Gestión de crisis: Soledad

Lola, empuja el carro de la soledad por los pasillos del supermercado, con la musiquita de ascensor, tan solo interrumpida por la voz que anuncia las ofertas del día. Comprando dos salsas de tomate, la segunda te sale un 30% más barata. ¿compensará? Algo le despertó de su letargo, de su sensación de estar sola, pero era falso, no querían nada más que su dinero, derivar su atención a la promoción. No hay nadie al otro lado de la voz de fondo. La cajera, mascando chicle, pasa los productos por la lectora sin saludar ni mirarla. Está molesta por la interrupción, esperando que se vaya para poder volver a mirar el “feis”. Ella le da las gracias al irse, pero la cajera ya está mirando su espejito mágico como si no hubiera nada más en el mundo.
Javi, está solo en el patio. Tiene el pecho hundido, la mirada baja, y esquiva. No quiere que le vean solo, pero la verdad es que está solo. Se pasea por el patio, como haciendo que busca a alguien, pero no se para con nadie, piensa que nadie quiere estar con él. Los imagina a todos criticándole en las esquinas, como critican a otros que él ha visto. Él nunca critica a nadie. Él no es así, pero tampoco habla con nadie, miento, habla con Dios, y le cuenta sus penas. Sufre mucho, porque al entrar en la clase tampoco siente que sea su lugar, no entiende lo que dicen en clase, se aburre, es mal estudiante porque no le emociona nada de lo que escucha, siente que no pertenece a un sistema donde todos menos él, parecen pertenecer. Descuenta los minutos para la salida, llegar a casa, y sentir la mirada amable de mamá.
Soledad está sola, no tiene quien la visite. Se ha comprado un teléfono moderno, y el joven de la tienda le ha creado un perfil de whatsapp, para ver si alguien conecta con ella, pero no tiene quién le escriba. Pone el volumen alto, por si a caso, pero cuando tras semanas sin una interferencia, suena el teléfono, se trata de un teleoperador, para ver si se puede cambiar de compañía telefónica. Tras darle un poco de coba al vendedor, y al contrario, cuelga y enciende el canal de telecompra, a ver si comprando algo baratito, se anima un poco: “total, siempre puedo devolverlo”.
Pepi baila sexi de más en la discoteca, bebe de cualquier vaso que le arriman y sale a fumar un cigarrito, como todos, con todos. Flirtea deseando obtener la mirada de alguno que le diga, sí, tu vales, yo te elijo, pero el final siempre es igual, borracha, sola, usada.
Pepe por fin ha podido ligar en Tinder, por fin, porque con su calva no hay manera, pero la cerveza rápida, pasó a un vino rápido en casa de ella, con un frote rápido y ducha rápida, “que mañana trabajo, y tengo Consejo, ya te llamaré si eso, Pepe”. “Algo ha cambiado, pero no sé si en la buena dirección”, piensa él de camino a casa, preguntándose si no hubiera sido mejor cenar bien simplemente, en vez de tanto fast food.
El Presidente de la compañía se reúne con el consejo, donde la vicepresidenta se muestra eficiente desde el apretón de manos: hoy tampoco hay tregua. El gran hermano es el accionista, que solo vigila una cosa, el beneficio y la competencia, y hoy también está mirando. Le rodean muchos, que le alaban y buscan, pero cuando el ruido cesa, no recuerda una mirada amable y verdadera de nadie. Está solo, en la cumbre, rodeado de gente que quiere su puesto, a la que temer incluso cuando parecen sus mejores amigos.
Juana después del trabajo revisa los deberes de los niños como si fueran suyos, mientras que ellos se marchan para jugar a la play on line con algún “niño” ruso. Luego prepara la cena con mimo que devoran con ansiosa falta de atención a lo que comen. Después presiona con acelerar los baños, que es tarde, para que puedan dormir un mínimo. Finalmente cae rendida en el sofá, deseando ver una serie cortita con su marido, pero él está “mirando cosas en la tablet”, al otro extremo del abismal sofá. Ella mira la comedia romántica y al ver la escena del beso, se toca el corazón, y los labios, recordando.

La soledad no es un tema exclusivo de viejos con nido vacío, ni de enfermos, ni de inadaptados, es un tema global.
Diez personas se suicidan al día en España, ¿Cuántos sufren soledad sin suicidarse?
Una mirada es lo único que hace falta. Una mirada benevolente, amable, que entiende, que no juzga. Una mirada que te dice, no estás solo.
Si te sientes solo, levanta la cabeza, seguro que te encuentras con alguna mirada así. Toma la mirada y déjate llenar, y devuelve la mirada. No estamos solos.
Si te sientes acompañado, no dejes de mirar fuera. Nuestros ojos emiten luz que ilumina a los demás. Estrellas contemplando estrellas, estrellas iluminando estrellas. No estamos solos.