Gestión de crisis: Soledad

Lola, empuja el carro de la soledad por los pasillos del supermercado, con la musiquita de ascensor, tan solo interrumpida por la voz que anuncia las ofertas del día. Comprando dos salsas de tomate, la segunda te sale un 30% más barata. ¿compensará? Algo le despertó de su letargo, de su sensación de estar sola, pero era falso, no querían nada más que su dinero, derivar su atención a la promoción. No hay nadie al otro lado de la voz de fondo. La cajera, mascando chicle, pasa los productos por la lectora sin saludar ni mirarla. Está molesta por la interrupción, esperando que se vaya para poder volver a mirar el “feis”. Ella le da las gracias al irse, pero la cajera ya está mirando su espejito mágico como si no hubiera nada más en el mundo.
Javi, está solo en el patio. Tiene el pecho hundido, la mirada baja, y esquiva. No quiere que le vean solo, pero la verdad es que está solo. Se pasea por el patio, como haciendo que busca a alguien, pero no se para con nadie, piensa que nadie quiere estar con él. Los imagina a todos criticándole en las esquinas, como critican a otros que él ha visto. Él nunca critica a nadie. Él no es así, pero tampoco habla con nadie, miento, habla con Dios, y le cuenta sus penas. Sufre mucho, porque al entrar en la clase tampoco siente que sea su lugar, no entiende lo que dicen en clase, se aburre, es mal estudiante porque no le emociona nada de lo que escucha, siente que no pertenece a un sistema donde todos menos él, parecen pertenecer. Descuenta los minutos para la salida, llegar a casa, y sentir la mirada amable de mamá.
Soledad está sola, no tiene quien la visite. Se ha comprado un teléfono moderno, y el joven de la tienda le ha creado un perfil de whatsapp, para ver si alguien conecta con ella, pero no tiene quién le escriba. Pone el volumen alto, por si a caso, pero cuando tras semanas sin una interferencia, suena el teléfono, se trata de un teleoperador, para ver si se puede cambiar de compañía telefónica. Tras darle un poco de coba al vendedor, y al contrario, cuelga y enciende el canal de telecompra, a ver si comprando algo baratito, se anima un poco: “total, siempre puedo devolverlo”.
Pepi baila sexi de más en la discoteca, bebe de cualquier vaso que le arriman y sale a fumar un cigarrito, como todos, con todos. Flirtea deseando obtener la mirada de alguno que le diga, sí, tu vales, yo te elijo, pero el final siempre es igual, borracha, sola, usada.
Pepe por fin ha podido ligar en Tinder, por fin, porque con su calva no hay manera, pero la cerveza rápida, pasó a un vino rápido en casa de ella, con un frote rápido y ducha rápida, “que mañana trabajo, y tengo Consejo, ya te llamaré si eso, Pepe”. “Algo ha cambiado, pero no sé si en la buena dirección”, piensa él de camino a casa, preguntándose si no hubiera sido mejor cenar bien simplemente, en vez de tanto fast food.
El Presidente de la compañía se reúne con el consejo, donde la vicepresidenta se muestra eficiente desde el apretón de manos: hoy tampoco hay tregua. El gran hermano es el accionista, que solo vigila una cosa, el beneficio y la competencia, y hoy también está mirando. Le rodean muchos, que le alaban y buscan, pero cuando el ruido cesa, no recuerda una mirada amable y verdadera de nadie. Está solo, en la cumbre, rodeado de gente que quiere su puesto, a la que temer incluso cuando parecen sus mejores amigos.
Juana después del trabajo revisa los deberes de los niños como si fueran suyos, mientras que ellos se marchan para jugar a la play on line con algún “niño” ruso. Luego prepara la cena con mimo que devoran con ansiosa falta de atención a lo que comen. Después presiona con acelerar los baños, que es tarde, para que puedan dormir un mínimo. Finalmente cae rendida en el sofá, deseando ver una serie cortita con su marido, pero él está “mirando cosas en la tablet”, al otro extremo del abismal sofá. Ella mira la comedia romántica y al ver la escena del beso, se toca el corazón, y los labios, recordando.

La soledad no es un tema exclusivo de viejos con nido vacío, ni de enfermos, ni de inadaptados, es un tema global.
Diez personas se suicidan al día en España, ¿Cuántos sufren soledad sin suicidarse?
Una mirada es lo único que hace falta. Una mirada benevolente, amable, que entiende, que no juzga. Una mirada que te dice, no estás solo.
Si te sientes solo, levanta la cabeza, seguro que te encuentras con alguna mirada así. Toma la mirada y déjate llenar, y devuelve la mirada. No estamos solos.
Si te sientes acompañado, no dejes de mirar fuera. Nuestros ojos emiten luz que ilumina a los demás. Estrellas contemplando estrellas, estrellas iluminando estrellas. No estamos solos.

Crisis de los cuarenta: Comieron perdices y no fueron felices

Mis amigos se ríen porque cada año les invito a una fiesta de cumpleaños donde anuncio “otro año menos de crisis de los cuarenta”, lo que parece esperanzador, pero pronto empezaré las crisis de los 50. Allá donde gente aparenta estar por encima del bien y del mal, aparentando vidas perfectas a golpe de botox, yo reconozco abiertamente que vivo permanentemente en crisis. Es por eso que hago meditación, y al menos, esos ratos escuchando el silencio, vuelvo al centro y veo con más claridad por dónde afrontar la crisis que me toque cada día, que no es más que una oportunidad, bien enfocada.

En mis cuarenta y muchos ya, me encuentro con una realidad envidiable: una esposa de bandera, unos hijos de catálogo, amigos de verdad, éxito profesional con conferencias, libros, clientes, radio, televisión… Como la envidia es moneda común, cuando alguna vez me quejo de mis dificultades, hasta los mejores amigos tienen ganas de pegarme una colleja, pero la verdad es que detrás de la apariencia vida perfecta, yo, tengo muchas crisis.

La pareja puede ser maravillosa, pero en el día a día, no está para colmar las necesidades de uno mismo. Tiene su propia misión en esta vida, y el poco tiempo que le queda está cansada, y como es normal, no tiene como objetivo regalarme la poca energía que le queda. Necesita un lugar de nutrición, como yo, donde aprendamos a darnos sin entregar nuestra sangre en ello. Esto es un arte que voy aprendiendo con los años, la verdad, saliendo de la dependencia a la autodependencia, rompiendo el espejismo de pareja para que yo sea feliz, construyendo una pareja con la que ser feliz. Emergiendo de un infantil narcisismo hacia un hombre maduro. Es un duro proceso, que yo considero como una travesía por el desierto. La sociedad de consumo, metida hasta la médula de nuestra existencia, siempre canta de fondo como una sirena, me dice que es mejor que cambie, que compre otra, que el césped de allí es más verde que éste. Lo reconozco, en la noche oscura del alma, he perdido el sueño pensando en si me estaba confundiendo, y no sé si es así, pero yo hasta hoy, he apostado por consolidar la familia y profundizar en la pareja estable. Sinceramente, a veces lo lamento, pero otras, compruebo con perspectiva que lo que construimos juntos crece sin cesar, y me siento orgulloso de ello.

La paternidad es y ha sido para mi la gran misión de mi vida. Fue la razón por la que mi relación anterior, que me era muy querida, acabó, y por oposición la razón, por la que en algunas crisis de pareja, el bienestar de la familia se pone por encima de todo, amalgamando con una fuerza mágica. Dicho esto, mi presencia diaria con los niños, toca en muchos momentos con necesidad de retirada, de silencio, de no ser padre por un rato, o unos días. Al principio sufrí mucho, porque no me gustaba la imagen que recibía de mi, hasta que lo integré sin juicio. Ahora me tomo mis retiros diarios y por temporadas, donde no hay niños ni por teléfono. Necesito silencio, y me alejo, hago mis viajes fuera, retomo mi centro y mi energía, y las ganas de volver a dar y compartir. Si crees que esto es una traición, te recomiendo hacerlo de vez en cuando, y comprobar las ganas con las que uno vuelve, al contrario de las ganas que uno pierde cuando siempre está ahí, abnegado, gris, desvitalizado por falta de motivación. Si quieres reírte con los niños, y darles un ejemplo de humanidad, siempre puedes ver la última película de Shrek, donde él también tiene su crisis. Será mucho mejor, que contarles un cuento chino de que cuando dos finalmente se casan, “viven felices y comen perdices”. La realidad es siempre más compleja, con crisis, y darles un ejemplo de cuento real es más fácil que contarles tu vida, que uno no tiene porqué compartir todo en la pareja ni con los hijos.

Los pacientes-clientes, son la otra pata de mi sensación de ser de utilidad en esta vida, y una fuente muy importante de aprendizaje de lo que es el mundo y soy yo mismo, en definitiva. Sin embargo, igual que con los niños, de vez en cuando necesito limpiarme de tensiones acumuladas, supervisarme lo que me pasa a mi con sus historias, y distanciarme en un sitio donde reganar fuerzas, Hubo un momento donde tuve tanto trabajo que tenía lista de espera, y algunas personas empujaron para no respetar mis límites. Recuerdo que mi cuerpo hablo, con sensación de taquicardia, angustia, pesar en los hombros… Pude hacerlo respetar, renunciando a clientes y a una imagen mía como de el único que podía salvarles, ayudarles, acompañarles. Fue una crisis memorable, de la que aprendí mucho, aunque “perdiera” dinero invirtiendo en pérdidas, referenciándoles a otros colegas.
Seguramente, en tu propia vida tendrás resonancias, ejemplos de tu propia vida, donde te verás reflejado en unas cosas u otras. Se me ocurre para despedir un ejemplo cómico de automatismo, identidad y manera de estar ante el mundo. Salió en redes un gracioso vídeo navideño llamado el “sentador de madres” (que mis hijos dicen debería ser el sentador de padres, luego algo hago distinto, que no mejor), donde se pone de relieve la hiperactividad de la madre de toda la vida en las fiesta de Navidad, tratando de preparar todo, y hacer que la gente disfrute. Propone el vídeo como salvación de esta madre un cinturón que te ata a la silla.

Yo creo que es buena idea para que no te muevas, asumas que no todo el mundo te necesita, aprendas a delegar, a pedir, y a disfrutar del bullicio que has montado en tu casa con tu consentimiento, porque si no es así, hazlo en casa de otro, o en un restaurante.
Muchas madres dirán, “ay hijo, a mi edad, para qué voy a cambiar, mejor aguanto el tirón, que en el fondo me hace feliz veros así”, (desaprovechando la información aportada por la crisis del cuerpo y la emoción, que dicen que ni disfrutan ni pueden más) para ocupar otro sitio en el mundo, más placentero, con más presencia de otro tipo. Ante este automatismo de la madre, la mirada compasiva del hijo le dirá que ya lo hace él, o que al menos él también quiere colaborar, mientras que la del hijo cabrón, perdón, inmaduro, añadirá, que ya puestos, le haga una tortillita mami, y es que Dios las cría y las neuras se unen…

Acabo con humor reflexivo un artículo que de fondo trae temas críticos, de crisis y oportunidades, individuales, de pareja, paternidad, género, familia y social. La razón es obvia, no hay mejor manera de afrontar una crisis que con humor y compasión, por oposición a la ira y la intolerancia, que creo que no ayudan a nadie. ¡Feliz crisis a todos!

Gestión del dolor II: Resentimiento o Resiliencia

“Tanto dolor no lo aguanto más, treinta años sufriendo así son demasiados”, “soy demasiado joven”, “esto no es justo”, “¿por qué a mi y no a los otros?”, “Dios no estaba pensando en mi”, “no hay Dios misericordioso si yo sufro tanto”, “mierda de cuerpo me ha tocado”, “si pudiera me arrancaría el brazo”, “¿para qué me sirve tanta sensibilidad si no paro de sufrir?”

Si tienes dolor crónico puede que te suene alguna o muchas de estas frases. No lo juzgo, es humano, y si nos quitan hasta la capacidad de quejarnos, mal vamos. Si estás sano y acompañas a alguno de estos seres humanos también pueden ser pensamientos tuyos, e incluso podrías añadir tu propia versión adaptada: “¿por qué a mi familia, por qué tanto tiempo, por qué tan extremo, por qué no le ayudo a morir si es lo que quiere, por qué a mi esta carga si yo podría vivir feliz, cuanto tiempo más tendré que aguantar en este lugar tan oscuro? Tampoco lo juzgo, me parece importante que todos encuentren el espacio donde poder expresar, y trascender también. La enfermedad y el dolor crónico es una carga para todos los que la rodean, que mina con el paso del tiempo, y debe ser llevada con mucha conciencia, para no arruinarse uno, ni enrarecer las relaciones.

El gesto de mirar al cielo con el puño en alto, clamando contra Dios, como una ultrajante injusticia es muy humano, nos ha pasado a todos en algún momento, o en muchos. Sin embargo, no se puede mantener como actitud contra Dios, el espiritu y la vida (que puede que sean lo mismo). No ayuda a seguir adelante. Aunque la energía es ilimitada, (somos energía, y espiritualmente, no hay diferenciación entre nosotros y el resto, en términos de energía), la realidad es que el acceso consciente actual que tenemos a la Energía es muy limitado, y por la misma razón, debemos aprender a gestionar nuestra atención de cara a evitar fugas energéticas, y que nuestro pensamiento no se quede anclado en una espiral negativa, que siendo humano y comprensible, también es altamente tóxico y contraproducente.

Conducir la atención, y por tanto la energía, a lo que hay, a lo que se puede hacer, abre la puerta a la vida, a desarrollar el potencial, que con una buena motivación es mucho más que el rendimiento vital anterior a la enfermedad, pérdida, etc. No es una teoría, es una experiencia que narran y demuestran con sus vidas gente como Irene Villa, cuya madre supo orientar tras el salvaje atentado, impulsando su vitalidad y resiliencia. Genial también la resolución del genio Stephen Hawking, trascendiendo la enfermedad y el cuerpo desde el pensamiento, y viviendo (se casó dos veces y tuvo tres hijos). Si Stephen se hubiera centrado en el resentimiento contra su suerte y se hubiera dejado intoxicar existencialmente, su esperanza de vida con el ELA hubiera sido de 14 meses, lo que a los 21 años, habría implicado una muerte en la más joven edad y una enorme pérdida para la ciencia. Sin embargo, vivió 55 años más, para incomprensión de los neurólogos, que todavía no se lo explican. Yo intuyo por su mirada (abierta, alegre e ilusionada) y por la pasión demostrada por su trabajo, que su atención y energía vital se puso al servicio de su obra en este mundo, permitiéndole una extensión de vida de 54 años con respecto a la esperanza media. ¡Gracias por la gesta y tu legado Stephen! Sirva de ejemplo para todos.

Acompañar a Stephen, así como a tantos enfermos “incapaces”, no es tarea para cualquiera, ni de cualquier manera, ni en cualquier momento. Muchos en poco tiempo, lo vivirán como una carga excesiva, desgastándose en el viaje. Sin embargo, los que se atrevan, con verdadera vocación de servir, sentirán una gran sensación de misión cumplida en este plano, y podrán aprender de su ejemplo vital, de su actitud, y en casos como éste, de su interpretación no solo del cosmos, sino de lo que les rodea, lo que en mi experiencia acompañando gente que sufre es un auténtico regalo por el que dar muchas gracias todos los días.

Gestión de crisis: sufrir en Tinder

Gestión de crisis: sufrir en Tinder.
Por Jorge Urrea

Años después de escribir aquel artículo sobre ligar o enamorarse en redes virtuales,
“Me he Enamorado” http://www.psico-tao.com/?p=924
enfrento otra crisis parecida pero con una aplicación más directa, más al grano, identificada con sexo fácil para muchos. El hombre en crisis con el que trabajo tiene casi 30 años, con carrera, pero a presente pocas aspiraciones profesionales, corpulento, dice que muy bien dotado pero tímido en exceso, lo que lamenta, “porque podría dar mucho placer si tuviera novia” (no dice una aventura, dice novia). Las redes del amor, o de contactos, no solo no le están funcionando, también le maltratan: la semana pasada se quedó enfatuado por la imagen y comentarios seductores de la mujer con la que fue chateando, hasta que después de varios días, ella le dijo de manera abrupta el precio de sus servicios profesionales. El engaño le había hecho creer merecedero de amor, para luego leer que no lo merecía si no pagaba, un arma de doble filo y corte que ya había visitado. Quedó maltrecho, con la autoestima baja, desconfiado, enfadado y con sensación de haber malgastado su tiempo, como es normal..

Hoy probamos a entrar juntos en su aplicación de Tinder, que nunca había visto, y descubro algunas cosas, que si bien no puedo generalizar, sí que emergen como temas sociológicos, en su uso extendido de la misma:
1- Exceso de rapidez en el visionado: tarda apenas dos segundos en pasar por candidata. No mira sus perfiles, ni los gustos de ellas, nada. Tan solo la foto.
2- Poca adecuación al nivel de exigencia: todas las que elige son o parecen supermodelos. Mientras que él es un hombre de lo más normal, que tampoco se muestra poderosamente atractivo en ninguna otra área de la vida. (dinero, labia, amigos, ambientes, presencia, etc)
3- Aporta poca o nula información y ganas de trabajarse el perfil y la seducción. No es que no tenga que haber una tuna cantando bajo la ventana, o un hombre cómico, o romántico, o galán, es que él entrega tan poco en la conquista, que razonablemente, tampoco le dan nada.
4- Como una profecía autocumplida, los fracasos anteriores, sin cambio de estrategia, generan ansiedad y pronta renuncia. Hemos invertido escasamente 3 minutos en verlo y ya quiere hablar de otra cosa.
5- Queda una falsa sensación de haberlo intentado, en lo virtual, por lo que en la vida real tampoco lo intenta, y procrastina, sin cambiar nada, pensando que mañana será otro día, sin ver que mañana será igual, porque quien nada cambia nada mejora.

Insisto en parar su inercia, no cambio de tema y le ruego que volvamos a abrir la aplicación: Vamos a gestionar la crisis y sacar partido de ella.

1- Mejoramos sus fotos de perfil, que curiosamente, aparecía haciendo el tonto con amigos, de fondo entre varios, en vez de mostrando su mejor cara. Le hago fotos chulas, que evocan algo más interesante. Esto no es una sesión de terapia, es asesoramiento, es gestión de crisis, que es lo que más me piden, en este caso es crisis de soledad y ausencia de contacto. Que nadie lo identifique con un obseso. Hoy un sector de la sociedad está a la caza del deseo, el masculino, como si erradicarlo fuera a ayudar a nadie.
2- Trabajamos la descripción de sus gustos, como una manera de mostrarse ante el mundo: resulta que es un lector culto que gusta de los clásicos, que tiene interés e intelecto, lo que hasta ahora no había aparecido por ninguna parte. Bravo por él.
3- Le insto a pararse en fotos de mujeres más normales, con algún encanto en la mirada, la sonrisa, los comentarios… le animo a abrir los ojos a lo esencial, que como decía el principito, es invisible a la mirada. Le animo a tomar contacto con alguna de ellas, cuidando las palabras, si tener expectativas rápidas.
4- El tiempo de dedicación también es fundamental. Decía Baudelaire, para que algo resulte importante basta con dedicarle largo tiempo. Es cierto, en la sociedad de la información, con la velocidad actual, nada es importante, nuestra mirada es superficial, ansiosa por llegar a un sitio lejano, que como en los espejismos en el desierto, se desvanece al llegar.
5- Ahora si entro en terapia, y le explico que su baja autoestima corresponde a un narcisismo escondido, y que ambos son falsos. Ni es tan feo, ni tan interesante. Es un hombre normal, que debe buscar una pareja normal, y como no es el centro del universo, tendrá que ponerse en vibración con el resto del mundo para si quiera, entablar conversación.
6- Le recuerdo que estar en una red del amor no es contratar una prostituta que trabaja por ti, como ya ha hecho. Es pagar por tener más acceso a información, simplemente. El hombre (y la mujer) debe trabajar su búsqueda de candidata, tanto como su estilo de seducción, para conseguir una oportunidad, un pasar una puerta, que no es la felicidad, sino la entrada a más contacto, roce, experiencia, y eventualmente compromiso y proyecto.

Para concluir, debemos agradecer a la tecnología su aportación e incorporar la transformación digital de una manera humana en nuestras vidas. Muchos de mis clientes entran en las aplicaciones, se frustran, maldicen la tecnología y la gentuza que hay dentro, y se van. El problema no está en los canales, está en lo que uno evoca, llama y busca deliberada o incoscientemente. Un uso consciente, razonable, sosegado y dedicado, aportará mil oportunidades imposibles de otra manera, no tecnológica.

¿Hay que protegerse de desalmados? Sin duda, el corazón debe ser abierto a poquitos, y cerrado a discreción, cuando sea necesario. Aquí un ejemplo femenino, de una caperucita cándida por el bosque virtual: chico de menos de 30 años contacta mujer de cuarenta y pico, va directo al grano, y cuando ella agradada por el interés de él, pero violentada por las maneras le pide un poco de calma en el acercamiento, recibe el comentario descarnado de “ah, creía que con 40 años ya no queríais pareja, tan solo follar sin compromiso”. ¡Qué daño! Esto podrían suceder en una discoteca a todo volumen con la misma velocidad, si, pero en lo digital hay menos exposición para el perpetrador o perpetradora, que tarda lo que un click en agredir y desaparecer, y la víctima no lo ve venir dando tumbos, como en la disco.

Lo dicho, ten claro lo que quieres y manifiéstalo, entra con tacto y protección al con-tacto, y trabaja amorosamente una búsqueda que estás necesitando colmar y la tecnología te puede facilitar información para lograrlo, sin juicio ni exigencia, pero el cuidado y autocuidado, lo pones tú.

Jorge Urrea es gestor de crisis personales y profesionales.

Lecciones desde el monasterio IV- RUIDO

Lecciones desde el monasterio IV: RUIDO.
Por Jorge Urrea

Hace cuatro años cumplí mi sueño de comprar una casa en el campo, en principio era para fin de semana, pero la vida me acabó regalando la oportunidad de disfrutarla todo el año. El caso es que después de las pertinentes tensiones resultantes de firmar una segunda hipoteca, nos dieron las llaves y fui a verla yo solo. El dueño me contaba todos los trucos de la casa y yo en mi ensimismamiento, no pude ver más que cosas buenas.
Rápidamente, demasiado para mi mujer, compré muebles y nos dispusimos a pasar la primera noche en aquel lugar idílico con vista a la puesta de sol sobre el pantano de Pedrezuela. Todo era risa, alegría y compartir, pero cuando dejé a los niños acostados y salí al jardín a meditar bajo las estrellas, conecté con algo inesperado: el ruido de la carretera, que aunque estaba a unos 800 metros, suponía un nivel de ruido considerable, más alto del que teníamos en la casa de Madrid. Mi respiración se bloqueó, mi oda a la vida retirada se vino abajo, tenía ganas de llorar: me quedaban 30 años por pagar una casa con ruido. Entonces recordé las palabras de Cristina, mi alumna de tai chi que vive en la calle Príncipe, en el centro de Madrid. “Hay que ecualizar el sonido”, y poco a poco lo identifiqué con el del mar, hasta relajarme y dejar de escucharlo.
Pasaron tres años y decidimos cambiar nuestra casa por una para de todo el año, y ya de paso alejarnos de la carretera, pero yo que había aprendido de la experiencia, fui a meditar caminando en silencio (Still Walking) por la otra zona de la misma urbanización donde ya estábamos arraigados y decididos a seguir viviendo, por un interés de familia más que propio, la verdad. Al ganar silencio lejos de la carretera, me di cuenta de que los ocasionales aviones que se acercaban a Barajas, a pesar de estar a 50 km, causaban un estruendo, que de nuevo era superior al ruido que teníamos en la ciudad, o eso pensaba, porque la realidad es que en la ciudad hay mucho ruido constante, que solapa otros ruidos.
Estando en esas, conduje al Monasterio de Plum Village cuna del Mindfulness, en plena campiña francesa, a una hora de coche de Burdeos por carreteras minúsculas. El final del camino recordaba casi a las praderas canadienses por lo aislado, y la finca era tan grande, que los vecinos no podían molestar. Este es mi momento, pensé, por fin sigo el camino sosegado de Fray Luis de León. Al día siguiente nos fuimos a caminar todos juntos en actitud contemplativa, en silencio, y llegamos a una pradera custodiada por gran número de budas pétreos. Me senté, respiré, y un Boeing 747 pasó por encima de nuestras cabezas haciendo vibrar nuestros cuerpos.
Mi primera reacción fue reír a carcajadas. Ni el bueno de Thich Nhath Hanh puede escapar al ruido pensé. Luego decidí fluir con el tema, e incorporarlo, recordando que pronunciar el sonido RAM, (que bien podría ser de turbina), visualizando la zona del perineo ayuda a subir la energía. (es una de las técnicas que siempre enseño cuando formo en Alto Rendimiento) Dejé de luchar con el entorno y lo incorporé para mi bien. Fluir no es hacer yoga ni meditación dos veces por semana en una sala silenciosa. La atención plena tiene que ver con abrir la percepción y ver lo que podemos hacer con esa vida que nos llega en maneras paradójicas y que en muchos casos no podemos cambiar.
En el monasterio de vez en cuando tocan una campana y la consigna es que pares lo que estás haciendo y conectes. Puede que te pille hablando, y al parar te das cuenta de lo estás diciendo y desde donde lo haces, ¿es un sitio virtuoso, o egoico? ¿es bondadoso o malintencionado? Puede que te pille la campana comiendo: ¿a qué sabe, te sienta bien, es lo que necesitas, lo comes con ansiedad? Así con todo. Un avión es un ruido no deseable, pero también puede ser una invitación a vibrar desde el perineo y ganar energía, o podemos incorporarlo como una campana que te recuerda parar y conectar.
La atención no es necesariamente pasiva-receptiva, también se puede ecualizar, interpretar, orientar y focalizar. El proceso contrario, que es por el que he tratado a tantos clientes en consulta, es el de obsesionarse con algo que no cambia (los aviones pasan, o la vecina sigue poniendo radio olé, hay miles de distracciones). Recomiendo ver la película Noise donde resonar con las experiencias de un Tim Robins desquiciado. Puedes combatir todos esos ruido en tu vida y luchar por un mundo mejor, pero ten en cuenta que la lucha puede convertirte en una persona igual de hostil que lo que tú sientes como agresión externa. http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-69975/
Otra posibilidad es la del que se obsesiona sin reaccionar, que deja de gobernar y focalizar su atención. Es víctima de la vida. Entra en una espiral de pensamiento negativo, donde la privación de libertad es cada vez mayor, el resentimiento y la ira se acrecientan de manera exponencial. Esta mañana leía que una mujer había empezado un tiroteo en un fastfood de EEUU porque las patatas fritas estaban frías. Vivimos como auténticas bombas a presión, apretados por lo que vivimos como agresiones personales, directamente dirigidas a nosotros, sin entender que los aviones, que nosotros también tomamos, pasan sin mirar abajo, y el camarero del “fastfood” fue tan “rápido” que no frio bien las patatas o las tomó de las de hace cinco minutos (que es el tiempo que esa pasta congelada con forma y sabor a patata deja de estar rica). No es personal, no te irrites, se le puede indicar que las cambie con una sonrisa y un loto, como hacen en el monasterio, o lo que es mejor, consumir otro tipo de “patata” en otro tipo de establecimiento.
En ocasiones podemos cambiar la hipoteca e ir a otro sitio a vivir, pero es raro. La mayor parte de las veces debemos aprender a convivir con agentes estresores (incluso en sitios tan idílicos como el monasterio de Plum VIllage, donde por cierto se gestionan con una sonrisa eventos de 500 personas, con comidas, bebidas, baños, guarderías, conferencias, interpretaciones simultaneas con alto despliegue tecnológico y ventas de souvenirs ecológicos y orgánicos con facturas e impuestos). Debemos aprender a gestionar la atención, ecualizarla, subir o bajar el volumen de lo que percibimos y aportar al mundo un trato agradable, por nuestro bien, el de los que nos rodean y el de los que están por venir.

Jorge Urrea es gestor de crisis personales y profesionales.

Lecciones desde el monasterio: 3- El día de la pereza

Otra de las experiencias que me marcaron en el monasterio fue el día de la Pereza: que tiene una periodicidad semanal, y consiste básicamente en no hacer nada esforzado, ni siquiera meditar. La actitud es de relajación absoluta, aflojar exigencias, propósitos, metas, y simplemente contemplar la vida desde una no acción.
No es una prohibición de acción, pero sí una invitación a parar y aflojar. Por ejemplo, puedes aprovechar para leer, o disfrutar más de tus seres queridos, sestear, o dar un paseo. No hay como en algunas religiones estrictos códigos de actuar con número de pasos, ni ayuno, ni prohibición de trabajo. Y sin embargo la propuesta es rompedora en un lugar donde todo funciona como un reloj suizo: limpieza, comidas, actividades, conferencias, despliegue para las conferencias, etc.

Entra el verano y la pereza no parece una opción para gran parte de la población de países desarrollados. Está mal vista, parece que más es siempre mejor: más dinero, más viajes, más caballos en el coche y más megas en el ordenador, más amantes, más juergas y más de todo, con tal de no parar y conectar con el presente y lo que de verdad hay. La adicción a la intensidad y el estrés como estilo de vida, originan más muertos al año que ninguna otra calamidad en este mundo. retorciendo la salud física, mental y las relaciones humanas.
Yo voy a intentar dormir más, comer menos, preocuparme menos y disfrutar más del silencio, de la ausencia de fiesta, de la ausencia de intensidad, de un lienzo blanco donde todo sea posible, donde imaginar lo que voy a pintar después.
Detrás de tan cándida propuesta, el taoismo y la ancestral medicina tradicional china nos hablan del wu wei, del vacío, de la no acción, de un pozo donde obtener fertilidad de pensamiento y regeneración, y curiosamente la neurociencia más moderna nos habla de lo mismo. Vamos que la pereza pertenece a una pseudociencia antigua de lo más científica, que yo como persona hiperactiva con un c.v más largo que un día sin pan, te recomiendo practiques en razonables dosis diarias, así como semanal, mensual y anualmente. Es una pereza rentable física, energética, mental, emocional, afectiva y espritualmente.

Lecciones desde el monasterio: 2- La meditación del servicio

Aprender a ponerse al servicio, y disfrutar.
Una actividad clave era la meditación del servicio, karma yoga lo llaman en algunos sitios, y a mi en otros sitios me había parecido una manera sutil de ahorrarse gastos, poniendo a los practicantes a trabajar, pero en este caso, yo lo viví con otra profundidad y lectura. Había que elegir una manera de ponerse al servicio, y meditar con ello, en atención plena: yo además de hacer de intérprete en varias conferencias, colaboré junto con mi mujer e hijos de 6 y 7 años en la limpieza del comedor de 200 personas. Aprendí varias cosas:

a) En primer lugar, los comedores están limpios porque alguien los limpia todo el tiempo. No porque uno pague por ello en tantos sitios, debe dejar de agradecer y valorar que tanta gente te haya servido para poder disfrutar de eso. Debemos mostrar humildad y reconocimiento en relación con quien nos sirve.
b) El comedor era enorme, y al querer hacerlo rápido y coordinar a los niños, me entró un poco de angustia y premura, que me alejaba del mindfulness. Un aspirante a monje apareció y nos puso a cantar recordando la importancia de inspirar y expirar. Al hacerlo, me di cuenta de que no había porqué correr, y pude realmente disfrutar de mi entrega a un servicio que iba a aportar a una comunidad.
c) Entre las mesas se notaba la gente que tenía más conciencia de cuidar el sitio y no suponer una carga para el que pasa detrás, y otra que simplemente lo tiraba todo encima de la mesa, y limpiar migas de pan, no es lo mismo que raspar y arrancar trozos de fruta, mermelada, leche, etc. La falta de consciencia no solo se carga el planeta, afea y destruye nuestro entorno más inmediato.
d) Cuando sirvas, hazlo con esmero, de manera que te siente bien hacerlo: mis hijos estaban apasionados por dejarlo todo pulido y brillante, sin juicio ni resistencias, lo que me recordó que el premio de hacer las cosas bien es mucho mejor que a medias, porque uno se siente orgulloso y feliz mientras que trabaja, y después. Nota bene: no es que mis hijos sean unos santos, evidentemente, a las pocas mesas y dada su corta edad, me dijeron que querían irse al gran arbol con columpio de la entrada, a lo que no opuse resistencia, pues entendí que ellos ya habían hecho lo que tenían que hacer, que era darme otra lección más con su ejemplo en el tiempo que habían estado.
e) Lo más importante de servir es que te sana en la relación con el mundo. La sociedad de consumo nos ha vuelto estúpidos e ignorantes. Estar atento a lo que el mundo necesita de mi, me ayuda a valorar lo que de verdad importa, me abre el corazón, y cierra esa boca exigente e insatisfecha, a la que nada le vale.
f) Una vida de éxito no es la que tiene mucho dinero en la cuenta corriente, es la del que sabe que ha cumplido su misión, que en el fondo está relacionado con cuanto se ha puesto al servicio.
g) El mar es el más grande de los ríos porque se pone por debajo, dice el Tao TE Ching. La humildad en el servicio te vacía para poder tomar grandes lecciones, que llenan la verdadera profundidad del Ser.
Ahora que hemos revisado todos esos puntos, elige, ¿quieres limpiar letrinas? No es necesario, sirve donde puedas y se te de bien, en aquello que tú elijas, hazlo con amor y voluntad de servir, más allá de la remuneración y de tu autoimagen, lo digo por tu bien. Serás mucho más feliz.

Lecciones desde el monasterio: 1- Mindful Eating (comer con atención plena) y satisfacción

Lecciones desde el monasterio budista zen de Thich Nhat Hanh
Por Jorge Urrea

1- Comer con atención plena y satisfacción:
Cuando le dije a mi mujer que quería ir a la cuna del Mindfulness en Europa a pasar una semana conviviendo con los monjes me sorprendió gratamente y me dijo que ella y los niños venían conmigo, que nos sentaría bien a todos, incluidos los niños, que según ella aprenderían técnicas de concentración. (tanto mi hijo como yo, tenemos un poco bastante de dispersión, o lo que ahora llaman a veces déficit de atención).
Nuestra llegada al monasterio budista de Thich Nhat Hanh cerca de Burdeos fue amorosa. Nos esperaban muchos monjes y “benevolentes” (voluntarios), deseando que tuviéramos una toma de tierra agradable. Sin embargo, la austeridad del lugar, las duchas comunes, sucias la mayor parte del tiempo y con arañas (las limpiaban voluntarios y las compartíamos muchos), la pintura que se caía, la falta de cerradura en la habitación, fueron shocks para unos u otros, más o menos fáciles de incorporar. Para mi fue bastante fácil, tenía un aire de ya vivido, quizás en otra vida, excepto al principio su comida, vegetariana con muy pocos cambios, que era todavía más restringida para mi por el hecho de ser muy intolerante al gluten, y eso reducía mi carácter goloso a básicamente patatas, arroz y zanahoria y una deliciosa ensalada con productos de su propia huerta. La gran novedad para los niños era el rito de comer en silencio y en “familias”, grupos asignados por afinidad cultural, y acompañados por al menos un monje, que también nos acompañaría espiritualmente esa semana.
Cada uno se dirigía en “noble silencio” al buffet y tomaba en actitud meditativa lo que deseaba. Después nos sentábamos en silencio bajo un árbol, a esperar que el monje sonara la campana para empezar a comer todos, escuchando de fondo los pocos sonidos de un lugar recóndito de la campiña francesa. Ese proceso en silencio, con conciencia, a mi me dejaba en calma, para poder sentir realmente qué quería y cuanto necesitaba comer, y de qué manera y ritmo también. De la austeridad de la comida y el silencio solo puedo dar las gracias. Elegí solo lo que necesitaba comer, y luego mastiqué y disfruté de lo que allí tenía, apreciando texturas y olores, una experiencia digna de un restaurante Michelin. La nutrición del alimento no viene solo de lo que digerimos, también de cómo nos relacionamos con él, de cómo lo atacamos en boca, olfato, nuestra actitud durante la ceremonia sagrada que debería ser (más cuando la mayoría de las dietas llevan animales que han dejado de existir para que nosotros podamos comerlos, y es que no porque compremos los paquetes de filetes en el supermercado significa que detrás no hubo un animal). En fin, la experiencia de comer mindfully, en atención plena, en contacto con mi necesidad y el alimento, sin ruido, es un regalo que sugiero que todas las personas, más las que tienen desórdenes alimenticios, practiquen gradualmente, hasta que su relación con la comida y su cuerpo sea amorosa y respetuosa.
Antes de seguir con el viaje en el monasterio, quiero adelantar nuestra comida al salir de allí. Fuimos a un hotel de lujo en la misma playa de San Juan de Luz, donde el precio garantizaba satisfacción, ¿o no? Llegábamos con los sentidos abiertos, limpios, y nos encontramos que la habitación olía entre tabaco y alcantarilla. Protesté, pero no podían cambiarnos de habitación, ya que el hotel estaba lleno. Intentaron camuflar el olor, pero la experiencia fue muy desagradable, por muy lujoso que pareciera todo. A la hora de comer, nuestra primera experiencia fue mirando el mar, lo que es en sí, otra experiencia maravillosa de no ser porque al ser servidos, dependimos de una insatisfactoria espera a que la camarera dejara de charlar con sus compañeras y nos atendiera, lo que demoró 40 minutos la llegada del primer plato. En el monasterio, al no ser servido en mesa, eso no pasaba, y como yo no lo necesito, ganas me dieron de ir a la cocina yo mismo, pero claro, culturalmente habría resultado incomprensible. Ser servido porque uno paga tiene su beneficio, y su coste…
A la hora de elegir plato, más insatisfacción, porque puedes elegir mucho más que en el monasterio, y eso genera una ansiedad y ruido, efecto perverso de tanta opulencia. Además casi todos los platos llevan gluten, por lo que respiré mi resignación tratando de convertirla en aceptación como podía. Tras simplificar la elección al máximo, y renunciar a tantas cosas apetecibles, me plantaron delante de un trocito diminuto de pescado limpio en un plato muy grande con tres manchitas verdes tipo Miró, que prometía ser poco para los 28 euros del plato La angustia de ir a quedarme con hambre, hizo que no consintiera, reaccionara a tiempo, me expresara y pidiera más. Así hicieron, pero con otro trozo igual de diminuto, y me quedé con hambre, enfado y 50 euros menos por cabeza. Ya no estaba muy zen.
Tratamos de adaptarnos al hotel lujoso por la belleza del mar y el encanto del pueblo, pero tras 5 días le propuse irnos a mi mujer, un día antes, y le pareció estupendo. Loada sea la sincronía. Pasamos menos tiempo en el hotel que en el monasterio, con menos paz, disfrute y presencia. Una contradicción, que ahora reviso e interpreto bajo la luz de la sociedad de consumo y como provoca insatisfacción permanente. La austeridad y los límites tan claros del monasterio, hicieron que la loca carrera del deseo se parara por unos días, abriendo el espacio para la conexión profunda con el ser, con la harmonía y belleza de vivir la sencillez. Ole, que diga Omm.
P.D: Las dinámicas sociales y culturales que vivimos a diario, nos llevan lejos de un lugar así, claro. De hecho, hay dos anécdotas graciosas que merecen ser contadas: mi mujer, que necesita tener un café por vena antes de empezar a hablar por las mañanas, sufrió la ausencia del mismo, con su carácter estoico más que paciente, y el día que se encontró a 4 monjes preparando un café clandestino en una tienda de campaña, tuvo la oportunidad de trabajarse la gestión de la envidia, emoción extensa e intensa en nuestro país. La segunda fue que al ir a guardar las maletas en el coche para irnos, vimos que alguien había dejado una caja de pizza junto a una caravana, en el parking. Nuestras tripas reaccionaron inmediatamente. El cuerpo tiene hábitos que incluso tóxicos como el alcohol o la nicotina, reclama. Los mojes hicieron un encuadre del retiro muy rígido, para que nos sirviera a todos, pero en ningún momento miraron con juicio al que no pudo sostenerlo, más bien lo contrario, su mirada fue siempre compasiva, con las pequeñas veleidades que uno necesita para su propio camino. Yo por ejemplo, cansado de levantarme a las 5 de la mañana para ir a meditar, una tarde me quedé echando la siesta, y al monje de nuestra familia le pareció estupendo. Gracias por no juzgarme.

Me too: yo también consentí, o no.

(texto de mi intervención en el Ateneo de Madrid)

Por Jorge Urrea Filgueira

Qui tacet consentire videtur si loqui debuisset ac potuisset

Dice el derecho desde la antiguedad que quien calla cuando pudiera y debiera hablar parece que consintiera. Hoy en lugar de hacer sensacionalistmo con las historias desgarradoras de algunos pacientes, hombres y mujeres, quiero repasar algunas escenas en torno al consentimiento en mi propia vida, que ha sido bastante normal. Les animo a hacer el mismo ejercicio en casa, sorprenderse y aprender.

NO me callé cuando con 6 años, una señora en el autobús se sentó y me aplastó y le grité “señora yo también necesito un sitio”. Todo el mundo se rio, me contó mi madre. Bendita espontaneidad infantil. Ojalá no la perdieramos nunca.

Sí me callé cuando con 7 años mis primos, un poco más mayores me indujeron a consumir cigarrillos y pornografía, lo que me desagradaba, recabando mi propia paga infantil. Necesitaba sentir que pertenecía a mi familia y ellos tampoco eran conscientes. Está reflejado en un profundo análisis en el artículo Educar en el porno. https://www.womenalia.com/blogs/yin-yang-del-desarrollo-personal-y-profesional/educar-en-el-porno

Me callé también cuando el profesor de lengua daba capones con el anillo, o el de dibujo técnico arrancó las patillas a mi compañero de clase al levantarlo en peso de las mismas, y le dejó sangrando. (hoy nadie se quedaría callado, afortunadamente avanzamos, pero entonces el miedo a la autoridad del profesor nos congelaba).

Sí me callé cuando me hicieron burla y acoso, tanto un profesor, como varios alumnos, durante años. Me callé tanto que fuera de mi amoroso hogar dejé de hablar prácticamente, eligiendo la soledad, hasta que un chico benevolente me sacó de ella. Gracias Alberto!

No me callé cuando mi entrenador abusó verbalmente de mi, como de tantos otros, y lo denuncié ante el director de deportes. Al final volví al equipo y él también, yo motivado por el entrenamiento, y el deporte, válvula de escape para aquella soledad silenciosa. Él sin cargas, pues nadie más se atrevió a confirmar que con ellos también lo hacía. Todo parecía igual, pero no, yo había hablado y él aprendió a respetarme.

Me callé cuando intuí que un religioso de mi colegio estaba abusando de su posición con algún compañero, tocándole, llevándolo a su despacho en privado. A mí sinceramente me dieron celos de la atención que él recibía, pero intuí que había un precio, que no estaba dispuesto a pagar. 25 años después me confirmaron que así fue.

No me callé el día que el prefecto de disciplina me tuvo 40 minutos de pie a diez metros, con 39 de fiebre, esperando a ver si quería abrirme la clase para llevarme el libro del examen a casa. Le mandé a la mierda literalmente. Tenía mucha fiebre y no medí bien, tuve suerte, porque el día siguiente que nos vimos me pidió perdón. Un hombre sabio.

Me callé cuando una novia modelo me dijo que estar con ella era un privilegio, y que yo tenía que cubrir sus gastos, en concreto los de nuestra estancia en la sierra, aquella semana santa que tanto había deseado compartir con ella. Aprendí que mi amor no debía valer lo suficiente, que también tenía que pagar. Aquello no era machismo, era mercantilismo, y yo lo compré acumulando mi normalitas “pagas” semanales (y perdí autoestima).

Me callé del todo cuando mi novia empezó a mostrar rechazo y desprecio a mi sentido del humor, a mis opiniones, a mis amigos, y luego siguión con enfados coléricos que no supe confrontar. Mi mejor amigo me dijo, “esta chica te quita el habla”. Yo me justifiqué con que no necesitaba acaparar la atención, que ese lugar de fondo también me gustaba, con tal de estar con ella, tan guapa, tan singular, tan especial. Consentí en eso, y consentí con que me contara que constantemente le atraían otros hombres y tenía presentes imágenes muy vívidas con ellos. Yo elegí escucharla durante interminables sesiones, donde ella se ponía de víctima de brujería negra, y yo de terapeuta impasible. Una locura mutua que me destruyó la autoestima durante años, más el día que se fue con un famoso, cuya cara me encontraba después en la televisión y los quioscos. Cuando ella pretendió que yo siguiera estando para ella, al mismo tiempo, yo conseguí decir NO, y separarme. Sin embargo, pronto retomé contacto con ella, como amigos, me decía, pero era por dependencia. Necesité 10 años más de terapia y empoderamiento psicocorporal para moverme ante ella de manera más natural, solo como amigos, hasta el día en que me levantó la mano, y yo pude echarla de mi casa.

Me callé cuando me contrataron al más alto nivel y sin seguridad social, a pesar de ir contra la ley (porque yo tenía mi despacho en la institución), pero lo hice por amistad a quien me introdujo y por miedo a perder el trabajo.

No me callé cuando trabajaba para el ministerio de exteriores y entramos en guerra en Irak, colaborando solo, pero me pareció suficiente, fui a la manifestación y ahí sí me jugué el puesto de trabajo, que no perdí, pero un atropello en bici me paró la vida, reflexioné en cama y dimití por pura coherencia.

Me callé cuando en un ejercicio de psicodrama propusieron cambiar roles, y como chico me convertí en Mía, una atractiva mujer fatal, que pensé dominaría con sus encantos, pero me encontré con que las mujeres presentes se convirtieron en machos burdos que me sobaron el culo, el pecho y hasta el paquete, violando mi intimidad. Yo les decía no, estate quieto, pero flojito, pensando que no me pasaba nada por soportar unas cuantas bromas. Cuando acabó el ejercicio, nos pidieron que conectáramos con como nos sentíamos y yo me puse a llorar desconsoladamente. Les sacaba una cabeza a todas esas mujeres vestidas de hombre, pero no fui capaz de impedir una agresión que me había herido el alma. El miniejercicio de empatía me hizo pensar que es absolutamente imposible ponerse en la piel de tantas mujeres dañadas y abusadas durante tanto tiempo, Vayan mis propias lágrimas por ellas.

No me callé ni me callo, cuando aprendí sobre la realidad de los refugiados, y colaboré con Comisión Española de Ayuda al Refugiado, y aporto dinero todos los meses a ACNUR para no consentir la injusticia de haber nacido en el lugar equivocado.

En conclusión:

Hay mucho más, pero hasta aquí puedo leer. Cuando repaso todos esos contextos, encuentro muchos factores que me impulsaron a la resignación y aquiescencia: necesidad de pertenencia a un grupo, necesidad de gustar, de ser querido, necesidad económica (no perder el trabajo), necesidad de amparo espiritual, etc. En unos casos pude expresar un No, pero en otros, no fui capaz, no me compensó, no estaba maduro, o preferí seguir forzando la máquina, la mía y la del otro, para mantener aquellas relaciones. “Un privilegio”, pensaba yo que tenía al lado de mi novia, creyendo que era una diosa, y yo un mortal. Nada más lejos de la realidad.

Ha pasado mucho tiempo, pero hoy al escribirlo todo junto me siento víctima de tantos abusos, me siento resentido y tengo ánimo de venganza. Durante tiempo me recreé pensando en romperle las ruedas y ventanas del coche del profesor que me amargó la existencia y las matemáticas durante años, cuando acabara el colegio, pero el día que años después volví allí, le vi anciano y amargado, y entendí que lo mejor que podía hacer yo era olvidar, que no perdonar. Desvincularme de él, soltar el pasado para volver a mi presente, a mi aquí y ahora, y disfrutar de lo mejor que puedo hacer en cada instante, con toda mi fuerza y mi capacidad de expresión. Debo respirar, volver a mi centro, recordar quien tiene el poder. Soy yo.

No tengo culpa por las veces que no me expresé ni pude ver con claridad lo obscuro de la situación. Durante tiempo era menor de edad, y estaba en situación de inferioridad. En otras ocasiones las relaciones verticales hicieron que yo desde abajo me dejara abusar por el de arriba. En otras, supuestamente horizontales, simplemente la inconsciencia del precio a pagar, me llevó donde no debía ir. ¿O acaso sí que debía ir? Como persona resiliente, reconozco que gracias a mi entrenador conseguí una capacidad de esfuerzo y disciplina que me ha ayudado a sostener momentos realmente complejos en la vida. Gracias a aquella novia, me separé de la diplomacia, que poco tenía que ver conmigo, fui a terapia y luego me hice terapeuta, lo que me hace muy feliz y en lo que soy mucho mejor profesional de lo que sería en cualquiera de los muchos estudios que hice antes. Gracias a aquellas vivencias hoy puedo acompañar a muchos hombres y mujeres en situaciones parecidas y entenderles mejor que si las hubiera leído en un libro. Mi camino es sagrado y por ello le doy gracias a todos los que lo han compartido conmigo. Gracias por lo bueno y por lo malo.

Hoy he hecho una catarsis escribiendo todo esto, pero no pienso seguir revisándola. Mi lugar es el presente. Revisar el pasado reproduce heridas, me pone en la víctima y me quita el poder. Además, estoy seguro de que otros o las mismas personas que menciono pensaran que yo fui su verdugo en otras circunstancias. Todos, hombres y mujeres, somos ángeles y demonios por momentos, es cuestión de darnos cuenta de lo que estamos haciendo en cada instante, empoderarnos con responsabilidad y salir de los juegos perversos, sin consentir.

Es bueno también haber revisado escenas donde sí que pude decir no. De no hacerlo así, me contaría una versión de mi mismo como ser débil, flojo, incapaz, y no es cierto. Hay mucha fuerza bajo mi dulzura, debo recordarlo y ejercitarla. No hace falta que sea en grandes dramas, basta con devolver un plato que no está bueno en un restaurante.

Hoy soy un hombre mucho más poderoso, con más autoestima y recursos, pero todavía hay escenas donde pierdo la voz. Todo el trabajo que he hecho y sigo haciendo, incluidas artes marciales meditativas, terapias, danza, teatro, estudios, y la vida misma, me aportan una capacidad que entonces no tenía, es cierto, pero debo permanecer siempre alerta, que no crispado, pero sí consciente, con la garganta clara y el diafragma presto a inspirar profundamente y decir tan alto como haga falta ¡NO!

Por Jorge Urrea Filgueira, consultor de crisis y autoconocimiento.

el sí de las niñas, y niños…

Cuando Moratín escribió El sí de las niñas a principios del siglo XIX no sabía que las cosas podrían cambiar tanto y tan poco en 200 años. Hoy en día el acceso a la educación de las mujeres es un derecho libre en nuestro país, plenamente ejercido por ellas, que las forma y da recursos para ejercer su libertad, hasta el punto de que las universidades tienen en general más presencia de mujeres que de hombres.
Sin embargo, tal y como está conformado el mercado laboral, sus leyes, y las expectativas socioespirituales de hombres y mujeres, llega un momento en que ellos prefieren seguir saliendo a “cazar”, proveyendo, y ellas prefieren dar su atención a la familia y a un estilo de vida más humano, con menos hostilidad. Esto que explicábamos en nuestro libro Ingenio, sexo y pasión, como el factor Atenea, se produce más en las carreras técnicas, pero no solo, y con la llegada del tsunami digital, promete tener un potente efecto sobre el componente de género a nivel sociológico. Lo que nos hace distintos nos hace rentables, pregonamos mi mujer y yo en el libro, para que la igualdad de oportunidades no sea vista como un ideal, sino como una verdadera oportunidad de sumar talento y formas de trabajar distintas, sinérgicas y eficientes.
Por otro lado, hablemos de poder: Sabemos desde Cristo, con su mensaje “no se puede servir a Dios y al dinero”, o Quevedo (poderoso caballero es don dinero), que el dinero ha estado y seguirá estando en nuestra atención, tentando, sacándonos de nuestro centro. El representante del infierno, sin que nos demos cuenta es el sistema de consumo, que abarca toda la enorme red de influencia que nos golpea en cada anuncio callejero o del móvil, donde depositamos nuestra mirada cada 5 minutos según el estudio de Oracle de este año. Nuestras pasiones internas se desatan por envidia de lo ajeno, ambición. Vanidad, gula, lujuria, o simplemente aburrimiento. I want it all decía Queen.
Al quererlo todo, soltamos lo que tenemos en las manos para poder tomar lo siguiente, individualistas, encontrándonos siempre insatisfechos porque las manos no acaparan más de lo que ya tenían, y la experiencia real de consumo nunca trae satisfacción duradera. La diferencia es que con el ejercicio de poder individualista cada vez estamos más insatisfechos y más solos.
Ampliemos ahora el argumento, manifestando que hoy el sí de las niñas lo están dando también muchos hombres, hijos de la madre, que juraron no hacerlo como sus padres, renunciando a la agresividad y carácter depredador de su antecesor, buscando un lugar más humano, más cariñoso y nutritivo para los suyos, proveyendo otro tipo de comida que no se paga con dinero. Sin embargo, de nuevo las dependencias sacuden a los que así actúan, y ahora hay muchos hombres que llegado un divorcio no pueden ni pagar la pensión por alimentos, porque no desarrollaron carreras más lucrativas. Esas situaciones de dependencia que antes se atribuían solo a la mujer, ya están sucediendo a muchos hombres, que a menudo deben volver a vivir con sus ancianos padres, permanecer con sus parejas por conveniencia, o volver a unirse con otra pareja como modo de sobrevivir económicamente en un mercado cada vez más aparentemente opulento de tecnología, pero donde la comida y el techo tienen un precio más inaccesible.
De nuevo poderos@ caballer@ es el dinero, o la plata… Llamativo es el contraste entre las películas de amor ideal y esas relaciones más o menos de conveniencia de tantas personas con personas, donde el factor sexual (género) ya no determina tanto, para convertirnos a hombres y mujeres en víctimas del nuevo culto, el del individualismo y el poder, el económico, donde el que más puede más tiene, pero no por ello se siente más amado ni acompañado, pues como Don Diego en la novela de Moratín, ser el más poderoso y experimentado no implica ser el más feliz, ni el elegido de la diana de amor del otro, ya que la joven y bella Doña Francisquita, reconoce amar al menos poderoso.
Ampliemos ahora la comprensión del poder, como algo más amplio, que incluye el dinero, pero también el atractivo físico, o la propia juventud, que implica años de vida y posible cuidado del otro. Son todo monedas de cambio en un juego mercantilista donde se va perdiendo el corazón. Cuando se da un consentimiento, el sí, es porque ambas voluntades están de acuerdo en hacer algo. Si una de las partes no lo tiene claro, que no lo haga, que se aclare antes en terapia o simplemente con tiempo para reflexionar. El viejo Don Diego en la obra de Moratín, convence a la madre de su pretendida de que su hija no le ama a él, sino a su joven y apuesto sobrino. Es un bonito y sabio final no solo por los jóvenes, sino también por el anciano, que se separa de la tentación y no presta su propio consentimiento a un encuentro viciado. No es mejor la soledad del que sabe que no le queda otra que aceptar que su consentida no le ama ni le amará. Todas esas comedias románticas se convierten en dramas Shakespearianos, como la vida misma.
Como terapeuta creo que con el cambio de circunstancias y oportunidades es positivo que hombres y mujeres sufran y aprendan, porque no hay mejor manera de entender lo que el otro atraviesa que meterse en sus zapatos. Hoy tenemos zapatos de todos los tipos, cálzate el que quieras y puedas, aprende, y recuerda lo que era estar en los anteriores, porque pronto llegará el momento en que otra persona te hablará de su dolor y falta de libertad, y sí quieres entenderle tendrás que evocar lo que aquí te cuento. Mi recomendación es que eventualmente intentes profundizar en la naturaleza humana del otro y la tuya propia, sin juicio, abriendo el corazón a lo sutil, aumentando la conciencia, explorando el microcosmos y el macrocosmos, con el mismo interés. Somos UNO, nademos en el amar como sirenos y sirenas, libres, bajo la mirada de la Dama azul de Ibsen, que presta su consentimiento de manera inconsciente, porque todavía no se atreve a soltar su cabeza, ni sus miedos ni su apego a lo que no vive, y la priva de lo que sí que puede vivir, un poco más abajo y más adentro.

Gestión del dolor y la enfermedad: 0- Antes de que ocurra.

Antes del dolor y la enfermedad:
No conduzcas tu vida a modo paliativo, hazlo preventivo. El autoconocimiento y técnicas como el chi kong, la acupuntura, o la medicina tradicional china te ayudan a llevar una vida sana y sanadora, donde la autoregulacion organísmica sucede de manera natural y a tiempo. No quiere decir que uno no caiga enfermo ni sufra, pues el equilibrio es un concepto inestable, lo que sí que pasa es que las crisis son menores y duran menos tiempo.
¿por qué el autoconocimiento? Porque uno vive en contacto con el mundo exterior e interior, dándose cuenta de lo tóxico o nocivo que uno no debe consumir ni frecuentar, de lo que cuidar, de respetar los ritmos, el descanso por ejemplo (cuantas mujeres han olvidado exigirse menos en los días de sangrado por ejemplo). No es fácil, hay que aprender a conectar con el cuerpo, introducir inteligencia emocional y espiritual, detectar cuales son los hábitos tóxicos, las personas y dinámicas que a uno no le sientan bien, desprogramarse de ideas locas. Claros ejemplos son las dependencias de fumadores, alcohólicos, alteraciones alimenticias, o las mismísimas víctimas de maltrato. Siendo evidente para muchos que su conducta no es sana, para ellos no lo es, o al menos no como para dejar de hacerlo o frecuentarlo. Falta autorespeto y conciencia del daño.

Mi consejo es invertir en autoconocimiento, medicina preventiva y hábitos saludables todos los días, no solo cuando uno está enfermo. Esto no es una chinada ajena a nuestra cultura, antiguamente en España se hacía: el médico del pueblo conocía tu familia, incluso podía visitarte en casa y ver tus hábitos, tu entorno, tus preocupaciones del alma. No te miraba solo lo que te dolía, como ahora, te miraba el iris, la lengua, charlaba contigo… Ahora no es que los médicos no quieran, es que el sistema no se lo permite. Deben ver a 50 pacientes por día, y no hay tiempo para eso. ¿Quieres un servicio diferente? Paga por él, prioriza tu salud en tus gastos, y luego sé disciplinado: si te dicen que estás estresado, relaja, y si te dicen que estás sedentario, activa. No hay otra, es tu vida, tu cuerpo y tu obligación de cuidarlo como una nave sagrada que habitas.
Por otro lado, cuando uno conduce su vida de manera sana, la psique está más fuerte e higiénica, con capacidad de sostener crisis puntuales que a uno le llegan, incluso aprendiendo de ellas. No es así cuando uno no se cuida y no para de sufrir todo tipo de males, pues el nivel de saturación hace que la fortaleza psíquica se resquebraje, que un mal menor parezca mayor, y que la mejor de las esperanzas sea que la vida se acabe rápido, para lo unos se suicidan, y otros se deprimen, que es la manera de cerrar los ojos y esperar que todo acabe. Ambas opciones son de un coste altísimo y pueden evitarse de manera mucho más fácil si se trabaja a tiempo, a modo preventivo, que no paliativo.
Continuará.
Jorge Urrea es experto en autoconocimiento, terapeuta psico-corporal y gestión de crisis.

Gestión del dolor: 1- Me va a doler.

Gestión del dolor y la enfermedad crónica: 1- Me va a doler.
Jorge Urrea www.psico-tao.com

Comienzo una serie de artículos, sacados de un libro que pronto publicaré, dedicados a la gestión del dolor y la enfermedad crónica. Después de décadas de aprendizaje, de lidiar con ello y acompañar a números clientes, me doy cuenta de que un conocimiento así debería ser impartido en las escuelas, porque antes o después todos pasamos por la enfermedad y el dolor, y se puede hacer mucho para mejorar la calidad de vida, la propia y la de las personas que acompañamos. Con todo mi cariño, espero que te guste.

Es un rumor, lo siento leve, pero sé lo que viene detrás, me va a doler y mucho. Mi cuerpo se prepara para el impacto como en un accidente de coche, se tensa, se aprieta, se cierra en una coraza intentando eludir el dolor. Sucede con las migrañas recurrentes o con el cólico nefrítico, por ejemplo. Los testimonios al respecto son muy claros: generación de ansiedad, mal humor, retirada del contacto (no estoy para nadie), crispación del cuerpo con dolores añadidos en cervicales (zona de control), espalda, costillas, mandíbula, ano, etc. “Me va a doler, y mucho, prepárate”, se dicen, pero ¿saben hacerlo de manera eficiente?
Aprender a gestionar la psique, y en concreto, la anticipación del dolor es fundamental. Primero porque no siempre corresponde a una realidad posterior, y la preparación para ese impacto, es como en tantas otras ocasiones de nuestra vida, una ansiedad para nada, o lo que es peor, para sufrir hoy por un motivo psicológico, no fisiológico. Para ello es importante ir haciendo chequeos cada cierto tiempo (la periodicidad depende de la enfermedad) valoraciones del uno al diez, de cómo es el dolor real ahora. Respira profundamente, vuelve al presente, observa como se mueven tus pulmones y tu cuerpo con la respiración, resetea tu memoria del dolor y evalúa otra vez, sin prejuicio. Hazlo al menos hasta que alcance un 8 sobre 10, momento en que realmente el dolor se ha instaurado, y borrar la huella dejada en cuerpo, mente, emoción y espíritu lleva más tiempo, días, incluso semanas dependiendo del trauma. Trataremos sobre qué hacer en ese caso más adelante.
Segundo, y aunque parezca contradictorio con el primero, la alerta temprana es buena para reaccionar con lo que sí que se puede hacer. Ahí, el apoyo farmacológico, para empezar es una ayuda del siglo XXI que muchos curanderos del medioevo rechazarán, pero sanadores con estudios como yo, reconocemos como una alianza importante. En el caso de los cólicos nefríticos, por ejemplo, el conocedor por experiencia, como yo, sabe diferenciarlo de un dolor de espalda, y lo mejor que puede hacer es doparse cuanto antes para que el nivel de intensidad no se instaure en el cuerpo físico y energético, momento en el que incluso la morfina no parece hacer gran cosa para el dolor. En mi caso personal, aunque lo pude reconocer 30 años después de la primera crisis, sostuve el dolor agudo durante 4 horas hasta que me vieron en las segundas urgencias (no tuve la serenidad de chequear y donde fui al principio era solo traumatológico, razón por la que tuve que esperar a llegar a otro hospital, luego mejor mira antes de salir de casa). Cuando por fin me trataron el dolor ya estaba tan instaurado que medicamentos como la buscapina fueron más ayuda para la facilitación del proceso de gestión de la crisis, que la propia morfina, que aunque me calmó la ansiedad, no quitó la sensación de dolor ya instaurada en forma de garra de una pantera negra, clavada en mi riñón derecho. Acudir prontamente, autogestionando la ansiedad, a un centro de urgencias adecuado y cercano a la primera intuición de que un dolor así viene, es importante, como digo, porque después, los diferentes cuerpos se quedan con la memoria del dolor cristalizada, y deshacer eso no es sencillo. Además, evitar llegar a un umbral así, evitar también ciertas drogas, cuyos efectos secundarios pueden causar un dolor añadido a una persona ya saturada de por sí (en mi caso la morfina bloqueó mi digestivo, que solo pude disolver con 4 días de espera, laxantes y … chi Kong en la cama, con el gotero puesto. Hablaremos de esta gimnasia más adelante, me parece fundamental recordar que el movimiento ayuda en muchos procesos con gran alivio (nunca entenderé que no dejen moverse a una parturienta, por ejemplo). Los hospitales son lugares donde sobrevivir con ayuda, eternamente agradecido, pero uno no puede soltar la responsabilidad de su propia vida y proceso de sanación , porque se hace víctima, pierde su poder, y con el tiempo encamado, la vitalidad, el humor y hasta el amor por la vida desaparecen. Si, muchos enfermos crónicos pierden la autoestima y el aprecio por la vida, hasta el punto de suicidarse.
En conclusión, si, te va a doler, pero que no haya pánico ni resignación. Pide ayuda y haz lo que debas y sepas diligentemente para prevenir y no aumentar ese dolor, menos precipitarlo de manera exponencial con ansiedad. Respira, gobierna, mantén la cabeza por encima del agua, para no ahogarte. Mi experiencia personal y con clientes es que la gestión de la atención, mindfulness, incorporando el cuerpo, la respiración y una cabeza clara, reduce el dolor entre un 15 y un 35 %, lo que en muchos casos es la diferencia entre la desesperación y la cordura. Tú eliges.
Continuará.
Jorge Urrea es experto en autoconocimiento, terapeuta psico-corporal y gestión de crisis.

El buen padre de familia se retira a morir

Hoy viene un hombre a consulta por primera vez, le miro con atención y lo primero que me llega de él es un aire cansado, la cara gris, falto de brillo, la mirada dura, el entrecejo fruncido, el gesto despreciativo desde el primer segundo. Le pregunto qué le trae a visitarme, y me responde sin disimulo que él no cree en estas cosas, pero que un familiar suyo trabajó conmigo y le ha obligado a venir.
Veo mi propio ego saltando: “Pues si no cree en estas cosas, no cree en mi trabajo, no cree en mi, y su desprecio es una toxicidad que no deseo ni pagando”, pienso, pero antes de reaccionar respiro profundamente un par de veces y recuerdo que está ahí, que yo no tengo nada que ver, que a mi no me conoce, y que pide ayuda con los pies, viniendo, incluso, si al final de las sesiones le da por negar el valor de lo trabajado (y así será, pero también seguirá viniendo). La consciencia me permite no dejarme llevar por mi ego, en esta ocasión, y me vuelvo a poner al servicio.
Se trata de un hombre de 55 años, ingeniero de los de antes, cuadriculado, sin una pizca de ilusión por el cambio, lo distinto, la innovación, lo humano ni las humanidades. No encuentra su lugar en lo personal, donde no se entiende con su mujer ni hijas, ni tiene amigos ni ocio. Tampoco en el trabajo encuentra ilusión, no hace nada nuevo, ni le motiva aprender. Dice que quizás tenga suerte, le despidan en el próximo ERE y pueda volver a casa, a esperar a la muerte, vigilando desde el pasillo que todos hacen lo que deben, como un perro guardián, dice. Hombres identificados tan solo con modelos obsoletos del pasado y sobre todo el deber, están amargados y amargan sus entornos. La violencia no tardará en llegar. Mala cosa.
No es una excepción. Ayer vino un prestigioso cirujano que ha dejado el hogar familiar, incapaz de entender a sus hijas y de mantener la llama del amor con su mujer. No encuentra sitio en su sistema y la tentación tecnológica de las redes sociales promete sexo sin compromiso a mansalva, una adicción que alivia, pero no sanará su alma.
El otro día vino otro hombre que se lo ha dado todo a su mujer y sus hijas, su tiempo, energía, atención. Su padre les abandonó, y él rechazando ese modelo, ha cumplido de adulto con el rol de ama de casa que vio en su madre, y que parecía que su mujer deseaba, desde una posición más poderosa económicamente. Sin embargo, a ella no le vale: le ha dicho que la pequeña no es hija suya, que es de otro, “más hombre”, y se ha ido robándole la paternidad de una niña, regalándole la tutela de las otras dos, por las que no pagará pensión ni apoyo afectivo, dejando un vacío que ningún reality de fonfo con la tele a todo volumen tapa. La realidad supera la ficción.
Hace un tiempo ya, me consultó un maltratador. Su mujer retiraba la denuncia si se comprometía a verme: El hombre decía que siempre había sido pacífico, y de repente se encontró con un cuchillo ensangrentado en las manos y la policía entrando en su casa. Él No recordaba como llegó allí, pero sí que el niño no obedecía y les hacía la vida de pareja imposible. Otro hombre que no sabe ocupar su lugar en el sistema familiar, de manera amorosa, armónica, tranquila y poderosa… En este caso el consultante no durará mucho en terapia: el día que revisamos la escena de su infancia en la que su propio padre le tenía contra la pared, en el aire, antes de pegarle, pudo entender, pero no sostener. Pudo haberse responsabilizado de su comportamiento, más allá de la culpa, pero no lo soportó y salió corriendo para no volver, al menos conmigo. Una pena.
El último ejemplo ya, un alto directivo de una multinacional, tras la trágica muerte de la hija pequeña, y la zozobra conyugal, se marchó a miles de kilómetros, para encontrar la paz del trabajo bien hecho, la tranquilidad de la soledad, y seguir manteniendo a la mujer y otros dos hijos, como buen proveedor, aunque abandonador, restando valor emocional y afectivo a su propia presencia. Estando, sin estar, o al contrario…
En todos los casos, cada uno con su complejidad, encuentro hombres profundamente necesitados, incluso si ellos no se dan cuenta. Los unos reaccionan de manera vital, buscando un espacio distinto, donde poder ser, o sacan los dientes y pegan, autoafirmándose, y otros se deprimen y miran al mundo con desesperanza, esperando a morir. Ninguno de ellos consigue ser y perdurar en el sitio, en el proyecto que eligieron, feliz. No son excepción. Las estadísticas hablan de cada vez más hombres fuera de casa, arruinados, infelices, agresores, vagabundos, alcohólicos, politoxicómanos, desorientados.
¿Qué nos ha pasado a los hombres? Recuerdo de mis años de facultad que en derecho se hablaba del hacer del “ buen padre de familia”, (modelo de conducta aparece expresamente recogido en diversos preceptos del Código Civil, artículos 1094, 1104.2, y 1903) como un referente social admirable, recto, referente para todos, en una sociedad española en la que debemos recordar que hasta el año 1977 la mujer no ha tenido derecho a tener cuenta bancaria.
El triunfo del feminismo denunciando injusticias y abriendo oportunidades a las mujeres ha sido un avance social indudable. Las mujeres ahora pueden aportar y disfrutar no solo en lo familiar, sino también en lo profesional. Suman entre otras cosas un tipo de inteligencia distinta, a menudo más creativa y flexible al cambio, a la mirada periférica, inclusiva de factores que a los hombres nos suele costar tener en cuenta.
El péndulo de la historia va trasladando la creencia y fe colectiva en el padre de familia, hacia la reverencia de la mujer, que gana algunos pulsos por exceso, acabando con la igualdad ante la ley. Ahora si eres un presunto agresor duermes en la cárcel antes de poder explicarte, y si eres una presunta agresora no, por ejemplo.
La transformación no solo tiene efectos positivos sobre la mujer, también le cercena su propia conexión con el instinto en demasiados casos, pero hoy nos centraremos en los hombres. Los hombres que crecieron en una generación machista, que primaba y castigaba al que no hacía lo que era necesario como “buen padre de familia”, ahora se escapan por las esquinas de la que igualmente será una quema, de brujos esta vez. Si el hombre se pone fuerte en su sitio, ejerciendo autoridad, el mero hecho de alzar el tono, es reprobable en un supermercado. ¿será un maltratador? Juzgan los ojos de la cajera que no conocen.
El verano pasado en Francia, mi hijo de 7 años tuvo la mala suerte de ser picado por mosquitos feroces en el párpado, oreja y labio, con las consiguientes hinchazones. En un bar me vi obligado a explicar los hechos a un grupo de hombres en un momento de tensión. Ahora son hombres los que igualmente juzgan.
El siglo XXI es de la mujer. Todavía el sistema tiene mucho de patriarcal, pero el sentido de lo correcto, se ha hecho extensivamente femenino, para hombres y mujeres. Ahora los hombres, ya no saben como ser hombres, porque no está bien visto, por el qué dirán, por lo que pueda pasar, por rechazo a antiguos hombres descentrados, y por muchas otras razones. El hombre pierde fuerza y seguridad en su propia esencia, criterio, fuerza, etc. Por un lado esto es interesante, es una oportunidad de crecimiento para el hombre, que antes no se cuestionaba cosas tan graves como ridículas, como si la mujer podía o no tener una cuenta corriente. Ahora nadie lo cuestiona, claro.
Ser hombre no significa ser perfecto, como el modelo de buen padre de familia. Es cierto que ahora hasta el buen padre de familia puede decidir romper la familia, buscando un entorno más sano y amoroso. Son movimientos antes imposibles para muchos hombres, y bien planteados, pueden ser para mayor felicidad de todos los miembros. Sin embargo, la mayoría cree que ser bueno no pasa por eso, y se van al lado oscuro sin consciencia, huyendo de la quema de la culpa, de manera irresponsable, rompiendo platos sin darse cuenta de que lo están haciendo. Víctimas ellas, ellos y los hijos de primeras y subsecuentes parejas.
En todo este proceso, lo que no ayuda es la criminalización y culpabilización del hombre por ser hombre, por ellos mismos ni por los demás. En todos los casos reales que comentaba al principio, lo que hay detrás es un ser humano, con una biografía o circunstancias complejas, necesitado de apoyo, comprensión y luz, para reinventarse otra manera de ser hombre, sin renunciar a su fuerza ni felicidad, sin verse obligado a salir de la familia necesariamente, ni deprimirse, ni lanzarse a un crimen violento. Los hombres tenemos del siglo XXI tenemos el reto de crecer y aportar todo nuestro acerbo de siglos en la esfera pública y privada, para ello necesitamos aliados y aliadas. No debemos sustituir un patriarcado por un matriarcado, como si este fuera mejor. Demasiadas veces, el matriarcado que se plantea por parte de mujeres heridas, es una compensación, una manifestación de venganza de su propio dolor. No es justicia, ni avanzar, es una oportunidad perdida. Démonos la mano hombres y mujeres, empoderándonos mutuamente, con fuerza, sensibilidad y sentido común, que en época de lucha de sexos es el menor de los sentidos.
……………………………………………
Ilustración de Juan Berrio, del libro Diario de un hombre supérfluo, de Nórdica LIbros.

Gestión de crisis en vacaciones

Gestión de crisis en vacaciones.

Llegan las anheladas vacaciones y tanto esfuerzo durante el año pide una compensación en felicidad, pero el camino lejos de fácil, es en muchos casos tortuoso. Pongamos varios ejemplos distintos:
El que nos toca a todos: desde la organización a la vacación. Planificar un viaje puede ser algo realmente estresante, lleno de detalles ínfimos y timos en todas las esquinas y clicks. El acceso de la información en internet es una bendición como oportunidad de accerder al mundo, pero una maldición por lo laborioso y engañoso que puede ser en muchos casos. Lo que antiguamente se resolvía con una agencia de viajes en media hora, donde tu agente de confianza te ofrecía varios paquetes y tú elegías sin más, ahora puede implicar un proceso parecido a la compra de una casa, tal es nuestro nivel de exigencia de calidad y precio.
Mi recomendación es que hagas una búsqueda mindful, consciente de si en el proceso ganas ilusión, o todo lo contrario, lo tomas con ansiedad y esfuerzo. Devuelve la atención a la respiración, recupera una sensación de plenitud en el presente y no pidas lo mejor, que es enemigo de lo bueno. Además una alta expectativa es garantía de una alta decepción. Una vez que salgas de viaje, abre los ojos para disfrutar de lo bueno que sí que hay, apreciando cada paso del camino, sin ansiedad por llegar a destino y origen.
Casos concretos: El viajero individual. Yo lo he hecho en numerosas ocasiones en mi vida, incluido cruzar Canadá de costa a costa durante casi dos meses, y francamente, pasados ciertos trances, uno es la mejor compañía de si mismo. Cuando quieres estar en silencio, lo estás, y cuando decides hablar, siempre hay gente con ganas de hablar cerca. Hablar por hablar no es más que ruido, que te priva de la experiencia de vivir y apreciar cosas que están sucediendo delante de ti (el sabor de una comida, el olor de una flor, el retrogusto de un vino, la sensación de calor o la brisa en la piel, o la mirada de otra persona deseosa de un encuentro, que no apreciarías en la comodidad de una dinámica de amigas, donde el parloteo te dificulta estar abierto a lo nuevo. Yo animo seriamente a todos, solteros o no solteros, a hacer una escapada consigo mismos; les sentará realmente bien. Dicho esto, la primera crisis que les pasa a muchos es que el momento antes de organizar el viaje y si quiera salir por la puerta de casa, para por muchas somatizaciones, miedos, sensación de soledad, depresión, etc. No es cosa ligera. Si te pasa pide ayuda, los profesionales ayudamos a dar saltos al vacío peores, con menos ansiedad y mejor aterrizaje.
El viajero en familia: el día que escuché este chiste me hizo reír, llorar y reflexionar un buen rato. “¿Qué tal tus vacaciones Jorge, bien o en familia? Unas vacaciones en familia no son garantía de felicidad alguna. Lo normal es que emerjan asuntos pendientes con la pareja, hijos, hermanos, padres… Si asumimos que eso va a suceder y de nuevo, enfocamos la experiencia desde el no juicio, no expectativa, y mucha mirada de compasión, podremos aprovechar las crisis que seguro que van a suceder, para no solo disfrutar más, sino aprender y reforzar nuestros vínculos para el resto del año. ¡A por ello!
Jorge Urrea es experto en gestión de crisis y autoconocimiento, Mindful Leadership
http://www.psico-tao.com/?page_id=9

EMPODERAR O VICTIMIZAR

Empoderar o victimizar
Jorge Urrea

Durante años he trabajado con mujeres, desde terapia con víctimas de violencia de género hasta coaching con altas directivas. Con las primeras he escuchado durante años el dolor de tantas heridas, reconstruyendo la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia, la capacidad de volver a sostenerse sobre sus piernas. Con las directivas he hecho el mismo proceso, pero ha habido más esfuerzo en determinar lo que se perdieron de camino, a lo que en realidad no quieren renunciar, y cómo hacer carreras de alto rendimiento sostenibles, donde lo afectivo ocupe el espacio que también necesitan. Con la profundidad del discurso, sin embargo, el proceso ha sido parejo, llegando a lo mismo, empoderando a la mujer como le de la gana de ser, cuando por ejemplo, quiere ser madre, y no se lo permiten como alta directiva.

El feminismo dominante actual busca compensación por injusticias históricas y actuales, y no les falta razón, pero con el paso del tiempo, observo el efecto del trabajo institucional, como un movimiento pendular de un extremo al otro, con un efecto perverso que lejos de disminuir la violencia (el número de víctimas mortales en 2005 y 2015 es igual), refuerza el odio y el enfrentamiento entre sexos, anulando e incluso persiguiendo lo masculino, perpetuando la herida, que no para de manar, no solo porque se sigan cometiendo atropellos todos los días, que no lo dudo, sino porque se fomenta la visión sesgada de la mujer como víctima y el hombre como malvado, y sobre todo se fija la atención constantemente en la carencia en lugar de focalizar la atención en lo que sí que se puede, en multiplicar el poder personal y los aliados.

Desde mi propio lugar en el sistema, que es el de sanador y empoderador, como terapeuta y coach, quiero dejar claro que la salida no es la victimización, como muchas mujeres poderosas advierten. https://elpais.com/elpais/2018/03/05/opinion/1520273619_739464.html

Perpetuar la autoimagen de víctima, acostumbrándose a privilegios (la desigualdad ante la ley lo es), o lo que es peor todavía, minusvalorar o incluso humillar al otro, NO es un camino de sanación, empoderamiento ni manera de conseguir la paz, ni individual ni social. Esos caminos solo conducen a la falta de fe en una misma en primer lugar, y en la psicopatización en el segundo, donde como vemos en las guerras, víctimas se convierten en agresores, y se siguen viviendo como víctimas. Ten cuidado si eres un profesional asistencial (abogado, psicólogo, trabajador social, médico..) No se debe armar al cliente para ir a golpear al sexo contrario, con mentiras y abuso de ley claramente inconstitucional. La violencia solo genera violencia.

Reviso mis propias palabras y me doy cuenta de que debo explicar todos los conceptos que manejo desde el principio, para evitar malas interpretaciones. Aunque muchos están incluidos en nuestro libro “Ingenio, sexo y pasión: claves para un liderazgo consciente” de la editorial Lid, expliquemos aquí algunos:

Escuchar el dolor de las heridas: trabajo psicológico necesario. El que sufre necesita expresar, y que alguien le acompañe, vea y escuche. No estás sola, te escucho y te lamo las heridas. Este espacio es absolutamente necesario en etapas iniciales de un proceso terapéutico. En este sentido, las manifestaciones masivas, son catárticas, porque expresan dolor real, y son escuchadas por muchedumbres, aunque desgraciadamente, los perpetuadores y las instituciones no escuchen tanto.
Reconstruir la autoestima y el autorespeto: tolerancia cero a la violencia y el maltrato. Solo podemos gestionar las situaciones, nunca cambiar a las personas, que solo cambian si lo desean y con mucho trabajo personal detrás. Debemos entrenar a las personas en la gestión de las situaciones. Defensa personal, comunicación no violenta, inteligencia emocional y desarrollo de la empatía. Los golpes no son demostraciones de amor tordu, enfermo- No hay amor en los golpes. Si me quiero no tolero que me agredan de ninguna manera. Mi compromiso ante todo es conmigo misma. ¿Me amo? Anclar la autoestima a una sensación de fortaleza interna, nunca a una imagen.
Autoimagen: limpiar el espejo en el que me miro. Yo valgo mucho más y mucho menos que los referentes sociales en los que me muevo. Soy mucho más que mi valía en términos de estudios, capacidad de generar dinero, aprecio social, parental, educativo… Mi trato conmigo mismo debe ser sagrado. Sea cual sea tu religión o espiritualidad, trátate de manera sagrada. Todavía hay prejuicios en contra de muchas identidades, incluso dentro de las mismas razas: por ejemplo, en África hay un lucrativo negocio de cremas blanqueadoras, para parecer menos negro, que por cierto tiene alto riesgo de producir cáncer de piel. Un thriller horrible con éxito mundial, como el del cantante.
Autoeficacia: término relativo a lo que yo creo que soy bueno haciendo. Si durante años las mujeres se pensaron como amas de casa, maestras, enfermeras o costureras. Hoy el acceso a la educación les permite reprogramarse, ampliando sus horizontes y capacidad de movimiento. Si uno piensa que no puede, no podrá. Abre tus ojos. Si quieres puedes, es cuestión de insistir por tu parte, y de apoyarte los demás. Busca aliados de verdad, no dañes la relación con hombres ni mujeres que te pueden apoyar. Muchos más de lo que parece, lo estamos deseando. Busca relaciones de empoderamiento mutuo.
Ensalzamiento del odio: lo que hacen personas con poder y heridas no sanadas, y es justo lo contrario de lo que debemos hacer. La gente profundamente herida no debe estar en ámbitos de poder, porque no busca la justicia, busca la venganza, es humano. No hay un lado oscuro de la historia, todos tenemos historias personales que nos han marcado y llevado a un punto más o menos desviado del camino de la virtud. Los maltratadores de ambos sexos deben ser ayudados a resolver sus traumas y sanar para dejar de dañar, a los demás y a si mismos, víctimas de su propia autodestrucción. La cárcel actual en este sentido no es un sistema de reeducación, reinserción ni nada que se le parezca. Todos estamos en lo mismo y todos somos víctimas y agresores en un momento dado, ángeles y demonios. Debemos trabajar desde esa premisa o todo lo que construimos mentalmente está basado en una peligrosa falsedad que perpetúa el conflicto.
Empoderamiento psico-corporal: el proceso cognitivo no es suficiente, muchos discursos mentales no son sostenidos en la vida, porque la emoción te hunde y no eres capaz de sostenerlo físicamente. El cuerpo debe ser trabajado, con artes marciales, danza, gimnasia y todo aquello que veas que te hace bien, que te empodera. ¡A por ello! Yes you can!
Aprecio y empoderamiento mutuo: Hombres y mujeres deben seguir empoderándose, como colectivos y como aliados. Un hombre verdaderamente poderoso, no comete actos denigrantes a una mujer, porque no lo necesita. Muchos hombres necesitan construir una autoestima sana, no relacionada con los logros, y una mayor sensibilidad, para mejorar su autocuidado y el de su entorno. Esto no se hace solo. Las instituciones públicas deben potenciar los círculos de masculinidad, donde hombres con voluntad de transformación se empoderen y sensibilicen, convirtiéndose en motores de cambio. Yo lo he hecho durante años y agradeceré siempre lo logrado allí, tanto como participante como facilitador. Si no conoces el tema, te propongo un libro del pionero en España en estas lídes Alfonso Colodrón, en el que tuve una pequeña colaboración desde mi propia experiencia. https://www.edesclee.com/tematicas/crecimiento-personal/guia-para-hombres-en-marcha-de-la-linea-al-circulo-detail
En este sentido, todos los círculos de mujeres conscientes, son exactamente igual de virtuosos y bienvenidos. De hecho, el nivel consciencia alcanzado en ambos, hace que cuando se da el encuentro entre ambos grupos, surje una semilla capaz de irradiar el mundo entero de amor verdadero. Un espectáculo digno de presenciar, se lo aseguro.
Si quieres a tu pareja apóyala en lo que desee empoderarse, en su camino, no la moldees a tu deseo, ni hombre ni mujer. Si no te gusta, cambia de pareja. Evitarás frustración en ti y en el otro. Como persona que ha conocido mucho mundo, en España y fuera, te puedo asegurar que hay de todo, es cuestión de salir de tu zona de comodidad y entrar con generosidad en la relación. Aquí un ejemplo:
http://mujeresycia.com/opinion/columnistas/2165-un-hombre-como-yo
Sé tú mismo. Si dejamos que los dogmas nos digan como debemos ser, nos alejaremos de cómo necesitamos ser. Hoy tanto el machismo, como el feminismo nos acosan hostilmente a todos. Al hombre no se le permite ser como le de la gana (productor o sensitivo, masculino o femenino, heterosexual-homosexual, mental o emocional). Igualmente se juzga a la mujer por sus opciones actuales fruto de la libertad de elección. Por ejemplo no es ni peor ni mejor, sino legítimo decidir ser directiva/o o ama/o de casa. ¡Por favor, déjenos ser lo que queramos ser!

robots comunicando con robots

Tengo un amigo que no es muy elevado, pero es muy práctico, y me ha desvelado sus claves del uso de las redes sociales, moral aparte, que resume así: “debes darle siempre a me gusta (o sus equivalentes), para que tus contactos sientan que les has visto y les aprecias, aunque no te importe nada lo que dicen, es más, ni si quiera hay que leerlo, porque llevaría demasiado tiempo. El efecto, es que ellos se interesan más por lo que tú haces, y te responden con reciprocidad, e incluso comparten tus cosas, dando eco a lo tuyo, que es tu verdadero deseo, que se te vea a ti, ya sea por motivos personales o profesionales”. Toma ya.
Esta mañana después de meditar en el parque, pensaba que debería trabajar más mis redes para tener rendimiento profesional de tantas apariciones como tengo en público (tv, radio, prensa, conferencias, libros…), pero que a mi poner mi energía en una dinámica tan falsa y vacía como narra mi amigo, no me apetece nada. Dado que al final uno compite con otros profesionales dentro de un sistema, entendí que tampoco puedo desenchufarme de las redes, que es lo que me pide el cuerpo si tales son las reglas del juego. Entonces se me ocurrió que quizás se podía hacer un programa, un robot, que trabajara por ti, haciendo todo eso que a mi no me apetece hacer. Lo contrataría como se contrata publicidad por radio, tele o internet. Según escribo esto me doy cuenta de que como con tantos otros inventos, seguro que ya existe.
El siguiente punto en esta cadena de evolución de acontecimientos, sería que evidentemente, antes o después, los demás también usarán este robot, que vaya haciendo guiños seductores y a diestro y siniestro. Pero entonces, el resultado final sería tan esperpéntico como que mi robot (con apariencia de mi) estaría trabajando porque tu robot (con tu apariencia), le mire. No se me ocurre nada más absurdo, no solo por evidentes motivos narcisistas, sino también, porque el resultado final es nulo en términos de eficiencia publicitaria.
¿La pregunta es dónde queremos ir con la todavía naciente sociedad de la información? Y digo naciente porque si tenemos en cuenta el ritmo exponencial de volcar información en la red, lo que llevamos hecho, no ha hecho más que empezar. ¿De verdad queremos crear un sistema donde todos sean reclamos de miradas, pero poco interés en mirar? Nuestra capacidad de asimilar información está ampliamente sobrepasada. ¿Deberíamos construir otros robots que decidan por nosotros qué información nos debe llegar? Pues de nuevo, ya existe, ya están decidiendo por nosotros: google, Facebook, linkedin, etc todos tienen robots analizando nuestras cookies para decidir lo que conviene que recibamos. ¿De cara a nosotros o de cara a lo que nos quieren vender?
El análisis masivo de datos, BIG DATA, se presenta como una enorme oportunidad para hacer grandes cosas como la prevención de accidentes, crímenes, previsión de clima, aumentar la productividad de cosas tan inverosímiles como un partido de baloncesto, donde por poner un ejemplo, se recogen hasta 30 millones de datos por partido, que luego analizados ayudan a aumentar la eficiencia del equipo.
Me preguntaban en una entrevista del telediario de antena 3 si google nos quitaría el puesto a los psicoterapeutas-psicoanalistas, y yo respondía que como profesional no me gustaría renunciar a información, que sin manipular, puede ser tan extensa como valiosa, pero que eventualmente la mano que lleva la sesión, debería ser siempre la de una persona con un alto sentido de la compasión, para no juzgar las veleidades ajenas, y ayudar a la persona a recomponerse de las crisis aprendiendo la lección. Sin embargo, mi miedo es claro, tanto yo, como el entrenador de baloncesto, como el cirujano, o el maestro, corremos alto riesgo de desaparecer como profesionales, porque la tentación de que un robot sin corazón sea mucho más eficiente en análisis de datos, está ahí y no se va a ir, sino que va a aumentar. ¿Conseguirán acertar en sus caminos introspectivos esos clientes y los jugadores de baloncesto, que ya no pueden comer, beber ni amar, como a ellos les plazca, sino como les dicen? Tengo mis dudas.
Me despido recordando a todos, que la sociedad no es algo distinto de la suma de todos, manifestada en nuestra voluntad consciente o inconsciente, al menos hasta ahora. Somos nosotros los que la creamos, mantenemos, nutrimos y defendemos. No podemos ni debemos soltar nunca la responsabilidad de lo que queremos hacer de ella. Yo hoy renuncio a entrar en juegos que no comparto, y espero que el sistema no me fagocite, porque algún robot de hacer ruido con millones de seguidores en twitter, tenga más voz.

no estás solo

Si no lo puedes ver bien, pincha aquí:
http://canalceo.com/no-estas-solo-trailblazer/

Jorge Urrea: «No estás solo, trailblazer»
(artículo publicado en Canal CEO)

Recientemente he estado en el impresionante congreso de Salesforce en San Francisco, donde tras una sesión Mindful con los monjes de Thich Nhat Hanh, uno de ellos se me acercó y, sin conocerme de nada, me soltó: “Puedo verte, compartimos camino, no olvides que no estás solo, estamos contigo”. Me emocioné.
El lema-mantra del congreso repetido hasta la saciedad, aunque muchos todavía no se han dado cuenta, era: trailblazer, el que abre el camino. Yo llevo rumiándolo desde hace varias semanas, como rumio mi propia historia y la historia presente de la humanidad, tratando de entender qué está pasando y, de repente, hoy conecto los puntos:
Me veo a mí mismo desarrollando un nuevo tipo de liderazgo –Mindful– que la gente no entiende porque es un camino nuevo y no saben incorporarlo a sus mapas previos de conocimiento. Me veo breando con mucho trabajo, esfuerzo y sin sabores, dudando de mí mismo, de si acierto, de si no me sería más fácil hacer algo que la gente ya conoce. Trabajo mucho en la definición del servicio, en el canal, en los clientes, en el seguimiento de trabajos… Mucho trabajo, en soledad, de ahí que me emocionara con el monje.
El trailblazer y la crisis de fe
¡Cuánto de esto pasa a tantos y tantos emprendedores que se lanzan en medio del campo a hacer una ruta nueva, que la gente no sabe adónde lleva, pero que no solo es buena, sino también necesaria! Yo trabajo en conciencia, verdadero salto cuántico para otra calidad de vida, relación, sostenibilidad… Y otros hacen de la ciencia ficción realidad, con algoritmos, impresiones 3D, biotecnología, blockchains, robots, etc. Cambiamos no solo las reglas del juego, sino el juego en sí, pero ¿qué es un juego? Un divertimento acompañado con otras personas, competidores, aliados, etc. Sin embargo, el trailblazer a menudo ha dejado de divertirse, está solo, y tiene una crisis de fe.
Lo primero para mí es que uno debe sostener las crisis. No se trata de encontrar la solución de inmediato, se trata de escuchar bien lo que está fallando, para cambiar lo que de verdad es esencial, sin desmotarlo todo “por intentar algo”.
La palabra sostener implica una madurez que nada tiene que ver con aguantar. En la primera actitud, de sostenimiento, hay algo de sincera y sabia humildad, tratando de aprender, mientras que la segunda, aguantar, solo refiere a una capacidad estoica de sufrimiento, que sin escucha y aprendizaje no lleva a ningún sitio.
La importancia de los aliados…
Continuemos por la importancia de los aliados. Colón no se fue solo a descubrir si tenía razón, se llevó muchos aliados, en su barco y en los de los lados, en el viaje y en tierra. ¿Cuántos aliados tienes tú? En el congreso de Salesforce había 171.000 personas conmigo. Sin embargo, el trailblazer suele viajar absolutamente solo, pecando en ocasiones de avaricia, pensando que lo que va a descubrir es tan extraordinario que se hará rico y teme que le roben la idea. No obstante, usando el ejemplo de Colón, probablemente otros exploradores anteriores a él habrán muerto rodeados de riquezas (ideas), pero sin capacidad para volver, contarlo y disfrutarlo. Atreverse a compartir la expectativa de lucro, prestigio, marca, es importante, pues sin ello acabamos como Golum en el señor de los Anillos: aislados, fríos y desnutridos.
A nivel de liderazgo recuerdo el discurso del rey de España actual, que en plena crisis independentista catalana lanzó un mensaje sencillo: “No estáis solos”. ¡Cuántos de los españoles no independentistas que viven en Cataluña se debieron emocionar al sentir que no los estaban dejando a su cuenta y riesgo, que alguien se preocupa por ellos! De igual manera, cuántos independentistas, convencidos de sus ideas, sienten que Puigdemont, desde fuera de la legalidad y del propio país, les sigue acompañando en su necesidad de protegerles de lo que ellos interpretan como otra agresión centralista. Se podrá estar de acuerdo o no, pero la necesidad de fondo siempre es la misma: soledad. Y el buen líder sabe responder a la misma, fortaleciendo el vínculo con su gente.
Si eres un líder autoritario, que inspira miedo a su gente, no te seguirán. Dale valor a lo emocional y lo compasivo: sé un Mindful Leader.

…y de los refugiados
También me viene en el contexto más global, los grandes emprendedores de nuestra historia presente, los que se guían a sí mismos: los refugiados. Pensemos por un momento en el arrojo de una persona que cruza el desierto del Sahara, llega hasta la costa norteafricana y se lanza al mar en una balsa para intentar conquistar la costa europea. La experiencia narrada por ellos y por los que les rescatan de una muerte segura es de transformación total. El mensaje cuando les dan la mano para salir del bote, es “no estáis solos”.
Desde lo micro hasta lo macro, lo local a lo global, vivimos épocas no solo inciertas, sino realmente desesperadas donde muchos trailblazers se lanzan a abrir nuevos caminos. Yo desde aquí te animo a lo siguiente:
• Conócete a ti mismo, desarrolla tu inteligencia emocional, con compasión, por ti y por los demás. El camino así es mucho más agradable.
• Viaja acompañado. Es más fácil abandonarse y morir en el medio del mar si uno está solo. Acompañados llegamos más lejos.
• Lleva una vida espiritual, no necesariamente religiosa. Sentir que hay algo mayor que uno y entregarse con confianza a la misión que uno tiene, es contar con un refuerzo interno brutal, sobre todo a la hora de abrir caminos nuevos.
Jorge Urrea | Gestión de crisis personales y profesionales · Mindful Leadership

Inteligencia artificial para la inteligencia espiritual

Leo un artículo de mi mujer, Sivia Leal, sobre inteligencia artificial y arte, del que destaca una composión musical, y este poema, y saco mis impresiones, pero primero ten tú las tuyas.
“He was silent for a long moment (Estuvo en silencio durante un largo momento)
He was silent for a moment (Estuvo en silencio un momento)
It was quiet for a moment (Estuvo tranquilo un momento)
It was dark and cold (Estaba oscuro y hacía frio)
There was a pause (Hubo una pausa)
It was my turn (Fue mi turno)”

¿Qué tal tu experiencia como lector? ¿Te ha conmovido? ¿te ha provocado imágenes en tu cabeza? ¿te deja ganas de seguir leyendo, o un eco de lo que allí pasa?
La máquina creó esto con solo la última y primera palabra, y no está mal. Consigue que yo atienda, quiera saber qué pasa, me hace sentir frío y desasosiego, incluso soledad pero para mi tampoco es genial, porque entre otras cosas solo llega a una conclusión lógica, y el alma humana se define precisamente en su falta de lógica aparente, en sus pequeñas veleidades que la hacen imprevisiblemente humana. Mi previsión de futuro es que sí, las máquinas irán invadiendo el ámbito creativo también, pintando nuestros paisajes reales e imaginarios con códigos binarios, que nosotros disfrutaremos en función de nuestra exclusiva capacidad de resonar en nuestro alma, en nuestra experiencia previa, en nuestro sentir más superficial y profundo a la vez. El que esté por sentir, sentirá, como puede sentir el onanista con un juguete a pilas. No seré yo el que le juzgue, con tal de que no olvidemos que la realidad es mejor, es infinitamente más compleja, no se define solo con unos y ceros.

Por otro lado, ¿dónde podrá aprender la máquina la espiritualidad del maestro creativo, que habría acabado el verso sosteniendo el vacío en silencio, testimoniando el efecto de su obra sobre nosotros, espectador de su propio arte que actúa en nuestras venas? Si los robots van a contestar a nuestras preguntas del alma, ¿dónde está el acompañamiento humano, la salida a la soledad? ¿Serán falsas sensaciones de compañía? Ahora hay un robot con forma de peluche foca, monísimo, (Nuka se llama en España, Paro en el extranjero), que hace compañía a los ancianos, con aparente muy buen efecto, lo que me recuerda a aquella gallega de la aldea que según contaba mi abuelo, pedía disculpas a los señores de dentro de la televisión, porque sus hijos habían comprado una televisión más pequeña que la anterior e iban a estar más incómodos (cuidando la relación como si estuvieran dentro, y la escucharan…). El tema no es nuevo, nosotros de niños acariciábamos a nuestro viejo seiscientos cada vez que amenazaba con volver a dejarnos tirados. Era un pensamiento infantil, mágico, que nos volvía más humanos en nuestra relación con la tecnología. Era cosa buena, inventada por nuestra mágica madre, pero hoy la rapidez de expansión de la matrix donde vivimos, es enorme y muchos ya viven más tiempo en el mundo mágico virtual que el real, para lo personal y lo profesional. Cuidado. Usar la inteligencia artificial a favor del factor humano es desarrollar Inteligencia Espiritual. Lo contrario es un embrutecimiento tecnológico que atonta y tira a Dios de los altares, cambiándolo por un becerro robot.
Jorge Urrea
Gestión de crisis y autoconocimiento.
Mindful Leadership, Humanizando la transformación digital

There are no arrows left

extract from my book “The passion factor”. LID Publishing

There are no arrows left (by Jorge Urrea)

If you intend to fire an arrow, first centre yourself, look carefully, check the wind, imagine the journey the arrow will make through the air, feel how it will penetrate the target, and then draw and fire. According to the Zen master archers, beginners should never have two arrows. The thought that if you miss with the first you can always succeed with the second means that your concentration is never complete. If you are not convinced about your business, then don’t bother to launch it, don’t waste your energy and your time firing your arrow. Wait for kinder weather. If you are not convinced then you will never devote yourself to anything or anyone, neither a partner nor work contract, but if you have already done so, then live it as though there was never any other possibility. “There are no arrows left,” should be your mantra. This is the only way that you will do your work correctly.

In this sense and contrary to what many think, seeking added time merely anchors you in the past and makes it harder for you to be absorbed into the present and the new adventure you’ve decided to embark upon. I recall an engineer who hired me because he wanted to get out of a loop of wasting hours every day wondering whether he should go back to his old company some months after he had left it. On the personal front, we all know someone who can’t stop sending love letters to the ex-partner in the hope that love lives on, and can be relied upon if the new partner fails to deliver. Let go of the mooring rope, explore other seas, because you can’t reach them from the harbour of the past.

bonjour tristesse: mindful melancolía

 

Por fin llega el otoño, o eso parece, y con las nubes y la vuelta al trabajo, la euforia del verano, con el sol en lo más alto se va mitigando, para terror de algunos, y depresión de otros. No lo temas, es el ciclo natural de las cosas y si aprendes a rentabilizarlo aprovecharás sus ventajas.

En medicina tradicional china, se consideran 5 estaciones, así como 5 elementos, cinco vísceras, animales, etc. El final del verano, corresponde al elemento tierra, la energía del bazo y vesícula biliar, el oso como animal arquetípico, etc. Desde fuera se puede juzgar como un folclore antiguo, pero si se profundiza en su sabiduría se encontrará mucha información interesante.

Por ejemplo, tras el sol abrasador del verano, la madera de la primavera ha ardido y ha generado unas cenizas (tierra), sobre las que se puede llorar por lo que ya no hay, o se puede plantar semillas que esperen latentes, rodeadas de nutrientes, la llegada de su despertar. Después del oso viene la grulla, bien entrado el otoño, energía de pulmón, respiración acompasada, sin excesos, melancolía consciente de la que aprender.

En tu caso, reflexiona sobre lo que el verano y la euforia se ha llevado por delante, no te entretengas demasiado con el duelo, tan solo lo justo, y aprovecha el espacio de lo nuevo, ahora que ya no hay tanto ruido para reflexionar sobre lo que quieres plantar.

La energía ha subido hasta la cúspide del cielo durante el verano, y ahora se retira, no te asustes. Es bueno aprovechar ese cambio de dirección para ir hacia tu interior y hacer un recogimiento contigo mismo: ¿qué necesitas ahora y en qué dirección quieres ir en un medio plazo? Estás triste porque hace frío y ya no puedes jugar con la arena de la playa? No te preocupes, volverá, ahora aprovecha el fuego de alguna chimenea para calentarte y reflexionar.

La tristeza está muy desvalorada en occidente y sin embargo bien utilizada trae información importante que recoger y escuchar. De acuerdo a la encuesta de la OCU hasta el 50% de las mujeres, verdaderas maestras de los hombres en cuanto contacto interno, tomaron el año pasado ansiolíticos y/o antidepresivos. Si nuestras “fareras”, las que nos traen luz cuando no vemos en la tormenta, se duermen, enmascarando su ansiedad y tristeza, ¿hacia dónde vamos como sociedad? Si necesitas tomar mediación, hazlo, para poder trabajar en ti misma, no para olvidarte de ti.

Uno debe decir “buenos días tristeza”, como en aquella obra y película, tomarla de la mano, y darse un paseo bajo los árboles que dejan caer sus hojas otoñales, y llevan la energía de la salvia para dentro, protegiéndose sin temor, haciendo lo que hay que hacer.

El que se acompaña a si mismo con cariño en este proceso, saca buenas e inteligentes conclusiones de su interior, se cuida, se da calor, descansa… el que no, se maltrata psicológicamente, se acusa de ser insuficiente, de no estar a la altura, se deprime por falta de afrontamiento de lo que tiene pendiente, abandonándose a la intemperie, en vez de replegándose de manera responsable.

El animal arquetípico que mencionaba es el oso, que representa una montaña de asentamiento sobre sus patas; con semejante fuerza y aplomo, nadie le podría acusar de falta de autoestima, que es lo que de verdad esconden muchos procesos depresivos. Un no saber colocar la mirada donde sí que hay, en vez de donde no hay. Evocar este animal e imitarlo psicológica y energéticamente, es más sabio que esconder la cabeza debajo del ala, esperando a que el ciclo vuelva a cambiar o que alguien nos pague las facturas.

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Pintura de Jesús Galiana

feliz de volver a trabajar

Mi suegro el año pasado, amenazó a mi hijo con la que se le venía encima, porque “pronto empezaría el colegio, y se iba a enterar de lo que era bueno”, con un tono irónico que seguramente mi hijo no estaba preparado para entender con 5 años, pero más allá de eso, al comentarlo con mi mujer tuvimos la misma reacción, afortunadamente.

Esto que para él era una mera broma sin importancia, en realidad es un fiel reflejo de lo que culturalmente arrastramos desde que “nos echaron del paraíso” con la amenza bíblica de “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Nosotros dos pusimos el grito en el cielo, porque desde hace años recorremos el mundo formando a la gente en la pasión por el trabajo como modo de ser feliz y subir el rendimiento, personal y de equipo. El problema de luchar contra la incultura popular, es que está muy arraigada, y la gente te toma por un vendedor de crecepelo, pero la evidencia científica nos da la razón.

No solo es que la pasión determina el 35% del éxito profesional, que nosotros comprobamos estadísticamente con miles de encuestas, es que está demostrado también que en el ocio somos mucho menos felices que en el trabajo. ¿Te parece una broma de mal gusto? Párate a hacer memoria: ¿cuantas veces en el trabajo tienes la sensación de contínuo de atención, de que el día se pasa volando, que estás centrado en lo que haces, y que conseguirlo te da una sensación de logro, disfrute, triunfo, que te pone las pilas? Ahora reflexiona, ¿cuantas veces te pasa eso en tu ocio?

Un estudio de la universidad de Chicago nos da números muy claros: mientras que la gente pasa un 54% del tiempo con sensación de fluir, con su atención y producción en el trabajo, en el ocio, baja al 18 %, vamos que estamos empanados. Como precisamente yo defiendo que el tiempo de aburrirse en necesario para la creatividad, autoregulación organísmica, etc, no quiero hablar excesivamente mal de ese ocio, pero tampoco me parece, con estadística en mano, que haya que alabar el ocio, por encima del trabajo. Como mínimo hay que darle una vuelta a nuestra actitud en ambos casos.

Como muchos sabéis, en la actualidad creo que la atención plena es la clave del rendimiento y la felicidad, pues no solo mejora la relación con lo que uno hace, sino también con los demás. La atención plena no es solo enfocar la mente, también es enfocar el corazón, las caderas y las vísceras, ponerlo en sintonía con lo que uno hace, y disfrutar con ello. El trabajo no es una maldición divina, como nos han vendido, es una manera estupenda de ganarse la vida, que por encima de todo, nos centra, da un sentido de orden, de estructura en la que agarrarnos, nos saca del empanamiento de muchos, que en el fondo no aguantamos más en la playa.

Muchos pensarán que hablo del lujo de trabajar porque uno quiere, porque ya tiene resuelta la vida, o como dice Oscar Wilde: “El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer”, pero no. Las estadísticas nos hablan claro: en todos los niveles profesionales, las personas estaban más implicadas en lo que hacían cuando trabajaban, que cuando estaban de ocio. Es cierto, que los cargos con más responsabilidad, suelen estar más centrados o despiertos, atentos, en comparación con los que tienen labores más mecánicas, donde es más fácil aburrirse y contemplar el trabajo como una mera manera de subsistir. Ojo, que estos trabajos van a desaparecer con la llegada de los robots. Si eres de esos, despierta, fórmate y especialízate en algo que tenga futuro, y presente, pues como explico, dormirse, no es en modo alguno fuente de felicidad, rendimiento ni trabajo. Es cierto que todos conocemos alguna persona con trabajo muy humilde, que está más centrada que nadie, que disfruta con lo que hace, incluso si lleva haciéndolo 40 años, y que es verdadero ejemplo de vida para todos. De esos más que de nadie debemos aprender, pero maestros así no se encuentran en todas partes. De hecho, el entrenamiento en atención plena que facilito, apunta hacia esa maestría, de pensamiento, corazón y acción. Un reto para el que dormirse no es una opción.

En lo que se refiere a lo personal, y en contra de toda predicción, focalizar la atención es más importante que nunca. El ocio, no puede ser solo un descanso pasivo, vegetativo, playero. Nos desvitalizamos. Ojo los jubilados, que tras años de duro esfuerzo trabajando, alcanzan la anhelada jubilación y ahí para su sorpresa, enferman y mueren, sin saber por qué. Muchos hombres creen que es la edad, que evidentemente influye, pero algo que no ven es que probablemente nunca supieron sacar jugo a su ocio, valorando lo productivo por encima de lo sensitivo y afectivo, y ahora siguen recurriendo al descanso como una fuente donde retomar fuerzas, pero esa agua está estancada, podrida. Deben moverse, excitarse, por lo que les de la gana, pero seguir vivos y despiertos. Observen a las mujeres jubiladas y aprendan: una alumna mía de tai chi, con 80  años, practica padel, danza, aerobic, escritura creativa y ¡tantra!, ah si, también se nutre de sus 8 hijos y 21 nietos, cuando le sobra un rato. ¿Creen que es una excepción de los tiempos? Mi propia abuela, al llegar la jubilación, hace 40 años, en vez dejarse mustiar, se sacó el carnet de conducir e inscribió a inglés y alemán. Recuerdo las voces juiciosas de la época, que lo consideraban inadecuado en una dama, más de su edad, y no veían la productividad en ello, pues nunca podría viajar al extranjero, y conducir en aquella pequeña  Pontevedra era una excentricidad. No tenían ni idea: mi abuela tuvo una buena calidad de vida hasta casi su muerte, siempre alegre, feliz y con ganas de disfrutar hasta el final, con sus guantes especiales para conducir.

Volviendo a los que todavía trabajan, parece que hemos aceptado que la fuerza se pone en el trabajo, lo que está bien, pero a menudo, uno no se repone de esa fatiga, dejándose caer ante la televisión, sin más. No es que sea mala, yo mismo veo un poco todos los días en forma de series o películas seleccionadas. Mi atención está presente sin casi esfuerzo, y disfruto de compartir ese rato haciendo comentarios con mi gente. Sin embargo, más allá de ese rato, y del necesario descanso, debemos variar, organizar, planificar, enfocar nuestro ocio para que no se nos escape por el desagüe.  Cada uno a su manera: los hay que juegan a las cartas, ajedrez, hacen sudokus o crucigramas, pasean, hacen deporte, cortan el césped, desarrollan amistades, etc. Da igual lo que sea, con tal de que en ello haya, como en el trabajo, una sensación de disfrute, de entrega al momento, de voluntad de sacar el jugo de esos instantes, sin dejarse ir. En ese tiempo sin tiempo, por la sensación de no aburrimiento, el espacio también se expande y contrae, como si alteráramos las dimensiones. El planeta entero nos parece abarcable para nuestra ilusión y ganas de recorrerlo (que le pregunten a Marco Polo), y al mismo tiempo, un espacio tan reducido como un tablero de parchís, es suficiente para acaparar nuestra atención, haciéndonos pasar un buen rato. El universo en un grano de arroz, decía Buda.

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Neurociencia y Santo Tomás

Durante casi dos décadas ya, he dado conferencias sobre los beneficios del autoconocimiento y las prácticas meditativas, como un entrenamiento psico-corporal, que trae enormes beneficios para la salud mental, emocional, corporal y espiritual. Mi capacidad de convencer a los que allí me escuchaban, pasaba por lo que yo emano, los estudios internacionales que traigo, o la propia confianza en las instituciones para las que trabajo, punteras a nivel mundial. Sin embargo, eventualmente, había un acto de fe que muchos no eran capaces de hacer, escépticos, pensando que era pura mitología china. Ahora ya no hay excusas, gracias a los avances de la tecnología, y la neurociencia, podemos observar a meditadores, incluso en tiempo real, y medir la evolución de indicadores como la tiroxina, colesterol, azúcar, regeneración del hipocampo, etc.

No juzgo las resistencias a creer, yo mismo hace 25 años, fui a un restaurante chino de un barrio modesto, donde moraba un chino viejísimo, que me decían “capaz de curar con las manos”, para ver si me ayudaba con un esguince recidivante. Le expliqué con gestos, porque no hablaba español, que había comenzado a hacer tai chi, a lo que el hombre se puso a tres metros de mi, y me pidió que extendiera la palma de mis manos. Él colocó sus dedos en forma de “espada de luz”, se concentró y proyectó sobre mi palma un calorcito que me recordó aquel de las máquinas de onda corta de los centros de rehabilitación. Me fui de allí con sensación de no entender para qué había estado, pues francamente, la curación no fue milagrosa, como me habían prometido, sino más bien otra sesión de rehabilitación con “calorcito”, un pequeño paso en comparación con lo que yo iba buscando, que eran pasos de gigante, sin entender entonces la importancia del camino.

Hoy leyendo sobre neurociencia, me doy cuenta de que quizás aquella fue la prueba de Santo Tomás, dónde yo me reafirmaría y continuaría trabajando la energía a diario, pues a tres metros de él, realmente pude sentir su proyección de calor en mis manos. No somos un cuerpo físico aislado, lo supe entonces y lo vivo cada vez que hago meditaciones dinámicas, donde juego con la energía, la expando, la concentro, la muevo, la reubico en mi cuerpo facilitando que mis órganos se mantengan sanos, es más mi estado energético tiene un efecto sobre mis clientes y entorno personal, donde la gente encuentra calma cerca de mi. “Efecto lexatín”, lo llaman. No es que sea un brujo, un curandero que ha heredado un don y vivo en la sombra de un restaurante chino, no, es que practico todos los días, cuido mi alimentación y los entornos que frecuento huyendo de toxicidades de todos tipos. La meditación es una “medicina” autoinducida, ¿a ti no te interesa? Es gratis. Si tienes curiosidad mira este vídeo de una de mis prácticas, a ver que te llega:

https://www.youtube.com/watch?v=ibRxsK4J-c0

A pesar de que es gratis, todavía hay rechazo cultural por parte de muchos, que para defender inercias, conductas y actitudes propias insanas, rechazan lo ajeno, juzgando sin conocimiento. “Mira a los chinos y los indios, su poco respeto por los derechos humanos”, “no ves que viven como animales, no tienen nada de avanzados”, “nuestra cultura es mejor que la suya”. Son algunos de los comentarios que he escuchado en defensa de no sé qué y en contra de tampoco sé qué, pues como digo, ya no hay que hacer actos de fe. Los efectos de las prácticas meditativas y de atención plena han sido corroborados en universidades y hospitales de todo el mundo. Vease Massachussets, Carolina del Norte, Harvard, Gran Canaria, etc. No veas choque de civilizaciones donde no los hay. Los listos no chocamos, hacemos alianzas, de civilizaciones en este caso, y sacamos lo mejor de cada una, sin substituir una por otra, ni restar valor a nuestros propios genios, como Machado, Ortega, o el mismísimo científico Ramón y Cajal, que por cierto ya hablo de regeneración neuronal en 1900, para burla de académicos retrógrados de la época, (cien años después se ha podido comprobar que era cierto, recuerden lo que comentaba al principio sobre el hipocampo).

Aquellos que todavía necesitan pruebas intelectuales, que lean informes de Harvard y libros bien documentados (como Flow, de Mihaly Csikszentmihalyi, o la película “y tú qué sabes”), y los que necesitan experimentar, que se expongan como yo a experiencias, pero está claro que cuanto antes se pongan todos a practicar con frecuencia diaria, antes sentirán los efectos. Para finalizar, creo importante no confundir leer sobre el tema con practicar las técnicas. Este año he tenido la rara coincidencia de tener como clientes a mucha gente con cocientes intelectuales elevadísimos, auténticos genios, que han leído mucho más que yo sobre Yoga, Chi kung, Vipassana, misticismo sufí, Zen, Zog Chen, Mindful, neurociencia, etc, y aunque lo entienden todo debo decir que la lluvia no les había calado por debajo de la cabeza.  Da igual cuanto sepa uno sobre neuropéptidos,  teoría de cuerdas ni siete dimensiones: si no te entregas, practicas y abres tu experiencia a energías sutiles, nada cambia. Si lo que digo te suena a chino quédate simplemente con esto: nutre tu corazón aportando a un entorno de paz y harmonía. Tendrás una vida larga y amorosa. Si focalizas tu atención en la lucha, siempre encontrarás donde luchar, y enfermar, pareciéndote a tus enemigos, por puro roce. Tú eliges y tú conformas tu realidad.

Jorge Urrea facilita la gestión de crisis y procesos de autoconocimiento profundos.

Espiritualidad robótica

 

Pregunta Silvia Leal, reconocida experta en sociología y tecnología, si los sacerdotes están a salvo de ser substituidos  por robots, en un artículo que como todo lo que publica merece la pena leer, si quiera para contestar, como aquí hago yo, sabedor de que todos y ninguno tenemos la razón, porque no dejamos de ver más que un solo fragmento de la realidad, con lo que espero apoyar en la construcción de una percepción más amplia.

http://www.efeempresas.com/blog/estan-los-sacerdotes-salvo-de-los-robots/

Yo leo el artículo, y aprecio en primer lugar el mensaje principal, que es que espabilemos, que casi ninguna profesión está libre de ser substituida por robots, y si queremos ganarnos el pan tendremos que hacerlo en otro sitio y/o de otra manera. Lo segundo que agradezco es que habla de fomentar nuestra humanidad como clave del éxito, para aquellos que todavía intentan ser más eficientes que un robot. Locos. Eso ya es imposible y además, lo que realmente podemos aportar en la competencia con la inteligencia artificial, que puede gestionar sin esfuerzo millones de datos para una decisión sencilla, es sin duda nuestro alma y por ende nuestra capacidad de entender nuestras miserias humanas y saber acompañarlas.

Es ahí donde confronto de pleno la posibilidad de un robot monje budista, cristiano ni de ninguna otra religión o rama espiritual. De igual manera que en Antena tres confrontaba que Facebook o Google puedan no solo saber más de nosotros o que nuestra propia madre, sino que también nos puedan acompañar mejor que ella, o que un psicoterapeuta o coach, que es en lo que a mi me toca. (ver artículo http://www.psico-tao.com/?p=879 )

Es cierto, que si es cuestión de acceso a la información, los robots pueden en el caso de los monasterios, recitar textos sagrados, mantras, laudes gregorianos o lo que se quiera. Igualmente debemos agradecer a tantos maestros del mundo entero, que ahora comparten su sabiduría y luz en forma de vídeos, artículos y conferencias en formato digital. (un ejemplo es el del Lama Rimpoché con el que trabajé un verano, que luego nos dijo que publica en youtube, y recomiendo vivamente https://www.youtube.com/watch?v=ZUvykNc6vYs&t=353s )  Es una oportunidad sin igual en la historia. Muchas enseñanzas antes permanecían ocultas no solo por límites teconológicos, también por avaricia, cual tesoro a no compartir, bajo el falso mito de que una iluminación antes de  tiempo podía volver loco (siempre fomentando el miedo para controlar el poder sobre la gente...) Sin embargo debo decir que el acceso a la información no implica la comprensión, ni el acompañamiento, que debe seguir siendo buscado en personas, profesores, maestros, seres queridos a los que escuchar con la humildad  del que no está lleno de si mismo.

Por otro lado, coincido con Silvia en que es mejor no resistirse, y abrazar las nuevas tecnologías tan rápido como sea posible, antes de que nos fagociten, y esto no es ninguna broma, como ella misma denuncia con labor verdaderamente oráculo-profética, estúpidamente desatendida por demasiados. Animo igualmente a abundar en la propia humanidad, y añado la importancia de hacer trabajo de autoconocimiento, que sirva en la relación con uno mismo, con el medio y con el otro. Por un lado nos dará una ventaja competitiva en comparación con lo que sí puede hacer un robot, de hecho servirá para que los robots puedan hacer bien su trabajo, porque “lo que nos diferencia nos hace rentables”. Por otro lado, la realidad tal y como la conocíamos de niños ha cambiado mucho, pero tampoco tiene nada que ver con lo que está por venir en poco tiempo. (Entrenarse en el vacío para no tener miedo y sabir fluir es buena cosa).

Los creativos, que a menudo son verdaderos visionarios, lo plasman en películas de niños y adultos, y nosotros, que tenemos los párpados abiertos, pero los ojos cerrados no nos damos cuenta de que lo que parece fantasía es o va a ser realidad en poco tiempo. Acompañando a mis hijos a ver una película de dibujos, Wally, “descubrí” una sociedad en la que los robots nos hacían la vida tan fácil que habíamos renunciado al movimiento corporal, deformando nuestros cuerpos de manera esperpéntica. Por cierto los robots mantenían funcionales nuestros cuerpos a base de masajes robóticos, que imagino moverán las carnes, pero no tocarán el alma, como sabe hacer el terapeuta sensible. Se me hizo obvio, una vez más, que uno debe desconfiar de los avances tecnológicos y no sumirse en un sendentarismo enfermizo, recordando aquello de “mens sana in corpore sano”.

¿Crees que exagero? ¿Quién no conoce los sillones de masajes electrónicos, las plataformas deslizantes de dos ruedas en diferentes versiones, las escaleras o plataformas mecánicas? Lo próximo, que ya está aquí, son las prendas termoregulables (que atrofiarán el propio mecanismo tiroideo de autoregulación y consumo energético) y los exoesqueletos para labores cotidianas, facilitando levantar pesos imposibles para un humano, pero con el riesgo de anular nuestra propia musculatura si lo usamos en exceso o “en lugar de”. Todo usado con mesura e inteligencia es un avance indudable, pero sin consciencia, tiene consecuencias drásticas.

En la relación con los demás seres humanos es igual. Recuerdo aquella otra película de los Surrogates, con Bruce Willis, que lo dejaba muy claro. No te la pierdas. Si te atreves con algo más duro, lee el libro “Eres bella”, de Chuck Palahniuk, conocido autor del Club de la Lucha, que te dará otra visión de los juguetes sexuales.  Si uno usa a un robot para interactuar con el mundo, corre el peligro de que solo se relacione con otros robots, mientras uno permanece en el sillón, sin asear, sucio, estancado como el agua, podrido física y espiritualmente. Advertido quedas.

 

 

entrevista sobre Innovación y liderazgo consciente

Entrevista junto con Silvia Leal sobre Innovación e Innoliderazgo.

https://www.youtube.com/watch?time_continue=13&v=e_XSGHmYtsw

 

Soñando con Black Mirror

Yo tengo la sana costumbre de hacer la siesta casi todos los días, no mucho tiempo, unos 20 minutos, pero son muy reparadores, me resetean la cabeza y siento un gran bienestar, tanto que la mera idea de ir a hacerlo me excita de alegría, con riesgo de despertarme. ¿te da envidia? No me extraña, ojalá todo el mundo pudiera, pero quita la envidia de la cabeza, hoy me gustaría hablar de otra cosa. No solo es un tema de descanso, para mi necesario, también está relacionado con los mensajes que me llegan en sueños, que como decía Fritz Perls es la vía regia del inconsciente al consciente. El caso es que desde que los móviles inteligentes deciden dónde debo fijar mi atención, me tumbo y reviso redes sociales, mensajes de diferentes medios, la prensa, etc, antes de cerrar los ojos.

Mis sueños, y sus mensajes, han ido cambiando poco a poco. Ya no tengo las luchas internas que tenía conmigo mismo, donde combatía con un hombre más fuerte que yo, al que nunca conseguía devolver el golpe, porque la resistencia de encontrarme dentro del mar, hacía que nunca le alcanzara, por ejemplo. Parece que no solo he conseguido empoderarme a base de trabajo personal, sino que tampoco abuso de los demás, como en otros sueños posteriores me pasaba. Ya no: “empoderamiento sensible”, transmito en mis conferencias. Tampoco tengo pesadillas con vampiros que me tratan de chupar la sangre, porque he ido aprendiendo a autosostenerme, sin mermar el tono vital del otro para ganar en el mío, renunciando a los privilegios en la vida, que falsamente me aportaban, porque en el fondo me debilitaban.

Esta semana me he quedado un poco alterado de hecho porque mi sueño, ya no tenía la misma pantalla panorámica del cine, ¡incluso con 360 grados! No, ahora mi sueño se producía en una pantalla negra, pequeña del tamaño de un teléfono, un black mirror en el que miraba con aire serio, el ceño fruncido, un exceso de tensión en la mirada, y sobre todo, una reducida zona donde mirar. Normalmente cuando soñaba me veía incluso desde fuera, percibiéndolo todo, yo mi mismo incluido, consciente de que lo que veía, era un sueño. Un vipassana onírico, con grandes frutos psicoanalíticos, que ahora ya no estaba.

Lo iré trabajando poco a poco, pero lo primero que me llega es que aunque trato de conocer más del mundo, a través de la tecnología, esta percepción es reducida, obscura, tensa, visual en vez de sensitiva… No creo que sea una cuestión de renunciar a ella, por todo lo que sí que aporta, pero sí de no darle tanta importancia. Debo alzar la mirada, contemplar sin enfocar, sentir y respirar. Ese es el milagro de la atención plena: que trae una experiencia amplificada, que no cabe en un pequeño dispositivo; que no quepo en un dispositivo; que no soy un dispositivo, que SOY, que ERES, que SOMOS. Seguiré soñando en grande, a ver que veo, y siento…

Jorge Urrea es experto en gestión de crisis y autoconocimiento profundo, escritor y conferenciante multilingüe. www.psico-tao.com

me he enamorado