mi amigo, su exmujer, padre sustituto, famililas varias, colegio y demás entornos consigan acompañar a esta niña en su transición hacia la edad adulta. Ella ahora tiembla y vibra por el sexo, pero mañana puede ser por la integración de su cuerpo con cambios adolescentes, al siguiente, por la bebida y las drogas, al siguiente por su ideología política o filosía nihilista, cada uno con su viaje vital. Ojalá esta niña sea acompañada con respeto de su exploración y pulsión vital, con contención para que se sienta segura, sin represión pero con un limite protector de su propia inocencia y fragilidad, esa que seguimos teniendo en la edad adulta, aunque esté oculta. Ojalá ella no se sienta juzgada, y disfrute sanamente y para siempre de la energía sagrada que le pertenece, ojalá sienta que puede pedir ayuda, preguntar, buscar referentes externos sanos y encontrar su auténtico referente interno, magistral. Si esta niña lo consigue, tendrá mucho que enseñarnos a todos, niños y adultos, occidentales y orientales, que tenemos mucho que aprender.

Artículo publicado en Mujeres y Cía.