Lecciones desde el monasterio: 2- La meditación del servicio

Aprender a ponerse al servicio, y disfrutar.
Una actividad clave era la meditación del servicio, karma yoga lo llaman en algunos sitios, y a mi en otros sitios me había parecido una manera sutil de ahorrarse gastos, poniendo a los practicantes a trabajar, pero en este caso, yo lo viví con otra profundidad y lectura. Había que elegir una manera de ponerse al servicio, y meditar con ello, en atención plena: yo además de hacer de intérprete en varias conferencias, colaboré junto con mi mujer e hijos de 6 y 7 años en la limpieza del comedor de 200 personas. Aprendí varias cosas:

a) En primer lugar, los comedores están limpios porque alguien los limpia todo el tiempo. No porque uno pague por ello en tantos sitios, debe dejar de agradecer y valorar que tanta gente te haya servido para poder disfrutar de eso. Debemos mostrar humildad y reconocimiento en relación con quien nos sirve.
b) El comedor era enorme, y al querer hacerlo rápido y coordinar a los niños, me entró un poco de angustia y premura, que me alejaba del mindfulness. Un aspirante a monje apareció y nos puso a cantar recordando la importancia de inspirar y expirar. Al hacerlo, me di cuenta de que no había porqué correr, y pude realmente disfrutar de mi entrega a un servicio que iba a aportar a una comunidad.
c) Entre las mesas se notaba la gente que tenía más conciencia de cuidar el sitio y no suponer una carga para el que pasa detrás, y otra que simplemente lo tiraba todo encima de la mesa, y limpiar migas de pan, no es lo mismo que raspar y arrancar trozos de fruta, mermelada, leche, etc. La falta de consciencia no solo se carga el planeta, afea y destruye nuestro entorno más inmediato.
d) Cuando sirvas, hazlo con esmero, de manera que te siente bien hacerlo: mis hijos estaban apasionados por dejarlo todo pulido y brillante, sin juicio ni resistencias, lo que me recordó que el premio de hacer las cosas bien es mucho mejor que a medias, porque uno se siente orgulloso y feliz mientras que trabaja, y después. Nota bene: no es que mis hijos sean unos santos, evidentemente, a las pocas mesas y dada su corta edad, me dijeron que querían irse al gran arbol con columpio de la entrada, a lo que no opuse resistencia, pues entendí que ellos ya habían hecho lo que tenían que hacer, que era darme otra lección más con su ejemplo en el tiempo que habían estado.
e) Lo más importante de servir es que te sana en la relación con el mundo. La sociedad de consumo nos ha vuelto estúpidos e ignorantes. Estar atento a lo que el mundo necesita de mi, me ayuda a valorar lo que de verdad importa, me abre el corazón, y cierra esa boca exigente e insatisfecha, a la que nada le vale.
f) Una vida de éxito no es la que tiene mucho dinero en la cuenta corriente, es la del que sabe que ha cumplido su misión, que en el fondo está relacionado con cuanto se ha puesto al servicio.
g) El mar es el más grande de los ríos porque se pone por debajo, dice el Tao TE Ching. La humildad en el servicio te vacía para poder tomar grandes lecciones, que llenan la verdadera profundidad del Ser.
Ahora que hemos revisado todos esos puntos, elige, ¿quieres limpiar letrinas? No es necesario, sirve donde puedas y se te de bien, en aquello que tú elijas, hazlo con amor y voluntad de servir, más allá de la remuneración y de tu autoimagen, lo digo por tu bien. Serás mucho más feliz.