Infiel 1


(Adelanto de mi nuevo libro “Las mil y una crisis”)

Leo a una supuesta reputada psicoanalista sobre la infidelidad, y quedo tan escandalizado, que me veo obligado a responder. Aunque no la señale con el nombre, vayan por delante sus conclusiones para saber lo que contesto.
“El infiel es un hombre, inmaduro, neurótico, que está siempre pendiente del vínculo antiguo que tuvo con la madre, resentido contra el padre que se llevó a su madre, reclamando su atención y abandonándole, lo que por consecuencia reproduce con sus hijos”.

Me pregunto en primer lugar por qué este empeño reciente en generalizar y etiquetar negativamente a los hombres, ignorando que las mujeres también tienen sus veleidades, como es humano. Ahora somos los únicos infieles, dato que contradice cualquier encuesta anónima que busques en Google y, además, dice, “los hombres lo perpetúan, pasando de generación en generación”. Una manzana de Adán sin Eva.

Añade, por si fuera poco, que: “el infiel no busca a la persona con la que es infiel, sino el mero acto de deseo del objeto, como un niño con un juguete”.
De nuevo se describe a la mujer como víctima del hombre, depredador (palabra extendida en uso, que no describe deseo de encuentro, sino un cazador que “devora”, faceta desconocida de Casanova, que las dejaba encantadas), que la cosifica (tremendo palabro que no creo que compartan la mayoría de los amantes de cualquier sexo, y que los que sí, quizás anden jugando a lo mismo). En cualquier caso, este lenguaje no hace bien ni a unos ni a otras, no somos víctimas ni cosas, ni demonios unos ni ángeles otras. Paremos esta construcción de creencias colectivas alienantes e hirientes con la sensibilidad más esencial del ser humano, hombre o mujer.

Estas afirmaciones pecan tanto de simplificación como de complicación, y las contesto porque son profundamente antiterapéuticas, ya que perpetúan la herida en origen y consecuencia, encerrando el tema en la culpa, como un círculo vicioso del que no se puede escapar. El mensaje de fondo es:
La culpa la tiene tu padre que te hizo así, y tú estás haciendo lo mismo a tu hijo. Malo, malo. Eso no se hace, eso no se toca. Tú, mujer, no te dejes, que te van a cosificar.

¿Le funciona a algún paciente suyo o simplemente lo eterniza en su consulta abriendo heridas a perpetuidad en base a su interpretación, y cobro semanal?
Si nos olvidamos del sesgo de género, la culpa es la misma vieja cantinela llena de juicio, en contra del instinto.
Lorca dijo: “Lo único que nos separa de nosotros mismos es negar nuestro instinto”.
El Dr. Claudio Naranjo habla en su libro “Cosas que vengo diciendo” de la necesidad de integrar el instinto, tan criticado en nuestra sociedad de la razón sin corazón, como modo de volver al amor y a la madre (el origen de todos), para aprender a amarnos y así amar de verdad a los demás.
Después de dos referencias así, con las que estoy de acuerdo, la verdad es que cuesta seguir escribiendo, pero pongamos un poco de conciencia con casos concretos en lo que sí que sana y resuelve crisis, en vez de hacer ricos a los que viven de nuestra culpa.
Tú, hombre o mujer, ¿eres infiel de pensamiento u obra? ¿Por qué y para qué? Acompáñate sin juicio, pero exprésate con prudencia, porque efectivamente, nuestra sociedad no lo contempla bien y no está preparada para tu verdad, que puede estar cargada de razón para ser infiel, polígamo o poliamoroso, pero los que lapidaban en la biblia todavía no han aprendido. Mira dentro de ti qué es ser infiel en primer lugar: puede que antes de ser infiel al otro, lo seas a ti mismo. ¿Cariño qué nos apetece comer esta noche? ¿Qué película queremos ver? Es una manera de infidelidad a uno mismo, sobreadaptativo, abandonado a lo que el otro responda. No pierdas contacto con lo que tú quieres, y busca un encuentro con el otro, pero sin renunciar a ti.

Continua la lectura en mi libro “Las mi y una crisis”. No te quitrará el sueño, te dejará en paz.