Gestión del dolor y la enfermedad: 0- Antes de que ocurra.

Comienzo una serie de artículos, sacados de un libro que pronto publicaré, dedicados a la gestión del dolor y la enfermedad crónica. Después de décadas de aprendizaje, de lidiar con ello y acompañar a números clientes, me doy cuenta de que un conocimiento así debería ser impartido en las escuelas, porque antes o después todos pasamos por la enfermedad y el dolor, y se puede hacer mucho para mejorar la calidad de vida, la propia y la de las personas que acompañamos. Con todo mi cariño, espero que te guste.

Antes del dolor y la enfermedad:
No conduzcas tu vida a modo paliativo, hazlo preventivo. El autoconocimiento, la nutrición y técnicas como el chi kong, la acupuntura, o la medicina tradicional china te ayudan a llevar una vida sana y sanadora, donde la autoregulacion organísmica sucede de manera natural y a tiempo. No quiere decir que uno no caiga enfermo ni sufra, pues el equilibrio es un concepto inestable, lo que sí que pasa es que las crisis son menores y duran menos tiempo.
¿Por qué el autoconocimiento? Despertando la conciencia uno vive de manera responsable el contacto con el mundo exterior e interior, dándose cuenta de lo tóxico o nocivo que no debe consumir ni frecuentar, de lo que cuidar, de respetar los ritmos, el descanso por ejemplo (cuantas mujeres han olvidado exigirse menos en los días de sangrado, por ejemplo). No es fácil, hay que aprender a conectar con el cuerpo, introducir inteligencia emocional y espiritual, detectar cuales son los hábitos tóxicos, las personas y dinámicas que a uno no le sientan bien, desprogramarse de ideas locas. Claros ejemplos son las dependencias de fumadores, alcohólicos, alteraciones alimenticias, o las mismísimas víctimas de maltrato. Siendo evidente incluso para ellas que su apego no es sano, les falta conciencia del daño para dejar de hacerlo.


Mi consejo es invertir en autoconocimiento, medicina preventiva y hábitos saludables todos los días, no solo cuando uno está enfermo. Esto no es una chinada ajena a nuestra cultura, antiguamente en España se hacía: el médico del pueblo conocía tu familia, incluso podía visitarte en casa y ver tus hábitos, tu entorno, tus preocupaciones del alma. No te miraba solo lo que te dolía, como ahora, te miraba el iris, la lengua, charlaba contigo… Ahora no es que los médicos no quieran, es que el sistema no se lo permite. Deben ver a 50 pacientes por día, y no hay tiempo para eso. ¿Quieres un servicio diferente? Paga por él, prioriza tu salud en tus gastos, y luego sé disciplinado: si te dicen que estás estresado, relaja, y si te dicen que estás sedentario, activa. No hay otra, es tu vida, tu cuerpo y tu obligación de cuidarlo como una nave sagrada que habitas.
Por otro lado, cuando uno conduce su vida de manera sana, la psique está más fuerte e higiénica, con capacidad de sostener crisis puntuales que a uno le llegan, incluso aprendiendo de ellas. No es así cuando uno no se cuida y no para de sufrir todo tipo de males, pues el nivel de saturación hace que la fortaleza psíquica se resquebraje, que un mal menor parezca mayor, y que la mejor de las esperanzas sea que la vida se acabe rápido. Así, unos se suicidan, y otros se deprimen, que es la manera de cerrar los ojos y esperar que todo acabe. Ambas opciones son de un coste altísimo, (individual, familiar y social) y pueden evitarse de manera mucho más fácil si se trabaja a tiempo, a modo preventivo, que no paliativo.

Continuará.
Jorge Urrea es experto en autoconocimiento, terapeuta psico-corporal y gestión de crisis.