Lecciones desde el monasterio: 2- La meditación del servicio

Aprender a ponerse al servicio, y disfrutar.
Una actividad clave era la meditación del servicio, karma yoga lo llaman en algunos sitios, y a mi en otros sitios me había parecido una manera sutil de ahorrarse gastos, poniendo a los practicantes a trabajar, pero en este caso, yo lo viví con otra profundidad y lectura. Había que elegir una manera de ponerse al servicio, y meditar con ello, en atención plena: yo además de hacer de intérprete en varias conferencias, colaboré junto con mi mujer e hijos de 6 y 7 años en la limpieza del comedor de 200 personas. Aprendí varias cosas:

a) En primer lugar, los comedores están limpios porque alguien los limpia todo el tiempo. No porque uno pague por ello en tantos sitios, debe dejar de agradecer y valorar que tanta gente te haya servido para poder disfrutar de eso. Debemos mostrar humildad y reconocimiento en relación con quien nos sirve.
b) El comedor era enorme, y al querer hacerlo rápido y coordinar a los niños, me entró un poco de angustia y premura, que me alejaba del mindfulness. Un aspirante a monje apareció y nos puso a cantar recordando la importancia de inspirar y expirar. Al hacerlo, me di cuenta de que no había porqué correr, y pude realmente disfrutar de mi entrega a un servicio que iba a aportar a una comunidad.
c) Entre las mesas se notaba la gente que tenía más conciencia de cuidar el sitio y no suponer una carga para el que pasa detrás, y otra que simplemente lo tiraba todo encima de la mesa, y limpiar migas de pan, no es lo mismo que raspar y arrancar trozos de fruta, mermelada, leche, etc. La falta de consciencia no solo se carga el planeta, afea y destruye nuestro entorno más inmediato.
d) Cuando sirvas, hazlo con esmero, de manera que te siente bien hacerlo: mis hijos estaban apasionados por dejarlo todo pulido y brillante, sin juicio ni resistencias, lo que me recordó que el premio de hacer las cosas bien es mucho mejor que a medias, porque uno se siente orgulloso y feliz mientras que trabaja, y después. Nota bene: no es que mis hijos sean unos santos, evidentemente, a las pocas mesas y dada su corta edad, me dijeron que querían irse al gran arbol con columpio de la entrada, a lo que no opuse resistencia, pues entendí que ellos ya habían hecho lo que tenían que hacer, que era darme otra lección más con su ejemplo en el tiempo que habían estado.
e) Lo más importante de servir es que te sana en la relación con el mundo. La sociedad de consumo nos ha vuelto estúpidos e ignorantes. Estar atento a lo que el mundo necesita de mi, me ayuda a valorar lo que de verdad importa, me abre el corazón, y cierra esa boca exigente e insatisfecha, a la que nada le vale.
f) Una vida de éxito no es la que tiene mucho dinero en la cuenta corriente, es la del que sabe que ha cumplido su misión, que en el fondo está relacionado con cuanto se ha puesto al servicio.
g) El mar es el más grande de los ríos porque se pone por debajo, dice el Tao TE Ching. La humildad en el servicio te vacía para poder tomar grandes lecciones, que llenan la verdadera profundidad del Ser.
Ahora que hemos revisado todos esos puntos, elige, ¿quieres limpiar letrinas? No es necesario, sirve donde puedas y se te de bien, en aquello que tú elijas, hazlo con amor y voluntad de servir, más allá de la remuneración y de tu autoimagen, lo digo por tu bien. Serás mucho más feliz.

Lecciones desde el monasterio: 1- Mindful Eating (comer con atención plena) y satisfacción

Lecciones desde el monasterio budista zen de Thich Nhat Hanh
Por Jorge Urrea

1- Comer con atención plena y satisfacción:
Cuando le dije a mi mujer que quería ir a la cuna del Mindfulness en Europa a pasar una semana conviviendo con los monjes me sorprendió gratamente y me dijo que ella y los niños venían conmigo, que nos sentaría bien a todos, incluidos los niños, que según ella aprenderían técnicas de concentración. (tanto mi hijo como yo, tenemos un poco bastante de dispersión, o lo que ahora llaman a veces déficit de atención).
Nuestra llegada al monasterio budista de Thich Nhat Hanh cerca de Burdeos fue amorosa. Nos esperaban muchos monjes y “benevolentes” (voluntarios), deseando que tuviéramos una toma de tierra agradable. Sin embargo, la austeridad del lugar, las duchas comunes, sucias la mayor parte del tiempo y con arañas (las limpiaban voluntarios y las compartíamos muchos), la pintura que se caía, la falta de cerradura en la habitación, fueron shocks para unos u otros, más o menos fáciles de incorporar. Para mi fue bastante fácil, tenía un aire de ya vivido, quizás en otra vida, excepto al principio su comida, vegetariana con muy pocos cambios, que era todavía más restringida para mi por el hecho de ser muy intolerante al gluten, y eso reducía mi carácter goloso a básicamente patatas, arroz y zanahoria y una deliciosa ensalada con productos de su propia huerta. La gran novedad para los niños era el rito de comer en silencio y en “familias”, grupos asignados por afinidad cultural, y acompañados por al menos un monje, que también nos acompañaría espiritualmente esa semana.
Cada uno se dirigía en “noble silencio” al buffet y tomaba en actitud meditativa lo que deseaba. Después nos sentábamos en silencio bajo un árbol, a esperar que el monje sonara la campana para empezar a comer todos, escuchando de fondo los pocos sonidos de un lugar recóndito de la campiña francesa. Ese proceso en silencio, con conciencia, a mi me dejaba en calma, para poder sentir realmente qué quería y cuanto necesitaba comer, y de qué manera y ritmo también. De la austeridad de la comida y el silencio solo puedo dar las gracias. Elegí solo lo que necesitaba comer, y luego mastiqué y disfruté de lo que allí tenía, apreciando texturas y olores, una experiencia digna de un restaurante Michelin. La nutrición del alimento no viene solo de lo que digerimos, también de cómo nos relacionamos con él, de cómo lo atacamos en boca, olfato, nuestra actitud durante la ceremonia sagrada que debería ser (más cuando la mayoría de las dietas llevan animales que han dejado de existir para que nosotros podamos comerlos, y es que no porque compremos los paquetes de filetes en el supermercado significa que detrás no hubo un animal). En fin, la experiencia de comer mindfully, en atención plena, en contacto con mi necesidad y el alimento, sin ruido, es un regalo que sugiero que todas las personas, más las que tienen desórdenes alimenticios, practiquen gradualmente, hasta que su relación con la comida y su cuerpo sea amorosa y respetuosa.
Antes de seguir con el viaje en el monasterio, quiero adelantar nuestra comida al salir de allí. Fuimos a un hotel de lujo en la misma playa de San Juan de Luz, donde el precio garantizaba satisfacción, ¿o no? Llegábamos con los sentidos abiertos, limpios, y nos encontramos que la habitación olía entre tabaco y alcantarilla. Protesté, pero no podían cambiarnos de habitación, ya que el hotel estaba lleno. Intentaron camuflar el olor, pero la experiencia fue muy desagradable, por muy lujoso que pareciera todo. A la hora de comer, nuestra primera experiencia fue mirando el mar, lo que es en sí, otra experiencia maravillosa de no ser porque al ser servidos, dependimos de una insatisfactoria espera a que la camarera dejara de charlar con sus compañeras y nos atendiera, lo que demoró 40 minutos la llegada del primer plato. En el monasterio, al no ser servido en mesa, eso no pasaba, y como yo no lo necesito, ganas me dieron de ir a la cocina yo mismo, pero claro, culturalmente habría resultado incomprensible. Ser servido porque uno paga tiene su beneficio, y su coste…
A la hora de elegir plato, más insatisfacción, porque puedes elegir mucho más que en el monasterio, y eso genera una ansiedad y ruido, efecto perverso de tanta opulencia. Además casi todos los platos llevan gluten, por lo que respiré mi resignación tratando de convertirla en aceptación como podía. Tras simplificar la elección al máximo, y renunciar a tantas cosas apetecibles, me plantaron delante de un trocito diminuto de pescado limpio en un plato muy grande con tres manchitas verdes tipo Miró, que prometía ser poco para los 28 euros del plato La angustia de ir a quedarme con hambre, hizo que no consintiera, reaccionara a tiempo, me expresara y pidiera más. Así hicieron, pero con otro trozo igual de diminuto, y me quedé con hambre, enfado y 50 euros menos por cabeza. Ya no estaba muy zen.
Tratamos de adaptarnos al hotel lujoso por la belleza del mar y el encanto del pueblo, pero tras 5 días le propuse irnos a mi mujer, un día antes, y le pareció estupendo. Loada sea la sincronía. Pasamos menos tiempo en el hotel que en el monasterio, con menos paz, disfrute y presencia. Una contradicción, que ahora reviso e interpreto bajo la luz de la sociedad de consumo y como provoca insatisfacción permanente. La austeridad y los límites tan claros del monasterio, hicieron que la loca carrera del deseo se parara por unos días, abriendo el espacio para la conexión profunda con el ser, con la harmonía y belleza de vivir la sencillez. Ole, que diga Omm.
P.D: Las dinámicas sociales y culturales que vivimos a diario, nos llevan lejos de un lugar así, claro. De hecho, hay dos anécdotas graciosas que merecen ser contadas: mi mujer, que necesita tener un café por vena antes de empezar a hablar por las mañanas, sufrió la ausencia del mismo, con su carácter estoico más que paciente, y el día que se encontró a 4 monjes preparando un café clandestino en una tienda de campaña, tuvo la oportunidad de trabajarse la gestión de la envidia, emoción extensa e intensa en nuestro país. La segunda fue que al ir a guardar las maletas en el coche para irnos, vimos que alguien había dejado una caja de pizza junto a una caravana, en el parking. Nuestras tripas reaccionaron inmediatamente. El cuerpo tiene hábitos que incluso tóxicos como el alcohol o la nicotina, reclama. Los mojes hicieron un encuadre del retiro muy rígido, para que nos sirviera a todos, pero en ningún momento miraron con juicio al que no pudo sostenerlo, más bien lo contrario, su mirada fue siempre compasiva, con las pequeñas veleidades que uno necesita para su propio camino. Yo por ejemplo, cansado de levantarme a las 5 de la mañana para ir a meditar, una tarde me quedé echando la siesta, y al monje de nuestra familia le pareció estupendo. Gracias por no juzgarme.

Me too: yo también consentí, o no.

(texto de mi intervención en el Ateneo de Madrid)

Por Jorge Urrea Filgueira

Qui tacet consentire videtur si loqui debuisset ac potuisset

Dice el derecho desde la antiguedad que quien calla cuando pudiera y debiera hablar parece que consintiera. Hoy en lugar de hacer sensacionalistmo con las historias desgarradoras de algunos pacientes, hombres y mujeres, quiero repasar algunas escenas en torno al consentimiento en mi propia vida, que ha sido bastante normal. Les animo a hacer el mismo ejercicio en casa, sorprenderse y aprender.

NO me callé cuando con 6 años, una señora en el autobús se sentó y me aplastó y le grité “señora yo también necesito un sitio”. Todo el mundo se rio, me contó mi madre. Bendita espontaneidad infantil. Ojalá no la perdieramos nunca.

Sí me callé cuando con 7 años mis primos, un poco más mayores me indujeron a consumir cigarrillos y pornografía, lo que me desagradaba, recabando mi propia paga infantil. Necesitaba sentir que pertenecía a mi familia y ellos tampoco eran conscientes. Está reflejado en un profundo análisis en el artículo Educar en el porno. https://www.womenalia.com/blogs/yin-yang-del-desarrollo-personal-y-profesional/educar-en-el-porno

Me callé también cuando el profesor de lengua daba capones con el anillo, o el de dibujo técnico arrancó las patillas a mi compañero de clase al levantarlo en peso de las mismas, y le dejó sangrando. (hoy nadie se quedaría callado, afortunadamente avanzamos, pero entonces el miedo a la autoridad del profesor nos congelaba).

Sí me callé cuando me hicieron burla y acoso, tanto un profesor, como varios alumnos, durante años. Me callé tanto que fuera de mi amoroso hogar dejé de hablar prácticamente, eligiendo la soledad, hasta que un chico benevolente me sacó de ella. Gracias Alberto!

No me callé cuando mi entrenador abusó verbalmente de mi, como de tantos otros, y lo denuncié ante el director de deportes. Al final volví al equipo y él también, yo motivado por el entrenamiento, y el deporte, válvula de escape para aquella soledad silenciosa. Él sin cargas, pues nadie más se atrevió a confirmar que con ellos también lo hacía. Todo parecía igual, pero no, yo había hablado y él aprendió a respetarme.

Me callé cuando intuí que un religioso de mi colegio estaba abusando de su posición con algún compañero, tocándole, llevándolo a su despacho en privado. A mí sinceramente me dieron celos de la atención que él recibía, pero intuí que había un precio, que no estaba dispuesto a pagar. 25 años después me confirmaron que así fue.

No me callé el día que el prefecto de disciplina me tuvo 40 minutos de pie a diez metros, con 39 de fiebre, esperando a ver si quería abrirme la clase para llevarme el libro del examen a casa. Le mandé a la mierda literalmente. Tenía mucha fiebre y no medí bien, tuve suerte, porque el día siguiente que nos vimos me pidió perdón. Un hombre sabio.

Me callé cuando una novia modelo me dijo que estar con ella era un privilegio, y que yo tenía que cubrir sus gastos, en concreto los de nuestra estancia en la sierra, aquella semana santa que tanto había deseado compartir con ella. Aprendí que mi amor no debía valer lo suficiente, que también tenía que pagar. Aquello no era machismo, era mercantilismo, y yo lo compré acumulando mi normalitas “pagas” semanales (y perdí autoestima).

Me callé del todo cuando mi novia empezó a mostrar rechazo y desprecio a mi sentido del humor, a mis opiniones, a mis amigos, y luego siguión con enfados coléricos que no supe confrontar. Mi mejor amigo me dijo, “esta chica te quita el habla”. Yo me justifiqué con que no necesitaba acaparar la atención, que ese lugar de fondo también me gustaba, con tal de estar con ella, tan guapa, tan singular, tan especial. Consentí en eso, y consentí con que me contara que constantemente le atraían otros hombres y tenía presentes imágenes muy vívidas con ellos. Yo elegí escucharla durante interminables sesiones, donde ella se ponía de víctima de brujería negra, y yo de terapeuta impasible. Una locura mutua que me destruyó la autoestima durante años, más el día que se fue con un famoso, cuya cara me encontraba después en la televisión y los quioscos. Cuando ella pretendió que yo siguiera estando para ella, al mismo tiempo, yo conseguí decir NO, y separarme. Sin embargo, pronto retomé contacto con ella, como amigos, me decía, pero era por dependencia. Necesité 10 años más de terapia y empoderamiento psicocorporal para moverme ante ella de manera más natural, solo como amigos, hasta el día en que me levantó la mano, y yo pude echarla de mi casa.

Me callé cuando me contrataron al más alto nivel y sin seguridad social, a pesar de ir contra la ley (porque yo tenía mi despacho en la institución), pero lo hice por amistad a quien me introdujo y por miedo a perder el trabajo.

No me callé cuando trabajaba para el ministerio de exteriores y entramos en guerra en Irak, colaborando solo, pero me pareció suficiente, fui a la manifestación y ahí sí me jugué el puesto de trabajo, que no perdí, pero un atropello en bici me paró la vida, reflexioné en cama y dimití por pura coherencia.

Me callé cuando en un ejercicio de psicodrama propusieron cambiar roles, y como chico me convertí en Mía, una atractiva mujer fatal, que pensé dominaría con sus encantos, pero me encontré con que las mujeres presentes se convirtieron en machos burdos que me sobaron el culo, el pecho y hasta el paquete, violando mi intimidad. Yo les decía no, estate quieto, pero flojito, pensando que no me pasaba nada por soportar unas cuantas bromas. Cuando acabó el ejercicio, nos pidieron que conectáramos con como nos sentíamos y yo me puse a llorar desconsoladamente. Les sacaba una cabeza a todas esas mujeres vestidas de hombre, pero no fui capaz de impedir una agresión que me había herido el alma. El miniejercicio de empatía me hizo pensar que es absolutamente imposible ponerse en la piel de tantas mujeres dañadas y abusadas durante tanto tiempo, Vayan mis propias lágrimas por ellas.

No me callé ni me callo, cuando aprendí sobre la realidad de los refugiados, y colaboré con Comisión Española de Ayuda al Refugiado, y aporto dinero todos los meses a ACNUR para no consentir la injusticia de haber nacido en el lugar equivocado.

En conclusión:

Hay mucho más, pero hasta aquí puedo leer. Cuando repaso todos esos contextos, encuentro muchos factores que me impulsaron a la resignación y aquiescencia: necesidad de pertenencia a un grupo, necesidad de gustar, de ser querido, necesidad económica (no perder el trabajo), necesidad de amparo espiritual, etc. En unos casos pude expresar un No, pero en otros, no fui capaz, no me compensó, no estaba maduro, o preferí seguir forzando la máquina, la mía y la del otro, para mantener aquellas relaciones. “Un privilegio”, pensaba yo que tenía al lado de mi novia, creyendo que era una diosa, y yo un mortal. Nada más lejos de la realidad.

Ha pasado mucho tiempo, pero hoy al escribirlo todo junto me siento víctima de tantos abusos, me siento resentido y tengo ánimo de venganza. Durante tiempo me recreé pensando en romperle las ruedas y ventanas del coche del profesor que me amargó la existencia y las matemáticas durante años, cuando acabara el colegio, pero el día que años después volví allí, le vi anciano y amargado, y entendí que lo mejor que podía hacer yo era olvidar, que no perdonar. Desvincularme de él, soltar el pasado para volver a mi presente, a mi aquí y ahora, y disfrutar de lo mejor que puedo hacer en cada instante, con toda mi fuerza y mi capacidad de expresión. Debo respirar, volver a mi centro, recordar quien tiene el poder. Soy yo.

No tengo culpa por las veces que no me expresé ni pude ver con claridad lo obscuro de la situación. Durante tiempo era menor de edad, y estaba en situación de inferioridad. En otras ocasiones las relaciones verticales hicieron que yo desde abajo me dejara abusar por el de arriba. En otras, supuestamente horizontales, simplemente la inconsciencia del precio a pagar, me llevó donde no debía ir. ¿O acaso sí que debía ir? Como persona resiliente, reconozco que gracias a mi entrenador conseguí una capacidad de esfuerzo y disciplina que me ha ayudado a sostener momentos realmente complejos en la vida. Gracias a aquella novia, me separé de la diplomacia, que poco tenía que ver conmigo, fui a terapia y luego me hice terapeuta, lo que me hace muy feliz y en lo que soy mucho mejor profesional de lo que sería en cualquiera de los muchos estudios que hice antes. Gracias a aquellas vivencias hoy puedo acompañar a muchos hombres y mujeres en situaciones parecidas y entenderles mejor que si las hubiera leído en un libro. Mi camino es sagrado y por ello le doy gracias a todos los que lo han compartido conmigo. Gracias por lo bueno y por lo malo.

Hoy he hecho una catarsis escribiendo todo esto, pero no pienso seguir revisándola. Mi lugar es el presente. Revisar el pasado reproduce heridas, me pone en la víctima y me quita el poder. Además, estoy seguro de que otros o las mismas personas que menciono pensaran que yo fui su verdugo en otras circunstancias. Todos, hombres y mujeres, somos ángeles y demonios por momentos, es cuestión de darnos cuenta de lo que estamos haciendo en cada instante, empoderarnos con responsabilidad y salir de los juegos perversos, sin consentir.

Es bueno también haber revisado escenas donde sí que pude decir no. De no hacerlo así, me contaría una versión de mi mismo como ser débil, flojo, incapaz, y no es cierto. Hay mucha fuerza bajo mi dulzura, debo recordarlo y ejercitarla. No hace falta que sea en grandes dramas, basta con devolver un plato que no está bueno en un restaurante.

Hoy soy un hombre mucho más poderoso, con más autoestima y recursos, pero todavía hay escenas donde pierdo la voz. Todo el trabajo que he hecho y sigo haciendo, incluidas artes marciales meditativas, terapias, danza, teatro, estudios, y la vida misma, me aportan una capacidad que entonces no tenía, es cierto, pero debo permanecer siempre alerta, que no crispado, pero sí consciente, con la garganta clara y el diafragma presto a inspirar profundamente y decir tan alto como haga falta ¡NO!

Por Jorge Urrea Filgueira, consultor de crisis y autoconocimiento.

el sí de las niñas, y niños…

Cuando Moratín escribió El sí de las niñas a principios del siglo XIX no sabía que las cosas podrían cambiar tanto y tan poco en 200 años. Hoy en día el acceso a la educación de las mujeres es un derecho libre en nuestro país, plenamente ejercido por ellas, que las forma y da recursos para ejercer su libertad, hasta el punto de que las universidades tienen en general más presencia de mujeres que de hombres.
Sin embargo, tal y como está conformado el mercado laboral, sus leyes, y las expectativas socioespirituales de hombres y mujeres, llega un momento en que ellos prefieren seguir saliendo a “cazar”, proveyendo, y ellas prefieren dar su atención a la familia y a un estilo de vida más humano, con menos hostilidad. Esto que explicábamos en nuestro libro Ingenio, sexo y pasión, como el factor Atenea, se produce más en las carreras técnicas, pero no solo, y con la llegada del tsunami digital, promete tener un potente efecto sobre el componente de género a nivel sociológico. Lo que nos hace distintos nos hace rentables, pregonamos mi mujer y yo en el libro, para que la igualdad de oportunidades no sea vista como un ideal, sino como una verdadera oportunidad de sumar talento y formas de trabajar distintas, sinérgicas y eficientes.
Por otro lado, hablemos de poder: Sabemos desde Cristo, con su mensaje “no se puede servir a Dios y al dinero”, o Quevedo (poderoso caballero es don dinero), que el dinero ha estado y seguirá estando en nuestra atención, tentando, sacándonos de nuestro centro. El representante del infierno, sin que nos demos cuenta es el sistema de consumo, que abarca toda la enorme red de influencia que nos golpea en cada anuncio callejero o del móvil, donde depositamos nuestra mirada cada 5 minutos según el estudio de Oracle de este año. Nuestras pasiones internas se desatan por envidia de lo ajeno, ambición. Vanidad, gula, lujuria, o simplemente aburrimiento. I want it all decía Queen.
Al quererlo todo, soltamos lo que tenemos en las manos para poder tomar lo siguiente, individualistas, encontrándonos siempre insatisfechos porque las manos no acaparan más de lo que ya tenían, y la experiencia real de consumo nunca trae satisfacción duradera. La diferencia es que con el ejercicio de poder individualista cada vez estamos más insatisfechos y más solos.
Ampliemos ahora el argumento, manifestando que hoy el sí de las niñas lo están dando también muchos hombres, hijos de la madre, que juraron no hacerlo como sus padres, renunciando a la agresividad y carácter depredador de su antecesor, buscando un lugar más humano, más cariñoso y nutritivo para los suyos, proveyendo otro tipo de comida que no se paga con dinero. Sin embargo, de nuevo las dependencias sacuden a los que así actúan, y ahora hay muchos hombres que llegado un divorcio no pueden ni pagar la pensión por alimentos, porque no desarrollaron carreras más lucrativas. Esas situaciones de dependencia que antes se atribuían solo a la mujer, ya están sucediendo a muchos hombres, que a menudo deben volver a vivir con sus ancianos padres, permanecer con sus parejas por conveniencia, o volver a unirse con otra pareja como modo de sobrevivir económicamente en un mercado cada vez más aparentemente opulento de tecnología, pero donde la comida y el techo tienen un precio más inaccesible.
De nuevo poderos@ caballer@ es el dinero, o la plata… Llamativo es el contraste entre las películas de amor ideal y esas relaciones más o menos de conveniencia de tantas personas con personas, donde el factor sexual (género) ya no determina tanto, para convertirnos a hombres y mujeres en víctimas del nuevo culto, el del individualismo y el poder, el económico, donde el que más puede más tiene, pero no por ello se siente más amado ni acompañado, pues como Don Diego en la novela de Moratín, ser el más poderoso y experimentado no implica ser el más feliz, ni el elegido de la diana de amor del otro, ya que la joven y bella Doña Francisquita, reconoce amar al menos poderoso.
Ampliemos ahora la comprensión del poder, como algo más amplio, que incluye el dinero, pero también el atractivo físico, o la propia juventud, que implica años de vida y posible cuidado del otro. Son todo monedas de cambio en un juego mercantilista donde se va perdiendo el corazón. Cuando se da un consentimiento, el sí, es porque ambas voluntades están de acuerdo en hacer algo. Si una de las partes no lo tiene claro, que no lo haga, que se aclare antes en terapia o simplemente con tiempo para reflexionar. El viejo Don Diego en la obra de Moratín, convence a la madre de su pretendida de que su hija no le ama a él, sino a su joven y apuesto sobrino. Es un bonito y sabio final no solo por los jóvenes, sino también por el anciano, que se separa de la tentación y no presta su propio consentimiento a un encuentro viciado. No es mejor la soledad del que sabe que no le queda otra que aceptar que su consentida no le ama ni le amará. Todas esas comedias románticas se convierten en dramas Shakespearianos, como la vida misma.
Como terapeuta creo que con el cambio de circunstancias y oportunidades es positivo que hombres y mujeres sufran y aprendan, porque no hay mejor manera de entender lo que el otro atraviesa que meterse en sus zapatos. Hoy tenemos zapatos de todos los tipos, cálzate el que quieras y puedas, aprende, y recuerda lo que era estar en los anteriores, porque pronto llegará el momento en que otra persona te hablará de su dolor y falta de libertad, y sí quieres entenderle tendrás que evocar lo que aquí te cuento. Mi recomendación es que eventualmente intentes profundizar en la naturaleza humana del otro y la tuya propia, sin juicio, abriendo el corazón a lo sutil, aumentando la conciencia, explorando el microcosmos y el macrocosmos, con el mismo interés. Somos UNO, nademos en el amar como sirenos y sirenas, libres, bajo la mirada de la Dama azul de Ibsen, que presta su consentimiento de manera inconsciente, porque todavía no se atreve a soltar su cabeza, ni sus miedos ni su apego a lo que no vive, y la priva de lo que sí que puede vivir, un poco más abajo y más adentro.

Gestión del dolor y la enfermedad: 0- Antes de que ocurra.

Antes del dolor y la enfermedad:
No conduzcas tu vida a modo paliativo, hazlo preventivo. El autoconocimiento y técnicas como el chi kong, la acupuntura, o la medicina tradicional china te ayudan a llevar una vida sana y sanadora, donde la autoregulacion organísmica sucede de manera natural y a tiempo. No quiere decir que uno no caiga enfermo ni sufra, pues el equilibrio es un concepto inestable, lo que sí que pasa es que las crisis son menores y duran menos tiempo.
¿por qué el autoconocimiento? Porque uno vive en contacto con el mundo exterior e interior, dándose cuenta de lo tóxico o nocivo que uno no debe consumir ni frecuentar, de lo que cuidar, de respetar los ritmos, el descanso por ejemplo (cuantas mujeres han olvidado exigirse menos en los días de sangrado por ejemplo). No es fácil, hay que aprender a conectar con el cuerpo, introducir inteligencia emocional y espiritual, detectar cuales son los hábitos tóxicos, las personas y dinámicas que a uno no le sientan bien, desprogramarse de ideas locas. Claros ejemplos son las dependencias de fumadores, alcohólicos, alteraciones alimenticias, o las mismísimas víctimas de maltrato. Siendo evidente para muchos que su conducta no es sana, para ellos no lo es, o al menos no como para dejar de hacerlo o frecuentarlo. Falta autorespeto y conciencia del daño.

Mi consejo es invertir en autoconocimiento, medicina preventiva y hábitos saludables todos los días, no solo cuando uno está enfermo. Esto no es una chinada ajena a nuestra cultura, antiguamente en España se hacía: el médico del pueblo conocía tu familia, incluso podía visitarte en casa y ver tus hábitos, tu entorno, tus preocupaciones del alma. No te miraba solo lo que te dolía, como ahora, te miraba el iris, la lengua, charlaba contigo… Ahora no es que los médicos no quieran, es que el sistema no se lo permite. Deben ver a 50 pacientes por día, y no hay tiempo para eso. ¿Quieres un servicio diferente? Paga por él, prioriza tu salud en tus gastos, y luego sé disciplinado: si te dicen que estás estresado, relaja, y si te dicen que estás sedentario, activa. No hay otra, es tu vida, tu cuerpo y tu obligación de cuidarlo como una nave sagrada que habitas.
Por otro lado, cuando uno conduce su vida de manera sana, la psique está más fuerte e higiénica, con capacidad de sostener crisis puntuales que a uno le llegan, incluso aprendiendo de ellas. No es así cuando uno no se cuida y no para de sufrir todo tipo de males, pues el nivel de saturación hace que la fortaleza psíquica se resquebraje, que un mal menor parezca mayor, y que la mejor de las esperanzas sea que la vida se acabe rápido, para lo unos se suicidan, y otros se deprimen, que es la manera de cerrar los ojos y esperar que todo acabe. Ambas opciones son de un coste altísimo y pueden evitarse de manera mucho más fácil si se trabaja a tiempo, a modo preventivo, que no paliativo.
Continuará.
Jorge Urrea es experto en autoconocimiento, terapeuta psico-corporal y gestión de crisis.

Gestión del dolor: 1- Me va a doler.

Gestión del dolor y la enfermedad crónica: 1- Me va a doler.
Jorge Urrea www.psico-tao.com

Comienzo una serie de artículos, sacados de un libro que pronto publicaré, dedicados a la gestión del dolor y la enfermedad crónica. Después de décadas de aprendizaje, de lidiar con ello y acompañar a números clientes, me doy cuenta de que un conocimiento así debería ser impartido en las escuelas, porque antes o después todos pasamos por la enfermedad y el dolor, y se puede hacer mucho para mejorar la calidad de vida, la propia y la de las personas que acompañamos. Con todo mi cariño, espero que te guste.

Es un rumor, lo siento leve, pero sé lo que viene detrás, me va a doler y mucho. Mi cuerpo se prepara para el impacto como en un accidente de coche, se tensa, se aprieta, se cierra en una coraza intentando eludir el dolor. Sucede con las migrañas recurrentes o con el cólico nefrítico, por ejemplo. Los testimonios al respecto son muy claros: generación de ansiedad, mal humor, retirada del contacto (no estoy para nadie), crispación del cuerpo con dolores añadidos en cervicales (zona de control), espalda, costillas, mandíbula, ano, etc. “Me va a doler, y mucho, prepárate”, se dicen, pero ¿saben hacerlo de manera eficiente?
Aprender a gestionar la psique, y en concreto, la anticipación del dolor es fundamental. Primero porque no siempre corresponde a una realidad posterior, y la preparación para ese impacto, es como en tantas otras ocasiones de nuestra vida, una ansiedad para nada, o lo que es peor, para sufrir hoy por un motivo psicológico, no fisiológico. Para ello es importante ir haciendo chequeos cada cierto tiempo (la periodicidad depende de la enfermedad) valoraciones del uno al diez, de cómo es el dolor real ahora. Respira profundamente, vuelve al presente, observa como se mueven tus pulmones y tu cuerpo con la respiración, resetea tu memoria del dolor y evalúa otra vez, sin prejuicio. Hazlo al menos hasta que alcance un 8 sobre 10, momento en que realmente el dolor se ha instaurado, y borrar la huella dejada en cuerpo, mente, emoción y espíritu lleva más tiempo, días, incluso semanas dependiendo del trauma. Trataremos sobre qué hacer en ese caso más adelante.
Segundo, y aunque parezca contradictorio con el primero, la alerta temprana es buena para reaccionar con lo que sí que se puede hacer. Ahí, el apoyo farmacológico, para empezar es una ayuda del siglo XXI que muchos curanderos del medioevo rechazarán, pero sanadores con estudios como yo, reconocemos como una alianza importante. En el caso de los cólicos nefríticos, por ejemplo, el conocedor por experiencia, como yo, sabe diferenciarlo de un dolor de espalda, y lo mejor que puede hacer es doparse cuanto antes para que el nivel de intensidad no se instaure en el cuerpo físico y energético, momento en el que incluso la morfina no parece hacer gran cosa para el dolor. En mi caso personal, aunque lo pude reconocer 30 años después de la primera crisis, sostuve el dolor agudo durante 4 horas hasta que me vieron en las segundas urgencias (no tuve la serenidad de chequear y donde fui al principio era solo traumatológico, razón por la que tuve que esperar a llegar a otro hospital, luego mejor mira antes de salir de casa). Cuando por fin me trataron el dolor ya estaba tan instaurado que medicamentos como la buscapina fueron más ayuda para la facilitación del proceso de gestión de la crisis, que la propia morfina, que aunque me calmó la ansiedad, no quitó la sensación de dolor ya instaurada en forma de garra de una pantera negra, clavada en mi riñón derecho. Acudir prontamente, autogestionando la ansiedad, a un centro de urgencias adecuado y cercano a la primera intuición de que un dolor así viene, es importante, como digo, porque después, los diferentes cuerpos se quedan con la memoria del dolor cristalizada, y deshacer eso no es sencillo. Además, evitar llegar a un umbral así, evitar también ciertas drogas, cuyos efectos secundarios pueden causar un dolor añadido a una persona ya saturada de por sí (en mi caso la morfina bloqueó mi digestivo, que solo pude disolver con 4 días de espera, laxantes y … chi Kong en la cama, con el gotero puesto. Hablaremos de esta gimnasia más adelante, me parece fundamental recordar que el movimiento ayuda en muchos procesos con gran alivio (nunca entenderé que no dejen moverse a una parturienta, por ejemplo). Los hospitales son lugares donde sobrevivir con ayuda, eternamente agradecido, pero uno no puede soltar la responsabilidad de su propia vida y proceso de sanación , porque se hace víctima, pierde su poder, y con el tiempo encamado, la vitalidad, el humor y hasta el amor por la vida desaparecen. Si, muchos enfermos crónicos pierden la autoestima y el aprecio por la vida, hasta el punto de suicidarse.
En conclusión, si, te va a doler, pero que no haya pánico ni resignación. Pide ayuda y haz lo que debas y sepas diligentemente para prevenir y no aumentar ese dolor, menos precipitarlo de manera exponencial con ansiedad. Respira, gobierna, mantén la cabeza por encima del agua, para no ahogarte. Mi experiencia personal y con clientes es que la gestión de la atención, mindfulness, incorporando el cuerpo, la respiración y una cabeza clara, reduce el dolor entre un 15 y un 35 %, lo que en muchos casos es la diferencia entre la desesperación y la cordura. Tú eliges.
Continuará.
Jorge Urrea es experto en autoconocimiento, terapeuta psico-corporal y gestión de crisis.

El buen padre de familia se retira a morir

Hoy viene un hombre a consulta por primera vez, le miro con atención y lo primero que me llega de él es un aire cansado, la cara gris, falto de brillo, la mirada dura, el entrecejo fruncido, el gesto despreciativo desde el primer segundo. Le pregunto qué le trae a visitarme, y me responde sin disimulo que él no cree en estas cosas, pero que un familiar suyo trabajó conmigo y le ha obligado a venir.
Veo mi propio ego saltando: “Pues si no cree en estas cosas, no cree en mi trabajo, no cree en mi, y su desprecio es una toxicidad que no deseo ni pagando”, pienso, pero antes de reaccionar respiro profundamente un par de veces y recuerdo que está ahí, que yo no tengo nada que ver, que a mi no me conoce, y que pide ayuda con los pies, viniendo, incluso, si al final de las sesiones le da por negar el valor de lo trabajado (y así será, pero también seguirá viniendo). La consciencia me permite no dejarme llevar por mi ego, en esta ocasión, y me vuelvo a poner al servicio.
Se trata de un hombre de 55 años, ingeniero de los de antes, cuadriculado, sin una pizca de ilusión por el cambio, lo distinto, la innovación, lo humano ni las humanidades. No encuentra su lugar en lo personal, donde no se entiende con su mujer ni hijas, ni tiene amigos ni ocio. Tampoco en el trabajo encuentra ilusión, no hace nada nuevo, ni le motiva aprender. Dice que quizás tenga suerte, le despidan en el próximo ERE y pueda volver a casa, a esperar a la muerte, vigilando desde el pasillo que todos hacen lo que deben, como un perro guardián, dice. Hombres identificados tan solo con modelos obsoletos del pasado y sobre todo el deber, están amargados y amargan sus entornos. La violencia no tardará en llegar. Mala cosa.
No es una excepción. Ayer vino un prestigioso cirujano que ha dejado el hogar familiar, incapaz de entender a sus hijas y de mantener la llama del amor con su mujer. No encuentra sitio en su sistema y la tentación tecnológica de las redes sociales promete sexo sin compromiso a mansalva, una adicción que alivia, pero no sanará su alma.
El otro día vino otro hombre que se lo ha dado todo a su mujer y sus hijas, su tiempo, energía, atención. Su padre les abandonó, y él rechazando ese modelo, ha cumplido de adulto con el rol de ama de casa que vio en su madre, y que parecía que su mujer deseaba, desde una posición más poderosa económicamente. Sin embargo, a ella no le vale: le ha dicho que la pequeña no es hija suya, que es de otro, “más hombre”, y se ha ido robándole la paternidad de una niña, regalándole la tutela de las otras dos, por las que no pagará pensión ni apoyo afectivo, dejando un vacío que ningún reality de fonfo con la tele a todo volumen tapa. La realidad supera la ficción.
Hace un tiempo ya, me consultó un maltratador. Su mujer retiraba la denuncia si se comprometía a verme: El hombre decía que siempre había sido pacífico, y de repente se encontró con un cuchillo ensangrentado en las manos y la policía entrando en su casa. Él No recordaba como llegó allí, pero sí que el niño no obedecía y les hacía la vida de pareja imposible. Otro hombre que no sabe ocupar su lugar en el sistema familiar, de manera amorosa, armónica, tranquila y poderosa… En este caso el consultante no durará mucho en terapia: el día que revisamos la escena de su infancia en la que su propio padre le tenía contra la pared, en el aire, antes de pegarle, pudo entender, pero no sostener. Pudo haberse responsabilizado de su comportamiento, más allá de la culpa, pero no lo soportó y salió corriendo para no volver, al menos conmigo. Una pena.
El último ejemplo ya, un alto directivo de una multinacional, tras la trágica muerte de la hija pequeña, y la zozobra conyugal, se marchó a miles de kilómetros, para encontrar la paz del trabajo bien hecho, la tranquilidad de la soledad, y seguir manteniendo a la mujer y otros dos hijos, como buen proveedor, aunque abandonador, restando valor emocional y afectivo a su propia presencia. Estando, sin estar, o al contrario…
En todos los casos, cada uno con su complejidad, encuentro hombres profundamente necesitados, incluso si ellos no se dan cuenta. Los unos reaccionan de manera vital, buscando un espacio distinto, donde poder ser, o sacan los dientes y pegan, autoafirmándose, y otros se deprimen y miran al mundo con desesperanza, esperando a morir. Ninguno de ellos consigue ser y perdurar en el sitio, en el proyecto que eligieron, feliz. No son excepción. Las estadísticas hablan de cada vez más hombres fuera de casa, arruinados, infelices, agresores, vagabundos, alcohólicos, politoxicómanos, desorientados.
¿Qué nos ha pasado a los hombres? Recuerdo de mis años de facultad que en derecho se hablaba del hacer del “ buen padre de familia”, (modelo de conducta aparece expresamente recogido en diversos preceptos del Código Civil, artículos 1094, 1104.2, y 1903) como un referente social admirable, recto, referente para todos, en una sociedad española en la que debemos recordar que hasta el año 1977 la mujer no ha tenido derecho a tener cuenta bancaria.
El triunfo del feminismo denunciando injusticias y abriendo oportunidades a las mujeres ha sido un avance social indudable. Las mujeres ahora pueden aportar y disfrutar no solo en lo familiar, sino también en lo profesional. Suman entre otras cosas un tipo de inteligencia distinta, a menudo más creativa y flexible al cambio, a la mirada periférica, inclusiva de factores que a los hombres nos suele costar tener en cuenta.
El péndulo de la historia va trasladando la creencia y fe colectiva en el padre de familia, hacia la reverencia de la mujer, que gana algunos pulsos por exceso, acabando con la igualdad ante la ley. Ahora si eres un presunto agresor duermes en la cárcel antes de poder explicarte, y si eres una presunta agresora no, por ejemplo.
La transformación no solo tiene efectos positivos sobre la mujer, también le cercena su propia conexión con el instinto en demasiados casos, pero hoy nos centraremos en los hombres. Los hombres que crecieron en una generación machista, que primaba y castigaba al que no hacía lo que era necesario como “buen padre de familia”, ahora se escapan por las esquinas de la que igualmente será una quema, de brujos esta vez. Si el hombre se pone fuerte en su sitio, ejerciendo autoridad, el mero hecho de alzar el tono, es reprobable en un supermercado. ¿será un maltratador? Juzgan los ojos de la cajera que no conocen.
El verano pasado en Francia, mi hijo de 7 años tuvo la mala suerte de ser picado por mosquitos feroces en el párpado, oreja y labio, con las consiguientes hinchazones. En un bar me vi obligado a explicar los hechos a un grupo de hombres en un momento de tensión. Ahora son hombres los que igualmente juzgan.
El siglo XXI es de la mujer. Todavía el sistema tiene mucho de patriarcal, pero el sentido de lo correcto, se ha hecho extensivamente femenino, para hombres y mujeres. Ahora los hombres, ya no saben como ser hombres, porque no está bien visto, por el qué dirán, por lo que pueda pasar, por rechazo a antiguos hombres descentrados, y por muchas otras razones. El hombre pierde fuerza y seguridad en su propia esencia, criterio, fuerza, etc. Por un lado esto es interesante, es una oportunidad de crecimiento para el hombre, que antes no se cuestionaba cosas tan graves como ridículas, como si la mujer podía o no tener una cuenta corriente. Ahora nadie lo cuestiona, claro.
Ser hombre no significa ser perfecto, como el modelo de buen padre de familia. Es cierto que ahora hasta el buen padre de familia puede decidir romper la familia, buscando un entorno más sano y amoroso. Son movimientos antes imposibles para muchos hombres, y bien planteados, pueden ser para mayor felicidad de todos los miembros. Sin embargo, la mayoría cree que ser bueno no pasa por eso, y se van al lado oscuro sin consciencia, huyendo de la quema de la culpa, de manera irresponsable, rompiendo platos sin darse cuenta de que lo están haciendo. Víctimas ellas, ellos y los hijos de primeras y subsecuentes parejas.
En todo este proceso, lo que no ayuda es la criminalización y culpabilización del hombre por ser hombre, por ellos mismos ni por los demás. En todos los casos reales que comentaba al principio, lo que hay detrás es un ser humano, con una biografía o circunstancias complejas, necesitado de apoyo, comprensión y luz, para reinventarse otra manera de ser hombre, sin renunciar a su fuerza ni felicidad, sin verse obligado a salir de la familia necesariamente, ni deprimirse, ni lanzarse a un crimen violento. Los hombres tenemos del siglo XXI tenemos el reto de crecer y aportar todo nuestro acerbo de siglos en la esfera pública y privada, para ello necesitamos aliados y aliadas. No debemos sustituir un patriarcado por un matriarcado, como si este fuera mejor. Demasiadas veces, el matriarcado que se plantea por parte de mujeres heridas, es una compensación, una manifestación de venganza de su propio dolor. No es justicia, ni avanzar, es una oportunidad perdida. Démonos la mano hombres y mujeres, empoderándonos mutuamente, con fuerza, sensibilidad y sentido común, que en época de lucha de sexos es el menor de los sentidos.
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Ilustración de Juan Berrio, del libro Diario de un hombre supérfluo, de Nórdica LIbros.

Gestión de crisis en vacaciones

Gestión de crisis en vacaciones.

Llegan las anheladas vacaciones y tanto esfuerzo durante el año pide una compensación en felicidad, pero el camino lejos de fácil, es en muchos casos tortuoso. Pongamos varios ejemplos distintos:
El que nos toca a todos: desde la organización a la vacación. Planificar un viaje puede ser algo realmente estresante, lleno de detalles ínfimos y timos en todas las esquinas y clicks. El acceso de la información en internet es una bendición como oportunidad de accerder al mundo, pero una maldición por lo laborioso y engañoso que puede ser en muchos casos. Lo que antiguamente se resolvía con una agencia de viajes en media hora, donde tu agente de confianza te ofrecía varios paquetes y tú elegías sin más, ahora puede implicar un proceso parecido a la compra de una casa, tal es nuestro nivel de exigencia de calidad y precio.
Mi recomendación es que hagas una búsqueda mindful, consciente de si en el proceso ganas ilusión, o todo lo contrario, lo tomas con ansiedad y esfuerzo. Devuelve la atención a la respiración, recupera una sensación de plenitud en el presente y no pidas lo mejor, que es enemigo de lo bueno. Además una alta expectativa es garantía de una alta decepción. Una vez que salgas de viaje, abre los ojos para disfrutar de lo bueno que sí que hay, apreciando cada paso del camino, sin ansiedad por llegar a destino y origen.
Casos concretos: El viajero individual. Yo lo he hecho en numerosas ocasiones en mi vida, incluido cruzar Canadá de costa a costa durante casi dos meses, y francamente, pasados ciertos trances, uno es la mejor compañía de si mismo. Cuando quieres estar en silencio, lo estás, y cuando decides hablar, siempre hay gente con ganas de hablar cerca. Hablar por hablar no es más que ruido, que te priva de la experiencia de vivir y apreciar cosas que están sucediendo delante de ti (el sabor de una comida, el olor de una flor, el retrogusto de un vino, la sensación de calor o la brisa en la piel, o la mirada de otra persona deseosa de un encuentro, que no apreciarías en la comodidad de una dinámica de amigas, donde el parloteo te dificulta estar abierto a lo nuevo. Yo animo seriamente a todos, solteros o no solteros, a hacer una escapada consigo mismos; les sentará realmente bien. Dicho esto, la primera crisis que les pasa a muchos es que el momento antes de organizar el viaje y si quiera salir por la puerta de casa, para por muchas somatizaciones, miedos, sensación de soledad, depresión, etc. No es cosa ligera. Si te pasa pide ayuda, los profesionales ayudamos a dar saltos al vacío peores, con menos ansiedad y mejor aterrizaje.
El viajero en familia: el día que escuché este chiste me hizo reír, llorar y reflexionar un buen rato. “¿Qué tal tus vacaciones Jorge, bien o en familia? Unas vacaciones en familia no son garantía de felicidad alguna. Lo normal es que emerjan asuntos pendientes con la pareja, hijos, hermanos, padres… Si asumimos que eso va a suceder y de nuevo, enfocamos la experiencia desde el no juicio, no expectativa, y mucha mirada de compasión, podremos aprovechar las crisis que seguro que van a suceder, para no solo disfrutar más, sino aprender y reforzar nuestros vínculos para el resto del año. ¡A por ello!
Jorge Urrea es experto en gestión de crisis y autoconocimiento, Mindful Leadership
http://www.psico-tao.com/?page_id=9

EMPODERAR O VICTIMIZAR

Empoderar o victimizar
Jorge Urrea

Durante años he trabajado con mujeres, desde terapia con víctimas de violencia de género hasta coaching con altas directivas. Con las primeras he escuchado durante años el dolor de tantas heridas, reconstruyendo la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia, la capacidad de volver a sostenerse sobre sus piernas. Con las directivas he hecho el mismo proceso, pero ha habido más esfuerzo en determinar lo que se perdieron de camino, a lo que en realidad no quieren renunciar, y cómo hacer carreras de alto rendimiento sostenibles, donde lo afectivo ocupe el espacio que también necesitan. Con la profundidad del discurso, sin embargo, el proceso ha sido parejo, llegando a lo mismo, empoderando a la mujer como le de la gana de ser, cuando por ejemplo, quiere ser madre, y no se lo permiten como alta directiva.

El feminismo dominante actual busca compensación por injusticias históricas y actuales, y no les falta razón, pero con el paso del tiempo, observo el efecto del trabajo institucional, como un movimiento pendular de un extremo al otro, con un efecto perverso que lejos de disminuir la violencia (el número de víctimas mortales en 2005 y 2015 es igual), refuerza el odio y el enfrentamiento entre sexos, anulando e incluso persiguiendo lo masculino, perpetuando la herida, que no para de manar, no solo porque se sigan cometiendo atropellos todos los días, que no lo dudo, sino porque se fomenta la visión sesgada de la mujer como víctima y el hombre como malvado, y sobre todo se fija la atención constantemente en la carencia en lugar de focalizar la atención en lo que sí que se puede, en multiplicar el poder personal y los aliados.

Desde mi propio lugar en el sistema, que es el de sanador y empoderador, como terapeuta y coach, quiero dejar claro que la salida no es la victimización, como muchas mujeres poderosas advierten. https://elpais.com/elpais/2018/03/05/opinion/1520273619_739464.html

Perpetuar la autoimagen de víctima, acostumbrándose a privilegios (la desigualdad ante la ley lo es), o lo que es peor todavía, minusvalorar o incluso humillar al otro, NO es un camino de sanación, empoderamiento ni manera de conseguir la paz, ni individual ni social. Esos caminos solo conducen a la falta de fe en una misma en primer lugar, y en la psicopatización en el segundo, donde como vemos en las guerras, víctimas se convierten en agresores, y se siguen viviendo como víctimas. Ten cuidado si eres un profesional asistencial (abogado, psicólogo, trabajador social, médico..) No se debe armar al cliente para ir a golpear al sexo contrario, con mentiras y abuso de ley claramente inconstitucional. La violencia solo genera violencia.

Reviso mis propias palabras y me doy cuenta de que debo explicar todos los conceptos que manejo desde el principio, para evitar malas interpretaciones. Aunque muchos están incluidos en nuestro libro “Ingenio, sexo y pasión: claves para un liderazgo consciente” de la editorial Lid, expliquemos aquí algunos:

Escuchar el dolor de las heridas: trabajo psicológico necesario. El que sufre necesita expresar, y que alguien le acompañe, vea y escuche. No estás sola, te escucho y te lamo las heridas. Este espacio es absolutamente necesario en etapas iniciales de un proceso terapéutico. En este sentido, las manifestaciones masivas, son catárticas, porque expresan dolor real, y son escuchadas por muchedumbres, aunque desgraciadamente, los perpetuadores y las instituciones no escuchen tanto.
Reconstruir la autoestima y el autorespeto: tolerancia cero a la violencia y el maltrato. Solo podemos gestionar las situaciones, nunca cambiar a las personas, que solo cambian si lo desean y con mucho trabajo personal detrás. Debemos entrenar a las personas en la gestión de las situaciones. Defensa personal, comunicación no violenta, inteligencia emocional y desarrollo de la empatía. Los golpes no son demostraciones de amor tordu, enfermo- No hay amor en los golpes. Si me quiero no tolero que me agredan de ninguna manera. Mi compromiso ante todo es conmigo misma. ¿Me amo? Anclar la autoestima a una sensación de fortaleza interna, nunca a una imagen.
Autoimagen: limpiar el espejo en el que me miro. Yo valgo mucho más y mucho menos que los referentes sociales en los que me muevo. Soy mucho más que mi valía en términos de estudios, capacidad de generar dinero, aprecio social, parental, educativo… Mi trato conmigo mismo debe ser sagrado. Sea cual sea tu religión o espiritualidad, trátate de manera sagrada. Todavía hay prejuicios en contra de muchas identidades, incluso dentro de las mismas razas: por ejemplo, en África hay un lucrativo negocio de cremas blanqueadoras, para parecer menos negro, que por cierto tiene alto riesgo de producir cáncer de piel. Un thriller horrible con éxito mundial, como el del cantante.
Autoeficacia: término relativo a lo que yo creo que soy bueno haciendo. Si durante años las mujeres se pensaron como amas de casa, maestras, enfermeras o costureras. Hoy el acceso a la educación les permite reprogramarse, ampliando sus horizontes y capacidad de movimiento. Si uno piensa que no puede, no podrá. Abre tus ojos. Si quieres puedes, es cuestión de insistir por tu parte, y de apoyarte los demás. Busca aliados de verdad, no dañes la relación con hombres ni mujeres que te pueden apoyar. Muchos más de lo que parece, lo estamos deseando. Busca relaciones de empoderamiento mutuo.
Ensalzamiento del odio: lo que hacen personas con poder y heridas no sanadas, y es justo lo contrario de lo que debemos hacer. La gente profundamente herida no debe estar en ámbitos de poder, porque no busca la justicia, busca la venganza, es humano. No hay un lado oscuro de la historia, todos tenemos historias personales que nos han marcado y llevado a un punto más o menos desviado del camino de la virtud. Los maltratadores de ambos sexos deben ser ayudados a resolver sus traumas y sanar para dejar de dañar, a los demás y a si mismos, víctimas de su propia autodestrucción. La cárcel actual en este sentido no es un sistema de reeducación, reinserción ni nada que se le parezca. Todos estamos en lo mismo y todos somos víctimas y agresores en un momento dado, ángeles y demonios. Debemos trabajar desde esa premisa o todo lo que construimos mentalmente está basado en una peligrosa falsedad que perpetúa el conflicto.
Empoderamiento psico-corporal: el proceso cognitivo no es suficiente, muchos discursos mentales no son sostenidos en la vida, porque la emoción te hunde y no eres capaz de sostenerlo físicamente. El cuerpo debe ser trabajado, con artes marciales, danza, gimnasia y todo aquello que veas que te hace bien, que te empodera. ¡A por ello! Yes you can!
Aprecio y empoderamiento mutuo: Hombres y mujeres deben seguir empoderándose, como colectivos y como aliados. Un hombre verdaderamente poderoso, no comete actos denigrantes a una mujer, porque no lo necesita. Muchos hombres necesitan construir una autoestima sana, no relacionada con los logros, y una mayor sensibilidad, para mejorar su autocuidado y el de su entorno. Esto no se hace solo. Las instituciones públicas deben potenciar los círculos de masculinidad, donde hombres con voluntad de transformación se empoderen y sensibilicen, convirtiéndose en motores de cambio. Yo lo he hecho durante años y agradeceré siempre lo logrado allí, tanto como participante como facilitador. Si no conoces el tema, te propongo un libro del pionero en España en estas lídes Alfonso Colodrón, en el que tuve una pequeña colaboración desde mi propia experiencia. https://www.edesclee.com/tematicas/crecimiento-personal/guia-para-hombres-en-marcha-de-la-linea-al-circulo-detail
En este sentido, todos los círculos de mujeres conscientes, son exactamente igual de virtuosos y bienvenidos. De hecho, el nivel consciencia alcanzado en ambos, hace que cuando se da el encuentro entre ambos grupos, surje una semilla capaz de irradiar el mundo entero de amor verdadero. Un espectáculo digno de presenciar, se lo aseguro.
Si quieres a tu pareja apóyala en lo que desee empoderarse, en su camino, no la moldees a tu deseo, ni hombre ni mujer. Si no te gusta, cambia de pareja. Evitarás frustración en ti y en el otro. Como persona que ha conocido mucho mundo, en España y fuera, te puedo asegurar que hay de todo, es cuestión de salir de tu zona de comodidad y entrar con generosidad en la relación. Aquí un ejemplo:
http://mujeresycia.com/opinion/columnistas/2165-un-hombre-como-yo
Sé tú mismo. Si dejamos que los dogmas nos digan como debemos ser, nos alejaremos de cómo necesitamos ser. Hoy tanto el machismo, como el feminismo nos acosan hostilmente a todos. Al hombre no se le permite ser como le de la gana (productor o sensitivo, masculino o femenino, heterosexual-homosexual, mental o emocional). Igualmente se juzga a la mujer por sus opciones actuales fruto de la libertad de elección. Por ejemplo no es ni peor ni mejor, sino legítimo decidir ser directiva/o o ama/o de casa. ¡Por favor, déjenos ser lo que queramos ser!

robots comunicando con robots

Tengo un amigo que no es muy elevado, pero es muy práctico, y me ha desvelado sus claves del uso de las redes sociales, moral aparte, que resume así: “debes darle siempre a me gusta (o sus equivalentes), para que tus contactos sientan que les has visto y les aprecias, aunque no te importe nada lo que dicen, es más, ni si quiera hay que leerlo, porque llevaría demasiado tiempo. El efecto, es que ellos se interesan más por lo que tú haces, y te responden con reciprocidad, e incluso comparten tus cosas, dando eco a lo tuyo, que es tu verdadero deseo, que se te vea a ti, ya sea por motivos personales o profesionales”. Toma ya.
Esta mañana después de meditar en el parque, pensaba que debería trabajar más mis redes para tener rendimiento profesional de tantas apariciones como tengo en público (tv, radio, prensa, conferencias, libros…), pero que a mi poner mi energía en una dinámica tan falsa y vacía como narra mi amigo, no me apetece nada. Dado que al final uno compite con otros profesionales dentro de un sistema, entendí que tampoco puedo desenchufarme de las redes, que es lo que me pide el cuerpo si tales son las reglas del juego. Entonces se me ocurrió que quizás se podía hacer un programa, un robot, que trabajara por ti, haciendo todo eso que a mi no me apetece hacer. Lo contrataría como se contrata publicidad por radio, tele o internet. Según escribo esto me doy cuenta de que como con tantos otros inventos, seguro que ya existe.
El siguiente punto en esta cadena de evolución de acontecimientos, sería que evidentemente, antes o después, los demás también usarán este robot, que vaya haciendo guiños seductores y a diestro y siniestro. Pero entonces, el resultado final sería tan esperpéntico como que mi robot (con apariencia de mi) estaría trabajando porque tu robot (con tu apariencia), le mire. No se me ocurre nada más absurdo, no solo por evidentes motivos narcisistas, sino también, porque el resultado final es nulo en términos de eficiencia publicitaria.
¿La pregunta es dónde queremos ir con la todavía naciente sociedad de la información? Y digo naciente porque si tenemos en cuenta el ritmo exponencial de volcar información en la red, lo que llevamos hecho, no ha hecho más que empezar. ¿De verdad queremos crear un sistema donde todos sean reclamos de miradas, pero poco interés en mirar? Nuestra capacidad de asimilar información está ampliamente sobrepasada. ¿Deberíamos construir otros robots que decidan por nosotros qué información nos debe llegar? Pues de nuevo, ya existe, ya están decidiendo por nosotros: google, Facebook, linkedin, etc todos tienen robots analizando nuestras cookies para decidir lo que conviene que recibamos. ¿De cara a nosotros o de cara a lo que nos quieren vender?
El análisis masivo de datos, BIG DATA, se presenta como una enorme oportunidad para hacer grandes cosas como la prevención de accidentes, crímenes, previsión de clima, aumentar la productividad de cosas tan inverosímiles como un partido de baloncesto, donde por poner un ejemplo, se recogen hasta 30 millones de datos por partido, que luego analizados ayudan a aumentar la eficiencia del equipo.
Me preguntaban en una entrevista del telediario de antena 3 si google nos quitaría el puesto a los psicoterapeutas-psicoanalistas, y yo respondía que como profesional no me gustaría renunciar a información, que sin manipular, puede ser tan extensa como valiosa, pero que eventualmente la mano que lleva la sesión, debería ser siempre la de una persona con un alto sentido de la compasión, para no juzgar las veleidades ajenas, y ayudar a la persona a recomponerse de las crisis aprendiendo la lección. Sin embargo, mi miedo es claro, tanto yo, como el entrenador de baloncesto, como el cirujano, o el maestro, corremos alto riesgo de desaparecer como profesionales, porque la tentación de que un robot sin corazón sea mucho más eficiente en análisis de datos, está ahí y no se va a ir, sino que va a aumentar. ¿Conseguirán acertar en sus caminos introspectivos esos clientes y los jugadores de baloncesto, que ya no pueden comer, beber ni amar, como a ellos les plazca, sino como les dicen? Tengo mis dudas.
Me despido recordando a todos, que la sociedad no es algo distinto de la suma de todos, manifestada en nuestra voluntad consciente o inconsciente, al menos hasta ahora. Somos nosotros los que la creamos, mantenemos, nutrimos y defendemos. No podemos ni debemos soltar nunca la responsabilidad de lo que queremos hacer de ella. Yo hoy renuncio a entrar en juegos que no comparto, y espero que el sistema no me fagocite, porque algún robot de hacer ruido con millones de seguidores en twitter, tenga más voz.

no estás solo

Si no lo puedes ver bien, pincha aquí:
http://canalceo.com/no-estas-solo-trailblazer/

Jorge Urrea: «No estás solo, trailblazer»
(artículo publicado en Canal CEO)

Recientemente he estado en el impresionante congreso de Salesforce en San Francisco, donde tras una sesión Mindful con los monjes de Thich Nhat Hanh, uno de ellos se me acercó y, sin conocerme de nada, me soltó: “Puedo verte, compartimos camino, no olvides que no estás solo, estamos contigo”. Me emocioné.
El lema-mantra del congreso repetido hasta la saciedad, aunque muchos todavía no se han dado cuenta, era: trailblazer, el que abre el camino. Yo llevo rumiándolo desde hace varias semanas, como rumio mi propia historia y la historia presente de la humanidad, tratando de entender qué está pasando y, de repente, hoy conecto los puntos:
Me veo a mí mismo desarrollando un nuevo tipo de liderazgo –Mindful– que la gente no entiende porque es un camino nuevo y no saben incorporarlo a sus mapas previos de conocimiento. Me veo breando con mucho trabajo, esfuerzo y sin sabores, dudando de mí mismo, de si acierto, de si no me sería más fácil hacer algo que la gente ya conoce. Trabajo mucho en la definición del servicio, en el canal, en los clientes, en el seguimiento de trabajos… Mucho trabajo, en soledad, de ahí que me emocionara con el monje.
El trailblazer y la crisis de fe
¡Cuánto de esto pasa a tantos y tantos emprendedores que se lanzan en medio del campo a hacer una ruta nueva, que la gente no sabe adónde lleva, pero que no solo es buena, sino también necesaria! Yo trabajo en conciencia, verdadero salto cuántico para otra calidad de vida, relación, sostenibilidad… Y otros hacen de la ciencia ficción realidad, con algoritmos, impresiones 3D, biotecnología, blockchains, robots, etc. Cambiamos no solo las reglas del juego, sino el juego en sí, pero ¿qué es un juego? Un divertimento acompañado con otras personas, competidores, aliados, etc. Sin embargo, el trailblazer a menudo ha dejado de divertirse, está solo, y tiene una crisis de fe.
Lo primero para mí es que uno debe sostener las crisis. No se trata de encontrar la solución de inmediato, se trata de escuchar bien lo que está fallando, para cambiar lo que de verdad es esencial, sin desmotarlo todo “por intentar algo”.
La palabra sostener implica una madurez que nada tiene que ver con aguantar. En la primera actitud, de sostenimiento, hay algo de sincera y sabia humildad, tratando de aprender, mientras que la segunda, aguantar, solo refiere a una capacidad estoica de sufrimiento, que sin escucha y aprendizaje no lleva a ningún sitio.
La importancia de los aliados…
Continuemos por la importancia de los aliados. Colón no se fue solo a descubrir si tenía razón, se llevó muchos aliados, en su barco y en los de los lados, en el viaje y en tierra. ¿Cuántos aliados tienes tú? En el congreso de Salesforce había 171.000 personas conmigo. Sin embargo, el trailblazer suele viajar absolutamente solo, pecando en ocasiones de avaricia, pensando que lo que va a descubrir es tan extraordinario que se hará rico y teme que le roben la idea. No obstante, usando el ejemplo de Colón, probablemente otros exploradores anteriores a él habrán muerto rodeados de riquezas (ideas), pero sin capacidad para volver, contarlo y disfrutarlo. Atreverse a compartir la expectativa de lucro, prestigio, marca, es importante, pues sin ello acabamos como Golum en el señor de los Anillos: aislados, fríos y desnutridos.
A nivel de liderazgo recuerdo el discurso del rey de España actual, que en plena crisis independentista catalana lanzó un mensaje sencillo: “No estáis solos”. ¡Cuántos de los españoles no independentistas que viven en Cataluña se debieron emocionar al sentir que no los estaban dejando a su cuenta y riesgo, que alguien se preocupa por ellos! De igual manera, cuántos independentistas, convencidos de sus ideas, sienten que Puigdemont, desde fuera de la legalidad y del propio país, les sigue acompañando en su necesidad de protegerles de lo que ellos interpretan como otra agresión centralista. Se podrá estar de acuerdo o no, pero la necesidad de fondo siempre es la misma: soledad. Y el buen líder sabe responder a la misma, fortaleciendo el vínculo con su gente.
Si eres un líder autoritario, que inspira miedo a su gente, no te seguirán. Dale valor a lo emocional y lo compasivo: sé un Mindful Leader.

…y de los refugiados
También me viene en el contexto más global, los grandes emprendedores de nuestra historia presente, los que se guían a sí mismos: los refugiados. Pensemos por un momento en el arrojo de una persona que cruza el desierto del Sahara, llega hasta la costa norteafricana y se lanza al mar en una balsa para intentar conquistar la costa europea. La experiencia narrada por ellos y por los que les rescatan de una muerte segura es de transformación total. El mensaje cuando les dan la mano para salir del bote, es “no estáis solos”.
Desde lo micro hasta lo macro, lo local a lo global, vivimos épocas no solo inciertas, sino realmente desesperadas donde muchos trailblazers se lanzan a abrir nuevos caminos. Yo desde aquí te animo a lo siguiente:
• Conócete a ti mismo, desarrolla tu inteligencia emocional, con compasión, por ti y por los demás. El camino así es mucho más agradable.
• Viaja acompañado. Es más fácil abandonarse y morir en el medio del mar si uno está solo. Acompañados llegamos más lejos.
• Lleva una vida espiritual, no necesariamente religiosa. Sentir que hay algo mayor que uno y entregarse con confianza a la misión que uno tiene, es contar con un refuerzo interno brutal, sobre todo a la hora de abrir caminos nuevos.
Jorge Urrea | Gestión de crisis personales y profesionales · Mindful Leadership

Inteligencia artificial para la inteligencia espiritual

Leo un artículo de mi mujer, Sivia Leal, sobre inteligencia artificial y arte, del que destaca una composión musical, y este poema, y saco mis impresiones, pero primero ten tú las tuyas.
“He was silent for a long moment (Estuvo en silencio durante un largo momento)
He was silent for a moment (Estuvo en silencio un momento)
It was quiet for a moment (Estuvo tranquilo un momento)
It was dark and cold (Estaba oscuro y hacía frio)
There was a pause (Hubo una pausa)
It was my turn (Fue mi turno)”

¿Qué tal tu experiencia como lector? ¿Te ha conmovido? ¿te ha provocado imágenes en tu cabeza? ¿te deja ganas de seguir leyendo, o un eco de lo que allí pasa?
La máquina creó esto con solo la última y primera palabra, y no está mal. Consigue que yo atienda, quiera saber qué pasa, me hace sentir frío y desasosiego, incluso soledad pero para mi tampoco es genial, porque entre otras cosas solo llega a una conclusión lógica, y el alma humana se define precisamente en su falta de lógica aparente, en sus pequeñas veleidades que la hacen imprevisiblemente humana. Mi previsión de futuro es que sí, las máquinas irán invadiendo el ámbito creativo también, pintando nuestros paisajes reales e imaginarios con códigos binarios, que nosotros disfrutaremos en función de nuestra exclusiva capacidad de resonar en nuestro alma, en nuestra experiencia previa, en nuestro sentir más superficial y profundo a la vez. El que esté por sentir, sentirá, como puede sentir el onanista con un juguete a pilas. No seré yo el que le juzgue, con tal de que no olvidemos que la realidad es mejor, es infinitamente más compleja, no se define solo con unos y ceros.

Por otro lado, ¿dónde podrá aprender la máquina la espiritualidad del maestro creativo, que habría acabado el verso sosteniendo el vacío en silencio, testimoniando el efecto de su obra sobre nosotros, espectador de su propio arte que actúa en nuestras venas? Si los robots van a contestar a nuestras preguntas del alma, ¿dónde está el acompañamiento humano, la salida a la soledad? ¿Serán falsas sensaciones de compañía? Ahora hay un robot con forma de peluche foca, monísimo, (Nuka se llama en España, Paro en el extranjero), que hace compañía a los ancianos, con aparente muy buen efecto, lo que me recuerda a aquella gallega de la aldea que según contaba mi abuelo, pedía disculpas a los señores de dentro de la televisión, porque sus hijos habían comprado una televisión más pequeña que la anterior e iban a estar más incómodos (cuidando la relación como si estuvieran dentro, y la escucharan…). El tema no es nuevo, nosotros de niños acariciábamos a nuestro viejo seiscientos cada vez que amenazaba con volver a dejarnos tirados. Era un pensamiento infantil, mágico, que nos volvía más humanos en nuestra relación con la tecnología. Era cosa buena, inventada por nuestra mágica madre, pero hoy la rapidez de expansión de la matrix donde vivimos, es enorme y muchos ya viven más tiempo en el mundo mágico virtual que el real, para lo personal y lo profesional. Cuidado. Usar la inteligencia artificial a favor del factor humano es desarrollar Inteligencia Espiritual. Lo contrario es un embrutecimiento tecnológico que atonta y tira a Dios de los altares, cambiándolo por un becerro robot.
Jorge Urrea
Gestión de crisis y autoconocimiento.
Mindful Leadership, Humanizando la transformación digital

There are no arrows left

extract from my book “The passion factor”. LID Publishing

There are no arrows left (by Jorge Urrea)

If you intend to fire an arrow, first centre yourself, look carefully, check the wind, imagine the journey the arrow will make through the air, feel how it will penetrate the target, and then draw and fire. According to the Zen master archers, beginners should never have two arrows. The thought that if you miss with the first you can always succeed with the second means that your concentration is never complete. If you are not convinced about your business, then don’t bother to launch it, don’t waste your energy and your time firing your arrow. Wait for kinder weather. If you are not convinced then you will never devote yourself to anything or anyone, neither a partner nor work contract, but if you have already done so, then live it as though there was never any other possibility. “There are no arrows left,” should be your mantra. This is the only way that you will do your work correctly.

In this sense and contrary to what many think, seeking added time merely anchors you in the past and makes it harder for you to be absorbed into the present and the new adventure you’ve decided to embark upon. I recall an engineer who hired me because he wanted to get out of a loop of wasting hours every day wondering whether he should go back to his old company some months after he had left it. On the personal front, we all know someone who can’t stop sending love letters to the ex-partner in the hope that love lives on, and can be relied upon if the new partner fails to deliver. Let go of the mooring rope, explore other seas, because you can’t reach them from the harbour of the past.

bonjour tristesse: mindful melancolía

 

Por fin llega el otoño, o eso parece, y con las nubes y la vuelta al trabajo, la euforia del verano, con el sol en lo más alto se va mitigando, para terror de algunos, y depresión de otros. No lo temas, es el ciclo natural de las cosas y si aprendes a rentabilizarlo aprovecharás sus ventajas.

En medicina tradicional china, se consideran 5 estaciones, así como 5 elementos, cinco vísceras, animales, etc. El final del verano, corresponde al elemento tierra, la energía del bazo y vesícula biliar, el oso como animal arquetípico, etc. Desde fuera se puede juzgar como un folclore antiguo, pero si se profundiza en su sabiduría se encontrará mucha información interesante.

Por ejemplo, tras el sol abrasador del verano, la madera de la primavera ha ardido y ha generado unas cenizas (tierra), sobre las que se puede llorar por lo que ya no hay, o se puede plantar semillas que esperen latentes, rodeadas de nutrientes, la llegada de su despertar. Después del oso viene la grulla, bien entrado el otoño, energía de pulmón, respiración acompasada, sin excesos, melancolía consciente de la que aprender.

En tu caso, reflexiona sobre lo que el verano y la euforia se ha llevado por delante, no te entretengas demasiado con el duelo, tan solo lo justo, y aprovecha el espacio de lo nuevo, ahora que ya no hay tanto ruido para reflexionar sobre lo que quieres plantar.

La energía ha subido hasta la cúspide del cielo durante el verano, y ahora se retira, no te asustes. Es bueno aprovechar ese cambio de dirección para ir hacia tu interior y hacer un recogimiento contigo mismo: ¿qué necesitas ahora y en qué dirección quieres ir en un medio plazo? Estás triste porque hace frío y ya no puedes jugar con la arena de la playa? No te preocupes, volverá, ahora aprovecha el fuego de alguna chimenea para calentarte y reflexionar.

La tristeza está muy desvalorada en occidente y sin embargo bien utilizada trae información importante que recoger y escuchar. De acuerdo a la encuesta de la OCU hasta el 50% de las mujeres, verdaderas maestras de los hombres en cuanto contacto interno, tomaron el año pasado ansiolíticos y/o antidepresivos. Si nuestras “fareras”, las que nos traen luz cuando no vemos en la tormenta, se duermen, enmascarando su ansiedad y tristeza, ¿hacia dónde vamos como sociedad? Si necesitas tomar mediación, hazlo, para poder trabajar en ti misma, no para olvidarte de ti.

Uno debe decir “buenos días tristeza”, como en aquella obra y película, tomarla de la mano, y darse un paseo bajo los árboles que dejan caer sus hojas otoñales, y llevan la energía de la salvia para dentro, protegiéndose sin temor, haciendo lo que hay que hacer.

El que se acompaña a si mismo con cariño en este proceso, saca buenas e inteligentes conclusiones de su interior, se cuida, se da calor, descansa… el que no, se maltrata psicológicamente, se acusa de ser insuficiente, de no estar a la altura, se deprime por falta de afrontamiento de lo que tiene pendiente, abandonándose a la intemperie, en vez de replegándose de manera responsable.

El animal arquetípico que mencionaba es el oso, que representa una montaña de asentamiento sobre sus patas; con semejante fuerza y aplomo, nadie le podría acusar de falta de autoestima, que es lo que de verdad esconden muchos procesos depresivos. Un no saber colocar la mirada donde sí que hay, en vez de donde no hay. Evocar este animal e imitarlo psicológica y energéticamente, es más sabio que esconder la cabeza debajo del ala, esperando a que el ciclo vuelva a cambiar o que alguien nos pague las facturas.

www.psico-tao.com

Pintura de Jesús Galiana

feliz de volver a trabajar

Mi suegro el año pasado, amenazó a mi hijo con la que se le venía encima, porque “pronto empezaría el colegio, y se iba a enterar de lo que era bueno”, con un tono irónico que seguramente mi hijo no estaba preparado para entender con 5 años, pero más allá de eso, al comentarlo con mi mujer tuvimos la misma reacción, afortunadamente.

Esto que para él era una mera broma sin importancia, en realidad es un fiel reflejo de lo que culturalmente arrastramos desde que “nos echaron del paraíso” con la amenza bíblica de “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Nosotros dos pusimos el grito en el cielo, porque desde hace años recorremos el mundo formando a la gente en la pasión por el trabajo como modo de ser feliz y subir el rendimiento, personal y de equipo. El problema de luchar contra la incultura popular, es que está muy arraigada, y la gente te toma por un vendedor de crecepelo, pero la evidencia científica nos da la razón.

No solo es que la pasión determina el 35% del éxito profesional, que nosotros comprobamos estadísticamente con miles de encuestas, es que está demostrado también que en el ocio somos mucho menos felices que en el trabajo. ¿Te parece una broma de mal gusto? Párate a hacer memoria: ¿cuantas veces en el trabajo tienes la sensación de contínuo de atención, de que el día se pasa volando, que estás centrado en lo que haces, y que conseguirlo te da una sensación de logro, disfrute, triunfo, que te pone las pilas? Ahora reflexiona, ¿cuantas veces te pasa eso en tu ocio?

Un estudio de la universidad de Chicago nos da números muy claros: mientras que la gente pasa un 54% del tiempo con sensación de fluir, con su atención y producción en el trabajo, en el ocio, baja al 18 %, vamos que estamos empanados. Como precisamente yo defiendo que el tiempo de aburrirse en necesario para la creatividad, autoregulación organísmica, etc, no quiero hablar excesivamente mal de ese ocio, pero tampoco me parece, con estadística en mano, que haya que alabar el ocio, por encima del trabajo. Como mínimo hay que darle una vuelta a nuestra actitud en ambos casos.

Como muchos sabéis, en la actualidad creo que la atención plena es la clave del rendimiento y la felicidad, pues no solo mejora la relación con lo que uno hace, sino también con los demás. La atención plena no es solo enfocar la mente, también es enfocar el corazón, las caderas y las vísceras, ponerlo en sintonía con lo que uno hace, y disfrutar con ello. El trabajo no es una maldición divina, como nos han vendido, es una manera estupenda de ganarse la vida, que por encima de todo, nos centra, da un sentido de orden, de estructura en la que agarrarnos, nos saca del empanamiento de muchos, que en el fondo no aguantamos más en la playa.

Muchos pensarán que hablo del lujo de trabajar porque uno quiere, porque ya tiene resuelta la vida, o como dice Oscar Wilde: “El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer”, pero no. Las estadísticas nos hablan claro: en todos los niveles profesionales, las personas estaban más implicadas en lo que hacían cuando trabajaban, que cuando estaban de ocio. Es cierto, que los cargos con más responsabilidad, suelen estar más centrados o despiertos, atentos, en comparación con los que tienen labores más mecánicas, donde es más fácil aburrirse y contemplar el trabajo como una mera manera de subsistir. Ojo, que estos trabajos van a desaparecer con la llegada de los robots. Si eres de esos, despierta, fórmate y especialízate en algo que tenga futuro, y presente, pues como explico, dormirse, no es en modo alguno fuente de felicidad, rendimiento ni trabajo. Es cierto que todos conocemos alguna persona con trabajo muy humilde, que está más centrada que nadie, que disfruta con lo que hace, incluso si lleva haciéndolo 40 años, y que es verdadero ejemplo de vida para todos. De esos más que de nadie debemos aprender, pero maestros así no se encuentran en todas partes. De hecho, el entrenamiento en atención plena que facilito, apunta hacia esa maestría, de pensamiento, corazón y acción. Un reto para el que dormirse no es una opción.

En lo que se refiere a lo personal, y en contra de toda predicción, focalizar la atención es más importante que nunca. El ocio, no puede ser solo un descanso pasivo, vegetativo, playero. Nos desvitalizamos. Ojo los jubilados, que tras años de duro esfuerzo trabajando, alcanzan la anhelada jubilación y ahí para su sorpresa, enferman y mueren, sin saber por qué. Muchos hombres creen que es la edad, que evidentemente influye, pero algo que no ven es que probablemente nunca supieron sacar jugo a su ocio, valorando lo productivo por encima de lo sensitivo y afectivo, y ahora siguen recurriendo al descanso como una fuente donde retomar fuerzas, pero esa agua está estancada, podrida. Deben moverse, excitarse, por lo que les de la gana, pero seguir vivos y despiertos. Observen a las mujeres jubiladas y aprendan: una alumna mía de tai chi, con 80  años, practica padel, danza, aerobic, escritura creativa y ¡tantra!, ah si, también se nutre de sus 8 hijos y 21 nietos, cuando le sobra un rato. ¿Creen que es una excepción de los tiempos? Mi propia abuela, al llegar la jubilación, hace 40 años, en vez dejarse mustiar, se sacó el carnet de conducir e inscribió a inglés y alemán. Recuerdo las voces juiciosas de la época, que lo consideraban inadecuado en una dama, más de su edad, y no veían la productividad en ello, pues nunca podría viajar al extranjero, y conducir en aquella pequeña  Pontevedra era una excentricidad. No tenían ni idea: mi abuela tuvo una buena calidad de vida hasta casi su muerte, siempre alegre, feliz y con ganas de disfrutar hasta el final, con sus guantes especiales para conducir.

Volviendo a los que todavía trabajan, parece que hemos aceptado que la fuerza se pone en el trabajo, lo que está bien, pero a menudo, uno no se repone de esa fatiga, dejándose caer ante la televisión, sin más. No es que sea mala, yo mismo veo un poco todos los días en forma de series o películas seleccionadas. Mi atención está presente sin casi esfuerzo, y disfruto de compartir ese rato haciendo comentarios con mi gente. Sin embargo, más allá de ese rato, y del necesario descanso, debemos variar, organizar, planificar, enfocar nuestro ocio para que no se nos escape por el desagüe.  Cada uno a su manera: los hay que juegan a las cartas, ajedrez, hacen sudokus o crucigramas, pasean, hacen deporte, cortan el césped, desarrollan amistades, etc. Da igual lo que sea, con tal de que en ello haya, como en el trabajo, una sensación de disfrute, de entrega al momento, de voluntad de sacar el jugo de esos instantes, sin dejarse ir. En ese tiempo sin tiempo, por la sensación de no aburrimiento, el espacio también se expande y contrae, como si alteráramos las dimensiones. El planeta entero nos parece abarcable para nuestra ilusión y ganas de recorrerlo (que le pregunten a Marco Polo), y al mismo tiempo, un espacio tan reducido como un tablero de parchís, es suficiente para acaparar nuestra atención, haciéndonos pasar un buen rato. El universo en un grano de arroz, decía Buda.

Si quieres saber más sobre Mindful Leadership pincha aquí.

Neurociencia y Santo Tomás

Durante casi dos décadas ya, he dado conferencias sobre los beneficios del autoconocimiento y las prácticas meditativas, como un entrenamiento psico-corporal, que trae enormes beneficios para la salud mental, emocional, corporal y espiritual. Mi capacidad de convencer a los que allí me escuchaban, pasaba por lo que yo emano, los estudios internacionales que traigo, o la propia confianza en las instituciones para las que trabajo, punteras a nivel mundial. Sin embargo, eventualmente, había un acto de fe que muchos no eran capaces de hacer, escépticos, pensando que era pura mitología china. Ahora ya no hay excusas, gracias a los avances de la tecnología, y la neurociencia, podemos observar a meditadores, incluso en tiempo real, y medir la evolución de indicadores como la tiroxina, colesterol, azúcar, regeneración del hipocampo, etc.

No juzgo las resistencias a creer, yo mismo hace 25 años, fui a un restaurante chino de un barrio modesto, donde moraba un chino viejísimo, que me decían “capaz de curar con las manos”, para ver si me ayudaba con un esguince recidivante. Le expliqué con gestos, porque no hablaba español, que había comenzado a hacer tai chi, a lo que el hombre se puso a tres metros de mi, y me pidió que extendiera la palma de mis manos. Él colocó sus dedos en forma de “espada de luz”, se concentró y proyectó sobre mi palma un calorcito que me recordó aquel de las máquinas de onda corta de los centros de rehabilitación. Me fui de allí con sensación de no entender para qué había estado, pues francamente, la curación no fue milagrosa, como me habían prometido, sino más bien otra sesión de rehabilitación con “calorcito”, un pequeño paso en comparación con lo que yo iba buscando, que eran pasos de gigante, sin entender entonces la importancia del camino.

Hoy leyendo sobre neurociencia, me doy cuenta de que quizás aquella fue la prueba de Santo Tomás, dónde yo me reafirmaría y continuaría trabajando la energía a diario, pues a tres metros de él, realmente pude sentir su proyección de calor en mis manos. No somos un cuerpo físico aislado, lo supe entonces y lo vivo cada vez que hago meditaciones dinámicas, donde juego con la energía, la expando, la concentro, la muevo, la reubico en mi cuerpo facilitando que mis órganos se mantengan sanos, es más mi estado energético tiene un efecto sobre mis clientes y entorno personal, donde la gente encuentra calma cerca de mi. “Efecto lexatín”, lo llaman. No es que sea un brujo, un curandero que ha heredado un don y vivo en la sombra de un restaurante chino, no, es que practico todos los días, cuido mi alimentación y los entornos que frecuento huyendo de toxicidades de todos tipos. La meditación es una “medicina” autoinducida, ¿a ti no te interesa? Es gratis. Si tienes curiosidad mira este vídeo de una de mis prácticas, a ver que te llega:

https://www.youtube.com/watch?v=ibRxsK4J-c0

A pesar de que es gratis, todavía hay rechazo cultural por parte de muchos, que para defender inercias, conductas y actitudes propias insanas, rechazan lo ajeno, juzgando sin conocimiento. “Mira a los chinos y los indios, su poco respeto por los derechos humanos”, “no ves que viven como animales, no tienen nada de avanzados”, “nuestra cultura es mejor que la suya”. Son algunos de los comentarios que he escuchado en defensa de no sé qué y en contra de tampoco sé qué, pues como digo, ya no hay que hacer actos de fe. Los efectos de las prácticas meditativas y de atención plena han sido corroborados en universidades y hospitales de todo el mundo. Vease Massachussets, Carolina del Norte, Harvard, Gran Canaria, etc. No veas choque de civilizaciones donde no los hay. Los listos no chocamos, hacemos alianzas, de civilizaciones en este caso, y sacamos lo mejor de cada una, sin substituir una por otra, ni restar valor a nuestros propios genios, como Machado, Ortega, o el mismísimo científico Ramón y Cajal, que por cierto ya hablo de regeneración neuronal en 1900, para burla de académicos retrógrados de la época, (cien años después se ha podido comprobar que era cierto, recuerden lo que comentaba al principio sobre el hipocampo).

Aquellos que todavía necesitan pruebas intelectuales, que lean informes de Harvard y libros bien documentados (como Flow, de Mihaly Csikszentmihalyi, o la película “y tú qué sabes”), y los que necesitan experimentar, que se expongan como yo a experiencias, pero está claro que cuanto antes se pongan todos a practicar con frecuencia diaria, antes sentirán los efectos. Para finalizar, creo importante no confundir leer sobre el tema con practicar las técnicas. Este año he tenido la rara coincidencia de tener como clientes a mucha gente con cocientes intelectuales elevadísimos, auténticos genios, que han leído mucho más que yo sobre Yoga, Chi kung, Vipassana, misticismo sufí, Zen, Zog Chen, Mindful, neurociencia, etc, y aunque lo entienden todo debo decir que la lluvia no les había calado por debajo de la cabeza.  Da igual cuanto sepa uno sobre neuropéptidos,  teoría de cuerdas ni siete dimensiones: si no te entregas, practicas y abres tu experiencia a energías sutiles, nada cambia. Si lo que digo te suena a chino quédate simplemente con esto: nutre tu corazón aportando a un entorno de paz y harmonía. Tendrás una vida larga y amorosa. Si focalizas tu atención en la lucha, siempre encontrarás donde luchar, y enfermar, pareciéndote a tus enemigos, por puro roce. Tú eliges y tú conformas tu realidad.

Jorge Urrea facilita la gestión de crisis y procesos de autoconocimiento profundos.

Espiritualidad robótica

 

Pregunta Silvia Leal, reconocida experta en sociología y tecnología, si los sacerdotes están a salvo de ser substituidos  por robots, en un artículo que como todo lo que publica merece la pena leer, si quiera para contestar, como aquí hago yo, sabedor de que todos y ninguno tenemos la razón, porque no dejamos de ver más que un solo fragmento de la realidad, con lo que espero apoyar en la construcción de una percepción más amplia.

http://www.efeempresas.com/blog/estan-los-sacerdotes-salvo-de-los-robots/

Yo leo el artículo, y aprecio en primer lugar el mensaje principal, que es que espabilemos, que casi ninguna profesión está libre de ser substituida por robots, y si queremos ganarnos el pan tendremos que hacerlo en otro sitio y/o de otra manera. Lo segundo que agradezco es que habla de fomentar nuestra humanidad como clave del éxito, para aquellos que todavía intentan ser más eficientes que un robot. Locos. Eso ya es imposible y además, lo que realmente podemos aportar en la competencia con la inteligencia artificial, que puede gestionar sin esfuerzo millones de datos para una decisión sencilla, es sin duda nuestro alma y por ende nuestra capacidad de entender nuestras miserias humanas y saber acompañarlas.

Es ahí donde confronto de pleno la posibilidad de un robot monje budista, cristiano ni de ninguna otra religión o rama espiritual. De igual manera que en Antena tres confrontaba que Facebook o Google puedan no solo saber más de nosotros o que nuestra propia madre, sino que también nos puedan acompañar mejor que ella, o que un psicoterapeuta o coach, que es en lo que a mi me toca. (ver artículo http://www.psico-tao.com/?p=879 )

Es cierto, que si es cuestión de acceso a la información, los robots pueden en el caso de los monasterios, recitar textos sagrados, mantras, laudes gregorianos o lo que se quiera. Igualmente debemos agradecer a tantos maestros del mundo entero, que ahora comparten su sabiduría y luz en forma de vídeos, artículos y conferencias en formato digital. (un ejemplo es el del Lama Rimpoché con el que trabajé un verano, que luego nos dijo que publica en youtube, y recomiendo vivamente https://www.youtube.com/watch?v=ZUvykNc6vYs&t=353s )  Es una oportunidad sin igual en la historia. Muchas enseñanzas antes permanecían ocultas no solo por límites teconológicos, también por avaricia, cual tesoro a no compartir, bajo el falso mito de que una iluminación antes de  tiempo podía volver loco (siempre fomentando el miedo para controlar el poder sobre la gente...) Sin embargo debo decir que el acceso a la información no implica la comprensión, ni el acompañamiento, que debe seguir siendo buscado en personas, profesores, maestros, seres queridos a los que escuchar con la humildad  del que no está lleno de si mismo.

Por otro lado, coincido con Silvia en que es mejor no resistirse, y abrazar las nuevas tecnologías tan rápido como sea posible, antes de que nos fagociten, y esto no es ninguna broma, como ella misma denuncia con labor verdaderamente oráculo-profética, estúpidamente desatendida por demasiados. Animo igualmente a abundar en la propia humanidad, y añado la importancia de hacer trabajo de autoconocimiento, que sirva en la relación con uno mismo, con el medio y con el otro. Por un lado nos dará una ventaja competitiva en comparación con lo que sí puede hacer un robot, de hecho servirá para que los robots puedan hacer bien su trabajo, porque “lo que nos diferencia nos hace rentables”. Por otro lado, la realidad tal y como la conocíamos de niños ha cambiado mucho, pero tampoco tiene nada que ver con lo que está por venir en poco tiempo. (Entrenarse en el vacío para no tener miedo y sabir fluir es buena cosa).

Los creativos, que a menudo son verdaderos visionarios, lo plasman en películas de niños y adultos, y nosotros, que tenemos los párpados abiertos, pero los ojos cerrados no nos damos cuenta de que lo que parece fantasía es o va a ser realidad en poco tiempo. Acompañando a mis hijos a ver una película de dibujos, Wally, “descubrí” una sociedad en la que los robots nos hacían la vida tan fácil que habíamos renunciado al movimiento corporal, deformando nuestros cuerpos de manera esperpéntica. Por cierto los robots mantenían funcionales nuestros cuerpos a base de masajes robóticos, que imagino moverán las carnes, pero no tocarán el alma, como sabe hacer el terapeuta sensible. Se me hizo obvio, una vez más, que uno debe desconfiar de los avances tecnológicos y no sumirse en un sendentarismo enfermizo, recordando aquello de “mens sana in corpore sano”.

¿Crees que exagero? ¿Quién no conoce los sillones de masajes electrónicos, las plataformas deslizantes de dos ruedas en diferentes versiones, las escaleras o plataformas mecánicas? Lo próximo, que ya está aquí, son las prendas termoregulables (que atrofiarán el propio mecanismo tiroideo de autoregulación y consumo energético) y los exoesqueletos para labores cotidianas, facilitando levantar pesos imposibles para un humano, pero con el riesgo de anular nuestra propia musculatura si lo usamos en exceso o “en lugar de”. Todo usado con mesura e inteligencia es un avance indudable, pero sin consciencia, tiene consecuencias drásticas.

En la relación con los demás seres humanos es igual. Recuerdo aquella otra película de los Surrogates, con Bruce Willis, que lo dejaba muy claro. No te la pierdas. Si te atreves con algo más duro, lee el libro “Eres bella”, de Chuck Palahniuk, conocido autor del Club de la Lucha, que te dará otra visión de los juguetes sexuales.  Si uno usa a un robot para interactuar con el mundo, corre el peligro de que solo se relacione con otros robots, mientras uno permanece en el sillón, sin asear, sucio, estancado como el agua, podrido física y espiritualmente. Advertido quedas.

 

 

entrevista sobre Innovación y liderazgo consciente

Entrevista junto con Silvia Leal sobre Innovación e Innoliderazgo.

https://www.youtube.com/watch?time_continue=13&v=e_XSGHmYtsw

 

Soñando con Black Mirror

Yo tengo la sana costumbre de hacer la siesta casi todos los días, no mucho tiempo, unos 20 minutos, pero son muy reparadores, me resetean la cabeza y siento un gran bienestar, tanto que la mera idea de ir a hacerlo me excita de alegría, con riesgo de despertarme. ¿te da envidia? No me extraña, ojalá todo el mundo pudiera, pero quita la envidia de la cabeza, hoy me gustaría hablar de otra cosa. No solo es un tema de descanso, para mi necesario, también está relacionado con los mensajes que me llegan en sueños, que como decía Fritz Perls es la vía regia del inconsciente al consciente. El caso es que desde que los móviles inteligentes deciden dónde debo fijar mi atención, me tumbo y reviso redes sociales, mensajes de diferentes medios, la prensa, etc, antes de cerrar los ojos.

Mis sueños, y sus mensajes, han ido cambiando poco a poco. Ya no tengo las luchas internas que tenía conmigo mismo, donde combatía con un hombre más fuerte que yo, al que nunca conseguía devolver el golpe, porque la resistencia de encontrarme dentro del mar, hacía que nunca le alcanzara, por ejemplo. Parece que no solo he conseguido empoderarme a base de trabajo personal, sino que tampoco abuso de los demás, como en otros sueños posteriores me pasaba. Ya no: “empoderamiento sensible”, transmito en mis conferencias. Tampoco tengo pesadillas con vampiros que me tratan de chupar la sangre, porque he ido aprendiendo a autosostenerme, sin mermar el tono vital del otro para ganar en el mío, renunciando a los privilegios en la vida, que falsamente me aportaban, porque en el fondo me debilitaban.

Esta semana me he quedado un poco alterado de hecho porque mi sueño, ya no tenía la misma pantalla panorámica del cine, ¡incluso con 360 grados! No, ahora mi sueño se producía en una pantalla negra, pequeña del tamaño de un teléfono, un black mirror en el que miraba con aire serio, el ceño fruncido, un exceso de tensión en la mirada, y sobre todo, una reducida zona donde mirar. Normalmente cuando soñaba me veía incluso desde fuera, percibiéndolo todo, yo mi mismo incluido, consciente de que lo que veía, era un sueño. Un vipassana onírico, con grandes frutos psicoanalíticos, que ahora ya no estaba.

Lo iré trabajando poco a poco, pero lo primero que me llega es que aunque trato de conocer más del mundo, a través de la tecnología, esta percepción es reducida, obscura, tensa, visual en vez de sensitiva… No creo que sea una cuestión de renunciar a ella, por todo lo que sí que aporta, pero sí de no darle tanta importancia. Debo alzar la mirada, contemplar sin enfocar, sentir y respirar. Ese es el milagro de la atención plena: que trae una experiencia amplificada, que no cabe en un pequeño dispositivo; que no quepo en un dispositivo; que no soy un dispositivo, que SOY, que ERES, que SOMOS. Seguiré soñando en grande, a ver que veo, y siento…

Jorge Urrea es experto en gestión de crisis y autoconocimiento profundo, escritor y conferenciante multilingüe. www.psico-tao.com

me he enamorado

 

Hoy en consulta me cuenta un cliente que se ha enamorado, que está feliz, que realmente hacía mucho tiempo que no se sentía tan ilusionado por conocer a alguien, que la sangre le bulle por las venas y se ha levantado con ganas de comerse el mundo. Yo que me implico mucho con mis clientes, para bien y para mal, hoy me llevo un alegrón por él. Le pregunto con excitación compartida cómo es, dónde la conoció, que le une a ella… Tengo ganas de saber más y hacerme un cuadro en la cabeza.

Y me cae un jarro de agua fría en la cabeza que se me desliza por la espalda hasta los pies:  “no bueno, todavía no la conozco realmente, pero he conectado con ella en FB, me ha aceptado como contacto y me encanta lo que cuelga”.

¿Tú qué pensarías al escuchar este testimonio? Cualquiera que tengo un mínimo de distanciamiento, se dará cuenta de que es una emoción loca, o al menos sobredimensionada. La Diana de su corazón, en realidad bien podría no ser una mujer, sino un hombre, un niño o una persona anciana, o fea por dentro o por fuera, o incluso un robot con inteligencia artificial. No hay certeza en el encuentro de almas, pero claro, para él, que estaba depresivo, salir del agujero, es lo que cuenta. Yo le acompaño con mucho tacto y sensibilidad para que no pierda la fuerza, y con una jarrita de agua, por si se la tengo que echar yo también por la cabeza, para que despierte, con dulzura.

Ahora te pregunto a ti lector: ¿esto que le ha pasado a este hombre te es ajeno? Yo que me conozco bien, afirmo como Ortega que nada de lo humano me es ajeno. ¿Tu corazoncito no ha palpitado por un desconocido, no ha sentido alguna vez que alguien que ha puesto un post en FB, escrito un libro, un horóscopo,  editado una canción o una película, en el fondo te estaba viendo a ti, y lo escribía para ti?

Sentirse vivo, enamorado, acompañado, sacado de la soledad, mucho más con la esperanza de compartir un horizonte de pareja o incluso la tántrica fusión espiritual se ha convertido en la nueva tentación para salir del aquí y ahora, y vivir una realidad inexistente, una Matrix que no era cierta, pero vamos creando entre todos poco a poco, los más tecnólogos y los más espirituales, que a veces coinciden y otras no.

Como mi trabajo pasa por el no juicio, sigo escuchando a mi cliente, con los sentidos bien despiertos, para poder acompañar de verdad y de paso tratar de aprender algo nuevo en cada ocasión, para seguir vivo y despierto. Pienso de repente, en lo bello de sentir, incluso si el amor no es correspondido. ¿A caso no sucede igual con el arte? ¿Cuantas lectoras de novelas románticas jamás abandonarán sus hogares familiares, pero son felices soñando por un rato con un pirata que las rapta y las lleva en barco por todo el mundo? Es locamente humano. Quien no enloquece nunca, siquiera en un entorno seguro, nunca ha vivido.

Finalizo la sesión despertando la conciencia de mi cliente, aliándome con la sensación de sangre despierta en las venas de mi cliente para preguntarle sobre su vecina, con la que empezaba a intimar. La cosa no es tan atractiva como en el FB, pero pinta bien: es maja, sencilla, alegre. Han quedado a tomar café, y el domingo irán a montar en bici, buen día para desconectar del sexto continente y disfrutar de una dosis de realidad mundana, que tiene menos fuegos artificiales, pero nutre capas más profundas.

Jorge Urrea es experto en gestión de crisis y autoconocimiento. Escritor y conferenciante multilingüe. www.psico-tao.com

un hombre como yo

Hace ya algún tiempo le preguntaban a mi esposa en un congreso de mujeres dónde se podía encontrar un hombre como yo, y si no había, cómo educarlo para que fuera sensible, colaborador, cuidador, etc. Me lo contó a la vuelta de su viaje y tras la risa, me quedé perplejo primero porque ese fuera un tema de conversación, y luego porque la gente no se dé cuenta de que yo no siempre he sido así.

Pensé en el auditorio y conecté con tantas historias de mi consulta, donde gente soltera, fundamentalmente mujeres, se quejan de que no encuentran lo que necesitan como pareja y claro, siguen solas y desesperanzadas. Yo normalmente paso tiempo, semanas, incluso meses, escuchando el dolor que hay debajo antes de intervenir, pero hoy me atrevo a publicar directamente lo que hago después: Intento que la persona vea cuanto da a “sus pretendientes”, como pomposamente pone en Facebook una conocida cada vez que “les da una pista de cómo necesita que se acerquen a ella”, de manera pública, colectiva y francamente exigente, casi desde el trono elevado, diría yo. (¿rescatará alguien a esta princesa de su torre?)

Sinceramente no creo que ninguna persona, sea hombre o mujer, entre de buen grado a un vínculo donde la primera palabra es exigente. Incluso si es en términos sanos y deseables, pero a nadie le gusta que le empiecen riñendo o amenazando con la retirada de amor antes de empezar. Todavía menos si la lista se completa con un contrato previo al encuentro que asegre hijos, dinero, estatus, saber apreciar la comida tibetana y la música Kurda, por ejemplo.

Yo he sido uno de esos solteros maduritos, que tras una separación, estaba todavía en época de curar las heridas, por lo tanto no muy deseable para nadie; vamos que era una piltrafilla incapaz además de soportar exigencias, pero me encontré una persona que me dio antes de empezar a hablar, y luego siguió dando, a lo que gradualmente respondí dando. Cada uno lo hizo en su tiempo y mesura, pero dando. Eventualmente, tanto ha sido el dar y recibir que en pocos años hemos  tenido dos hijos, casa, árbol y libro conjunto publicado (Ingenio, sexo y pasión).

Nada de esto ha sido exigiendo, sino generando una relación donde uno desea estar cerca del otro, y crear algo juntos. No hicimos un macheo perfecto de nuestras afinidades, gustos, medidas y estudio de ADN. No. Nos limitamos a dar lo que podíamos y respetar el tiempo propio y del otro. Llegado el momento nos lanzamos a una mayor intimidad y compromiso estable, donde encontrarnos en paz o en guerra, pero encontrarnos, y crecer aprendiendo de lo que hay, y crear en base a lo que sí se puede.

Hubo un momento, en que todo parecía loco, pues la velocidad de transformación de uno, de otro y de la relación, fue muy alta, y a mí me provocaba vértigo, pero no era más que mi resistencia al cambio y mi necesidad de controlar un proceso incontrolable, donde muchas parejas que llevan todo aparentemente controlado y han vivido juntos durante años, se estrellan a pesar de las supuestas seguridades.

En conclusión, animo a todos los solter@s a dejar de pedir por adelantado y no mirar a los pretendientes como artículos de consumo, donde unos parecen mejores y otros peores. En esa subasta a mí no me habrían comprado. Atrévete a viajar, acompañado, independientemente de los comienzos. Nunca se sabe, la historia, la literatura y el cine están llenos de ejemplos interesantes y sorprendentes como “El velo pintado”.

La clave está en aprender a dar y recibir, en respetar, intimar y comprometerse, para hacer viajes más interesantes que si uno se queda en la orilla guardando la ropa, o en la barrera sin salir a torear. Nadie da  garantía de que en un caso u otro, la relación sea sostenible y perdure en el tiempo, la mía tampoco, pero yo sí me atrevo a garantizar que la experiencia será infinitamente más rica e interesante que si uno se queda oteando el horizonte desde tierra.

Atención Plena: mucho más que relajación.

 

La atención plena sigue siendo un concepto de difícil comprensión para los no iniciados, y en sus vertientes más profundas, todo un enigma para la gran mayoría, que lo identifica con una simple técnica de relajación. Hoy me gustaría comentar cómo cambia la percepción en base a una experiencia con un reventón de rueda este fin de semana.

Conducía desde el País Vasco, a velocidad moderada, sereno, disfrutando del paisaje, con atención plena, cuando el indicador del coche me avisó de que perdía aire por una rueda, y en escasos 20 segundos, pasé de una presión de 230 a cero. Circulaba sobre tres ruedas. Llevando un cuatro por cuatro, sentí que el coche no perdía equilibrio, y decidí rodar lentamente hasta una gasolinera cercana, donde parar no implicara un riesgo, aunque pudiera salirme más cara la reparación por haber destrozado las ruedas rodando sin aire (invirtiendo en pérdidas, perder para quizás ganar). Efectivamente, había reventado. Tuve suerte, pero en toda la escena rodaba más lento que la mayoría (mindful, relajado diría la mayoría), y el acceso a mayor información, me dio una capacidad de decisión mejor que ir a 180 km hora, con volantazos agresivos, urgencia por parar en medio de la autopista, etc. Dos panoramas distintos, con consecuencias distintas, vamos.

Lo que sigue fue un cambio de rueda por la galleta (pequeña rueda de repuesto con un máximo de 80 km hora para rodar), y retomar el camino a casa. Me entró un poco de ansiedad, porque se hacía tarde y el viaje se alargaba mucho dentro de la noche, por lo que los niños estarían cansados y al día siguiente tenían colegio. Sin embargo, con atención plena, me di cuenta de que mi familia era demasiado valiosa como para arriesgar y rodar el coche más rápido, como me proponía el genio de la grúa. El mundo está lleno de “expertos” formados no se sabe dónde, ten cuidado dónde te asesoras y desde donde lo haces. Si tienes prisa solo querrás escuchar al que te diga que sí puedes.

Lo más interesante del ejercicio de consciencia viene después: al tener que rodar a un máximo de 80 km/h decidí poner los warnings de coche averiado porque había muchos puertos de montaña por pasar, y tanto los turismos veloces, como los pesados camiones se podían llevar un susto por no poder frenar ante un coche mucho más lento, cuesta arriba o abajo… La sorpresa fue, que en vez de agradecerlo, muchos samaritanos se esforzaron en hacerme saber que me debía haber confundido, que tenía los warnings encendidos. Iban tan rápido, que su velocidad no les permitía entender que la mía era muy inferior por motivos de seguridad. Su limitada percepción no les dejaba ver mi realidad. No me lo tomé a pecho, “tan solo querían ayudar”, pensé, hasta que uno se emperró en hacerme ver su versión de la realidad de manera insistente, con luces, claxon, y hasta frenando frente a mi (para habernos matado con mi mini rueda, líbreme Dios de los bien intencionados…)

El estilo de vida Mindful, de atención plena, es sin duda más lento que esta alocada vida que llevamos corriendo en todas las direcciones sin saber habitar el presente, pero no es solo una manera de vivir más relajada, es un manera de vivir consciente de lo que pasa, en mi coche y en el del otro, en mi trabajo y en el del otro. Esto  ayuda profesional y personalmente a mejorar las relaciones, tener más empatía, ejercer un liderazgo consciente, ser eficiente, mejorar la productividad, seguridad, etc.

Para finalizar la historia, me gustaría añadir, que una vez que renuncié a llegar a la hora prevista, y asumí que la velocidad había cambiado (slow life), pude disfrutar de la carretera de noche como hacía años que no lo hacía. Llegué a casa cansado, pero mucho menos que si me lo hubiera tomado con estrés (mejoré mi rendimiento y lo hice sostenible), pero lo mejor fue que mental y emocionalmente sent