Erotismo en confinamiento


Marta está sola en casa, tiene un novio al que no puede ver por el confinamiento, y cuando le pregunto si no se atreven a tomar la excusa de la compra para ir a verse, me aclara que en realidad también le da miedo el contagio, porque él ha pasado el coronavirus hace un mes, y no tiene claro cuando pasará el efecto. Tiene miedo.

Me imagino que él tendrá una crisis de soledad y sensación de no ser digno, como la que viven los médicos acosados por vecinos, preguntándose qué han hecho ellos mal, para que les rechacen. Marta es muy conservadora, de fuertes creencias religiosas, por lo que no sé cuanto vive ella el sensualidad y la animo a explorar otros puentes virtuales, donde mantener viva esa otra llama del amor, que es el erotismo.

La animo a leer algo de literatura erótica, para que esa energía siga moviéndose por su cuerpo, buscando manifestarse, en vez de quedarse estancada. Le propongo la lectura porque las mujeres son menos visuales y más imaginativas en general, que el hombre. Me lo confirma con un ejemplo, se leyó las sombras de Grey, pero la película no le apasionó.

Me llevo la grata sorpresa de que en su caso, la religión no ha impedido tampoco que Marta se toque pensando en él, pero me da pena que de fondo le queda una sensación de soledad, de que en realidad no hay contacto, no hay penetración, no hay calor, sigue abandonada en el confinamiento.

Comentamos la posibilidad de explorar en otras direcciones, abriendo movimientos nuevos. Puede compartir con él el relato de lo bien que se pasó pensando en él, las cosas que imaginaba que él le hacía, y ella a él. Al decírselo ella muestra una resistencia que me hace pensar que quizás no está preparada para decírselo en directo, y menos con vídeo conferencia. Se me ocurre entonces que le escriba una carta, a la antigua, con papel y bolígrafo, donde ella vaya ahondando en su deseo y lo plasme en sugerentes palabras, que muestren su fuego, y le contagien a él. Ahí ella se ve más a salvo.

Por ahora me parece que está genial, después puede ir pasando al intercambio de fotos que insinúen, de comentarios, de comunicarle las ganas que tiene de él, elevando el erotismo, esa serpiente que sube por la columna y se ramifica por extremidades hasta estallar en las manos y el corazón, y salir exhalada por la garganta como el alma que vuela de vuelta a Dios.

Aunque no es necesario, si en algún momento se atreven, pueden ir narrándose en tiempo real, lo que cada uno está viviendo, por teléfono, sin imagen, dando juego a la imaginación. Los más visuales, pueden también intercambiar alguna imagen, o vídeo en tiempo real, si no quieren dejar pruebas de lo sucedido, lo que puede ser prudente con amigos pasajeros, y desconocidos de las aplicaciones del amor.

Eventualmente, la animo a desatar toda esta comprensión de su propio erotismo, sola o acompañada, pero verdadera maestra de su cuerpo, donde la crisis le haya traído la oportunidad de aprender a gestionar su propio sentir, en vez de estar encerrada en su Casa, en su cuerpo. Estar excesivamente pendiente del placer del otro, tal y como nos lo narraron a tantos, es sin duda la gran calamidad del sexo, y también la razón por la que mucha gente no muestra verdadero interés, porque cree que no va con él o ella, sino con el otro, y convierte el sexo en otra obligación más, externa, sin motivación intrínseca.

El master sin embargo se alcanza con el dominio de los sentidos, el movimiento, la respiración y la entrega al presente, con sensación de honrar la vida, de estar vivo, pleno, radiante, e incluso por unos instantes, ser más de lo que es uno mismo, ser energía, ser todo y ser nada, porque cuando uno se abandona en los brazos del Amado, uno deja de ser uno para ser Uno con el todo. Si no lo conoces, ya estás tardando, ve, experimenta y entrégate, la vida son dos días y solo te queda uno.