Orgullo autoritario

Juan tiene claro que no hay nada como el liderazgo autoritario: «cuando las cosas van mal, y el caos reina, es necesario que aparezca un Napoleón que acabe con la demagogia del consenso, para poner orden y focalizar la atención en lo necesario, en lo que urge, en lo que no puede faltar, y en lo que trasciende». La mala noticia es que la misma historia está llena de ejemplos de líderes que accedieron así al poder, y que cuando les tocó salir y dejar espacio para el armónico orden natural, no fueron capaces de hacerlo, centrándose en su propia persona, dejando al lado el bien común.

Juan añade, no sin razón: «a falta de información, todas esas voces inexpertas que opinan no son más que ruido, no se puede hacer una asamblea sobre cada cosa para ver qué considera todo el mundo. Se convierte en algo ineficiente, que retrasa todos los procesos hasta el mayor de los absurdos».
Y sigue: «la gente no tiene ética, no hace lo que debe, necesita que la contengan, y el miedo es la única manera. Harán lo que les dejen, y yo no pienso permitir desmadres en mi presencia».

¿Tiene razón Juan? Como todo el mundo, ve una parte de la realidad y tiene una parte de razón. Repasemos un caso extremo para ver con lupa, aunque cada historia debe ser analizada por separado. Hoy, en la luz del final del que supongo primer confinamiento del Covid-19, mayo 2020, mucha gente todavía no ha entendido la trascendencia de la enfermedad, la capacidad de contagio, y la imposibilidad de dar asistencia médica a tanta gente al mismo tiempo, lo que lleva a una mortalidad inaudita en una «gripe». Esa gente que no entiende no se autocontiene, pero también hay otros que, aunque entienden, no son capaces de autocontenerse. Hay personas que siembran las redes de mensajes de rebeldía, y no se quedan en casa, poniendo en peligro al resto, porque cuando enferman sí acuden a los mismos centros médicos, contribuyendo a la saturación, y evitan que otros puedan acceder a ellos. ¿Hace falta firmeza autoritaria en este caso?

Una dosis de cruda realidad: en el mayor pico de la enfermedad en la primavera de 2020, el doctor X, reconocido médico de un hospital público de Madrid, me pidió ayuda para sostener emocionalmente una situación que le hería como persona y minaba como sanador: «la edad máxima para acceder a un respirador ese día, dados los recursos existentes, era 55 años». Los «mayores» de esa edad solo recibían paliativos (morfina), lo que tenía como consecuencia, morir con dulzura, al no poder respirar.

Conecta con lo que eso significa para ti y los tuyos, si ya has tenido muertos cercanos, o si los puedes llegar a tener. No estamos hablando de quitar dos o tres años de esperanza de vida a un número de octogenarios, que ya es grave cuando lo leemos en la prensa, me refiero a perder 30 años de vida, personas a las que él veía la cara, y que muchos tendrían dependientes (niños y ancianos). En pleno «estado de guerra», (que es como se ha vivido en los hospitales, porque la «alarma» solo fue la primera semana) este médico sufría mucho al ver partir a dos de sus pacientes al día, a los que solo podía aliviar el tránsito con los medios que le daban. Él, que había dedicado su vida a salvar personas, no podía hacer otra cosa, y sufría emocional, mental y espiritualmente, como es normal. Por mucho que nuestros «soldados de la guerra o la salud», se tengan que endurecer para sobrevivir el día a día, la tragedia va calando en nuestras células, dejando secuelas, como ha quedado demostrado en numerosas ocasiones…

Continua la lectura en mi libro “Las mil y una crisis”, próximamente a la venta.

Infiel 1


(Adelanto de mi nuevo libro “Las mil y una crisis”)

Leo a una supuesta reputada psicoanalista sobre la infidelidad, y quedo tan escandalizado, que me veo obligado a responder. Aunque no la señale con el nombre, vayan por delante sus conclusiones para saber lo que contesto.
“El infiel es un hombre, inmaduro, neurótico, que está siempre pendiente del vínculo antiguo que tuvo con la madre, resentido contra el padre que se llevó a su madre, reclamando su atención y abandonándole, lo que por consecuencia reproduce con sus hijos”.

Me pregunto en primer lugar por qué este empeño reciente en generalizar y etiquetar negativamente a los hombres, ignorando que las mujeres también tienen sus veleidades, como es humano. Ahora somos los únicos infieles, dato que contradice cualquier encuesta anónima que busques en Google y, además, dice, “los hombres lo perpetúan, pasando de generación en generación”. Una manzana de Adán sin Eva.

Añade, por si fuera poco, que: “el infiel no busca a la persona con la que es infiel, sino el mero acto de deseo del objeto, como un niño con un juguete”.
De nuevo se describe a la mujer como víctima del hombre, depredador (palabra extendida en uso, que no describe deseo de encuentro, sino un cazador que “devora”, faceta desconocida de Casanova, que las dejaba encantadas), que la cosifica (tremendo palabro que no creo que compartan la mayoría de los amantes de cualquier sexo, y que los que sí, quizás anden jugando a lo mismo). En cualquier caso, este lenguaje no hace bien ni a unos ni a otras, no somos víctimas ni cosas, ni demonios unos ni ángeles otras. Paremos esta construcción de creencias colectivas alienantes e hirientes con la sensibilidad más esencial del ser humano, hombre o mujer.

Estas afirmaciones pecan tanto de simplificación como de complicación, y las contesto porque son profundamente antiterapéuticas, ya que perpetúan la herida en origen y consecuencia, encerrando el tema en la culpa, como un círculo vicioso del que no se puede escapar. El mensaje de fondo es:
La culpa la tiene tu padre que te hizo así, y tú estás haciendo lo mismo a tu hijo. Malo, malo. Eso no se hace, eso no se toca. Tú, mujer, no te dejes, que te van a cosificar.

¿Le funciona a algún paciente suyo o simplemente lo eterniza en su consulta abriendo heridas a perpetuidad en base a su interpretación, y cobro semanal?
Si nos olvidamos del sesgo de género, la culpa es la misma vieja cantinela llena de juicio, en contra del instinto.
Lorca dijo: “Lo único que nos separa de nosotros mismos es negar nuestro instinto”.
El Dr. Claudio Naranjo habla en su libro “Cosas que vengo diciendo” de la necesidad de integrar el instinto, tan criticado en nuestra sociedad de la razón sin corazón, como modo de volver al amor y a la madre (el origen de todos), para aprender a amarnos y así amar de verdad a los demás.
Después de dos referencias así, con las que estoy de acuerdo, la verdad es que cuesta seguir escribiendo, pero pongamos un poco de conciencia con casos concretos en lo que sí que sana y resuelve crisis, en vez de hacer ricos a los que viven de nuestra culpa.
Tú, hombre o mujer, ¿eres infiel de pensamiento u obra? ¿Por qué y para qué? Acompáñate sin juicio, pero exprésate con prudencia, porque efectivamente, nuestra sociedad no lo contempla bien y no está preparada para tu verdad, que puede estar cargada de razón para ser infiel, polígamo o poliamoroso, pero los que lapidaban en la biblia todavía no han aprendido. Mira dentro de ti qué es ser infiel en primer lugar: puede que antes de ser infiel al otro, lo seas a ti mismo. ¿Cariño qué nos apetece comer esta noche? ¿Qué película queremos ver? Es una manera de infidelidad a uno mismo, sobreadaptativo, abandonado a lo que el otro responda. No pierdas contacto con lo que tú quieres, y busca un encuentro con el otro, pero sin renunciar a ti.

Continua la lectura en mi libro “Las mi y una crisis”. No te quitrará el sueño, te dejará en paz.

Entrevista, cómo salir de vacaciones tras la cueva


En esta corta entrevista, abordamos cómo salir de vacaciones con conciencia, de manera prudente y alegre, dejando el síndrome de la caverna, sin pasarnos al otro extremo, recordando las lecciones aprendidas, para poder disfrutar de lo sencillo, lo natural y el amor.
https://www.ivoox.com/pierdete-disfruta-apydisfruta-pilar-carrizosa-08-07-20-audios-mp3_rf_53472864_1.html
Mi parte es desde el minuto 33,20, pero el resto del programa “piérdete y disfruta” es siempre interesante.

Entrevista Serenidad en la Crisis


https://www.youtube.com/watch?v=tKIWLP8bLoA&feature=youtu.be&fbclid=IwAR1_wsHcTFtwgjQYqX288kaBhNKENRw7juhCfTT3yt-HrjfAMPevmRYIGGk

DESCONFINARSE: saber amar, vivir y morir

Juanma no puede más con el confinamiento, que en Madrid no acaba de llevantarse. Vive solo, y siente que el pecho no le bate, que está congelado, ya no sabe si es por la enfermedad, su emoción, o su falta de emoción. Recibe una invitación de cumpleaños clandestino de una amiga que vive cerca, y sale furtivo de su casa, enmascarado, con gafas para proteger los ojos y una capucha para el pelo, guantes en las manos no, porque su piel necesita sentir el aire de alguna manera. Intentará no tocar nada por la calle. De camino, siente que algo de oxígeno llega bajo la mascarilla, pero no tanto como le debe llegar a la gente que se cruza, sin protección. Le da envidia, pero la sostiene, es un buen ciudadano, con carácter social, implicado en que la sociedad vaya bien. Piensa, “No me quedo en casa porque no puedo más, pero me responsabilizo de cuidar a los demás”.

Al llegar a casa de su amiga, le abre el marido, sin mascarilla, y tras un segundo de dudas sobre si saludarse con el pie, el codo o dejarse paso, deciden abrazarse. Algo mágico sucede, el pecho se le abre, tiene ganas de llorar de alegría. Había olvidado la sensación de un abrazo. Entra al salón y se encuentra cinco amigos, incluida su querida Ana, todos sin protección. El ambiente es distendido beben vino todos pegados en el pequeño sofá, como antes, incluso fuman. El desnuda su atuendo, y su amiga se le echa a los brazos. Juanma ríe y llora, el corazón bate todavía más alto, o más profundo. Se sienta, charla, cantan a Chabela y también aquella canción de Mecano “Aire”, lo suficientemente juntos como para vivir aquella “experiencia sexual” de ser respirado por otro y en otro. La marihuana en el bolsillo parece palpitar, se lía un porro y lo comparten todos en paz y amor.

Cuando vuelve a casa, de nuevo protegido, o quizás ahora protector de los demás, llama a su pareja. Hace “9 semanas y media” que no la ve, porque vive con sus padres y ella prefiere asegurarse de que nada les pueda contagiar. Juanma le cuenta lo sucedido, y ella, aunque intenta no juzgarle, no puede evitar enfadarse, y le dice que aunque levanten el confinamiento, no podrán verse, hasta estar seguros de que no se ha infectado. No puede soportar la idea de perder a sus padres por una contaminación dionisíaca de su pareja. Juanma no la juzga, la quiere libre de ser quien es, tanto como a si mismo.

Juanma cuenta todo esto visiblemente transformado. Se ha vuelto la María Magdalena de sus amigos, ofreciendo abrazos a todos aquellos que lo necesiten, al precio que sea. El confinamiento todavía no ha sido levantado, no hay medidas de seguridad, para él ni para los amigos, pero “la vida es así”, quien quiera tomarla como él que dé un paso adelante.

Cuando escucho a Juanma, no me sale juicio. Ha hecho su camino, y ha sido responsable porque le ha dicho a su pareja la verdad, y dice comprometerse a seguir cuidando el entorno público. Yo, que también me quedo en casa, me pienso como un hombre más estricto, aunque quizás tan solo tenga más aguante por ahora. Quiero que mis padres, con casi 80 años, sepan que pueden venir a mi hogar en el campo, seguros de que nada les va a pasar. Tengo un jardín grande lleno de rosas y quiero regalárselo. Llevan más de dos meses metidos en un piso pequeño lleno de libros, tantos que ocupan el salón en columnas desde el suelo, sin espacio para bailar y expresar la necesidad de libertad. Sin embargo, ¿querrán ellos venir? ¿Confiarán en mi palabra o preferirán seguir en su nido? Quizás ellos no sientan que los libros les agobian, sino que les acompañan, les cuidan, les protegen, les recuerdan la humanidad y la vida más allá de sus paredes, con la maestría de nuestros literatos, que unen belleza y verdad en pocas palabras. Aunque tampoco les juzgaré si deciden no venir, me dolerá su ausencia y tendré que conformarme con la tradicionalmente tan denostada tecnología por algunos, que en estos momentos es para todos mejor que nada. Lo más importante para mí, es recordar que ninguno hemos venido al mundo a satisfacer las expectativas de los demás. Si nos encontramos bien, y si no, no pasa nada, tendremos otras cosas que vivir, gozar y aprender. Vaya mi amor por todos nosotros y nuestros caminos sagrados, con multa o sin ella.

Erotismo en confinamiento


Marta está sola en casa, tiene un novio al que no puede ver por el confinamiento, y cuando le pregunto si no se atreven a tomar la excusa de la compra para ir a verse, me aclara que en realidad también le da miedo el contagio, porque él ha pasado el coronavirus hace un mes, y no tiene claro cuando pasará el efecto. Tiene miedo.

Me imagino que él tendrá una crisis de soledad y sensación de no ser digno, como la que viven los médicos acosados por vecinos, preguntándose qué han hecho ellos mal, para que les rechacen. Marta es muy conservadora, de fuertes creencias religiosas, por lo que no sé cuanto vive ella el sensualidad y la animo a explorar otros puentes virtuales, donde mantener viva esa otra llama del amor, que es el erotismo.

La animo a leer algo de literatura erótica, para que esa energía siga moviéndose por su cuerpo, buscando manifestarse, en vez de quedarse estancada. Le propongo la lectura porque las mujeres son menos visuales y más imaginativas en general, que el hombre. Me lo confirma con un ejemplo, se leyó las sombras de Grey, pero la película no le apasionó.

Me llevo la grata sorpresa de que en su caso, la religión no ha impedido tampoco que Marta se toque pensando en él, pero me da pena que de fondo le queda una sensación de soledad, de que en realidad no hay contacto, no hay penetración, no hay calor, sigue abandonada en el confinamiento.

Comentamos la posibilidad de explorar en otras direcciones, abriendo movimientos nuevos. Puede compartir con él el relato de lo bien que se pasó pensando en él, las cosas que imaginaba que él le hacía, y ella a él. Al decírselo ella muestra una resistencia que me hace pensar que quizás no está preparada para decírselo en directo, y menos con vídeo conferencia. Se me ocurre entonces que le escriba una carta, a la antigua, con papel y bolígrafo, donde ella vaya ahondando en su deseo y lo plasme en sugerentes palabras, que muestren su fuego, y le contagien a él. Ahí ella se ve más a salvo.

Por ahora me parece que está genial, después puede ir pasando al intercambio de fotos que insinúen, de comentarios, de comunicarle las ganas que tiene de él, elevando el erotismo, esa serpiente que sube por la columna y se ramifica por extremidades hasta estallar en las manos y el corazón, y salir exhalada por la garganta como el alma que vuela de vuelta a Dios.

Aunque no es necesario, si en algún momento se atreven, pueden ir narrándose en tiempo real, lo que cada uno está viviendo, por teléfono, sin imagen, dando juego a la imaginación. Los más visuales, pueden también intercambiar alguna imagen, o vídeo en tiempo real, si no quieren dejar pruebas de lo sucedido, lo que puede ser prudente con amigos pasajeros, y desconocidos de las aplicaciones del amor.

Eventualmente, la animo a desatar toda esta comprensión de su propio erotismo, sola o acompañada, pero verdadera maestra de su cuerpo, donde la crisis le haya traído la oportunidad de aprender a gestionar su propio sentir, en vez de estar encerrada en su Casa, en su cuerpo. Estar excesivamente pendiente del placer del otro, tal y como nos lo narraron a tantos, es sin duda la gran calamidad del sexo, y también la razón por la que mucha gente no muestra verdadero interés, porque cree que no va con él o ella, sino con el otro, y convierte el sexo en otra obligación más, externa, sin motivación intrínseca.

El master sin embargo se alcanza con el dominio de los sentidos, el movimiento, la respiración y la entrega al presente, con sensación de honrar la vida, de estar vivo, pleno, radiante, e incluso por unos instantes, ser más de lo que es uno mismo, ser energía, ser todo y ser nada, porque cuando uno se abandona en los brazos del Amado, uno deja de ser uno para ser Uno con el todo. Si no lo conoces, ya estás tardando, ve, experimenta y entrégate, la vida son dos días y solo te queda uno.

Claves para el teletrabajo

En cuarentena descansar es una cosa, teletrabajar otra, y cuidar del hogar y los niños y dependientes otra distinta. Aunque ya compartimos unas rutinas generales para llevar mejor el confinamiento hoy nos enfocaremos en cómo llevar el teletrabajo de manera eficiente y saludable. (vamos de lo más práctico a lo más profundo)
1) Hazte un horario de actividades, siéntate a pensar sobre él, y luego cúmplelo.
a. Según tus circunstancias, por ejemplo, si tienes hijos, te conviene pensar en sacar horas de alto rendimiento, en momentos donde los niños no necesitarán atención tuya. Si sois varios mayores, podéis organizaros por relevos, pero es importante que los niños sientan que hay alguien en el barco, gobernando, de igual manera que es importante que garantices tu plena atención el tiempo que trabajes. Tengo una clienta escritora que normalmente trabaja de noche, mientras que los niños están dormidos. No deseches trabajar algunas horas al menos en horarios raros, si así te garantizas mejor rendimiento, y posterior atención al hogar, aunque si necesitas conectar con clientes y otros colegas, probablemente ésta es una solución parcial, que debas indicar en tu firma, para que los otros no esperen una respuesta inmediata.
b. Incluye en el horario, espacios para comer, quizás cocinar (os podéis turnar si sois varios), hacer algo de deporte que active tu cuerpo y mente.
c. Pon un límite horario a tu dedicación laboral, incluso si no coincide con el rendimiento que tenías en la oficina, , y ponte una hora concreta donde desconectar y entregarte al descanso, ocio y aburrimiento si cabe, que también es importante. Mañana será otro día, y debes presentarte fresco para hacerlo más rápido. El efecto over-stretching de que el trabajo lo ocupe todo, es altamente improductivo y generador incluso de estrés crónico, del que puedes tardar años en recuperarte (lo digo por experiencia).
2) Duerme tus horas, levántate y aséate.
3) Es tu responsabilidad crear un Best Place to telework, cuídalo, prepara el espacio para poder trabajar bien, limpieza, luz natural y silencio si es posible. La cama o el sofá no es ergonomía.
4) Si tienes video conferencias asegúrate de que el sonido y la luz son buenos, prepara unos casquitos, y no te sobre adaptes si la señal no es buena, sé natural y avisa de que no puedes oír o ver bien. Encuadra bien la imagen para que se te vean los gestos, y si trabajas con el teléfono ponlo a la altura de la cabeza (una pila de libros vale). No porque tengas una tele inteligente enorme donde tú ves bien desde el sofá significa que la imagen el otro percibe sea buena, cercana, donde pueda entender lo que te pasa (por experiencia sé que, el otro lo que ve es a alguien al fondo en un sofá, con mala imagen y sonido). Despídete con la misma calma y atención con la que lo harías en la vida real. Un click antes de tiempo, puede ser recibido como una falta de consideración. Cuida el clima virtual como el real, con inteligencia emocional.
5) Come bien, mal alimentarse no puede ser en ningún caso, una rutina. Ataca tu energía y genera enfermedades y bloqueos en el segundo cerebro (el estómago).
6) Ponte un tiempo de lectura o visionado de información que no supere más de un tercio de tu jornada. Menos es más, sé selectivo con tus fuentes de información, para no intoxicarte con desinformación o basura emocional, que te coloque en un lugar de miedo, víctima, ocio, etc.
7) Después de recopilar la información, digiérela sacando conclusiones para ti, para lo tuyo. ¿Qué puedes hacer hoy con lo que está pasando?
8 ) Ejecuta aquello que esté en tu mano, resuelve temas concretos. Planificar temas abstractos está bien, es mejor que correr en direcciones equivocadas, pero al final del día también necesitarás irte a la cama con sensación de haber hecho cosas concretas.
9) No estás solo. Pide ayuda dentro de tu empresa, a nivel vertical y horizontal, y también fuera, a nivel institucional o entre empresas. La crisis puede ser un buen momento para alianzas. Construye vínculos fuertes con tus equipos, clientes, proveedores, dale tiempo a diario, desde una inteligencia emocional.
10) Da las gracias, o al menos siéntete agradecido, por todas las personas que permiten que tu vida laboral sea posible y que te ayudan en esa labor.
11) Sé impecable, haz lo tuyo lo mejor que puedas y retírate, sin esperar que eso se plasme en ningún logro concreto en el corto plazo. Aprende a trabajar fuera de la imagen del éxito, te apuntalará durante la crisis, y te fortalecerá para cuando salgas de ella.
12) Aprende a liderar virtualmente con serenidad en estos tiempos de crisis: la gente no necesita que le alarmen más ni le crispen, ya rebasaron el nivel de saturación en ese sentido. Necesitan una presencia fuerte, sólida y serena, que gobierne bien sus emociones, que les ayude e inspire para sacar lo mejor de esta situación.

Entrevista sobre Gestión de Crisis para el mundo profesional en Radio Las Palmas

El reto de hoy: confinamiento en modo avión

Aprender a Amar en Confinamiento

Hemos vivido años de gran prosperidad incluso cuando no sabíamos que así era. Comíamos, viajábamos y disfrutábamos de un ocio con pocos límites en comparación con los que vivieron nuestros padres, y muy lejano de aquel de nuestros abuelos. Los más pudientes tomaban aviones para ir más lejos, porque eso debía ser mejor, y los ultra ricos planeaban salidas al espacio, porque eso debía ser lo más. Con tanto viaje, prosperidad y expansión del límites, ¿cómo ha evolucionado nuestra capacidad de Amar?

Marisol, una clienta mía de Madrid, presentaba todas las semanas gran fatiga y dolor en el cuello, por conducir cada viernes hasta Galicia, para disfrutar del mar, o al Pirineo, para disfrutar de la nieve. Tener tres casas y un barco, suponía una obligación de disfrute, a la que no podía renunciar por mucho que yo le indicara que la veía agotada, y propusiera que se quedaran un fin de semana en casa, para disfrutar “del dulce no hacer nada”. Con su carácter abnegado por la familia, no solo se ocupaba de prepararlo todo durante horas para ir y volver de estos destinos, sino que también preparaba sándwiches caseros de ternera asada por ella, para no parar en la carretera, cubriendo ella todo el trayecto como conductora (viernes y domingo), para que su marido descansara de trabajar durante la semana. Toda esa preparación la ocupaba antes de ir, durante el viaje, y al llegar a destino, donde debía desempacar todo, preparar la casa, llenar la nevera, los niños, etc.

Llega el confinamiento, y Marisol, no ve el mar ni la nieve, pero está más contenta y serena. Disfruta más de los niños, de su casa, cocina con amor, ha corrido media maratón en una cinta mecánica el sábado, y aunque se queja de no parar de hacer cosas, porque ya no tiene servicio doméstico, el saldo es positivo, al menos estas primeras semanas. Su marido está más cercano, o menos distante, la demanda más. Puede que sea porque ya no puede ver a su amante, y esté aprendiendo a encontrar más satisfacción en lo inmediato. No lo sé, porque no es mi cliente, es ella la que me lo cuenta, también con más serenidad que estos últimos meses, donde aguantó la infidelidad de él, recordando la suya propia, esperando que se le pasara el capricho, pero con la angustia de ver peligrar su familia, estructura, incluso sustento de vida.

Como digo, Marisol, está más contenta, y me pregunto si este adjetivo, en la luz del confinamiento, no tiene que ver con la contención (contento). Tanto correr en todas las direcciones para vivir algo superior, creo que nos separa de nosotros mismos, de nuestro propio corazón, de la profundidad necesaria para encontrar el alma del otro, y de nosotros mismos en nuestro quehacer. Pasamos por la vida corriendo, y nuestros ojos se acostumbran a ver tanta variedad que dejan de apreciar, pensando que lo mejor debe venir después, superficiales en la mirada y en el sentir. La Vida en confinamiento parece que nos apretara entre sus brazos, recordando que solo en el límite, en el abrazo, podemos Amar.

¿Cuánto durará el confinamiento? ¿Cuánto necesitamos estar contenidos para aprender a estar contentos y Amar? ¿Cuántas cosas necesitamos para contentarnos? ¿Cuánto viene a quitarnos el virus para que seamos felices, en unos límites más estrechos? Marisol ya lo tiene claro, espero que no lo olvide rápidamente, y que sepa imponerse cuando su marido la lance de nuevo a esa vida trepidante. Si Dios está intentando crearnos nuevas rutinas saludables para que aprendamos, nos quedan hasta cumplir 100 días, que es lo que dicen los sabios antiguos que necesitamos para fijar el hábito más allá del cerebro, en el corazón. Mientras, impidamos que nos “entre-tengan”, y leamos apaciblemente algo bello, interesante y profundo, como a Baudelaire, que dijo hace casi 200 años:

“Para que algo resulte interesante, basta con mirarlo largo tiempo”.

Acompañar al enfermo a distancia, y más allá

Alvaro tiene casi 50 años y está pasando la enfermedad en casa a solas, porque hija se ha quedado con su exmujer para evitar riesgos. Es autónomo y no sabe de qué va a vivir, pero es un hombre fuerte, tiene familia y muchos amigos a los que ha cuidado y que ahora le apoyan, saldrá de esta. A él se lo ha contagiado su padre, quien está en la UCI “con morfina para facilitarle el tránsito”, su madre acaba de ingresar por no poder respirar, pero su pronóstico es mejor (la mortalidad de hombres con esta enfermedad es el doble). Alvaro se debate entre la fiebre del virus, y de la ira porque en el hospital no le quieren decir gran cosa sobre su padre, y aunque el padre tiene un teléfono por el que comunicar, delira con la fiebre y otras complicaciones que se le han cruzado y le están matando.

Alvaro, como tantos otros en esas condiciones, tiene la angustia de falta de información y de control sobre la situación, y contacto con un familiar, que está sufriendo aislado. No se trata solo de cómo acompañarle en su dolor y darle ánimos, sino también apoyarle en lo que en muchos casos es una transición hacia la muerte.

Alvaro es mi amigo de toda la vida, he convivido con sus padres en su casa y durante vacaciones de mi juventud. Hoy lloro con él, a distancia.

Todos tenemos a alguien que va a enfermar incluso morir estos días. Para unos será una persona muy cercana, y para otros menos cercana, pero con un impacto grande sobre un amigo o familiar, al que querremos acompañar de alguna manera. El crack del sistema sanitario nos conmina a enfermar en casa los que podamos, y a cuidar de nuestros enfermos y ancianos, pero ¿cómo, si a menudo no podemos ni acercarnos?
Si tú estás enfermo, recuerda que no eres un apestado, que eres un ser digno de cuidado y amor. Pide ayuda para lo que necesites, que el mundo verá como proveer. No solo son médicos, también los vecinos, familiares, amigos, militares, policías, protección civil. Todos te pueden hacer la vida más llevadera en este momento.

Por nuestra parte, los que no estamos enfermos, pero nos afecta todo esto emocionalmente, debemos atender a lo que nos sucede, dándole espacio, expresando, liberando el grito y las lágrimas, para poder ir a lo siguiente. Viviendo conscientemente podemos convertir emociones como el miedo, la ira, el dolor, la tristeza, en algo funcional, y trascenderlas. Es necesario vivir y trascender para poder evolucionar y no quedarnos anclados durante años en una emoción negada, reprimida, cristalizada en nuestro ser. Las catarsis colectivas e individuales, desde balcones o por internet, llevadas hacia la luz, ayudan a canalizar estos trances y sentimientos, con una sensación de que uno no está solo. Somos energía, fomentemos grandes campos energéticos de apoyo (no de odio).

Veamos cómo puedes cuidar del enfermo, moribundo, incluso muerto, desde tu casa, incluso si no puedes acercarte o comunicar con él. Piensa en lo que esta persona necesita de verdad y ofréceselo. SI tienes acceso telefónico no quemes ese rato tratando de controlar lo que hace o deja de hacer, cómo se comporta con el personal médico, y si está comiendo bien o no. Tu control no ayuda, confía en los profesionales que harán lo mejor que puedan. No estás en disposición de cambiarlo de hospital ni ejercer influencia sobre un personal sanitario ya desbordado, que no tiene tiempo para ejercer, menos para gestionar tu angustia (eso hazlo con tus seres queridos y psicoterapeutas). Además, el hecho de ser anciano o estar con funciones mentales deterioradas no te convierte en un niño al que su hijo puede regañar y castigar emocionalmente. Necesitan un buen acompañamiento. ¿cómo lo puedes mejorar?

Diles que les quieres, dales las gracias por lo que sí que te dan y dieron, lo importantes que fueron en tu vida, hazles sentir acompañados no solo por tu voz, sino también por toda la gente que hay detrás y que no se puede poner al teléfono, pero que también se interesa y quiere saber. Sois muchos, no está solo. Evoca buenos momentos de vuestra vida, buenas sensaciones y vibraciones en las que descansar hasta que dé el último aliento. Ayúdale en sus miedos ante lo desconocido, algunas personas están preparadas para la muerte, han tenido una vida ejemplar y tienen fuertes creencias religiosas que les dan sustento, pero otras, descubren que su vida y espiritualidad no ofrecen cobijo y sienten mucho miedo. Ayúdalas a sostenerlo y hacer el tránsito hacia una vida mejor, o al menos una muerte mejor.

Muchos morirán sin una cara conocida a su lado. Serán incinerados y a sus familias les darán las cenizas “en un futuro”. Si no tienes ninguna manera de comunicar con los moribundos (o velarlos, si ya han fallecido), haz un acto sagrado en el espacio del que puedas disponer, por algún recuerdo de ellos, una foto, un objeto, algo que para ti le de un significado y te ayuda a sentirte conectado con la persona. Muchas tradiciones incluyen el fuego como canal, una vela, otras el agua. Da igual, hazlo a tu manera, pero entrega toda tu atención y presencia, en este apoyo a distancia. Lo puedes hacer sólo o acompañado con más familiares, en el mismo espacio, o de manera sincrónica desde otras casas. Puedes hacerlo rezando, meditando, cantando, intentando mantener el foco de atención en el otro, siempre acompañando a su espíritu, que de acuerdo a tradiciones como la budista tibetana, pueden permanecer entre nosotros al menos tres días después de la declaración de la muerte. Dile en tu cabeza que le deseas un buen tránsito, que no tenga miedo, que su vida ha dejado huella en ti, que honraras la vida con tu presencia en ella, en su recuerdo. Cuando sientas que estás tranquilo, puedes dejarlo ir en paz, sin anclarlo a ti. Tu duelo durará un tiempo indefinido, irá y volverá. Deja que el agua corra cuando lo necesite.

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Rutinas saludables para el confinamiento


Dada la crisis desatada por el corona virus, y la cuarentena actual, comparto algunas reflexiones de lo que debe ser una rutina diaria sana, para mantenerse sano física, emocional mental y espiritualmente:
1- Levántate a una hora normal, ni un muy pronto, ni muy tarde, todos los días. No entres en el caos ni dejes que te arrastre. Date tiempo de descanso, aprovecha, pero tampoco pases el día durmiendo.
2- Aséate por la mañana todos los días, aféitate y dúchate, lávate la cabeza y la barba regularmente (foco de infección).
3- Airea la habitación, haz tu cama, y las zonas comunes. Haz de la limpieza y cuidado del entorno, tu meditación diaria. Algo que te traiga calma en el hacer.
4- Cocina zen, tranquilamente, cosas saludables, con amor y dedicación. Las cosas saben distinto y el propio proceso de cocinar así te sentará bien.
5- Lee un libro, ayuda a nivel cerebral, fija la atención, estimula la imaginación, y no fatiga como las luces azules de los dispositivos electrónicos (que debes atenuar en ajustes).
6- Limita el uso de tecnología por motivos de ocio, refuerza el carácter obsesivo, hostil y antisocial. Además, el exceso de información (sobre todo la tóxica) nos hace entrar fácilmente en el pánico, falta de responsabilidad, xenofobia, odio en general… haz un uso virtuoso de la tecnología, que de por si no es mala, nos sirve para conocer y conectarnos, entre muchas cosas. Tómate un descanso para conectar con cómo te hace sentir lo que estás haciendo, leyendo o experimentando y pregúntate si te aporta o quita energía, si te sienta bien o mal, y actúa en consecuencia.
7- Aprovecha para profundizar en ti mismo, y en tus allegados. Es un regalo de las circunstancias. Mírate a los ojos y pregunta como estás, cómo te va la vida, cual es tu sueño al salir de aquí… igual con los demás. Aprende a escuchar sin juicio, sin intervenir con lo tuyo.
8- Conecta con los tuyos gracias a la tecnología y diles que les quieres, que no están solos. Mucha gente sufre a diario, pero ahora el aislamiento les hace más vulnerables. Ancianos, enfermos, deprimidos, solitarios, arruinados… Diez personas se suicidaban al día en España antes del virus. ¿Cuántos lo harán ahora? Refuerza los lazos que nos sostienen a todos.
9- Haz estiramientos y algunos ejercicios que despierten tu cuerpo a diario, incluso a lo largo del día, dependiendo de la edad, más o menos, más o menos intensos. La energía estancada se pudre, como el agua. Publicaré algunos ejercicios de chi kong en breve.
10- Reza, medita, haz técnicas de relajación, pinta con colores, rellena mandalas que puedes imprimir por internet, escucha música con atención, canta, toca un instrumento.
11- Lee sobre inteligencia emocional y autoconocimiento. Muy por encima de la crisis sanitaria hay una crisis económica, de valores, miedo, falta de solidaridad… Aprende pistas sobre cómo gestionarlo.
13- Da las gracias, aprecia lo bueno que has tenido hoy, conecta con tu abundancia en la limitación. Lo esencial es invisible la mirada (el Principito)
12- Haz un diario donde charlar contigo mismo, hacer introspección y dejarte un registro de tu evolución del que ser consciente, releyendo. Pide ayuda a familiares y profesionales si lo necesitas, te podemos dar teleterapia a distancia. No estás solo, estamos contigo.

Claves para la teleterapia para terapeutas y pacientes.

Teleterapia: claves para terapeutas y pacientes.

En vista de la crisis actual, que aísla a la gente, con diferentes grados de estrés, ansiedad, depresión, angustia, miedo, hostilidad, incluso paranoia, quiero compartir lecciones aprendidas durante muchos años de teleterapia para que terapeutas y pacientes, se atrevan a romper prejuicios y resistencias a un cambio tecnológico necesario para todos en estos momentos.

Manual de uso óptimo de la teleterapia:

1- Focaliza la atención: estate a lo que estás. No cuentes tus problemas mientras que pones lavadoras, cocinas y ayudas a los niños a hacer los deberes. Por las mismas, tampoco debes escuchar a un cliente haciendo eso, ni mirando Facebook, por ejemplo.
2- Si es por teléfono (audio) y no estás confinado, un paseo por el parque mientras que hablas es interesante, porque caminando se ponen los problemas a andar, si no hay viento, que produce mucho ruido. La video conferencia desde la calle suele traer muchos problemas de luz, ruido y distracciones.
3- En casa, prepárate para una cita como si fuera en una consulta. Aséate como modo de romper la rutina y desidia de estar en casa (vale para las dos partes), y ten preparado un lugar con intimidad, donde poder hablar sin interferencias.
4- Ten a mano unos auriculares, evitarán que se te caliente la cabeza con el teléfono en la oreja, y tendrás más intimidad, si hay gente en casa. Comprueba que los auriculares funcionan bien antes de empezar o ten otro juego a mano.
5- Aprende a gestionar los tiempos en las agendas y hazlos respetar: tener la sesión telemáticamente no implica que la puedas cambiar en el último segundo. Además, tener gente en otros lugares del mundo implica en ocasiones dar terapia a las 7 de la mañana o diez de la noche. Es cierto, que al mismo tiempo, el hacerlo desde casa, lo hace posible.
6- De la misma manera, las personas con niños a cargo, por ejemplo, pueden tomar o dar el servicio, sin necesidad de que nadie se encargue de ellos. Para ello deben tener la tranquilidad mental de que los niños no van a sufrir un accidente: apaga el fiego de la cocina, mete al niño pequeño en un parque de donde no pueda salir, cierra la puerta de casa con llave… así, podrás entregarte a tu sesión con tranquilidad y concentración.
7- No te cortes de cara a pedir que el otro se ponga en condiciones buenas para la comunicación. Si es con imagen, pide que el otro tenga luz en la cara y que intente poner la cámara a la altura de los ojos y una distancia cercana. Con respecto al sonido, no te sobreadaptes a un sonido deficiente porque pasa factura. Es mejor aclarar que no estás cómodo, y solucionarlo antes de seguir. Para ello, es mejor dejar unos minutos de margen, por si se debe demorar la sesión.
8- La situación de vulnerabilidad y exposición con la que uno llega y se va de terapia es tal, que merece la pena un cuidado y atención especial en esos instantes (incluso si como terapeuta o paciente ya estás cansado). La tecnología corre el riesgo de volvernos más eficientes y menos humanos, sobre todo en el contacto y despedida con los demás. Cortar una sesión o incluso una relación terapéutica con un click es dramático e inútil para tantas situaciones que deben ser maduradas y sostenidas en el encuentro con el otro, donde aprender tantas cosas (terapeutas y pacientes). Date tiempo para cerrar la sesión, hacer conclusiones y despedirte con cuidado.

Espero que haya aportado, ahora lanza tu red de apoyo en esta situación si eres terapeuta, o toma tu apoyo si eres un cliente. La vida no es tanto de dar y recibir, como dar y tomar, y aquí tienes un servicio cercano y versátil que tomar.
Jorge Urrea es terapeuta, gestor de crisis, escritor, y conferenciante.
www.psico-tao.com
cita por teléfono 669075898

Vanidad: espejito, espejito mágico…

Vanidad: espejito, espejito mágico…

La bruja de los cuentos de toda la vida, se mira en el espejo mágico para compararse y saber cómo es con respecto al resto del mundo(antes de los aquelarres de redes sociales, likes y dislikes, que lo han agravado todo). El espejo la reafirma: “tú eres la más bella del reino”. Hasta que un día, no lo es, el espejo ha hablado y ella (que necesita ser la más bella, con un pedazo de dependencia neurótica, vulnerabilidad y fragilidad narcisista, por muy poderosa que nos pinten a Charlize Theron) manda al cazador a matar a la niña (vale, psicópata también). El cazador se apiada de ella, y la niña crece. Desde ese momento, la niña podría ir a matar a la bruja por venganza, o bien, apiadarse de ella, (porque al verla vieja, sabe que no es competencia), sin embargo, y en base a su modelo, también podría aprender a consultar al maldito espejo y acabar matando ella misma a la siguiente generación. ¿Más opciones? Si, que la niña nunca se mire en el espejo, sea bella de por sí, irradiando luz sin buscar nada a cambio.

Si, vale, muy bonito, pero déjate de cuentos, ¿tú serías capaz de no mirarte en el espejo? ¿qué harías tú? ¿Serías capaz de soportar el resentimiento? O ¿te quedarías en el miedo de que te vuelvan a intentar matar? ¿culparías a tu belleza de haber provocado el conflicto? ¿romperías el espejo para no tener tentaciones vanidosas? Todos estos casos y más los he tenido yo en consulta, desde personalidades muy distintas, pero todos pecan de Vanidad, pecamos, incluso el antivanidoso, porque para poder hacerlo busca lo contrario de la vanidad, es decir, otra imagen. Además, una pista, el espejo no se puede romper, porque siempre podemos mirarnos en los ojos de los demás o en nuestras acciones (que es donde se miran esos brujos, que se comparan los salarios, ejercitos y tamaños de todos los tipos).

Hay un libro llamado Divergente, luego llevado a película taquillera, que a mi me generó cierto interés más allá de la acción. Tenían 4 facciones o grupos por personalidad, y un grupo se llamaban los abnegados: era gente con mucha capacidad de esfuerzo y autodisciplina, sin interés por las apariencias, vestida de gris, sin espejos en su casa, de altos valores y conocimiento, pero muy fríos y sin luz. La antivanidad por abnegación es en realidad vanidosamente consumidora de uno mismo; tanta virtud mata fácilmente la pasión y la locura, que no se mueven ni expresan, no salen hacia fuera, y así te incineran, consumiendote por dentro.

La heroína de la película se llama Tris, que me recuerda al Tres del eneagrama, incluida su capacidad camaleónica para camuflarse en cualquier entorno. ¿o es que realmente es divergente?. Ella es criada en esta facción abnegada, pero tiene demasiado impulso, demasiado instinto. Tras una crisis de identidad Tris renuncia a su casa y a la pertenencia, que la colocaba cerca de su madre y hermano. Sale para probar con los osados, amantes de la acción, que aunque parecen salvajes instintivos, en el fondo también son vanidosos porque se miran en el espejo de sus osadías, otorgándose valor por ello. Hay más facciones, pero no te cuento para que lo leas tú; es entretenido y si quieres puedes reflexionar sobre facciones, números, evoluciones, involuciones y mutaciones.

Cuando yo lo leí, supongo que me sentí divergente, como tantos otros seres complejos y autoconscientes, sabedor de que uno no se puede encasillar en una facción excluyente, porque tiene de todo, y necesita expresarlo, vivirlo, disfrutarlo y empoderarse en ello. Toda mi vida he seguido esta línea de desarrollo, prefiero enloquecer escuchando las sirenas a sentirme seguro sin oír su música, prefiero expandirme en todas las direcciones de mi personalidad, a quedarme hueco en zona cómoda neurótica, automática, sin cuestionamientos. La vanidad como núcleo neurótico de la personalidad es precisamente lo contrario, una cárcel que te aleja del ser, porque se ancla en la imagen de uno en base a lo que cree ver de si mismo: cómo se ve desnuda y vestida en el espejo, cómo hablan de ella, cuánto dinero gana, cuantas personas seduce, qué poder tiene sobre los demás, etc. En ese viaje, se desconecta de quién es en un sentido más profundo y veraz. Sin embargo, no todo está perdido, la crisis del vanidoso, sea a la edad que sea, es un regalo espiritual, donde coronar un despertar de las vísceras y corazón, trascendiendo la idea del ser, para gozar del SER con mayúsculas.

Calmar y sanar la Envidia

Quevedo, buen conocedor de nuestras gentes decía hace casi 500 años: “la envidia va tan flaca y amarilla, porque muerde y no come”. ¿actual?

A quien no le suena una persona que siempre está maldiciendo de los demás, esputando prejuicios contra el mundo, contra los que sí que triunfan. ¡Cuantos se sienten mejor viendo al que cae, que al que sube! Parece que fuera un pequeño alivio temporal de su propia existencia miserable. Y siguiendo con el autor, qué lástima que ese maldecir, malmeter, perjudicar en lo social o incluso de manera directa, ni si quiera conlleve una aportación nutritiva al envidioso, que lo hace por el placer de morder, pero la mordida no le nutre.

Ruth sufre, sufre mucho, a diario. Dice que la vida no es buena con ella, que no gana mucho en comparación con su hermana, ni tiene un buen marido como su otra hermana, ni la llaman para ir de fiesta como a tanta otra gente. Trato de explicarle que tras las apariencias nadie tiene una vida perfecta, pero no es capaz de escuchar. Se ha creído el modelo que venden en redes sociales y le frustra no estar a esa altura. Se siente sola y cuando entra en meetic los pretendientes le duran un suspiro porque tampoco nadie cumple esa altura. Es muy delgada, parece que nada le engorda, y cuando me quiero dar cuenta, me he precipitado en darle todo tipo de remedios terapéuticos nutritivos, pero nada le cala. Las neuras se unen; la falsa abundancia se lleva bien con la falsa carencia. Cuidado con quien se empareja con la envidia, puede drenarte de por vida sin mejorar. Me paro, la espero. Hago un vacío, y espero que lo sostenga, con conciencia., Su voraz agujero negro se va calmando. Revisamos su realidad objetiva: tiene un sueldo para ella sola, sin dependientes; su padre le ha pagado parte de un chalet (privilegio), tiene amigos que la quieren y buscan semanalmente, una gata que la adora y acompaña, y una salud de hierro. Es una mujer querible con la que yo me río en consulta, imagino que de fiesta tiene que ser de lo más ingeniosa. La sesión le ha sentado bien. Se va más tranquila, pero teme que esta noche vuelva a sufrir, que recuerde aquel día que sufrió, que también le pasa, y eso también duele.

Mark Twain, decía “en mi vida he sufrido cosas terribles, algunas de ellas incluso ocurrieron”. Seguiremos aprendiendo a discernir.

En lo personal, la envidia es destructiva de relaciones, familias y amistades, tan solo aparentando construir cuando cohesiona círculos para la crítica, sin corazón. La envidia en el ámbito de trabajo es muy perjudicial para todo el sistema, corrompe rápidamente el clima y la buena voluntad. En nuestras investigaciones en empresas nos estamos encontrando mucho freno al talento y la innovación por pura envidia, algo así como despreciar lo ajeno, por no asumir lo miserable de lo propio, que es muy difícil de contemplar y sostener.

Para salir de esta espiral, cada uno debe encontrar su sitio en el mundo y entender lo importante de su aportación al engranaje global, sin desmerecer lo propio ni lo ajeno. Igualmente, debemos aprender a contentarnos con lo que hay, calmando la voracidad de lo ajeno, entendiendo que no es hambre lo que uno siente en la mandíbula, es más un deseo de destruir, de morder, de rasgar, de alienar algo que pensamos que nos hace sombra.

Podemos entrenarnos en detectar, contener y reprimir esa reacción visceral, desarrollando nuestra confianza en nuestra abundancia y capacidad espiritual para encontrar otro sitio, donde la sombra no nos alcance ni nos importe, donde brillar por nosotros mismos. Si sientes que ya no aportas, busca por tu bien otro sitio, otra mirada, otro enfoque que sí que aporte y haga equipo con los demás brillos. El envidioso cuando crece, resulta ser una persona humilde sabia, humana, con la que uno desea pasar tiempo de calidad, descansando de tanto hacer.

Si tú eres un líder que brillas allá donde vas, sé consciente de lo humano que es sentir envidia de tu brillo, y aunque no tengas porqué esconderlo, sí que puedes incluir el de los demás en la atención general, otorgando reconocimiento, haciéndoles sentir parte, arropando, alumbrando.
Dice Silvia Leal, una de las mejores líderes que tenemos en España: “no hagas sombra, ofrécela”. Los envidiosos no conocen su abundancia y pueden sentir que no aportan, y por vergüenza, competitividad u odio (la otra cara del amor) rechazar o atacar tus propios logros. Ten compasión sin dejarte morder y si así te mana, devuelve al resto una mirada apreciativa, lo agradecerán y tú saldrás ganando por cuanto el clima mejorará.
Estando en Alemania y Canadá, me di cuenta de que había muchas personas de profesiones humildes que emanan una felicidad, dignidad y porte, que ya quisieran muchos de nuestros políticos y grandes responsables corporativos. En concreto recuerdo un barrendero de Berlín, que iluminaba la calle por la que limpiaba. Me hizo pensar que en España, nos hemos creído el hábito del éxito, por vanidad (hermana de sangre de la envidia), y olvidado la luz interior, quedando siempre flacos y amarillos.

¿Es malo querer prosperar en la sociedad capitalista y de consumo? No, es bueno si lo tomas como motivación, pero sin olvidar que “lo esencial es invisible a la mirada,” (el Principito) y que no se mide ni se puede comparar. Camina por tu planeta cuidando de no pisar tu rosa (tu belleza, abundancia y valía), ni la de los demás.

Crisis a los 30

Con treinta y tantos tienes que estar casado, con niños, casa, amigos y trabajo estable, dicen, pero muchas crisis hablan de cansado, con abortos, y embargado. ¿Cuál es la oportunidad detrás? Gestión de crisis más allá de la terapia.

Photo by Chris Murray

Silvia, viene a contarme que, aunque es contable con contrato fijo y tiene casa propia, lo que quiere en realidad es ser misionera en Africa y no ve cómo puede pagar la casa ella sola tras la ruptura con su novio. Yo la ayudo a desmontar el mito de la misionera en la medida en la que le propongo ir a hacer voluntariado y lo pone al final de una lista interminable, dándose cuenta de que en realidad no quiere. Con respecto a la casa, como tiene miedo de no poder pagarla sola, le propongo que alquile una habitación, pero me encuentro una oposición tan fuerte que me dice que no la entiendo y que le caigo mal. No pasa nada, trabajamos desde ahí. Yo me siento muy vinculado a ella, realmente me importa su bienestar y crecimiento, y eso ella lo acaba sintiendo. Pasan los meses, y no solo alquila una habitación, sino que al compartir cocina, se hacen amigos, amantes, y pareja, dejando la habitación del huésped como despacho. Al pasar lo años, me escribe y me cuenta que han sido padres. ¿Cenicienta? No, simplemente alguien que tenía miedo de salir al mundo, pero dejó que el mundo fuera a ella, se abrió y lo abrazó.

Otros casos tras la separación o incluso defunción de una pareja, se ven obligados a volver con los padres o compartir piso (o la madre, si el padre ya ha muerto, que son menos longevos). Adelante, puede ser la gran experiencia de tu vida. En el primer caso puede que tengas temas pendientes con los padres, reencuentros y reconciliaciones. Del otro caso, sé de hombres que recordaban con nostalgia tus años de soltería compartiendo con otros hombres, casi por encima del placer de haber encontrado ya la pareja y la familia. Cuando estos hombres se separan, encuentran una gran oportunidad en la custodia compartida, donde a ratos no son padres ni maridos, ni hijos, y pueden volver a ser lo que eran. ¿Peter Pan? No seré yo quien les juzgue, ni quien digo que es bueno ni malo, es lo que necesitan en ese momento, y también será por algo, para algo.

En lo laboral cambia y reinvéntate las veces que necesites. Con la llegada de la cuarta revolución, hasta el 80 por ciento de los trabajos según la Comisión Europea van a desaparecer. ¿Realmente crees que tienes un trabajo de por vida? Tengas 30, 40 o 50, lo mejor que puedes hacer es aprender a innovar y adaptarte al cambio. Incluso los trabajos que van a perdurar, tendrán un cambio significativo en la ejecución. “Renovarse o morir”, y “El síndrome del pero si hasta ahora funcionaba” serían dos películas de Netflix que ver antes de fallecer en intento. A por ello, muchas oportunidades esperan a los valientes.

En el último lugar quiero dejar la gran crisis que Eriksson atribuía a los 20, pero que en este momento yo creo que tiene más sentido a los 30: la identidad y la integración con amigos. Parece que un adolescente tiene permiso de estar mutando, cambiando, y encontrando su propia voz, pero los demás no. Yo creo que al contrario, en los 20 y 30 uno no ha hecho más que empezar, y está bien así. Mucha gente necesita llegar al final de una pista para darse cuenta de que eso no era lo suyo. Otros, necesitan despertar a poquitos, desde su propia comodidad de quedar con los mismos amigos todos los fines de semana, hasta que se dan cuenta de que en realidad no son felices en esos encuentros, que sus caminos se han separado, y también está bien así. Déjate ir con la corriente, quizás te vuelvas a encontrar más abajo, y te podrás contar el viaje, a mi me ha ocurrido con los mejores.

En conclusión, olvido la idea de estabilidad y seguridad, te queda mucha vida por vivir, y las crisis no son más que oportunidades de acercarte a algo más verdadero para ti, con más potencial y recorrido que lo que pensabas que sería la vida.

Guerra civil informativa

Los primeros años de este siglo supusieron para mi una gran esperanza de cambio: veía venir la incorporación de la enriquecedora diversidad en todos los ámbitos, con un ascendente hombre negro hasta la cabeza de un país con tradición racista (EEUU y Obama) y una mujer en la locomotora de Europa (Alemania y Merkel). Además las redes sociales sacaban a mucha gente de la soledad, (yo incluido en medio de una separación), y los mensajes benevolentes ecologistas y espirituales se difundían impregnando una opinión que, pensaba yo, acabaría por tener su reflejo en los poderes públicos. Europa cada vez era más grande, igual que los grandes pactos comerciales por el mundo. Unir estaba en alza. La propia crisis económica traería una oportunidad para que muchas parejas, que no se podían separar (porque entre otras cosas no podían vender sus pisos comprados a precios inflados), pudieran profundizar en la mirada, compasión y comprensión del otro, lo que con el tiempo reforzaría muchos vínculos que de otra manera habrían desaparecido.

Pocos años más tarde el clima ha cambiado. El choque de civilizaciones anunciado por Huntington pasó de ser una teoría a una realidad planetaria por no saber integrar lo que Alfonso X hizo en Toledo, unir culturas y religiones traduciendo, de manera enriquecedora. El enfrentamiento y la separación parecen la mejor opción para muchos británicos, catalanes y tantas personas que no solo se divorcian, sino que hacen apología del individualismo. Mi dinero para mí, dicen negando atención y recursos incluso al abuelo y al perro, que abandonan en las gasolineras en las vacaciones de verano.

El individualismo es necio pero requiere una valentía que no tiene la mayoría, por lo que también crecen los ejercicios de fuerza pandillera. Crecen los grupos cuya cohesión es el odio a lo distinto. Nos alejamos del pensamiento libre de manera dramática. No puedo encender mi teléfono por la mañana sin encontrarme algún mensaje de incitación al odio, en una cadena viral que trata de influir a la opinión pública. Me los mandan inconscientemente amigos o conocidos de todos los partidos políticos. Son mensajes dogmáticos, totalitarios, que lejos de fomentar el sentido crítico asustan con tambores de guerra con lo que se supone que el otro está haciendo, agresivos. Voy perdiendo amigos con un click, por solo pedir que no me envíen cosas así. “Conmigo o contra mí”, vienen a decir. Deben pensar que no soy de los suyos, pero tan solo aspiro a ser libre, soy apolítico y ecuánime por naturaleza y cultivo.

La verdad es que yo solo quiero que no me intoxiquen con información no contrastada. Pensaba que estas tormentas informativas solo se producían en pleno proceso de elecciones, cuando gente sin escrúpulos inunda Whatsapp con mentiras que se multiplican con el único ánimo de ganar las elecciones, como si fuera una guerra sin ley, donde el fin justificara los medios, pero con solo dos semanas de nuevo gobierno el clima sigue igual o peor. La guerra por el poder cada vez es más sucia, y nuestros cándidos “cara libros” (Facebook) se contaminan con Cambridge analítica y tantos otros, dando de comer consumo a destajo y propaganda confeccionada y suministrada por robots pagados con criptomonedas (esas con las que ahora está de moda especular , pero que también sirven para pagar a asesinos a sueldo, terrorismo, armas y drogas).

¿Es política de partidos y multinacionales imbuida en la sociedad? No solo, eso son las grandes ligas, pero aquí hasta las antiguas causas loables están en guerra, la guerra de la información: feministas, veganos, ecologistas, animalistas, etc… Todos tienen su altavoz y muy pocos intentan escuchar y comprender al otro, tan solo sentar cátedra, asumir que su opinión es la Verdad, que ellos son la Verdad, que ellos son Dios, y el que no lo acepte, un hereje al que derribar con escarnio público.

Tan solo me queda la esperanza de recordar que la historia siempre se ha movido así, de manera pendular, que pronto cambiaremos la tendencia, y quizás acumulemos cosas buenas de este periodo, como la conciencia de que la información (desinformación) es una arma de destrucción masiva que también debe tener alguna regulación, y su uso delictivo y criminal una persecución. Eso espero, no quiero pensar que entre medias la humanidad reventará por las costuras de fibra óptica en lo que cada vez se parece más a una guerra civil informativa sin compasión por la diversidad, lo que une, lo que somos como civilización y especie, que sobrevivirá o no.

Jorge Urrea es psicoterapeuta, escritor y conferenciante.

Crisis de autoconocimiento: ¿quién soy en el eneagrama?

Hace muchos años fui a mi primer curso de eneagrama en la Fundación Claudio Naranjo, un método de autoconocimiento complejísimo que te ayuda a reconocerte en un tipo de personalidad como manera de ir luego mejorando en tu relación contigo mismo y con los demás, creciendo, abriendo el corazón y la mente. El camino no fue fácil. La primera mañana, según me lo fueron explicando…
1) Me entristecí porque me vi como un uno, iracundo, en posesión de la verdad, poniéndome por encima de los demás y de mi mismo, siempre insatisfecho.
2) Me dolió ver el daño que produjo mi orgullo en momentos donde todo se acabó porque yo di un portazo, sin vuelta atrás, acumulando muertos en mi armario existencial.
3) Exploté de vergüenza al ver mi vanidad, esa máscara bella ante el mundo, con la que dejé de saber quién era yo mismo, tratando de ganar influencia sobre los demás.
4) Exudé fatiga acumulada por no poder esforzarme más, como carácter envidioso para conseguir todo lo que me faltaba. El tesón es buena cosa hasta que compruebas que tu vida no ha tenido un descanso.
5) Vi mi avaricia, egoísmo y responsabilidad de esconderme del mundo, arrogante, como si no me hiciera falta nada ni nadie.
6) Asumí mi falta de valentía en momentos claves de mi vida, y cuantos prejuicios mentales me habían impedido ser yo mismo, libre, y amar al otro como era.
7) Pude entender mi mariposeo con todo lo que he hecho, siempre buscando la mirada del otro, y saltando a lo siguiente sin profundizar.
8 ) Pedí perdón por tantas camas recorridas buscando placer sin tener en cuenta el abandono que producía antes de llegar el alba.
9) Vomité de tanto que había comido buscando amor, tumbado, sin responsabilizarme de mi vida, asumiendo un papel de víctima y mártir por el bien de los demás, que solo compraba una imagen en el cielo de los antiguos.

Ese fue mi aterrizaje al conocer tanto de mi en las primeras dos horas. Salí de la sala a tumbos, con un ataque de pánico, temblando por todo el cuerpo con tremendo dolor en la mandíbula desencajada, un terapeuta vino y me abrazó firmemente hasta que pude recuperar algo de calma. Gracias. Fue mi primera crisis profunda de autoconocimiento, un gran despertar que me llevaría con los años a:

1) Tener compasión de los que se creen en la posesión de la verdad, yo incluido, viendo detrás de tanta seriedad el niño interior, necesitado de una nariz de payaso.
2) Apreciar y respetar las grandes mentiras que nos contamos para sobrevivir al dolor de creernos insuficientes.
3) Amar la chispa de verdad y autenticidad que se esconde detrás del maquillaje.
4) Tener compasión ante la intolerancia del envidioso, sabedor de que algún día despertará a su abundancia y mostrará una humildad exquisita.
5) Admirar lo sencillo y austero como parte de desnudarse de tanto superfluo, y ahí amar con sutilidad la piel de mariposa.
6) Pude recorrer el espacio entre tú y yo, para construir un nosotros cuyos frutos traigan un mundo mejor.
7) Poner mi narcisismo al servicio, y ver y reconocer, que el de los demás también aporta.
8 ) Aprender que el poder es un regalo del cielo, no del infierno, apreciarlo con voz clara y relacionarme de igual a igual.
9) Apreciar la belleza del virtuoso dar sin esperar nada a cambio.

¿Encontré mi número? Preguntan los que creen que esto es así de sencillo. Si, me encontré en todos. Pude desplegar el ser, abrir el corazón y comprender, con compasión profunda hacia mi y hacia los demás. Bendita crisis.

heridas


Mi hija de 9 años se cambió de colegio hace un par de semanas. Estábamos encantados de poder llevar a nuestros hijos al mismo sitio. La adaptación fue inmediata, y en dos días estaba feliz, hasta que al finalizar el tercer día, antes de ir hacia la ruta de vuelta, 4 niños la rodearon y le preguntaron cual era el más guapo. Ella pensó que si respondía los demás se sentirían mal y no respondió. La sorpresa fue que los niños la tiraron al suelo, la arrastraron hasta un cuarto de baño y le dieron patadas en el suelo, momento en el que sus amigas aparecieron y la sacaron de allí, y se pudo subir al autobús a tiempo. Llegó a casa compungida, temblando, sin entender nada. Como yo insistí en que hiciera yudo desde pequeña le pregunté si no había podido defenderse y me dijo que eran muy grandes. Además, añadió que su hermano, que pasaba de fondo, les hizo un gesto de aprobación con el dedo hacia arriba a los agresores.
¿Cómo crees que me sentí yo? ¿cómo reaccionarías tú? No sigas leyendo date un momento para respirar lo que te cuento.

Ahora te lo voy a contar otra vez, pero cambiando el género, que fue como sucedió de verdad.
Mi hijo de 9 años se cambió de colegio hace un par de semanas. Estábamos encantados de poder llevar a nuestros hijos al mismo sitio. La adaptación fue inmediata, y en dos días estaba feliz, hasta que al finalizar el tercer día, antes de ir hacia la ruta de vuelta, 4 niñas le rodearon y le preguntaron cual era la más guapa. Él pensó que si respondía las demás se sentirían mal y no respondió. La sorpresa fue que las niños lo tiraron al suelo, lo arrastraron hasta un cuarto de baño y le dieron patadas en el suelo, momento en el que sus amigos aparecieron, le sacaron de allí, y se pudo subir al autobús a tiempo. Llegó a casa compungido, temblando, sin entender nada. Como yo insistí en que hiciera yudo desde pequeño le pregunté si no había podido defenderse y me dijo que eran muy grandes. Además añadió que su hermana, que pasaba de fondo, les hizo un gesto de aprobación con el dedo hacia arriba a las agresoras.

¿Cómo crees que me sentí yo? ¿cómo reaccionarías tú? No sigas leyendo date un momento para respirar lo que te cuento. ¿qué ha cambiado?
Yo soy un padre sensible, consciente y protector. Lo primero que hice fue respirar para recuperarme del impacto emocional y ver con claridad, mientras que le arropaba, abrazaba y escuchaba. Cuando escuché que mi hija no solo no había avisado a las profesoras sino que había pasado de largo, apoyando el movimiento con el dedo hacia arriba, me indigné con ella y le pregunté cómo se sentiría de haber sido al contrario y les recordé a los dos la importancia de defenderse mutuamente para el resto de su vida. Luego les dije que en una situación así siempre deben buscar la ayuda de un mayor y gritar tan fuerte como puedan. Después medí bien mis palabras, porque de haber sido niños del mismo sexo, una patada en los huevos y una carrera habría sido una posibilidad, pero hablando de niñas aunque sean más fuertes, no quiero que nunca pueda levantar su mano contra ellas. ¿micromachismo, galantería o prudencia legal? No lo sé.

Les dije a los dos que ante un ataque nunca perdieran su altura, que se levantaran rápido; que no se dejaran acorralar; que el amor puede tener manifestaciones absurdas y resté hierro al tema, y a mi hijo después de escuchar su dolor, traté de levantarle la moral con risa y chistes compartidos, porque no se puede ser tan guapo, etc. Al día siguiente coincidía la reunión con la profesora y lo comenté sin darle importancia, pero para que estuvieran atentos, igual que hice con el padre de la principal hostigadora, sin apuntar con el dedo, restando importancia, riendo sobre su capacidad diplomática para no herir a nadie, (pero al mismo tiempo señalando que el niño lo había pasado mal). A los dos días le pregunté a mi hijo: había jugado con las mismas niñas, y se lo había pasado bien. Bravo por todos los interlocutores, que no sacaron de quicio el tema.

Llevo ya muchos años trabajando como terapeuta y sé que la herida psicológica nunca cicatriza si se hurga en ella eternamente, se victimiza o se magnifica los acontecimientos. Se pueden hacer liberaciones catárticas, empoderamiento, desensibilización contra el miedo, y muchas otras técnicas, pero demorarme en lo mal que lo pasó, más allá de la necesaria expresión del dolor, no le ayudaba, con lo que lo gestioné con calma, acompañándole en su dolor real , que no el que yo pudiera proyectar sobre él como adulto con una maleta propia de abuso, con maltrato de una expareja, y bullying en el colegio (como se puede leer en mi artículo “Me too”). Esto es importantísimo, los niños tienen una plasticidad fantástica, que les permite vaciarse de resentimiento, y volver a jugar juntos al poco, sin etiquetas ni prejuicios, sin construir ni perpetuar una guerra. Los profesionales de asistencia, no debemos magnificar las heridas, ensalzando el odio y crispando ambientes, debemos facilitar una salida a los conflictos aportando calma y sosiego. El que no lo haga así, seguramente está sacando un rendimiento económico o vengativo, que nada tiene con el interés profundo de su cliente.

La pregunta de género es: ¿y si hubiera sido al revés, y si fuera mi hija, y el niño fuera un cómplice pasivo en la escena? Yo mismo siento que mi propia emoción se altera al contemplar la escena cambiada, lo reconozco, me lo estoy revisando y reprogramando, porque si no ¿significa eso que la herida de un niño es menor que la de una niña? Si lo llevamos a los mayores, ¿las muertes de hombres en manos de mujeres, o de hombres en manos de hombres son justificables, o son menos graves? El clima de crispación actual nos lleva rápidamente a pensar en que “algo habría hecho el hombre”, ¿no? Olvidamos el principio de presunción de inocencia que la ley actual se ha cargado, porque los hombres dormimos en la cárcel antes de poder declarar. Olvidamos la no discriminación por motivo de sexo de la Carta Magna de Naciones Unidas y nuestra propia constitución, que la ley actual no cumple.

Durante años he tenido esperanza en que esta medida institucional de desigualdad redujera el número de muertes de mujeres por violencia de género, pero el gráfico siguiente, sacado del Instituto Nacional de Estadística muestra evidencias tan claras como que las muertes femeninas en 2005 y 2015 son las mismas, o que en 2010 bien consolidada esta ley, hubo un remonte fuerte. Mi conclusión con estadística en mano es que esta ley no influye de manera determimante en la reducción de muertes. Imagino que los homicidios son fruto de la locura pasajera del momento, que desafortunadamente no puede ser contenida desde la ley, o al menos esa ley. (personalmente y sin vínculo político, agravaría las penas para todo tipo de asesinatos, y la violencia doméstica en general)

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Creo que aquí no hay una lucha de sexos como nos han contado, aquí lo que hay es un enfrentamiento de algunos hombres con algunas mujeres, y viceversa, y todas las muertes son trágicas, y los asesinatos perseguibles con igual tesón y firmeza (en contra de lo que la alcaldesa Carmena dijo en televisión de que “de las 16 muertes violentas sucedidas en Madrid en 2017, lo preocupante es que 5 fueran mujeres”, como si las demás no fueran igual de preocupantes, y que conste de nuevo que soy apolítico).

Yo lloro de dolor al contemplar estas escenas, de hombres y mujeres, por todos los seres humanos que sufren injusticias y violencia. Yo todavía no estoy desensibilizado por tanto telediario a la hora de comer (que ya no veo, porque me informo de otras maneras) ni por las películas de violencia (que tampoco me aportan). Tampoco estoy desensibilizado por discursos ideológicos y políticos que nos programan con su propaganda dirigida a la defensa de un grupo de interés, que no del colectivo. El día que escuché que mujeres reían ante la noticia de que una mujer había guardado la cabeza de su marido en una maleta y le había pedido a una amiga que se la guardara, tuve ganas de vomitar y me di cuenta de que mucha gente no solo ha perdido la sensibilidad, también la cabeza para recordar lo que está bien y lo que está mal.

https://www.larazon.es/tv-y-comunicacion/una-tertuliana-de-tve-se-rie-del-crimen-de-castro-urdiales-JA25161019/

Mala cosa en una época donde parece que las redes sociales juzgan y condenan antes y después que los jueces, con enorme trascendencia porque dañan a inocentes (y sus entornos familiares, incluidas madres, hermanas e hijas) e incluso son capaces de cristalizar creencias locas compartidas como que el hombre es por naturaleza un violador y asesino en potencia, y debe tener menos derechos que la mujer. Este trato degradante y perpetuador de un conflicto solo apoya al que saca dinero con él, sea abogad@, psicólog@ o polític@, y es en realidad lo primero que deberíamos perseguir de manera implacable, para recuperar la paz y el amor que debe reinar en las parejas , familias y compañeros de todo tipo.

Saber rendirse y descomprimir

Durante muchos años he leído en los clásicos la sabiduría de la rendición, a la vida, a Dios, a lo que tiene que ser, y francamente, no siempre lo he compartido, ni mucho ni poco. Mi carácter luchador y cabezota, ha hecho que siempre tratara de hacer las cosas como consideraba que tenían que ser, incluso si muchas veces eso incluía negarme a mi mismo, y nadar río arriba en vez de dejarme caer con el torrente, que es mucho más agradable. Mi locura ha sido tal, que hasta le he podido otorgar más valor al camino cuesta arriba que al de cuesta abajo, pensando, locamente, que si cuesta más, es porque tiene más recompensa. Así, hice deporte de alta competición e incluso una de las oposiciones más duras de España, tensando mi cuerpo para atender más, 12 horas al día, seis días y medio por semana, durante cinco años. Algo de lo que me sigo recuperando décadas después.
La actitud de perseverancia podría ser contemplada a nivel muscular, como el que se sube a un toro mecánico, y se agarra con todos su músculos, para no caerse. Objetivo aguantar, y así se pasa la vida luchando por agarrarse mejor. La tensión no solo es en manos, brazos, piernas y columna, como muchos creerán. Uno se agarra también con el perineo y la mandíbula, que muchos aprietan día y noche, y hasta con las orejas, me comentaba una persona el otro día, que de tanta alerta, tenía los músculos de las orejas completamente agarrotados (¿recuerda las orejas de los perros cuando se ponen alerta? Pues esta persona no las baja). Nos puede parecer ridículo, pero así somos, así soy yo en muchos sentidos, así me empeño en ser, comprimido, apretado, tenso, cada vez que olvido. No, está mal dicho, así actúo yo, excepto cuando recuerdo que eso no es vida, que se puede y se debe respirar mejor, mover el cuello y la boca, que todo se aprieta en la especie de vida bélica que muchos llevan en tiempos de paz.
De todos los trances que yo he pasado en mi vida, que en realidad eran crisis de curación, quizás la depresión ha sido el más angustioso: era como una especie de masa negra que se me adhería sigilosa por el cuerpo, y poco a poco, mes a mes, no me dejaba moverme ni expresarme, intoxicándome y nublándome hasta el discernimiento, dejándome como única esperanza que todo se acabara pronto. Sin embargo, en una clase de movimiento expresivo, me dejé caer en un lateral, carente de vida, fuerza y ganas, y quizás por primera vez en mi testaruda vida, decidí abandonarme, dejarme partir, sin miedo a la muerte. Lo que allí ocurrió fue un verdadero milagro completamente inesperado para mi. Sentí que mi cuerpo se descomprimía de tanta lucha por sostener el tono muscular que creía necesario para vivir, falsamente, y así descansaba en la relajación de no tener que estar alerta, ni si quiera de sostenerme más, de no tener que ser más, más alto, más guapo ni más listo en esta sociedad competitiva que creamos entre todos. Lo siguiente que observé como fenómeno fue que mi alma sintió una especie de alivio desconocido, de ligereza, de subir hacia el cielo sin abandonar el cuerpo. Y mi cuerpo y yo, más allá o más adentro, lo notamos. Despertando a otra manera de estar en el mundo, desconocida para mi.
Recientemente he tenido el placer de empezar una relación de amistad con Alvaro Vizcaino, la persona cuya experiencia inspiró la película “Solo”, que recomiendo ver, como historia de superación e inspiración, jalonada además de una maravillosa fotografía y estupendos actores. Para el que no lo sepa, este hombre tuvo un accidente yendo a surfear solo en Canarias, cayó por un acantilado se partió la cadera y quedó incomunicado durante mucho tiempo (por no contártelo todo, mejor ves la película, lees el libro o le escuchas a él). Lo que para él fue una crisis vital, con todos los vises de ir a morir, le sirvió de oportunidad para salir reforzado, como tú puedes hacer con tus propias crisis.
Lo que más me llamó la atención del discurso de Álvaro, por lo profundo, y quizás incomprendido por muchos, es esta descompresión de la que hablaba antes. Cuando él se enfrentó a la muerte dentro del agua, y se dejó ir, se produjeron muchas cosas que vengo mencionando en este y otros textos: primero la descompresión, cuando el cuerpo se relaja es capaz de mil cosas más de las que uno pensaba. Segundo, como explicaba en la “gestión del dolor y la enfermedad”, uno puede en un momento dado bilocarse, “colocarse” al lado de uno mismo y hablarse de yo a yo, motivarse, darse perspectiva, introspección, confrontación, apoyo, etc. No es locura, es un don, que los que ya hemos vivido, te explicamos para que tú no te asustes si te pasa, y desarrolles en crisis y oportunidades.
Muchos de los que me leen pensarán que estas situaciones les son ajenas, que ellos no están en depresión profunda, con dolor extremo, ni en el medio del mar con una cadera rota, famélicos y sedientos, anhelando la muerte. Lo sé, pero mejor que aprendas en tus propias crisis del tamaño que sean, antes de llegar a las que menciono, donde muchos no resilientes se ahogan. se suicidan (diez personas se quitan la vida al día en España), o simplemente llevan una vida penosa en comparación con la que podrían vivir (según la encuesta de la OCU, una de cada tres personas en España toma ansiolíticos y/o antidepresivos).
Muchos de los que vienen a consultar su crisis conmigo por primera vez, tienen fantasías catastróficas sobre lo que les puede suceder si de dejan ir, y están paralizados física, mental y espiritualmente por tanta compresión: abandonar a su mujer, a la familia, el trabajo, a los padres, soltar una apariencia, una orientación sexual, un rol o una fachada ante el mundo. Por loco que parezca al que todavía está loco sin saberlo, es mucho mejor aflojar y aceptar. Además, en la mayoría de los casos no se produce nada de lo que temen, sino simplemente se descomprime el cuerpo y el alma, aprendiendo a vivir de lo sencillo, manteniendo la esposa, los hijos y el trabajo, pero enfocando la vida de otra manera, con más calidad y menos tensión.
Para finalizar, la descompresión y la rendición, a la que renegué durante mucho tiempo, empieza a ser para mí un barco cómodo desde el que vivir más cerca del Dios de las mareas que nos llevan y traen. Dejar de empeñarme en ser, y simplemente ser y flotar. Dejar de esforzarme por todo, y aceptar que lo que hay es suficiente. Dejar de anhelar otro lugar y disfrutar el presente, en lo majestuosamente sencillo, me parece la clave de todo, nada más y nada menos. ¿te atreves? No te asustes, te doy la mano para que salgas de tu jaula imaginaria, ven, se puede hacer.

Gestión de crisis: Soledad

Lola, empuja el carro de la soledad por los pasillos del supermercado, con la musiquita de ascensor, tan solo interrumpida por la voz que anuncia las ofertas del día. Comprando dos salsas de tomate, la segunda te sale un 30% más barata. ¿compensará? Algo le despertó de su letargo, de su sensación de estar sola, pero era falso, no querían nada más que su dinero, derivar su atención a la promoción. No hay nadie al otro lado de la voz de fondo. La cajera, mascando chicle, pasa los productos por la lectora sin saludar ni mirarla. Está molesta por la interrupción, esperando que se vaya para poder volver a mirar el “feis”. Ella le da las gracias al irse, pero la cajera ya está mirando su espejito mágico como si no hubiera nada más en el mundo.
Javi, está solo en el patio. Tiene el pecho hundido, la mirada baja, y esquiva. No quiere que le vean solo, pero la verdad es que está solo. Se pasea por el patio, como haciendo que busca a alguien, pero no se para con nadie, piensa que nadie quiere estar con él. Los imagina a todos criticándole en las esquinas, como critican a otros que él ha visto. Él nunca critica a nadie. Él no es así, pero tampoco habla con nadie, miento, habla con Dios, y le cuenta sus penas. Sufre mucho, porque al entrar en la clase tampoco siente que sea su lugar, no entiende lo que dicen en clase, se aburre, es mal estudiante porque no le emociona nada de lo que escucha, siente que no pertenece a un sistema donde todos menos él, parecen pertenecer. Descuenta los minutos para la salida, llegar a casa, y sentir la mirada amable de mamá.
Soledad está sola, no tiene quien la visite. Se ha comprado un teléfono moderno, y el joven de la tienda le ha creado un perfil de whatsapp, para ver si alguien conecta con ella, pero no tiene quién le escriba. Pone el volumen alto, por si a caso, pero cuando tras semanas sin una interferencia, suena el teléfono, se trata de un teleoperador, para ver si se puede cambiar de compañía telefónica. Tras darle un poco de coba al vendedor, y al contrario, cuelga y enciende el canal de telecompra, a ver si comprando algo baratito, se anima un poco: “total, siempre puedo devolverlo”.
Pepi baila sexi de más en la discoteca, bebe de cualquier vaso que le arriman y sale a fumar un cigarrito, como todos, con todos. Flirtea deseando obtener la mirada de alguno que le diga, sí, tu vales, yo te elijo, pero el final siempre es igual, borracha, sola, usada.
Pepe por fin ha podido ligar en Tinder, por fin, porque con su calva no hay manera, pero la cerveza rápida, pasó a un vino rápido en casa de ella, con un frote rápido y ducha rápida, “que mañana trabajo, y tengo Consejo, ya te llamaré si eso, Pepe”. “Algo ha cambiado, pero no sé si en la buena dirección”, piensa él de camino a casa, preguntándose si no hubiera sido mejor cenar bien simplemente, en vez de tanto fast food.
El Presidente de la compañía se reúne con el consejo, donde la vicepresidenta se muestra eficiente desde el apretón de manos: hoy tampoco hay tregua. El gran hermano es el accionista, que solo vigila una cosa, el beneficio y la competencia, y hoy también está mirando. Le rodean muchos, que le alaban y buscan, pero cuando el ruido cesa, no recuerda una mirada amable y verdadera de nadie. Está solo, en la cumbre, rodeado de gente que quiere su puesto, a la que temer incluso cuando parecen sus mejores amigos.
Juana después del trabajo revisa los deberes de los niños como si fueran suyos, mientras que ellos se marchan para jugar a la play on line con algún “niño” ruso. Luego prepara la cena con mimo que devoran con ansiosa falta de atención a lo que comen. Después presiona con acelerar los baños, que es tarde, para que puedan dormir un mínimo. Finalmente cae rendida en el sofá, deseando ver una serie cortita con su marido, pero él está “mirando cosas en la tablet”, al otro extremo del abismal sofá. Ella mira la comedia romántica y al ver la escena del beso, se toca el corazón, y los labios, recordando.

La soledad no es un tema exclusivo de viejos con nido vacío, ni de enfermos, ni de inadaptados, es un tema global.
Diez personas se suicidan al día en España, ¿Cuántos sufren soledad sin suicidarse?
Una mirada es lo único que hace falta. Una mirada benevolente, amable, que entiende, que no juzga. Una mirada que te dice, no estás solo.
Si te sientes solo, levanta la cabeza, seguro que te encuentras con alguna mirada así. Toma la mirada y déjate llenar, y devuelve la mirada. No estamos solos.
Si te sientes acompañado, no dejes de mirar fuera. Nuestros ojos emiten luz que ilumina a los demás. Estrellas contemplando estrellas, estrellas iluminando estrellas. No estamos solos.

Crisis de los cuarenta: Comieron perdices y no fueron felices

Mis amigos se ríen porque cada año les invito a una fiesta de cumpleaños donde anuncio “otro año menos de crisis de los cuarenta”, lo que parece esperanzador, pero pronto empezaré las crisis de los 50. Allá donde gente aparenta estar por encima del bien y del mal, aparentando vidas perfectas a golpe de botox, yo reconozco abiertamente que vivo permanentemente en crisis. Es por eso que hago meditación, y al menos, esos ratos escuchando el silencio, vuelvo al centro y veo con más claridad por dónde afrontar la crisis que me toque cada día, que no es más que una oportunidad, bien enfocada.

En mis cuarenta y muchos ya, me encuentro con una realidad envidiable: una esposa de bandera, unos hijos de catálogo, amigos de verdad, éxito profesional con conferencias, libros, clientes, radio, televisión… Como la envidia es moneda común, cuando alguna vez me quejo de mis dificultades, hasta los mejores amigos tienen ganas de pegarme una colleja, pero la verdad es que detrás de la apariencia vida perfecta, yo, tengo muchas crisis.

La pareja puede ser maravillosa, pero en el día a día, no está para colmar las necesidades de uno mismo. Tiene su propia misión en esta vida, y el poco tiempo que le queda está cansada, y como es normal, no tiene como objetivo regalarme la poca energía que le queda. Necesita un lugar de nutrición, como yo, donde aprendamos a darnos sin entregar nuestra sangre en ello. Esto es un arte que voy aprendiendo con los años, la verdad, saliendo de la dependencia a la autodependencia, rompiendo el espejismo de pareja para que yo sea feliz, construyendo una pareja con la que ser feliz. Emergiendo de un infantil narcisismo hacia un hombre maduro. Es un duro proceso, que yo considero como una travesía por el desierto. La sociedad de consumo, metida hasta la médula de nuestra existencia, siempre canta de fondo como una sirena, me dice que es mejor que cambie, que compre otra, que el césped de allí es más verde que éste. Lo reconozco, en la noche oscura del alma, he perdido el sueño pensando en si me estaba confundiendo, y no sé si es así, pero yo hasta hoy, he apostado por consolidar la familia y profundizar en la pareja estable. Sinceramente, a veces lo lamento, pero otras, compruebo con perspectiva que lo que construimos juntos crece sin cesar, y me siento orgulloso de ello.

La paternidad es y ha sido para mi la gran misión de mi vida. Fue la razón por la que mi relación anterior, que me era muy querida, acabó, y por oposición la razón, por la que en algunas crisis de pareja, el bienestar de la familia se pone por encima de todo, amalgamando con una fuerza mágica. Dicho esto, mi presencia diaria con los niños, toca en muchos momentos con necesidad de retirada, de silencio, de no ser padre por un rato, o unos días. Al principio sufrí mucho, porque no me gustaba la imagen que recibía de mi, hasta que lo integré sin juicio. Ahora me tomo mis retiros diarios y por temporadas, donde no hay niños ni por teléfono. Necesito silencio, y me alejo, hago mis viajes fuera, retomo mi centro y mi energía, y las ganas de volver a dar y compartir. Si crees que esto es una traición, te recomiendo hacerlo de vez en cuando, y comprobar las ganas con las que uno vuelve, al contrario de las ganas que uno pierde cuando siempre está ahí, abnegado, gris, desvitalizado por falta de motivación. Si quieres reírte con los niños, y darles un ejemplo de humanidad, siempre puedes ver la última película de Shrek, donde él también tiene su crisis. Será mucho mejor, que contarles un cuento chino de que cuando dos finalmente se casan, “viven felices y comen perdices”. La realidad es siempre más compleja, con crisis, y darles un ejemplo de cuento real es más fácil que contarles tu vida, que uno no tiene porqué compartir todo en la pareja ni con los hijos.

Los pacientes-clientes, son la otra pata de mi sensación de ser de utilidad en esta vida, y una fuente muy importante de aprendizaje de lo que es el mundo y soy yo mismo, en definitiva. Sin embargo, igual que con los niños, de vez en cuando necesito limpiarme de tensiones acumuladas, supervisarme lo que me pasa a mi con sus historias, y distanciarme en un sitio donde reganar fuerzas, Hubo un momento donde tuve tanto trabajo que tenía lista de espera, y algunas personas empujaron para no respetar mis límites. Recuerdo que mi cuerpo hablo, con sensación de taquicardia, angustia, pesar en los hombros… Pude hacerlo respetar, renunciando a clientes y a una imagen mía como de el único que podía salvarles, ayudarles, acompañarles. Fue una crisis memorable, de la que aprendí mucho, aunque “perdiera” dinero invirtiendo en pérdidas, referenciándoles a otros colegas.
Seguramente, en tu propia vida tendrás resonancias, ejemplos de tu propia vida, donde te verás reflejado en unas cosas u otras. Se me ocurre para despedir un ejemplo cómico de automatismo, identidad y manera de estar ante el mundo. Salió en redes un gracioso vídeo navideño llamado el “sentador de madres” (que mis hijos dicen debería ser el sentador de padres, luego algo hago distinto, que no mejor), donde se pone de relieve la hiperactividad de la madre de toda la vida en las fiesta de Navidad, tratando de preparar todo, y hacer que la gente disfrute. Propone el vídeo como salvación de esta madre un cinturón que te ata a la silla.

Yo creo que es buena idea para que no te muevas, asumas que no todo el mundo te necesita, aprendas a delegar, a pedir, y a disfrutar del bullicio que has montado en tu casa con tu consentimiento, porque si no es así, hazlo en casa de otro, o en un restaurante.
Muchas madres dirán, “ay hijo, a mi edad, para qué voy a cambiar, mejor aguanto el tirón, que en el fondo me hace feliz veros así”, (desaprovechando la información aportada por la crisis del cuerpo y la emoción, que dicen que ni disfrutan ni pueden más) para ocupar otro sitio en el mundo, más placentero, con más presencia de otro tipo. Ante este automatismo de la madre, la mirada compasiva del hijo le dirá que ya lo hace él, o que al menos él también quiere colaborar, mientras que la del hijo cabrón, perdón, inmaduro, añadirá, que ya puestos, le haga una tortillita mami, y es que Dios las cría y las neuras se unen…

Acabo con humor reflexivo un artículo que de fondo trae temas críticos, de crisis y oportunidades, individuales, de pareja, paternidad, género, familia y social. La razón es obvia, no hay mejor manera de afrontar una crisis que con humor y compasión, por oposición a la ira y la intolerancia, que creo que no ayudan a nadie. ¡Feliz crisis a todos!

Gestión del dolor II: Resentimiento o Resiliencia

“Hoy me vuelve a doler la espalda. No es que ayer no me doliese, es que ayer era soportable y hoy no. Siento que no puedo respirar y con el paso de las horas sin alivio voy desesperanzando. Es un chillido proveniente del fondo del alma, que se esconde en la columna, profundo, y se irradia por el cuerpo arriba y abajo. Me siento vulnerable, retraído, malhumorado, depresivo, desolado, desconsolado. He aprendido que el movimiento es mejor que permanecer parado, y como un león me muevo dentro de la jaula de mi dolor, pero ésta se va haciendo cada vez más estrecha hasta no poder espirar”.
“Me enfado con mi propio cuerpo y dirijo mi propia frustración e ira contra él. Qué mierda de cuerpo me ha tocado, tan aparente y tan poco confiable. No puedo más. Me gustaría tener a mis niños en mis brazos, pero no puedo, no debo, me recuerdo. Desde niño aprendí que mis capacidades físicas, demostradas en deporte de alto nivel, nada tienen que ver con mi tolerancia a esos esfuerzos”.
“Tanto dolor no lo aguanto más, treinta años sufriendo así son demasiados”, “soy demasiado joven”, “esto no es justo”, “¿por qué a mí y no a los otros?”, “Dios no estaba pensando en mi”, “no hay Dios misericordioso si yo sufro tanto”, “si pudiera me arrancaría el brazo”, “¿para qué me sirve tanta sensibilidad si no paro de sufrir?”
Si tienes dolor crónico puede que te suene alguna o muchas de estas frases. No lo juzgo, es humano, y si nos quitan hasta la capacidad de quejarnos, mal vamos. Si estás sano y acompañas a alguno de estos seres humanos también pueden ser pensamientos tuyos, e incluso podrías añadir tu propia versión adaptada: “¿por qué a mi familia, por qué tanto tiempo, por qué tan extremo, por qué no le ayudo a morir si es lo que quiere, por qué a mi esta carga si yo podría vivir feliz, cuánto tiempo más tendré que aguantar en este lugar tan oscuro? Tampoco lo juzgo, me parece importante que todos encuentren el espacio donde poder expresar, y trascender también. La enfermedad y el dolor crónico es una carga para todos los que la rodean, que mina con el paso del tiempo, y debe ser llevada con mucha conciencia, para no arruinarse uno, enrarecer las relaciones, ni acabar con ellas.
El gesto de mirar al cielo con el puño en alto, clamando contra Dios, como una ultrajante injusticia es muy humano, nos ha pasado a todos en algún momento, o en muchos. Sin embargo, no se puede mantener como actitud contra Dios, el espíritu y la vida (que puede que sean lo mismo). No ayuda a seguir adelante.

La energía es ilimitada, está en todas partes, en continuidad, (somos energía, y espiritualmente, no hay diferenciación entre nosotros y el resto, en términos de energía). Sin embargo, nuestro nivel de consciencia y acceso a la energía para festionarla en la actualidad es muy limitado. Por esta misma razón, debemos aprender a gestionar nuestra atención de cara a evitar fugas energéticas, y que nuestro pensamiento no se quede anclado en una espiral negativa, lo que siendo humano y comprensible, también es altamente tóxico y contraproducente.

Conducir la atención, y por tanto la energía, a lo que hay, a lo que se puede hacer, abre la puerta a la vida, a desarrollar el potencial, que con una buena motivación es mucho más que el rendimiento vital anterior a la enfermedad, pérdida, etc. No es una teoría, es una experiencia que narran y demuestran con sus vidas gente como Irene Villa, cuya madre supo orientar tras el salvaje atentado, impulsando su vitalidad y resiliencia. Genial, la resolución del genio Stephen Hawking, trascendiendo la enfermedad y el cuerpo desde el pensamiento, y viviendo (se casó dos veces y tuvo tres hijos). Si Stephen se hubiera centrado en el resentimiento contra su suerte y se hubiera dejado intoxicar existencialmente, su esperanza de vida con el ELA hubiera sido de 14 meses, lo que a los 21 años, habría implicado una muerte en la más joven edad y una enorme pérdida para la ciencia. Sin embargo, vivió 55 años más, para incomprensión de los neurólogos, que todavía no se lo explican. Yo intuyo por su mirada (abierta, alegre e ilusionada) y por la pasión demostrada por su trabajo, que su atención y energía vital se puso al servicio de su obra en este mundo, permitiéndole una extensión de vida de 54 años con respecto a la esperanza médica. ¡Gracias por la gesta y tu legado Stephen! Sirva de ejemplo para todos.

Acompañar a Stephen, así como a tantos enfermos incapaces, no es tarea para cualquiera, ni de cualquier manera, ni en cualquier momento. Muchos en poco tiempo, lo vivirán como una carga excesiva, desgastándose en el viaje. Sin embargo, los que se atrevan, con verdadera vocación de servir, sentirán una gran sensación de misión cumplida en este plano, y podrán aprender de su ejemplo vital, de su actitud, y en casos como éste, de su interpretación no solo del cosmos, sino de lo que les rodea, lo que en mi experiencia acompañando gente que sufre es un auténtico regalo por el que dar muchas gracias todos los días.

* Sigue la lectura en el nuevo libro sobre Crisis de Jorge Urrea. (fecha esperada de publicación mayo 2020)

Gestión de crisis: sufrir en Tinder

Gestión de crisis: sufrir en Tinder.
Por Jorge Urrea

Años después de escribir aquel artículo sobre ligar o enamorarse en redes virtuales,
“Me he Enamorado” http://www.psico-tao.com/?p=924
enfrento otra crisis parecida pero con una aplicación más directa, más al grano, identificada con sexo fácil para muchos. El hombre en crisis con el que trabajo tiene casi 30 años, con carrera, pero a presente pocas aspiraciones profesionales, corpulento, dice que muy bien dotado pero tímido en exceso, lo que lamenta, “porque podría dar mucho placer si tuviera novia” (no dice una aventura, dice novia). Las redes del amor, o de contactos, no solo no le están funcionando, también le maltratan: la semana pasada se quedó enfatuado por la imagen y comentarios seductores de la mujer con la que fue chateando, hasta que después de varios días, ella le dijo de manera abrupta el precio de sus servicios profesionales. El engaño le había hecho creer merecedero de amor, para luego leer que no lo merecía si no pagaba, un arma de doble filo y corte que ya había visitado. Quedó maltrecho, con la autoestima baja, desconfiado, enfadado y con sensación de haber malgastado su tiempo, como es normal..

Hoy probamos a entrar juntos en su aplicación de Tinder, que nunca había visto, y descubro algunas cosas, que si bien no puedo generalizar, sí que emergen como temas sociológicos, en su uso extendido de la misma:
1- Exceso de rapidez en el visionado: tarda apenas dos segundos en pasar por candidata. No mira sus perfiles, ni los gustos de ellas, nada. Tan solo la foto.
2- Poca adecuación al nivel de exigencia: todas las que elige son o parecen supermodelos. Mientras que él es un hombre de lo más normal, que tampoco se muestra poderosamente atractivo en ninguna otra área de la vida. (dinero, labia, amigos, ambientes, presencia, etc)
3- Aporta poca o nula información y ganas de trabajarse el perfil y la seducción. No es que no tenga que haber una tuna cantando bajo la ventana, o un hombre cómico, o romántico, o galán, es que él entrega tan poco en la conquista, que razonablemente, tampoco le dan nada.
4- Como una profecía autocumplida, los fracasos anteriores, sin cambio de estrategia, generan ansiedad y pronta renuncia. Hemos invertido escasamente 3 minutos en verlo y ya quiere hablar de otra cosa.
5- Queda una falsa sensación de haberlo intentado, en lo virtual, por lo que en la vida real tampoco lo intenta, y procrastina, sin cambiar nada, pensando que mañana será otro día, sin ver que mañana será igual, porque quien nada cambia nada mejora.

Insisto en parar su inercia, no cambio de tema y le ruego que volvamos a abrir la aplicación: Vamos a gestionar la crisis y sacar partido de ella.

1- Mejoramos sus fotos de perfil, que curiosamente, aparecía haciendo el tonto con amigos, de fondo entre varios, en vez de mostrando su mejor cara. Le hago fotos chulas, que evocan algo más interesante. Esto no es una sesión de terapia, es asesoramiento, es gestión de crisis, que es lo que más me piden, en este caso es crisis de soledad y ausencia de contacto. Que nadie lo identifique con un obseso. Hoy un sector de la sociedad está a la caza del deseo, el masculino, como si erradicarlo fuera a ayudar a nadie.
2- Trabajamos la descripción de sus gustos, como una manera de mostrarse ante el mundo: resulta que es un lector culto que gusta de los clásicos, que tiene interés e intelecto, lo que hasta ahora no había aparecido por ninguna parte. Bravo por él.
3- Le insto a pararse en fotos de mujeres más normales, con algún encanto en la mirada, la sonrisa, los comentarios… le animo a abrir los ojos a lo esencial, que como decía el principito, es invisible a la mirada. Le animo a tomar contacto con alguna de ellas, cuidando las palabras, si tener expectativas rápidas.
4- El tiempo de dedicación también es fundamental. Decía Baudelaire, para que algo resulte importante basta con dedicarle largo tiempo. Es cierto, en la sociedad de la información, con la velocidad actual, nada es importante, nuestra mirada es superficial, ansiosa por llegar a un sitio lejano, que como en los espejismos en el desierto, se desvanece al llegar.
5- Ahora si entro en terapia, y le explico que su baja autoestima corresponde a un narcisismo escondido, y que ambos son falsos. Ni es tan feo, ni tan interesante. Es un hombre normal, que debe buscar una pareja normal, y como no es el centro del universo, tendrá que ponerse en vibración con el resto del mundo para si quiera, entablar conversación.
6- Le recuerdo que estar en una red del amor no es contratar una prostituta que trabaja por ti, como ya ha hecho. Es pagar por tener más acceso a información, simplemente. El hombre (y la mujer) debe trabajar su búsqueda de candidata, tanto como su estilo de seducción, para conseguir una oportunidad, un pasar una puerta, que no es la felicidad, sino la entrada a más contacto, roce, experiencia, y eventualmente compromiso y proyecto.

Para concluir, debemos agradecer a la tecnología su aportación e incorporar la transformación digital de una manera humana en nuestras vidas. Muchos de mis clientes entran en las aplicaciones, se frustran, maldicen la tecnología y la gentuza que hay dentro, y se van. El problema no está en los canales, está en lo que uno evoca, llama y busca deliberada o incoscientemente. Un uso consciente, razonable, sosegado y dedicado, aportará mil oportunidades imposibles de otra manera, no tecnológica.

¿Hay que protegerse de desalmados? Sin duda, el corazón debe ser abierto a poquitos, y cerrado a discreción, cuando sea necesario. Aquí un ejemplo femenino, de una caperucita cándida por el bosque virtual: chico de menos de 30 años contacta mujer de cuarenta y pico, va directo al grano, y cuando ella agradada por el interés de él, pero violentada por las maneras le pide un poco de calma en el acercamiento, recibe el comentario descarnado de “ah, creía que con 40 años ya no queríais pareja, tan solo follar sin compromiso”. ¡Qué daño! Esto podrían suceder en una discoteca a todo volumen con la misma velocidad, si, pero en lo digital hay menos exposición para el perpetrador o perpetradora, que tarda lo que un click en agredir y desaparecer, y la víctima no lo ve venir dando tumbos, como en la disco.

Lo dicho, ten claro lo que quieres y manifiéstalo, entra con tacto y protección al con-tacto, y trabaja amorosamente una búsqueda que estás necesitando colmar y la tecnología te puede facilitar información para lograrlo, sin juicio ni exigencia, pero el cuidado y autocuidado, lo pones tú.

Jorge Urrea es gestor de crisis personales y profesionales.

Lecciones desde el monasterio IV- RUIDO

Lecciones desde el monasterio IV: RUIDO.
Por Jorge Urrea

Hace cuatro años cumplí mi sueño de comprar una casa en el campo, en principio era para fin de semana, pero la vida me acabó regalando la oportunidad de disfrutarla todo el año. El caso es que después de las pertinentes tensiones resultantes de firmar una segunda hipoteca, nos dieron las llaves y fui a verla yo solo. El dueño me contaba todos los trucos de la casa y yo en mi ensimismamiento, no pude ver más que cosas buenas.
Rápidamente, demasiado para mi mujer, compré muebles y nos dispusimos a pasar la primera noche en aquel lugar idílico con vista a la puesta de sol sobre el pantano de Pedrezuela. Todo era risa, alegría y compartir, pero cuando dejé a los niños acostados y salí al jardín a meditar bajo las estrellas, conecté con algo inesperado: el ruido de la carretera, que aunque estaba a unos 800 metros, suponía un nivel de ruido considerable, más alto del que teníamos en la casa de Madrid. Mi respiración se bloqueó, mi oda a la vida retirada se vino abajo, tenía ganas de llorar: me quedaban 30 años por pagar una casa con ruido. Entonces recordé las palabras de Cristina, mi alumna de tai chi que vive en la calle Príncipe, en el centro de Madrid. “Hay que ecualizar el sonido”, y poco a poco lo identifiqué con el del mar, hasta relajarme y dejar de escucharlo.
Pasaron tres años y decidimos cambiar nuestra casa por una para de todo el año, y ya de paso alejarnos de la carretera, pero yo que había aprendido de la experiencia, fui a meditar caminando en silencio (Still Walking) por la otra zona de la misma urbanización donde ya estábamos arraigados y decididos a seguir viviendo, por un interés de familia más que propio, la verdad. Al ganar silencio lejos de la carretera, me di cuenta de que los ocasionales aviones que se acercaban a Barajas, a pesar de estar a 50 km, causaban un estruendo, que de nuevo era superior al ruido que teníamos en la ciudad, o eso pensaba, porque la realidad es que en la ciudad hay mucho ruido constante, que solapa otros ruidos.
Estando en esas, conduje al Monasterio de Plum Village cuna del Mindfulness, en plena campiña francesa, a una hora de coche de Burdeos por carreteras minúsculas. El final del camino recordaba casi a las praderas canadienses por lo aislado, y la finca era tan grande, que los vecinos no podían molestar. Este es mi momento, pensé, por fin sigo el camino sosegado de Fray Luis de León. Al día siguiente nos fuimos a caminar todos juntos en actitud contemplativa, en silencio, y llegamos a una pradera custodiada por gran número de budas pétreos. Me senté, respiré, y un Boeing 747 pasó por encima de nuestras cabezas haciendo vibrar nuestros cuerpos.
Mi primera reacción fue reír a carcajadas. Ni el bueno de Thich Nhath Hanh puede escapar al ruido pensé. Luego decidí fluir con el tema, e incorporarlo, recordando que pronunciar el sonido RAM, (que bien podría ser de turbina), visualizando la zona del perineo ayuda a subir la energía. (es una de las técnicas que siempre enseño cuando formo en Alto Rendimiento) Dejé de luchar con el entorno y lo incorporé para mi bien. Fluir no es hacer yoga ni meditación dos veces por semana en una sala silenciosa. La atención plena tiene que ver con abrir la percepción y ver lo que podemos hacer con esa vida que nos llega en maneras paradójicas y que en muchos casos no podemos cambiar.
En el monasterio de vez en cuando tocan una campana y la consigna es que pares lo que estás haciendo y conectes. Puede que te pille hablando, y al parar te das cuenta de lo estás diciendo y desde donde lo haces, ¿es un sitio virtuoso, o egoico? ¿es bondadoso o malintencionado? Puede que te pille la campana comiendo: ¿a qué sabe, te sienta bien, es lo que necesitas, lo comes con ansiedad? Así con todo. Un avión es un ruido no deseable, pero también puede ser una invitación a vibrar desde el perineo y ganar energía, o podemos incorporarlo como una campana que te recuerda parar y conectar.
La atención no es necesariamente pasiva-receptiva, también se puede ecualizar, interpretar, orientar y focalizar. El proceso contrario, que es por el que he tratado a tantos clientes en consulta, es el de obsesionarse con algo que no cambia (los aviones pasan, o la vecina sigue poniendo radio olé, hay miles de distracciones). Recomiendo ver la película Noise donde resonar con las experiencias de un Tim Robins desquiciado. Puedes combatir todos esos ruido en tu vida y luchar por un mundo mejor, pero ten en cuenta que la lucha puede convertirte en una persona igual de hostil que lo que tú sientes como agresión externa. http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-69975/
Otra posibilidad es la del que se obsesiona sin reaccionar, que deja de gobernar y focalizar su atención. Es víctima de la vida. Entra en una espiral de pensamiento negativo, donde la privación de libertad es cada vez mayor, el resentimiento y la ira se acrecientan de manera exponencial. Esta mañana leía que una mujer había empezado un tiroteo en un fastfood de EEUU porque las patatas fritas estaban frías. Vivimos como auténticas bombas a presión, apretados por lo que vivimos como agresiones personales, directamente dirigidas a nosotros, sin entender que los aviones, que nosotros también tomamos, pasan sin mirar abajo, y el camarero del “fastfood” fue tan “rápido” que no frio bien las patatas o las tomó de las de hace cinco minutos (que es el tiempo que esa pasta congelada con forma y sabor a patata deja de estar rica). No es personal, no te irrites, se le puede indicar que las cambie con una sonrisa y un loto, como hacen en el monasterio, o lo que es mejor, consumir otro tipo de “patata” en otro tipo de establecimiento.
En ocasiones podemos cambiar la hipoteca e ir a otro sitio a vivir, pero es raro. La mayor parte de las veces debemos aprender a convivir con agentes estresores (incluso en sitios tan idílicos como el monasterio de Plum VIllage, donde por cierto se gestionan con una sonrisa eventos de 500 personas, con comidas, bebidas, baños, guarderías, conferencias, interpretaciones simultaneas con alto despliegue tecnológico y ventas de souvenirs ecológicos y orgánicos con facturas e impuestos). Debemos aprender a gestionar la atención, ecualizarla, subir o bajar el volumen de lo que percibimos y aportar al mundo un trato agradable, por nuestro bien, el de los que nos rodean y el de los que están por venir.

Jorge Urrea es gestor de crisis personales y profesionales.

Lecciones desde el monasterio: 3- El día de la pereza

Otra de las experiencias que me marcaron en el monasterio fue el día de la Pereza: que tiene una periodicidad semanal, y consiste básicamente en no hacer nada esforzado, ni siquiera meditar. La actitud es de relajación absoluta, aflojar exigencias, propósitos, metas, y simplemente contemplar la vida desde una no acción.
No es una prohibición de acción, pero sí una invitación a parar y aflojar. Por ejemplo, puedes aprovechar para leer, o disfrutar más de tus seres queridos, sestear, o dar un paseo. No hay como en algunas religiones estrictos códigos de actuar con número de pasos, ni ayuno, ni prohibición de trabajo. Y sin embargo la propuesta es rompedora en un lugar donde todo funciona como un reloj suizo: limpieza, comidas, actividades, conferencias, despliegue para las conferencias, etc.

Entra el verano y la pereza no parece una opción para gran parte de la población de países desarrollados. Está mal vista, parece que más es siempre mejor: más dinero, más viajes, más caballos en el coche y más megas en el ordenador, más amantes, más juergas y más de todo, con tal de no parar y conectar con el presente y lo que de verdad hay. La adicción a la intensidad y el estrés como estilo de vida, originan más muertos al año que ninguna otra calamidad en este mundo. retorciendo la salud física, mental y las relaciones humanas.
Yo voy a intentar dormir más, comer menos, preocuparme menos y disfrutar más del silencio, de la ausencia de fiesta, de la ausencia de intensidad, de un lienzo blanco donde todo sea posible, donde imaginar lo que voy a pintar después.
Detrás de tan cándida propuesta, el taoismo y la ancestral medicina tradicional china nos hablan del wu wei, del vacío, de la no acción, de un pozo donde obtener fertilidad de pensamiento y regeneración, y curiosamente la neurociencia más moderna nos habla de lo mismo. Vamos que la pereza pertenece a una pseudociencia antigua de lo más científica, que yo como persona hiperactiva con un c.v más largo que un día sin pan, te recomiendo practiques en razonables dosis diarias, así como semanal, mensual y anualmente. Es una pereza rentable física, energética, mental, emocional, afectiva y espritualmente.

Lecciones desde el monasterio: 2- La meditación del servicio

Aprender a ponerse al servicio, y disfrutar.
Una actividad clave era la meditación del servicio, karma yoga lo llaman en algunos sitios, y a mi en otros sitios me había parecido una manera sutil de ahorrarse gastos, poniendo a los practicantes a trabajar, pero en este caso, yo lo viví con otra profundidad y lectura. Había que elegir una manera de ponerse al servicio, y meditar con ello, en atención plena: yo además de hacer de intérprete en varias conferencias, colaboré junto con mi mujer e hijos de 6 y 7 años en la limpieza del comedor de 200 personas. Aprendí varias cosas:

a) En primer lugar, los comedores están limpios porque alguien los limpia todo el tiempo. No porque uno pague por ello en tantos sitios, debe dejar de agradecer y valorar que tanta gente te haya servido para poder disfrutar de eso. Debemos mostrar humildad y reconocimiento en relación con quien nos sirve.
b) El comedor era enorme, y al querer hacerlo rápido y coordinar a los niños, me entró un poco de angustia y premura, que me alejaba del mindfulness. Un aspirante a monje apareció y nos puso a cantar recordando la importancia de inspirar y expirar. Al hacerlo, me di cuenta de que no había porqué correr, y pude realmente disfrutar de mi entrega a un servicio que iba a aportar a una comunidad.
c) Entre las mesas se notaba la gente que tenía más conciencia de cuidar el sitio y no suponer una carga para el que pasa detrás, y otra que simplemente lo tiraba todo encima de la mesa, y limpiar migas de pan, no es lo mismo que raspar y arrancar trozos de fruta, mermelada, leche, etc. La falta de consciencia no solo se carga el planeta, afea y destruye nuestro entorno más inmediato.
d) Cuando sirvas, hazlo con esmero, de manera que te siente bien hacerlo: mis hijos estaban apasionados por dejarlo todo pulido y brillante, sin juicio ni resistencias, lo que me recordó que el premio de hacer las cosas bien es mucho mejor que a medias, porque uno se siente orgulloso y feliz mientras que trabaja, y después. Nota bene: no es que mis hijos sean unos santos, evidentemente, a las pocas mesas y dada su corta edad, me dijeron que querían irse al gran arbol con columpio de la entrada, a lo que no opuse resistencia, pues entendí que ellos ya habían hecho lo que tenían que hacer, que era darme otra lección más con su ejemplo en el tiempo que habían estado.
e) Lo más importante de servir es que te sana en la relación con el mundo. La sociedad de consumo nos ha vuelto estúpidos e ignorantes. Estar atento a lo que el mundo necesita de mi, me ayuda a valorar lo que de verdad importa, me abre el corazón, y cierra esa boca exigente e insatisfecha, a la que nada le vale.
f) Una vida de éxito no es la que tiene mucho dinero en la cuenta corriente, es la del que sabe que ha cumplido su misión, que en el fondo está relacionado con cuanto se ha puesto al servicio.
g) El mar es el más grande de los ríos porque se pone por debajo, dice el Tao TE Ching. La humildad en el servicio te vacía para poder tomar grandes lecciones, que llenan la verdadera profundidad del Ser.
Ahora que hemos revisado todos esos puntos, elige, ¿quieres limpiar letrinas? No es necesario, sirve donde puedas y se te de bien, en aquello que tú elijas, hazlo con amor y voluntad de servir, más allá de la remuneración y de tu autoimagen, lo digo por tu bien. Serás mucho más feliz.

Lecciones desde el monasterio: 1- Mindful Eating (comer con atención plena) y satisfacción

Lecciones desde el monasterio budista zen de Thich Nhat Hanh
Por Jorge Urrea

1- Comer con atención plena y satisfacción:
Cuando le dije a mi mujer que quería ir a la cuna del Mindfulness en Europa a pasar una semana conviviendo con los monjes me sorprendió gratamente y me dijo que ella y los niños venían conmigo, que nos sentaría bien a todos, incluidos los niños, que según ella aprenderían técnicas de concentración. (tanto mi hijo como yo, tenemos un poco bastante de dispersión, o lo que ahora llaman a veces déficit de atención).
Nuestra llegada al monasterio budista de Thich Nhat Hanh cerca de Burdeos fue amorosa. Nos esperaban muchos monjes y “benevolentes” (voluntarios), deseando que tuviéramos una toma de tierra agradable. Sin embargo, la austeridad del lugar, las duchas comunes, sucias la mayor parte del tiempo y con arañas (las limpiaban voluntarios y las compartíamos muchos), la pintura que se caía, la falta de cerradura en la habitación, fueron shocks para unos u otros, más o menos fáciles de incorporar. Para mi fue bastante fácil, tenía un aire de ya vivido, quizás en otra vida, excepto al principio su comida, vegetariana con muy pocos cambios, que era todavía más restringida para mi por el hecho de ser muy intolerante al gluten, y eso reducía mi carácter goloso a básicamente patatas, arroz y zanahoria y una deliciosa ensalada con productos de su propia huerta. La gran novedad para los niños era el rito de comer en silencio y en “familias”, grupos asignados por afinidad cultural, y acompañados por al menos un monje, que también nos acompañaría espiritualmente esa semana.
Cada uno se dirigía en “noble silencio” al buffet y tomaba en actitud meditativa lo que deseaba. Después nos sentábamos en silencio bajo un árbol, a esperar que el monje sonara la campana para empezar a comer todos, escuchando de fondo los pocos sonidos de un lugar recóndito de la campiña francesa. Ese proceso en silencio, con conciencia, a mi me dejaba en calma, para poder sentir realmente qué quería y cuanto necesitaba comer, y de qué manera y ritmo también. De la austeridad de la comida y el silencio solo puedo dar las gracias. Elegí solo lo que necesitaba comer, y luego mastiqué y disfruté de lo que allí tenía, apreciando texturas y olores, una experiencia digna de un restaurante Michelin. La nutrición del alimento no viene solo de lo que digerimos, también de cómo nos relacionamos con él, de cómo lo atacamos en boca, olfato, nuestra actitud durante la ceremonia sagrada que debería ser (más cuando la mayoría de las dietas llevan animales que han dejado de existir para que nosotros podamos comerlos, y es que no porque compremos los paquetes de filetes en el supermercado significa que detrás no hubo un animal). En fin, la experiencia de comer mindfully, en atención plena, en contacto con mi necesidad y el alimento, sin ruido, es un regalo que sugiero que todas las personas, más las que tienen desórdenes alimenticios, practiquen gradualmente, hasta que su relación con la comida y su cuerpo sea amorosa y respetuosa.
Antes de seguir con el viaje en el monasterio, quiero adelantar nuestra comida al salir de allí. Fuimos a un hotel de lujo en la misma playa de San Juan de Luz, donde el precio garantizaba satisfacción, ¿o no? Llegábamos con los sentidos abiertos, limpios, y nos encontramos que la habitación olía entre tabaco y alcantarilla. Protesté, pero no podían cambiarnos de habitación, ya que el hotel estaba lleno. Intentaron camuflar el olor, pero la experiencia fue muy desagradable, por muy lujoso que pareciera todo. A la hora de comer, nuestra primera experiencia fue mirando el mar, lo que es en sí, otra experiencia maravillosa de no ser porque al ser servidos, dependimos de una insatisfactoria espera a que la camarera dejara de charlar con sus compañeras y nos atendiera, lo que demoró 40 minutos la llegada del primer plato. En el monasterio, al no ser servido en mesa, eso no pasaba, y como yo no lo necesito, ganas me dieron de ir a la cocina yo mismo, pero claro, culturalmente habría resultado incomprensible. Ser servido porque uno paga tiene su beneficio, y su coste…
A la hora de elegir plato, más insatisfacción, porque puedes elegir mucho más que en el monasterio, y eso genera una ansiedad y ruido, efecto perverso de tanta opulencia. Además casi todos los platos llevan gluten, por lo que respiré mi resignación tratando de convertirla en aceptación como podía. Tras simplificar la elección al máximo, y renunciar a tantas cosas apetecibles, me plantaron delante de un trocito diminuto de pescado limpio en un plato muy grande con tres manchitas verdes tipo Miró, que prometía ser poco para los 28 euros del plato La angustia de ir a quedarme con hambre, hizo que no consintiera, reaccionara a tiempo, me expresara y pidiera más. Así hicieron, pero con otro trozo igual de diminuto, y me quedé con hambre, enfado y 50 euros menos por cabeza. Ya no estaba muy zen.
Tratamos de adaptarnos al hotel lujoso por la belleza del mar y el encanto del pueblo, pero tras 5 días le propuse irnos a mi mujer, un día antes, y le pareció estupendo. Loada sea la sincronía. Pasamos menos tiempo en el hotel que en el monasterio, con menos paz, disfrute y presencia. Una contradicción, que ahora reviso e interpreto bajo la luz de la sociedad de consumo y como provoca insatisfacción permanente. La austeridad y los límites tan claros del monasterio, hicieron que la loca carrera del deseo se parara por unos días, abriendo el espacio para la conexión profunda con el ser, con la harmonía y belleza de vivir la sencillez. Ole, que diga Omm.
P.D: Las dinámicas sociales y culturales que vivimos a diario, nos llevan lejos de un lugar así, claro. De hecho, hay dos anécdotas graciosas que merecen ser contadas: mi mujer, que necesita tener un café por vena antes de empezar a hablar por las mañanas, sufrió la ausencia del mismo, con su carácter estoico más que paciente, y el día que se encontró a 4 monjes preparando un café clandestino en una tienda de campaña, tuvo la oportunidad de trabajarse la gestión de la envidia, emoción extensa e intensa en nuestro país. La segunda fue que al ir a guardar las maletas en el coche para irnos, vimos que alguien había dejado una caja de pizza junto a una caravana, en el parking. Nuestras tripas reaccionaron inmediatamente. El cuerpo tiene hábitos que incluso tóxicos como el alcohol o la nicotina, reclama. Los mojes hicieron un encuadre del retiro muy rígido, para que nos sirviera a todos, pero en ningún momento miraron con juicio al que no pudo sostenerlo, más bien lo contrario, su mirada fue siempre compasiva, con las pequeñas veleidades que uno necesita para su propio camino. Yo por ejemplo, cansado de levantarme a las 5 de la mañana para ir a meditar, una tarde me quedé echando la siesta, y al monje de nuestra familia le pareció estupendo. Gracias por no juzgarme.

el sí de las niñas, y niños…

Cuando Moratín escribió El sí de las niñas a principios del siglo XIX no sabía que las cosas podrían cambiar tanto y tan poco en 200 años. Hoy en día el acceso a la educación de las mujeres es un derecho libre en nuestro país, plenamente ejercido por ellas, que las forma y da recursos para ejercer su libertad, hasta el punto de que las universidades tienen en general más presencia de mujeres que de hombres.
Sin embargo, tal y como está conformado el mercado laboral, sus leyes, y las expectativas socioespirituales de hombres y mujeres, llega un momento en que ellos prefieren seguir saliendo a “cazar”, proveyendo, y ellas prefieren dar su atención a la familia y a un estilo de vida más humano, con menos hostilidad. Esto que explicábamos en nuestro libro Ingenio, sexo y pasión, como el factor Atenea, se produce más en las carreras técnicas, pero no solo, y con la llegada del tsunami digital, promete tener un potente efecto sobre el componente de género a nivel sociológico. Lo que nos hace distintos nos hace rentables, pregonamos mi mujer y yo en el libro, para que la igualdad de oportunidades no sea vista como un ideal, sino como una verdadera oportunidad de sumar talento y formas de trabajar distintas, sinérgicas y eficientes.
Por otro lado, hablemos de poder: Sabemos desde Cristo, con su mensaje “no se puede servir a Dios y al dinero”, o Quevedo (poderoso caballero es don dinero), que el dinero ha estado y seguirá estando en nuestra atención, tentando, sacándonos de nuestro centro. El representante del infierno, sin que nos demos cuenta es el sistema de consumo, que abarca toda la enorme red de influencia que nos golpea en cada anuncio callejero o del móvil, donde depositamos nuestra mirada cada 5 minutos según el estudio de Oracle de este año. Nuestras pasiones internas se desatan por envidia de lo ajeno, ambición. Vanidad, gula, lujuria, o simplemente aburrimiento. I want it all decía Queen.
Al quererlo todo, soltamos lo que tenemos en las manos para poder tomar lo siguiente, individualistas, encontrándonos siempre insatisfechos porque las manos no acaparan más de lo que ya tenían, y la experiencia real de consumo nunca trae satisfacción duradera. La diferencia es que con el ejercicio de poder individualista cada vez estamos más insatisfechos y más solos.
Ampliemos ahora el argumento, manifestando que hoy el sí de las niñas lo están dando también muchos hombres, hijos de la madre, que juraron no hacerlo como sus padres, renunciando a la agresividad y carácter depredador de su antecesor, buscando un lugar más humano, más cariñoso y nutritivo para los suyos, proveyendo otro tipo de comida que no se paga con dinero. Sin embargo, de nuevo las dependencias sacuden a los que así actúan, y ahora hay muchos hombres que llegado un divorcio no pueden ni pagar la pensión por alimentos, porque no desarrollaron carreras más lucrativas. Esas situaciones de dependencia que antes se atribuían solo a la mujer, ya están sucediendo a muchos hombres, que a menudo deben volver a vivir con sus ancianos padres, permanecer con sus parejas por conveniencia, o volver a unirse con otra pareja como modo de sobrevivir económicamente en un mercado cada vez más aparentemente opulento de tecnología, pero donde la comida y el techo tienen un precio más inaccesible.
De nuevo poderos@ caballer@ es el dinero, o la plata… Llamativo es el contraste entre las películas de amor ideal y esas relaciones más o menos de conveniencia de tantas personas con personas, donde el factor sexual (género) ya no determina tanto, para convertirnos a hombres y mujeres en víctimas del nuevo culto, el del individualismo y el poder, el económico, donde el que más puede más tiene, pero no por ello se siente más amado ni acompañado, pues como Don Diego en la novela de Moratín, ser el más poderoso y experimentado no implica ser el más feliz, ni el elegido de la diana de amor del otro, ya que la joven y bella Doña Francisquita, reconoce amar al menos poderoso.
Ampliemos ahora la comprensión del poder, como algo más amplio, que incluye el dinero, pero también el atractivo físico, o la propia juventud, que implica años de vida y posible cuidado del otro. Son todo monedas de cambio en un juego mercantilista donde se va perdiendo el corazón. Cuando se da un consentimiento, el sí, es porque ambas voluntades están de acuerdo en hacer algo. Si una de las partes no lo tiene claro, que no lo haga, que se aclare antes en terapia o simplemente con tiempo para reflexionar. El viejo Don Diego en la obra de Moratín, convence a la madre de su pretendida de que su hija no le ama a él, sino a su joven y apuesto sobrino. Es un bonito y sabio final no solo por los jóvenes, sino también por el anciano, que se separa de la tentación y no presta su propio consentimiento a un encuentro viciado. No es mejor la soledad del que sabe que no le queda otra que aceptar que su consentida no le ama ni le amará. Todas esas comedias románticas se convierten en dramas Shakespearianos, como la vida misma.
Como terapeuta creo que con el cambio de circunstancias y oportunidades es positivo que hombres y mujeres sufran y aprendan, porque no hay mejor manera de entender lo que el otro atraviesa que meterse en sus zapatos. Hoy tenemos zapatos de todos los tipos, cálzate el que quieras y puedas, aprende, y recuerda lo que era estar en los anteriores, porque pronto llegará el momento en que otra persona te hablará de su dolor y falta de libertad, y sí quieres entenderle tendrás que evocar lo que aquí te cuento. Mi recomendación es que eventualmente intentes profundizar en la naturaleza humana del otro y la tuya propia, sin juicio, abriendo el corazón a lo sutil, aumentando la conciencia, explorando el microcosmos y el macrocosmos, con el mismo interés. Somos UNO, nademos en el amar como sirenos y sirenas, libres, bajo la mirada de la Dama azul de Ibsen, que presta su consentimiento de manera inconsciente, porque todavía no se atreve a soltar su cabeza, ni sus miedos ni su apego a lo que no vive, y la priva de lo que sí que puede vivir, un poco más abajo y más adentro.

Gestión del dolor y la enfermedad: 0- Antes de que ocurra.

Comienzo una serie de artículos, sacados de un libro que pronto publicaré, dedicados a la gestión del dolor y la enfermedad crónica. Después de décadas de aprendizaje, de lidiar con ello y acompañar a números clientes, me doy cuenta de que un conocimiento así debería ser impartido en las escuelas, porque antes o después todos pasamos por la enfermedad y el dolor, y se puede hacer mucho para mejorar la calidad de vida, la propia y la de las personas que acompañamos. Con todo mi cariño, espero que te guste.

Antes del dolor y la enfermedad:
No conduzcas tu vida a modo paliativo, hazlo preventivo. El autoconocimiento, la nutrición y técnicas como el chi kong, la acupuntura, o la medicina tradicional china te ayudan a llevar una vida sana y sanadora, donde la autoregulacion organísmica sucede de manera natural y a tiempo. No quiere decir que uno no caiga enfermo ni sufra, pues el equilibrio es un concepto inestable, lo que sí que pasa es que las crisis son menores y duran menos tiempo.
¿Por qué el autoconocimiento? Despertando la conciencia uno vive de manera responsable el contacto con el mundo exterior e interior, dándose cuenta de lo tóxico o nocivo que no debe consumir ni frecuentar, de lo que cuidar, de respetar los ritmos, el descanso por ejemplo (cuantas mujeres han olvidado exigirse menos en los días de sangrado, por ejemplo). No es fácil, hay que aprender a conectar con el cuerpo, introducir inteligencia emocional y espiritual, detectar cuales son los hábitos tóxicos, las personas y dinámicas que a uno no le sientan bien, desprogramarse de ideas locas. Claros ejemplos son las dependencias de fumadores, alcohólicos, alteraciones alimenticias, o las mismísimas víctimas de maltrato. Siendo evidente incluso para ellas que su apego no es sano, les falta conciencia del daño para dejar de hacerlo.


Mi consejo es invertir en autoconocimiento, medicina preventiva y hábitos saludables todos los días, no solo cuando uno está enfermo. Esto no es una chinada ajena a nuestra cultura, antiguamente en España se hacía: el médico del pueblo conocía tu familia, incluso podía visitarte en casa y ver tus hábitos, tu entorno, tus preocupaciones del alma. No te miraba solo lo que te dolía, como ahora, te miraba el iris, la lengua, charlaba contigo… Ahora no es que los médicos no quieran, es que el sistema no se lo permite. Deben ver a 50 pacientes por día, y no hay tiempo para eso. ¿Quieres un servicio diferente? Paga por él, prioriza tu salud en tus gastos, y luego sé disciplinado: si te dicen que estás estresado, relaja, y si te dicen que estás sedentario, activa. No hay otra, es tu vida, tu cuerpo y tu obligación de cuidarlo como una nave sagrada que habitas.
Por otro lado, cuando uno conduce su vida de manera sana, la psique está más fuerte e higiénica, con capacidad de sostener crisis puntuales que a uno le llegan, incluso aprendiendo de ellas. No es así cuando uno no se cuida y no para de sufrir todo tipo de males, pues el nivel de saturación hace que la fortaleza psíquica se resquebraje, que un mal menor parezca mayor, y que la mejor de las esperanzas sea que la vida se acabe rápido. Así, unos se suicidan, y otros se deprimen, que es la manera de cerrar los ojos y esperar que todo acabe. Ambas opciones son de un coste altísimo, (individual, familiar y social) y pueden evitarse de manera mucho más fácil si se trabaja a tiempo, a modo preventivo, que no paliativo.

Continuará.
Jorge Urrea es experto en autoconocimiento, terapeuta psico-corporal y gestión de crisis.

Gestión del dolor: 1- Me va a doler.

Gestión del dolor y la enfermedad crónica: 1- Me va a doler.
Jorge Urrea www.psico-tao.com

Es un rumor, lo siento leve, pero sé lo que viene detrás, me va a doler y mucho. Mi cuerpo se prepara para el impacto como en un accidente de coche, se tensa, se aprieta, se cierra en una coraza intentando eludir el dolor. Sucede con las migrañas recurrentes o con el cólico nefrítico, por ejemplo. Los testimonios al respecto son muy claros: generación de ansiedad, mal humor, retirada del contacto (no estoy para nadie), crispación del cuerpo con dolores añadidos en cervicales (zona de control), espalda, costillas, mandíbula, ano, etc. “Me va a doler, y mucho, prepárate”, se dicen de manera consciente o inconsciente, pero ¿saben hacerlo de manera eficiente?

Aprender a gestionar la psique, y en concreto, la anticipación del dolor es fundamental. Primero porque no siempre corresponde a una realidad posterior, y la preparación para ese impacto, es como en tantas otras ocasiones de nuestra vida, una ansiedad para nada, o lo que es peor, para sufrir hoy por un motivo psicológico, no fisiológico. Para ello es importante ir haciendo chequeos cada cierto tiempo (la periodicidad depende de la enfermedad) valoraciones del uno al diez, de cómo es el dolor real ahora. Respira profundamente, vuelve al presente, observa cómo se mueven tus pulmones y tu cuerpo con la respiración, resetea tu memoria del dolor y evalúa otra vez, sin prejuicio. Hazlo al menos hasta que alcance un 8 sobre 10, momento en que realmente el dolor se ha instaurado, y borrar la huella dejada en cuerpo, mente, emoción y espíritu lleva más tiempo, días, incluso semanas dependiendo del trauma. Trataremos sobre qué hacer en ese caso más adelante.
Segundo, y aunque parezca contradictorio con el primero, la alerta temprana es buena para reaccionar con lo que sí que se puede hacer. Ahí, el apoyo farmacológico es una ayuda del siglo XXI que sólo los curanderos del medioevo rechazarán, por conflicto de interés. En el caso de los cólicos nefríticos, por ejemplo, el conocedor por experiencia, como yo, sabe diferenciarlo de un dolor de espalda, y lo mejor que puede hacer es doparse cuanto antes para que el nivel de intensidad no se instaure en el cuerpo físico y energético, momento en el que incluso la morfina no parece hacer gran cosa para el dolor. En mi caso personal, aunque lo pude reconocer 30 años después de la primera crisis, sostuve el dolor agudo durante 4 horas hasta que me vieron en las segundas urgencias (no tuve la serenidad de chequear y donde fui al principio era solo traumatológico, razón por la que tuve que esperar a llegar a otro hospital, es decir, aprende de mi error y pregunta bien donde debes ir antes de salir de casa). Cuando por fin me trataron el dolor ya estaba tan instaurado que medicamentos como la buscapina fueron más ayuda para la facilitación del proceso de gestión de la crisis, que la propia morfina, que aunque me calmó la ansiedad, no quitó la sensación de dolor ya instaurada en forma de lo que visualizaba como una garra de una pantera negra, clavada en mi riñón derecho. (las visualizaciones para determinar y sanar correlatos arquetípicos y energéticos con importantes, por eso lo menciono)
Acudir prontamente, autogestionando la ansiedad, a un centro de urgencias adecuado y cercano a la primera intuición de que un dolor así viene, es importante, como digo, porque después, los diferentes cuerpos se quedan con la memoria del dolor cristalizada, y deshacer eso no es sencillo. Además, evitar llegar a un umbral así, se debe evitar también ciertas drogas, cuyos efectos secundarios pueden causar un dolor añadido a una persona ya saturada de por sí (en mi caso la morfina bloqueó mi digestivo, que solo pude disolver con 4 días de espera, laxantes y … chi Kong en la cama, con el gotero puesto. Hablaremos de esta gimnasia más adelante, pero me parece fundamental recordar que el movimiento ayuda en muchos procesos con gran alivio (nunca entenderé que no dejen moverse a una parturienta, por ejemplo). Los hospitales son lugares donde sobrevivir con ayuda, eternamente agradecido, pero uno no puede soltar la responsabilidad de su propia vida y proceso de sanación, porque se hace víctima, pierde su poder, y con el tiempo encamado, la vitalidad, el humor y hasta el amor por la vida desaparecen. Así, muchos enfermos crónicos pierden la autoestima y el aprecio por la vida, hasta el punto de suicidarse.

En conclusión, sí, te va a doler, pero que no haya pánico ni resignación. Pide ayuda y haz lo que debas y sepas diligentemente para prevenir y no aumentar ese dolor, y menos precipitarlo de manera exponencial con ansiedad. Respira, gobierna, mantén la cabeza por encima del agua, para no ahogarte. Mi experiencia personal y con clientes es que la gestión de la atención, mindfulness, incorporando el cuerpo, el movimiento, la respiración y una cabeza clara, reduce el dolor entre un 15 y un 35 %, lo que en muchos casos es la diferencia entre la desesperación y la cordura. Tú eliges.

Continuará.
Jorge Urrea es experto en autoconocimiento, terapeuta psico-corporal y gestión de crisis.

El buen padre de familia se retira a morir

Hoy viene un hombre a consulta por primera vez, le miro con atención y lo primero que me llega de él es un aire cansado, la cara gris, falto de brillo, la mirada dura, el entrecejo fruncido, el gesto despreciativo desde el primer segundo. Le pregunto qué le trae a visitarme, y me responde sin disimulo que él no cree en estas cosas, pero que un familiar suyo trabajó conmigo y le ha obligado a venir.
Veo mi propio ego saltando: “Pues si no cree en estas cosas, no cree en mi trabajo, no cree en mi, y su desprecio es una toxicidad que no deseo ni pagando”, pienso, pero antes de reaccionar respiro profundamente un par de veces y recuerdo que está ahí, que yo no tengo nada que ver, que a mi no me conoce, y que pide ayuda con los pies, viniendo, incluso, si al final de las sesiones le da por negar el valor de lo trabajado (y así será, pero también seguirá viniendo). La consciencia me permite no dejarme llevar por mi ego, en esta ocasión, y me vuelvo a poner al servicio.
Se trata de un hombre de 55 años, ingeniero de los de antes, cuadriculado, sin una pizca de ilusión por el cambio, lo distinto, la innovación, lo humano ni las humanidades. No encuentra su lugar en lo personal, donde no se entiende con su mujer ni hijas, ni tiene amigos ni ocio. Tampoco en el trabajo encuentra ilusión, no hace nada nuevo, ni le motiva aprender. Dice que quizás tenga suerte, le despidan en el próximo ERE y pueda volver a casa, a esperar a la muerte, vigilando desde el pasillo que todos hacen lo que deben, como un perro guardián, dice. Hombres identificados tan solo con modelos obsoletos del pasado y sobre todo el deber, están amargados y amargan sus entornos. La violencia no tardará en llegar. Mala cosa.
No es una excepción. Ayer vino un prestigioso cirujano que ha dejado el hogar familiar, incapaz de entender a sus hijas y de mantener la llama del amor con su mujer. No encuentra sitio en su sistema y la tentación tecnológica de las redes sociales promete sexo sin compromiso a mansalva, una adicción que alivia, pero no sanará su alma.
El otro día vino otro hombre que se lo ha dado todo a su mujer y sus hijas, su tiempo, energía, atención. Su padre les abandonó, y él rechazando ese modelo, ha cumplido de adulto con el rol de ama de casa que vio en su madre, y que parecía que su mujer deseaba, desde una posición más poderosa económicamente. Sin embargo, a ella no le vale: le ha dicho que la pequeña no es hija suya, que es de otro, “más hombre”, y se ha ido robándole la paternidad de una niña, regalándole la tutela de las otras dos, por las que no pagará pensión ni apoyo afectivo, dejando un vacío que ningún reality de fonfo con la tele a todo volumen tapa. La realidad supera la ficción.
Hace un tiempo ya, me consultó un maltratador. Su mujer retiraba la denuncia si se comprometía a verme: El hombre decía que siempre había sido pacífico, y de repente se encontró con un cuchillo ensangrentado en las manos y la policía entrando en su casa. Él No recordaba como llegó allí, pero sí que el niño no obedecía y les hacía la vida de pareja imposible. Otro hombre que no sabe ocupar su lugar en el sistema familiar, de manera amorosa, armónica, tranquila y poderosa… En este caso el consultante no durará mucho en terapia: el día que revisamos la escena de su infancia en la que su propio padre le tenía contra la pared, en el aire, antes de pegarle, pudo entender, pero no sostener. Pudo haberse responsabilizado de su comportamiento, más allá de la culpa, pero no lo soportó y salió corriendo para no volver, al menos conmigo. Una pena.
El último ejemplo ya, un alto directivo de una multinacional, tras la trágica muerte de la hija pequeña, y la zozobra conyugal, se marchó a miles de kilómetros, para encontrar la paz del trabajo bien hecho, la tranquilidad de la soledad, y seguir manteniendo a la mujer y otros dos hijos, como buen proveedor, aunque abandonador, restando valor emocional y afectivo a su propia presencia. Estando, sin estar, o al contrario…
En todos los casos, cada uno con su complejidad, encuentro hombres profundamente necesitados, incluso si ellos no se dan cuenta. Los unos reaccionan de manera vital, buscando un espacio distinto, donde poder ser, o sacan los dientes y pegan, autoafirmándose, y otros se deprimen y miran al mundo con desesperanza, esperando a morir. Ninguno de ellos consigue ser y perdurar en el sitio, en el proyecto que eligieron, feliz. No son excepción. Las estadísticas hablan de cada vez más hombres fuera de casa, arruinados, infelices, agresores, vagabundos, alcohólicos, politoxicómanos, desorientados.
¿Qué nos ha pasado a los hombres? Recuerdo de mis años de facultad que en derecho se hablaba del hacer del “ buen padre de familia”, (modelo de conducta aparece expresamente recogido en diversos preceptos del Código Civil, artículos 1094, 1104.2, y 1903) como un referente social admirable, recto, referente para todos, en una sociedad española en la que debemos recordar que hasta el año 1977 la mujer no ha tenido derecho a tener cuenta bancaria.
El triunfo del feminismo denunciando injusticias y abriendo oportunidades a las mujeres ha sido un avance social indudable. Las mujeres ahora pueden aportar y disfrutar no solo en lo familiar, sino también en lo profesional. Suman entre otras cosas un tipo de inteligencia distinta, a menudo más creativa y flexible al cambio, a la mirada periférica, inclusiva de factores que a los hombres nos suele costar tener en cuenta.
El péndulo de la historia va trasladando la creencia y fe colectiva en el padre de familia, hacia la reverencia de la mujer, que gana algunos pulsos por exceso, acabando con la igualdad ante la ley. Ahora si eres un presunto agresor duermes en la cárcel antes de poder explicarte, y si eres una presunta agresora no, por ejemplo.
La transformación no solo tiene efectos positivos sobre la mujer, también le cercena su propia conexión con el instinto en demasiados casos, pero hoy nos centraremos en los hombres. Los hombres que crecieron en una generación machista, que primaba y castigaba al que no hacía lo que era necesario como “buen padre de familia”, ahora se escapan por las esquinas de la que igualmente será una quema, de brujos esta vez. Si el hombre se pone fuerte en su sitio, ejerciendo autoridad, el mero hecho de alzar el tono, es reprobable en un supermercado. ¿será un maltratador? Juzgan los ojos de la cajera que no conocen.
El verano pasado en Francia, mi hijo de 7 años tuvo la mala suerte de ser picado por mosquitos feroces en el párpado, oreja y labio, con las consiguientes hinchazones. En un bar me vi obligado a explicar los hechos a un grupo de hombres en un momento de tensión. Ahora son hombres los que igualmente juzgan.
El siglo XXI es de la mujer. Todavía el sistema tiene mucho de patriarcal, pero el sentido de lo correcto, se ha hecho extensivamente femenino, para hombres y mujeres. Ahora los hombres, ya no saben como ser hombres, porque no está bien visto, por el qué dirán, por lo que pueda pasar, por rechazo a antiguos hombres descentrados, y por muchas otras razones. El hombre pierde fuerza y seguridad en su propia esencia, criterio, fuerza, etc. Por un lado esto es interesante, es una oportunidad de crecimiento para el hombre, que antes no se cuestionaba cosas tan graves como ridículas, como si la mujer podía o no tener una cuenta corriente. Ahora nadie lo cuestiona, claro.
Ser hombre no significa ser perfecto, como el modelo de buen padre de familia. Es cierto que ahora hasta el buen padre de familia puede decidir romper la familia, buscando un entorno más sano y amoroso. Son movimientos antes imposibles para muchos hombres, y bien planteados, pueden ser para mayor felicidad de todos los miembros. Sin embargo, la mayoría cree que ser bueno no pasa por eso, y se van al lado oscuro sin consciencia, huyendo de la quema de la culpa, de manera irresponsable, rompiendo platos sin darse cuenta de que lo están haciendo. Víctimas ellas, ellos y los hijos de primeras y subsecuentes parejas.
En todo este proceso, lo que no ayuda es la criminalización y culpabilización del hombre por ser hombre, por ellos mismos ni por los demás. En todos los casos reales que comentaba al principio, lo que hay detrás es un ser humano, con una biografía o circunstancias complejas, necesitado de apoyo, comprensión y luz, para reinventarse otra manera de ser hombre, sin renunciar a su fuerza ni felicidad, sin verse obligado a salir de la familia necesariamente, ni deprimirse, ni lanzarse a un crimen violento. Los hombres tenemos del siglo XXI tenemos el reto de crecer y aportar todo nuestro acerbo de siglos en la esfera pública y privada, para ello necesitamos aliados y aliadas. No debemos sustituir un patriarcado por un matriarcado, como si este fuera mejor. Demasiadas veces, el matriarcado que se plantea por parte de mujeres heridas, es una compensación, una manifestación de venganza de su propio dolor. No es justicia, ni avanzar, es una oportunidad perdida. Démonos la mano hombres y mujeres, empoderándonos mutuamente, con fuerza, sensibilidad y sentido común, que en época de lucha de sexos es el menor de los sentidos.
……………………………………………
Ilustración de Juan Berrio, del libro Diario de un hombre supérfluo, de Nórdica LIbros.

Gestión de crisis en vacaciones

Gestión de crisis en vacaciones.

Llegan las anheladas vacaciones y tanto esfuerzo durante el año pide una compensación en felicidad, pero el camino lejos de fácil, es en muchos casos tortuoso. Pongamos varios ejemplos distintos:
El que nos toca a todos: desde la organización a la vacación. Planificar un viaje puede ser algo realmente estresante, lleno de detalles ínfimos y timos en todas las esquinas y clicks. El acceso de la información en internet es una bendición como oportunidad de accerder al mundo, pero una maldición por lo laborioso y engañoso que puede ser en muchos casos. Lo que antiguamente se resolvía con una agencia de viajes en media hora, donde tu agente de confianza te ofrecía varios paquetes y tú elegías sin más, ahora puede implicar un proceso parecido a la compra de una casa, tal es nuestro nivel de exigencia de calidad y precio.
Mi recomendación es que hagas una búsqueda mindful, consciente de si en el proceso ganas ilusión, o todo lo contrario, lo tomas con ansiedad y esfuerzo. Devuelve la atención a la respiración, recupera una sensación de plenitud en el presente y no pidas lo mejor, que es enemigo de lo bueno. Además una alta expectativa es garantía de una alta decepción. Una vez que salgas de viaje, abre los ojos para disfrutar de lo bueno que sí que hay, apreciando cada paso del camino, sin ansiedad por llegar a destino y origen.
Casos concretos: El viajero individual. Yo lo he hecho en numerosas ocasiones en mi vida, incluido cruzar Canadá de costa a costa durante casi dos meses, y francamente, pasados ciertos trances, uno es la mejor compañía de si mismo. Cuando quieres estar en silencio, lo estás, y cuando decides hablar, siempre hay gente con ganas de hablar cerca. Hablar por hablar no es más que ruido, que te priva de la experiencia de vivir y apreciar cosas que están sucediendo delante de ti (el sabor de una comida, el olor de una flor, el retrogusto de un vino, la sensación de calor o la brisa en la piel, o la mirada de otra persona deseosa de un encuentro, que no apreciarías en la comodidad de una dinámica de amigas, donde el parloteo te dificulta estar abierto a lo nuevo. Yo animo seriamente a todos, solteros o no solteros, a hacer una escapada consigo mismos; les sentará realmente bien. Dicho esto, la primera crisis que les pasa a muchos es que el momento antes de organizar el viaje y si quiera salir por la puerta de casa, para por muchas somatizaciones, miedos, sensación de soledad, depresión, etc. No es cosa ligera. Si te pasa pide ayuda, los profesionales ayudamos a dar saltos al vacío peores, con menos ansiedad y mejor aterrizaje.
El viajero en familia: el día que escuché este chiste me hizo reír, llorar y reflexionar un buen rato. “¿Qué tal tus vacaciones Jorge, bien o en familia? Unas vacaciones en familia no son garantía de felicidad alguna. Lo normal es que emerjan asuntos pendientes con la pareja, hijos, hermanos, padres… Si asumimos que eso va a suceder y de nuevo, enfocamos la experiencia desde el no juicio, no expectativa, y mucha mirada de compasión, podremos aprovechar las crisis que seguro que van a suceder, para no solo disfrutar más, sino aprender y reforzar nuestros vínculos para el resto del año. ¡A por ello!
Jorge Urrea es experto en gestión de crisis y autoconocimiento, Mindful Leadership
http://www.psico-tao.com/?page_id=9

EMPODERAR O VICTIMIZAR

Empoderar o victimizar
Jorge Urrea

Durante años he trabajado con mujeres, desde terapia con víctimas de violencia de género hasta coaching con altas directivas. Con las víctimas he escuchado el dolor de tantas heridas, reconstruyendo la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia, la capacidad de volver a sostenerse sobre sus piernas. Con las directivas he hecho el mismo proceso, pero ha habido más esfuerzo en determinar lo que se perdieron de camino, a lo que en realidad no quieren renunciar, y cómo hacer carreras de alto rendimiento sostenibles, donde lo afectivo ocupe el espacio que también necesitan. Sin embargo, al profundizar el proceso ha sido parejo, llegando a lo mismo, y empoderando a la mujer, cuando, por ejemplo, quiere ser madre, y no se lo permiten como alta directiva (igual que en otros niveles).
El feminismo más notorio (el que preconizan los mass media) busca compensación por injusticias históricas y actuales, y no les falta razón, pero con el paso del tiempo, observo el efecto del trabajo institucional, como un movimiento pendular de un extremo al otro, con un efecto perverso que lejos de disminuir la violencia, refuerza el odio y el enfrentamiento entre sexos, perpetuando el conflicto y la herida, que no para de manar, no solo porque se sigan cometiendo atropellos todos los días, que no lo dudo, sino porque se fomenta la visión sesgada de la mujer como víctima y el hombre como malvado, y sobre todo se fija la atención constantemente en la carencia en lugar de focalizar la atención en lo que sí que se puede, en multiplicar el poder personal y los aliados.
Desde mi propio lugar en el sistema, que es el de sanador y empoderador, como terapeuta y coach, quiero dejar claro que la última salida no es la victimización, como muchas mujeres poderosas también advierten.

https://elpais.com/elpais/2018/03/05/opinion/1520273619_739464.html

A un nivel público, los poderes deben garantizar el siguiente proceso de sanación individual-social para poder pasar página: Verdad (que se reconozca lo que pasó), Justicia (cumplimiento de penas), Reparación (la solicitud de perdón y pago de compensaciones económicas, que aunque no compensen nunca, son en si un gran reconocimiento), y por último pero no menos importante, Garantía de no Repetición, la gran asignatura pendiente de nuestros poderes y sociedad, y en la que quizás la tecnología y la inteligencia artificial puedan ayudar de cara a prevención y eliminación del crimen,

Volviendo a mi esfera de trabajo, quiero adviertir que perpetuar la autoimagen de víctima, acostumbrándose a privilegios (la desigualdad ante la ley lo es), o lo que es peor todavía, minusvalorar o incluso humillar a la otra persona, NO es un camino de sanación, empoderamiento ni manera de conseguir la paz, ni individual ni social. Esos caminos solo conducen a la falta de fe en una misma en primer lugar, y en la psicopatización en el segundo donde, como vemos en las guerras, víctimas se convierten en agresoras, y se siguen viviendo como víctimas. Ten cuidado si eres un profesional asistencial de la abogacía, psicología, medicina, etc. No se debe armar al cliente para ir a golpear al sexo contrario, con mentiras y abuso de ley. La violencia solo genera violencia.

Reviso mis propias palabras y me doy cuenta de que debo explicar todos los conceptos que manejo desde el principio, para evitar malas interpretaciones:
Escuchar el dolor de las heridas: trabajo psicológico necesario. La persona que sufre necesita expresar, y que alguien le acompañe, vea y escuche. No estás sola, te escucho, te acompaño y te limpio las heridas. Este espacio es absolutamente necesario en etapas iniciales de un proceso terapéutico. En este sentido, las manifestaciones masivas, son catárticas, porque expresan dolor real, y son escuchadas por muchedumbres, lo que genera una sensibilización que permea clima y cultura (aunque desgraciadamente, los asesinos no escuchen).

Reconstruir la autoestima y el autorespeto
: tolerancia cero a la violencia y el maltrato. Solo podemos gestionar las situaciones, nunca cambiar a las personas, que solo cambian si lo desean y con mucho trabajo personal detrás. Debemos entrenar a las personas en la gestión de las situaciones. Defensa personal, comunicación no violenta, inteligencia emocional y desarrollo de la empatía. Los golpes no son demostraciones de amor tordu, enfermo- No hay amor enfermo, no hay amor en los golpes. Si me quiero no tolero que me agredan de ninguna manera. Mi compromiso ante todo es conmigo, de autocuidado y autorrespeto. ¿Me amo? Anclar la autoestima a una sensación de fortaleza interna, nunca a una imagen.
Autoimagen: limpiar el espejo en el que me miro. Yo valgo mucho más y mucho menos que los referentes sociales en los que me muevo. Soy mucho más que mi valía en términos de estudios, capacidad de generar dinero, aprecio social, parental, educativo… Mi trato conmigo mismo debe ser sagrado. Sea cual sea tu religión o espiritualidad, trátate de manera sagrada. Todavía hay prejuicios en contra de muchas identidades, incluso dentro de las mismas etnias: por ejemplo, existe un lucrativo negocio de cremas blanqueadoras, para parecer menos negro, que por cierto tiene alto riesgo de producir cáncer de piel. Un thriller horrible con éxito mundial, como el del cantante.

Autoeficacia: término relativo a lo que yo creo que hago bien. Si durante años las mujeres se pensaron como amas de casa, maestras, enfermeras o costureras. Hoy el acceso a la educación les permite reprogramarse, ampliando sus horizontes y capacidad de movimiento. Si crees que no puedes, no podrás. Abre tus ojos. Si quieres puedes, es cuestión de insistir por tu parte, y de apoyarte en otras personas. Busca aliados y aliadas de verdad, no dañes la relación con hombres ni mujeres que te pueden apoyar. Muchas más personas de lo que parece, lo estamos deseando. Busca relaciones de empoderamiento mutuo, no te conformes con menos.

Ensalzamiento del odio: lo que hacen personas con poder y heridas no sanadas, y es justo lo contrario de lo que debemos hacer. La gente profundamente herida no debe estar en ámbitos de poder, porque no busca la justicia, busca la venganza, es humano. No hay un lado oscuro de la historia, todos tenemos historias personales que nos han marcado y llevado a un punto más o menos desviado del camino de la virtud. Las personas maltratadoras de ambos sexos deben ser ayudadas a resolver sus traumas y sanar para dejar de dañar, al resto y a sí mismas, víctimas de su propia autodestrucción. La cárcel actual en este sentido no parece funcionar como sistema de reeducación ni reinserción. Todo el mundo está en lo mismo, somos a la vez víctimas y agresores-as en un momento dado, ángeles y demonios. Debemos trabajar desde esa premisa o todo lo que construimos mentalmente está basado en una peligrosa falsedad que perpetúa el conflicto.

Empoderamiento psico-corporal: el proceso cognitivo no es suficiente, muchos discursos mentales no son sostenidos en la vida, porque la emoción te hunde y no eres capaz de sostenerlo físicamente. El cuerpo debe ser trabajado, con artes marciales, danza, gimnasia y todo aquello que veas que te hace bien, que te empodera. ¡A por ello! Yes, you can!

Aprecio y empoderamiento mutuo: Hombres y mujeres deben seguir empoderándose, como colectivos y como aliados. Un hombre verdaderamente poderoso, no comete actos denigrantes a una mujer y viceversa, porque no lo necesita. Muchos hombres necesitan construir una autoestima sana, no relacionada con los logros, y una mayor sensibilidad, para mejorar su autocuidado y el de su entorno. Esto, no se hace solo. Las instituciones públicas deben potenciar los círculos de masculinidad, donde hombres con voluntad de transformación se empoderen y sensibilicen, convirtiéndose también en motores de cambio. (y para ello lo primero es despertar a la gente sobre esta necesidad). Yo lo he hecho durante años y agradeceré siempre lo logrado allí, tanto como participante como facilitador. Si no conoces el tema, te propongo un libro de Alfonso Colodrón en el que tuve una pequeña colaboración desde mi propia experiencia.

https://www.edesclee.com/tematicas/crecimiento-personal/guia-para-hombres-en-marcha-de-la-linea-al-circulo-detail

En este sentido, todos los círculos de mujeres conscientes, son exactamente igual de virtuosos y bienvenidos. De hecho, el nivel consciencia alcanzado en ambos, hace que cuando se da el encuentro entre ambos grupos, surja una semilla capaz de irradiar el mundo entero de amor verdadero. Un espectáculo digno de presenciar, te lo aseguro.

Si quieres a tu pareja apóyala en lo que desee empoderarse, en su camino, no la moldees a tu deseo, ni hombre ni mujer. Si no te gusta, cambia de pareja. Evitarás frustración en ti y en tu pareja. Como persona que ha conocido mucho mundo, en España y fuera, te puedo asegurar que hay de todo, es cuestión de salir de tu zona de comodidad y entrar con generosidad en la relación.

Sé tú mismo-a. Si dejamos que los dogmas nos digan cómo debemos ser, nos alejaremos de cómo necesitamos ser. Hoy tanto el machismo, como el hembrismo nos acosan diciendo cómo tenemos que ser. Al hombre no se le permite ser como le dé la gana (productor o sensitivo, masculino o femenino, heterosexual-homosexual, mental o emocional). Igualmente se juzga a la mujer por sus opciones actuales fruto de la libertad de elección. Por ejemplo, no es ni peor ni mejor, sino legítimo decidir ser directiva/o o ama/o de casa. ¡Por favor, libertad, déjenos ser lo que queramos ser!

robots comunicando con robots

Tengo un amigo que no es muy elevado, pero es muy práctico, y me ha desvelado sus claves del uso de las redes sociales, moral aparte, que resume así: “debes darle siempre a me gusta (o sus equivalentes), para que tus contactos sientan que les has visto y les aprecias, aunque no te importe nada lo que dicen, es más, ni si quiera hay que leerlo, porque llevaría demasiado tiempo. El efecto, es que ellos se interesan más por lo que tú haces, y te responden con reciprocidad, e incluso comparten tus cosas, dando eco a lo tuyo, que es tu verdadero deseo, que se te vea a ti, ya sea por motivos personales o profesionales”. Toma ya.
Esta mañana después de meditar en el parque, pensaba que debería trabajar más mis redes para tener rendimiento profesional de tantas apariciones como tengo en público (tv, radio, prensa, conferencias, libros…), pero que a mi poner mi energía en una dinámica tan falsa y vacía como narra mi amigo, no me apetece nada. Dado que al final uno compite con otros profesionales dentro de un sistema, entendí que tampoco puedo desenchufarme de las redes, que es lo que me pide el cuerpo si tales son las reglas del juego. Entonces se me ocurrió que quizás se podía hacer un programa, un robot, que trabajara por ti, haciendo todo eso que a mi no me apetece hacer. Lo contrataría como se contrata publicidad por radio, tele o internet. Según escribo esto me doy cuenta de que como con tantos otros inventos, seguro que ya existe.
El siguiente punto en esta cadena de evolución de acontecimientos, sería que evidentemente, antes o después, los demás también usarán este robot, que vaya haciendo guiños seductores y a diestro y siniestro. Pero entonces, el resultado final sería tan esperpéntico como que mi robot (con apariencia de mi) estaría trabajando porque tu robot (con tu apariencia), le mire. No se me ocurre nada más absurdo, no solo por evidentes motivos narcisistas, sino también, porque el resultado final es nulo en términos de eficiencia publicitaria.
¿La pregunta es dónde queremos ir con la todavía naciente sociedad de la información? Y digo naciente porque si tenemos en cuenta el ritmo exponencial de volcar información en la red, lo que llevamos hecho, no ha hecho más que empezar. ¿De verdad queremos crear un sistema donde todos sean reclamos de miradas, pero poco interés en mirar? Nuestra capacidad de asimilar información está ampliamente sobrepasada. ¿Deberíamos construir otros robots que decidan por nosotros qué información nos debe llegar? Pues de nuevo, ya existe, ya están decidiendo por nosotros: google, Facebook, linkedin, etc todos tienen robots analizando nuestras cookies para decidir lo que conviene que recibamos. ¿De cara a nosotros o de cara a lo que nos quieren vender?
El análisis masivo de datos, BIG DATA, se presenta como una enorme oportunidad para hacer grandes cosas como la prevención de accidentes, crímenes, previsión de clima, aumentar la productividad de cosas tan inverosímiles como un partido de baloncesto, donde por poner un ejemplo, se recogen hasta 30 millones de datos por partido, que luego analizados ayudan a aumentar la eficiencia del equipo.
Me preguntaban en una entrevista del telediario de antena 3 si google nos quitaría el puesto a los psicoterapeutas-psicoanalistas, y yo respondía que como profesional no me gustaría renunciar a información, que sin manipular, puede ser tan extensa como valiosa, pero que eventualmente la mano que lleva la sesión, debería ser siempre la de una persona con un alto sentido de la compasión, para no juzgar las veleidades ajenas, y ayudar a la persona a recomponerse de las crisis aprendiendo la lección. Sin embargo, mi miedo es claro, tanto yo, como el entrenador de baloncesto, como el cirujano, o el maestro, corremos alto riesgo de desaparecer como profesionales, porque la tentación de que un robot sin corazón sea mucho más eficiente en análisis de datos, está ahí y no se va a ir, sino que va a aumentar. ¿Conseguirán acertar en sus caminos introspectivos esos clientes y los jugadores de baloncesto, que ya no pueden comer, beber ni amar, como a ellos les plazca, sino como les dicen? Tengo mis dudas.
Me despido recordando a todos, que la sociedad no es algo distinto de la suma de todos, manifestada en nuestra voluntad consciente o inconsciente, al menos hasta ahora. Somos nosotros los que la creamos, mantenemos, nutrimos y defendemos. No podemos ni debemos soltar nunca la responsabilidad de lo que queremos hacer de ella. Yo hoy renuncio a entrar en juegos que no comparto, y espero que el sistema no me fagocite, porque algún robot de hacer ruido con millones de seguidores en twitter, tenga más voz.

Inteligencia artificial para la inteligencia espiritual

Leo un artículo de mi mujer, Sivia Leal, sobre inteligencia artificial y arte, del que destaca una composión musical, y este poema, y saco mis impresiones, pero primero ten tú las tuyas.
“He was silent for a long moment (Estuvo en silencio durante un largo momento)
He was silent for a moment (Estuvo en silencio un momento)
It was quiet for a moment (Estuvo tranquilo un momento)
It was dark and cold (Estaba oscuro y hacía frio)
There was a pause (Hubo una pausa)
It was my turn (Fue mi turno)”

¿Qué tal tu experiencia como lector? ¿Te ha conmovido? ¿te ha provocado imágenes en tu cabeza? ¿te deja ganas de seguir leyendo, o un eco de lo que allí pasa?
La máquina creó esto con solo la última y primera palabra, y no está mal. Consigue que yo atienda, quiera saber qué pasa, me hace sentir frío y desasosiego, incluso soledad pero para mi tampoco es genial, porque entre otras cosas solo llega a una conclusión lógica, y el alma humana se define precisamente en su falta de lógica aparente, en sus pequeñas veleidades que la hacen imprevisiblemente humana. Mi previsión de futuro es que sí, las máquinas irán invadiendo el ámbito creativo también, pintando nuestros paisajes reales e imaginarios con códigos binarios, que nosotros disfrutaremos en función de nuestra exclusiva capacidad de resonar en nuestro alma, en nuestra experiencia previa, en nuestro sentir más superficial y profundo a la vez. El que esté por sentir, sentirá, como puede sentir el onanista con un juguete a pilas. No seré yo el que le juzgue, con tal de que no olvidemos que la realidad es mejor, es infinitamente más compleja, no se define solo con unos y ceros.

Por otro lado, ¿dónde podrá aprender la máquina la espiritualidad del maestro creativo, que habría acabado el verso sosteniendo el vacío en silencio, testimoniando el efecto de su obra sobre nosotros, espectador de su propio arte que actúa en nuestras venas? Si los robots van a contestar a nuestras preguntas del alma, ¿dónde está el acompañamiento humano, la salida a la soledad? ¿Serán falsas sensaciones de compañía? Ahora hay un robot con forma de peluche foca, monísimo, (Nuka se llama en España, Paro en el extranjero), que hace compañía a los ancianos, con aparente muy buen efecto, lo que me recuerda a aquella gallega de la aldea que según contaba mi abuelo, pedía disculpas a los señores de dentro de la televisión, porque sus hijos habían comprado una televisión más pequeña que la anterior e iban a estar más incómodos (cuidando la relación como si estuvieran dentro, y la escucharan…). El tema no es nuevo, nosotros de niños acariciábamos a nuestro viejo seiscientos cada vez que amenazaba con volver a dejarnos tirados. Era un pensamiento infantil, mágico, que nos volvía más humanos en nuestra relación con la tecnología. Era cosa buena, inventada por nuestra mágica madre, pero hoy la rapidez de expansión de la matrix donde vivimos, es enorme y muchos ya viven más tiempo en el mundo mágico virtual que el real, para lo personal y lo profesional. Cuidado. Usar la inteligencia artificial a favor del factor humano es desarrollar Inteligencia Espiritual. Lo contrario es un embrutecimiento tecnológico que atonta y tira a Dios de los altares, cambiándolo por un becerro robot.
Jorge Urrea
Gestión de crisis y autoconocimiento.
Mindful Leadership, Humanizando la transformación digital

There are no arrows left

extract from my book “The passion factor”. LID Publishing

There are no arrows left (by Jorge Urrea)

If you intend to fire an arrow, first centre yourself, look carefully, check the wind, imagine the journey the arrow will make through the air, feel how it will penetrate the target, and then draw and fire. According to the Zen master archers, beginners should never have two arrows. The thought that if you miss with the first you can always succeed with the second means that your concentration is never complete. If you are not convinced about your business, then don’t bother to launch it, don’t waste your energy and your time firing your arrow. Wait for kinder weather. If you are not convinced then you will never devote yourself to anything or anyone, neither a partner nor work contract, but if you have already done so, then live it as though there was never any other possibility. “There are no arrows left,” should be your mantra. This is the only way that you will do your work correctly.

In this sense and contrary to what many think, seeking added time merely anchors you in the past and makes it harder for you to be absorbed into the present and the new adventure you’ve decided to embark upon. I recall an engineer who hired me because he wanted to get out of a loop of wasting hours every day wondering whether he should go back to his old company some months after he had left it. On the personal front, we all know someone who can’t stop sending love letters to the ex-partner in the hope that love lives on, and can be relied upon if the new partner fails to deliver. Let go of the mooring rope, explore other seas, because you can’t reach them from the harbour of the past.

bonjour tristesse: mindful melancolía

 

Por fin llega el otoño, o eso parece, y con las nubes y la vuelta al trabajo, la euforia del verano, con el sol en lo más alto se va mitigando, para terror de algunos, y depresión de otros. No lo temas, es el ciclo natural de las cosas y si aprendes a rentabilizarlo aprovecharás sus ventajas.

En medicina tradicional china, se consideran 5 estaciones, así como 5 elementos, cinco vísceras, animales, etc. El final del verano, corresponde al elemento tierra, la energía del bazo y vesícula biliar, el oso como animal arquetípico, etc. Desde fuera se puede juzgar como un folclore antiguo, pero si se profundiza en su sabiduría se encontrará mucha información interesante.

Por ejemplo, tras el sol abrasador del verano, la madera de la primavera ha ardido y ha generado unas cenizas (tierra), sobre las que se puede llorar por lo que ya no hay, o se puede plantar semillas que esperen latentes, rodeadas de nutrientes, la llegada de su despertar. Después del oso viene la grulla, bien entrado el otoño, energía de pulmón, respiración acompasada, sin excesos, melancolía consciente de la que aprender.

En tu caso, reflexiona sobre lo que el verano y la euforia se ha llevado por delante, no te entretengas demasiado con el duelo, tan solo lo justo, y aprovecha el espacio de lo nuevo, ahora que ya no hay tanto ruido para reflexionar sobre lo que quieres plantar.

La energía ha subido hasta la cúspide del cielo durante el verano, y ahora se retira, no te asustes. Es bueno aprovechar ese cambio de dirección para ir hacia tu interior y hacer un recogimiento contigo mismo: ¿qué necesitas ahora y en qué dirección quieres ir en un medio plazo? Estás triste porque hace frío y ya no puedes jugar con la arena de la playa? No te preocupes, volverá, ahora aprovecha el fuego de alguna chimenea para calentarte y reflexionar.

La tristeza está muy desvalorada en occidente y sin embargo bien utilizada trae información importante que recoger y escuchar. De acuerdo a la encuesta de la OCU hasta el 50% de las mujeres, verdaderas maestras de los hombres en cuanto contacto interno, tomaron el año pasado ansiolíticos y/o antidepresivos. Si nuestras “fareras”, las que nos traen luz cuando no vemos en la tormenta, se duermen, enmascarando su ansiedad y tristeza, ¿hacia dónde vamos como sociedad? Si necesitas tomar mediación, hazlo, para poder trabajar en ti misma, no para olvidarte de ti.

Uno debe decir “buenos días tristeza”, como en aquella obra y película, tomarla de la mano, y darse un paseo bajo los árboles que dejan caer sus hojas otoñales, y llevan la energía de la salvia para dentro, protegiéndose sin temor, haciendo lo que hay que hacer.

El que se acompaña a si mismo con cariño en este proceso, saca buenas e inteligentes conclusiones de su interior, se cuida, se da calor, descansa… el que no, se maltrata psicológicamente, se acusa de ser insuficiente, de no estar a la altura, se deprime por falta de afrontamiento de lo que tiene pendiente, abandonándose a la intemperie, en vez de replegándose de manera responsable.

El animal arquetípico que mencionaba es el oso, que representa una montaña de asentamiento sobre sus patas; con semejante fuerza y aplomo, nadie le podría acusar de falta de autoestima, que es lo que de verdad esconden muchos procesos depresivos. Un no saber colocar la mirada donde sí que hay, en vez de donde no hay. Evocar este animal e imitarlo psicológica y energéticamente, es más sabio que esconder la cabeza debajo del ala, esperando a que el ciclo vuelva a cambiar o que alguien nos pague las facturas.

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Pintura de Jesús Galiana

feliz de volver a trabajar

Mi suegro el año pasado, amenazó a mi hijo con la que se le venía encima, porque “pronto empezaría el colegio, y se iba a enterar de lo que era bueno”, con un tono irónico que seguramente mi hijo no estaba preparado para entender con 5 años, pero más allá de eso, al comentarlo con mi mujer tuvimos la misma reacción, afortunadamente.

Esto que para él era una mera broma sin importancia, en realidad es un fiel reflejo de lo que culturalmente arrastramos desde que “nos echaron del paraíso” con la amenza bíblica de “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Nosotros dos pusimos el grito en el cielo, porque desde hace años recorremos el mundo formando a la gente en la pasión por el trabajo como modo de ser feliz y subir el rendimiento, personal y de equipo. El problema de luchar contra la incultura popular, es que está muy arraigada, y la gente te toma por un vendedor de crecepelo, pero la evidencia científica nos da la razón.

No solo es que la pasión determina el 35% del éxito profesional, que nosotros comprobamos estadísticamente con miles de encuestas, es que está demostrado también que en el ocio somos mucho menos felices que en el trabajo. ¿Te parece una broma de mal gusto? Párate a hacer memoria: ¿cuantas veces en el trabajo tienes la sensación de contínuo de atención, de que el día se pasa volando, que estás centrado en lo que haces, y que conseguirlo te da una sensación de logro, disfrute, triunfo, que te pone las pilas? Ahora reflexiona, ¿cuantas veces te pasa eso en tu ocio?

Un estudio de la universidad de Chicago nos da números muy claros: mientras que la gente pasa un 54% del tiempo con sensación de fluir, con su atención y producción en el trabajo, en el ocio, baja al 18 %, vamos que estamos empanados. Como precisamente yo defiendo que el tiempo de aburrirse en necesario para la creatividad, autoregulación organísmica, etc, no quiero hablar excesivamente mal de ese ocio, pero tampoco me parece, con estadística en mano, que haya que alabar el ocio, por encima del trabajo. Como mínimo hay que darle una vuelta a nuestra actitud en ambos casos.

Como muchos sabéis, en la actualidad creo que la atención plena es la clave del rendimiento y la felicidad, pues no solo mejora la relación con lo que uno hace, sino también con los demás. La atención plena no es solo enfocar la mente, también es enfocar el corazón, las caderas y las vísceras, ponerlo en sintonía con lo que uno hace, y disfrutar con ello. El trabajo no es una maldición divina, como nos han vendido, es una manera estupenda de ganarse la vida, que por encima de todo, nos centra, da un sentido de orden, de estructura en la que agarrarnos, nos saca del empanamiento de muchos, que en el fondo no aguantamos más en la playa.

Muchos pensarán que hablo del lujo de trabajar porque uno quiere, porque ya tiene resuelta la vida, o como dice Oscar Wilde: “El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer”, pero no. Las estadísticas nos hablan claro: en todos los niveles profesionales, las personas estaban más implicadas en lo que hacían cuando trabajaban, que cuando estaban de ocio. Es cierto, que los cargos con más responsabilidad, suelen estar más centrados o despiertos, atentos, en comparación con los que tienen labores más mecánicas, donde es más fácil aburrirse y contemplar el trabajo como una mera manera de subsistir. Ojo, que estos trabajos van a desaparecer con la llegada de los robots. Si eres de esos, despierta, fórmate y especialízate en algo que tenga futuro, y presente, pues como explico, dormirse, no es en modo alguno fuente de felicidad, rendimiento ni trabajo. Es cierto que todos conocemos alguna persona con trabajo muy humilde, que está más centrada que nadie, que disfruta con lo que hace, incluso si lleva haciéndolo 40 años, y que es verdadero ejemplo de vida para todos. De esos más que de nadie debemos aprender, pero maestros así no se encuentran en todas partes. De hecho, el entrenamiento en atención plena que facilito, apunta hacia esa maestría, de pensamiento, corazón y acción. Un reto para el que dormirse no es una opción.

En lo que se refiere a lo personal, y en contra de toda predicción, focalizar la atención es más importante que nunca. El ocio, no puede ser solo un descanso pasivo, vegetativo, playero. Nos desvitalizamos. Ojo los jubilados, que tras años de duro esfuerzo trabajando, alcanzan la anhelada jubilación y ahí para su sorpresa, enferman y mueren, sin saber por qué. Muchos hombres creen que es la edad, que evidentemente influye, pero algo que no ven es que probablemente nunca supieron sacar jugo a su ocio, valorando lo productivo por encima de lo sensitivo y afectivo, y ahora siguen recurriendo al descanso como una fuente donde retomar fuerzas, pero esa agua está estancada, podrida. Deben moverse, excitarse, por lo que les de la gana, pero seguir vivos y despiertos. Observen a las mujeres jubiladas y aprendan: una alumna mía de tai chi, con 80  años, practica padel, danza, aerobic, escritura creativa y ¡tantra!, ah si, también se nutre de sus 8 hijos y 21 nietos, cuando le sobra un rato. ¿Creen que es una excepción de los tiempos? Mi propia abuela, al llegar la jubilación, hace 40 años, en vez dejarse mustiar, se sacó el carnet de conducir e inscribió a inglés y alemán. Recuerdo las voces juiciosas de la época, que lo consideraban inadecuado en una dama, más de su edad, y no veían la productividad en ello, pues nunca podría viajar al extranjero, y conducir en aquella pequeña  Pontevedra era una excentricidad. No tenían ni idea: mi abuela tuvo una buena calidad de vida hasta casi su muerte, siempre alegre, feliz y con ganas de disfrutar hasta el final, con sus guantes especiales para conducir.

Volviendo a los que todavía trabajan, parece que hemos aceptado que la fuerza se pone en el trabajo, lo que está bien, pero a menudo, uno no se repone de esa fatiga, dejándose caer ante la televisión, sin más. No es que sea mala, yo mismo veo un poco todos los días en forma de series o películas seleccionadas. Mi atención está presente sin casi esfuerzo, y disfruto de compartir ese rato haciendo comentarios con mi gente. Sin embargo, más allá de ese rato, y del necesario descanso, debemos variar, organizar, planificar, enfocar nuestro ocio para que no se nos escape por el desagüe.  Cada uno a su manera: los hay que juegan a las cartas, ajedrez, hacen sudokus o crucigramas, pasean, hacen deporte, cortan el césped, desarrollan amistades, etc. Da igual lo que sea, con tal de que en ello haya, como en el trabajo, una sensación de disfrute, de entrega al momento, de voluntad de sacar el jugo de esos instantes, sin dejarse ir. En ese tiempo sin tiempo, por la sensación de no aburrimiento, el espacio también se expande y contrae, como si alteráramos las dimensiones. El planeta entero nos parece abarcable para nuestra ilusión y ganas de recorrerlo (que le pregunten a Marco Polo), y al mismo tiempo, un espacio tan reducido como un tablero de parchís, es suficiente para acaparar nuestra atención, haciéndonos pasar un buen rato. El universo en un grano de arroz, decía Buda.

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Neurociencia y Santo Tomás

Durante casi dos décadas ya, he dado conferencias sobre los beneficios del autoconocimiento y las prácticas meditativas, como un entrenamiento psico-corporal, que trae enormes beneficios para la salud mental, emocional, corporal y espiritual. Mi capacidad de convencer a los que allí me escuchaban, pasaba por lo que yo emano, los estudios internacionales que traigo, o la propia confianza en las instituciones para las que trabajo, punteras a nivel mundial. Sin embargo, eventualmente, había un acto de fe que muchos no eran capaces de hacer, escépticos, pensando que era pura mitología china. Ahora ya no hay excusas, gracias a los avances de la tecnología, y la neurociencia, podemos observar a meditadores, incluso en tiempo real, y medir la evolución de indicadores como la tiroxina, colesterol, azúcar, regeneración del hipocampo, etc.

No juzgo las resistencias a creer, yo mismo hace 25 años, fui a un restaurante chino de un barrio modesto, donde moraba un chino viejísimo, que me decían “capaz de curar con las manos”, para ver si me ayudaba con un esguince recidivante. Le expliqué con gestos, porque no hablaba español, que había comenzado a hacer tai chi, a lo que el hombre se puso a tres metros de mi, y me pidió que extendiera la palma de mis manos. Él colocó sus dedos en forma de “espada de luz”, se concentró y proyectó sobre mi palma un calorcito que me recordó aquel de las máquinas de onda corta de los centros de rehabilitación. Me fui de allí con sensación de no entender para qué había estado, pues francamente, la curación no fue milagrosa, como me habían prometido, sino más bien otra sesión de rehabilitación con “calorcito”, un pequeño paso en comparación con lo que yo iba buscando, que eran pasos de gigante, sin entender entonces la importancia del camino.

Hoy leyendo sobre neurociencia, me doy cuenta de que quizás aquella fue la prueba de Santo Tomás, dónde yo me reafirmaría y continuaría trabajando la energía a diario, pues a tres metros de él, realmente pude sentir su proyección de calor en mis manos. No somos un cuerpo físico aislado, lo supe entonces y lo vivo cada vez que hago meditaciones dinámicas, donde juego con la energía, la expando, la concentro, la muevo, la reubico en mi cuerpo facilitando que mis órganos se mantengan sanos, es más mi estado energético tiene un efecto sobre mis clientes y entorno personal, donde la gente encuentra calma cerca de mi. “Efecto lexatín”, lo llaman. No es que sea un brujo, un curandero que ha heredado un don y vivo en la sombra de un restaurante chino, no, es que practico todos los días, cuido mi alimentación y los entornos que frecuento huyendo de toxicidades de todos tipos. La meditación es una “medicina” autoinducida, ¿a ti no te interesa? Es gratis. Si tienes curiosidad mira este vídeo de una de mis prácticas, a ver que te llega:

https://www.youtube.com/watch?v=ibRxsK4J-c0

A pesar de que es gratis, todavía hay rechazo cultural por parte de muchos, que para defender inercias, conductas y actitudes propias insanas, rechazan lo ajeno, juzgando sin conocimiento. “Mira a los chinos y los indios, su poco respeto por los derechos humanos”, “no ves que viven como animales, no tienen nada de avanzados”, “nuestra cultura es mejor que la suya”. Son algunos de los comentarios que he escuchado en defensa de no sé qué y en contra de tampoco sé qué, pues como digo, ya no hay que hacer actos de fe. Los efectos de las prácticas meditativas y de atención plena han sido corroborados en universidades y hospitales de todo el mundo. Vease Massachussets, Carolina del Norte, Harvard, Gran Canaria, etc. No veas choque de civilizaciones donde no los hay. Los listos no chocamos, hacemos alianzas, de civilizaciones en este caso, y sacamos lo mejor de cada una, sin substituir una por otra, ni restar valor a nuestros propios genios, como Machado, Ortega, o el mismísimo científico Ramón y Cajal, que por cierto ya hablo de regeneración neuronal en 1900, para burla de académicos retrógrados de la época, (cien años después se ha podido comprobar que era cierto, recuerden lo que comentaba al principio sobre el hipocampo).

Aquellos que todavía necesitan pruebas intelectuales, que lean informes de Harvard y libros bien documentados (como Flow, de Mihaly Csikszentmihalyi, o la película “y tú qué sabes”), y los que necesitan experimentar, que se expongan como yo a experiencias, pero está claro que cuanto antes se pongan todos a practicar con frecuencia diaria, antes sentirán los efectos. Para finalizar, creo importante no confundir leer sobre el tema con practicar las técnicas. Este año he tenido la rara coincidencia de tener como clientes a mucha gente con cocientes intelectuales elevadísimos, auténticos genios, que han leído mucho más que yo sobre Yoga, Chi kung, Vipassana, misticismo sufí, Zen, Zog Chen, Mindful, neurociencia, etc, y aunque lo entienden todo debo decir que la lluvia no les había calado por debajo de la cabeza.  Da igual cuanto sepa uno sobre neuropéptidos,  teoría de cuerdas ni siete dimensiones: si no te entregas, practicas y abres tu experiencia a energías sutiles, nada cambia. Si lo que digo te suena a chino quédate simplemente con esto: nutre tu corazón aportando a un entorno de paz y harmonía. Tendrás una vida larga y amorosa. Si focalizas tu atención en la lucha, siempre encontrarás donde luchar, y enfermar, pareciéndote a tus enemigos, por puro roce. Tú eliges y tú conformas tu realidad.

Jorge Urrea facilita la gestión de crisis y procesos de autoconocimiento profundos.

entrevista sobre Innovación y liderazgo consciente

Entrevista junto con Silvia Leal sobre Innovación e Innoliderazgo.

https://www.youtube.com/watch?time_continue=13&v=e_XSGHmYtsw

 

Soñando con Black Mirror

Yo tengo la sana costumbre de hacer la siesta casi todos los días, no mucho tiempo, unos 20 minutos, pero son muy reparadores, me resetean la cabeza y siento un gran bienestar, tanto que la mera idea de ir a hacerlo me excita de alegría, con riesgo de despertarme. ¿te da envidia? No me extraña, ojalá todo el mundo pudiera, pero quita la envidia de la cabeza, hoy me gustaría hablar de otra cosa. No solo es un tema de descanso, para mi necesario, también está relacionado con los mensajes que me llegan en sueños, que como decía Fritz Perls es la vía regia del inconsciente al consciente. El caso es que desde que los móviles inteligentes deciden dónde debo fijar mi atención, me tumbo y reviso redes sociales, mensajes de diferentes medios, la prensa, etc, antes de cerrar los ojos.

Mis sueños, y sus mensajes, han ido cambiando poco a poco. Ya no tengo las luchas internas que tenía conmigo mismo, donde combatía con un hombre más fuerte que yo, al que nunca conseguía devolver el golpe, porque la resistencia de encontrarme dentro del mar, hacía que nunca le alcanzara, por ejemplo. Parece que no solo he conseguido empoderarme a base de trabajo personal, sino que tampoco abuso de los demás, como en otros sueños posteriores me pasaba. Ya no: “empoderamiento sensible”, transmito en mis conferencias. Tampoco tengo pesadillas con vampiros que me tratan de chupar la sangre, porque he ido aprendiendo a autosostenerme, sin mermar el tono vital del otro para ganar en el mío, renunciando a los privilegios en la vida, que falsamente me aportaban, porque en el fondo me debilitaban.

Esta semana me he quedado un poco alterado de hecho porque mi sueño, ya no tenía la misma pantalla panorámica del cine, ¡incluso con 360 grados! No, ahora mi sueño se producía en una pantalla negra, pequeña del tamaño de un teléfono, un black mirror en el que miraba con aire serio, el ceño fruncido, un exceso de tensión en la mirada, y sobre todo, una reducida zona donde mirar. Normalmente cuando soñaba me veía incluso desde fuera, percibiéndolo todo, yo mi mismo incluido, consciente de que lo que veía, era un sueño. Un vipassana onírico, con grandes frutos psicoanalíticos, que ahora ya no estaba.

Lo iré trabajando poco a poco, pero lo primero que me llega es que aunque trato de conocer más del mundo, a través de la tecnología, esta percepción es reducida, obscura, tensa, visual en vez de sensitiva… No creo que sea una cuestión de renunciar a ella, por todo lo que sí que aporta, pero sí de no darle tanta importancia. Debo alzar la mirada, contemplar sin enfocar, sentir y respirar. Ese es el milagro de la atención plena: que trae una experiencia amplificada, que no cabe en un pequeño dispositivo; que no quepo en un dispositivo; que no soy un dispositivo, que SOY, que ERES, que SOMOS. Seguiré soñando en grande, a ver que veo, y siento…

Jorge Urrea es experto en gestión de crisis y autoconocimiento profundo, escritor y conferenciante multilingüe. www.psico-tao.com

me he enamorado

 

Hoy en consulta me cuenta un cliente que se ha enamorado, que está feliz, que realmente hacía mucho tiempo que no se sentía tan ilusionado por conocer a alguien, que la sangre le bulle por las venas y se ha levantado con ganas de comerse el mundo. Yo que me implico mucho con mis clientes, para bien y para mal, hoy me llevo un alegrón por él. Le pregunto con excitación compartida cómo es, dónde la conoció, que le une a ella… Tengo ganas de saber más y hacerme un cuadro en la cabeza.

Y me cae un jarro de agua fría en la cabeza que se me desliza por la espalda hasta los pies:  “no bueno, todavía no la conozco realmente, pero he conectado con ella en FB, me ha aceptado como contacto y me encanta lo que cuelga”.

¿Tú qué pensarías al escuchar este testimonio? Cualquiera que tengo un mínimo de distanciamiento, se dará cuenta de que es una emoción loca, o al menos sobredimensionada. La Diana de su corazón, en realidad bien podría no ser una mujer, sino un hombre, un niño o una persona anciana, o fea por dentro o por fuera, o incluso un robot con inteligencia artificial. No hay certeza en el encuentro de almas, pero claro, para él, que estaba depresivo, salir del agujero, es lo que cuenta. Yo le acompaño con mucho tacto y sensibilidad para que no pierda la fuerza, y con una jarrita de agua, por si se la tengo que echar yo también por la cabeza, para que despierte, con dulzura.

Ahora te pregunto a ti lector: ¿esto que le ha pasado a este hombre te es ajeno? Yo que me conozco bien, afirmo como Ortega que nada de lo humano me es ajeno. ¿Tu corazoncito no ha palpitado por un desconocido, no ha sentido alguna vez que alguien que ha puesto un post en FB, escrito un libro, un horóscopo,  editado una canción o una película, en el fondo te estaba viendo a ti, y lo escribía para ti?

Sentirse vivo, enamorado, acompañado, sacado de la soledad, mucho más con la esperanza de compartir un horizonte de pareja o incluso la tántrica fusión espiritual se ha convertido en la nueva tentación para salir del aquí y ahora, y vivir una realidad inexistente, una Matrix que no era cierta, pero vamos creando entre todos poco a poco, los más tecnólogos y los más espirituales, que a veces coinciden y otras no.

Como mi trabajo pasa por el no juicio, sigo escuchando a mi cliente, con los sentidos bien despiertos, para poder acompañar de verdad y de paso tratar de aprender algo nuevo en cada ocasión, para seguir vivo y despierto. Pienso de repente, en lo bello de sentir, incluso si el amor no es correspondido. ¿A caso no sucede igual con el arte? ¿Cuantas lectoras de novelas románticas jamás abandonarán sus hogares familiares, pero son felices soñando por un rato con un pirata que las rapta y las lleva en barco por todo el mundo? Es locamente humano. Quien no enloquece nunca, siquiera en un entorno seguro, nunca ha vivido.

Finalizo la sesión despertando la conciencia de mi cliente, aliándome con la sensación de sangre despierta en las venas de mi cliente para preguntarle sobre su vecina, con la que empezaba a intimar. La cosa no es tan atractiva como en el FB, pero pinta bien: es maja, sencilla, alegre. Han quedado a tomar café, y el domingo irán a montar en bici, buen día para desconectar del sexto continente y disfrutar de una dosis de realidad mundana, que tiene menos fuegos artificiales, pero nutre capas más profundas.

Jorge Urrea es experto en gestión de crisis y autoconocimiento. Escritor y conferenciante multilingüe. www.psico-tao.com

un hombre como yo

Hace ya algún tiempo le preguntaban a mi esposa en un congreso de mujeres dónde se podía encontrar un hombre como yo, y si no había, cómo educarlo para que fuera sensible, colaborador, cuidador, etc. Me lo contó a la vuelta de su viaje y tras la risa, me quedé perplejo primero porque ese fuera un tema de conversación, y luego porque la gente no se dé cuenta de que yo no siempre he sido así.

Pensé en el auditorio y conecté con tantas historias de mi consulta, donde gente soltera, fundamentalmente mujeres, se quejan de que no encuentran lo que necesitan como pareja y claro, siguen solas y desesperanzadas. Yo normalmente paso tiempo, semanas, incluso meses, escuchando el dolor que hay debajo antes de intervenir, pero hoy me atrevo a publicar directamente lo que hago después: Intento que la persona vea cuanto da a “sus pretendientes”, como pomposamente pone en Facebook una conocida cada vez que “les da una pista de cómo necesita que se acerquen a ella”, de manera pública, colectiva y francamente exigente, casi desde el trono elevado, diría yo. (¿rescatará alguien a esta princesa de su torre?)

Sinceramente no creo que ninguna persona, sea hombre o mujer, entre de buen grado a un vínculo donde la primera palabra es exigente. Incluso si es en términos sanos y deseables, pero a nadie le gusta que le empiecen riñendo o amenazando con la retirada de amor antes de empezar. Todavía menos si la lista se completa con un contrato previo al encuentro que asegre hijos, dinero, estatus, saber apreciar la comida tibetana y la música Kurda, por ejemplo.

Yo he sido uno de esos solteros maduritos, que tras una separación, estaba todavía en época de curar las heridas, por lo tanto no muy deseable para nadie; vamos que era una piltrafilla incapaz además de soportar exigencias, pero me encontré una persona que me dio antes de empezar a hablar, y luego siguió dando, a lo que gradualmente respondí dando. Cada uno lo hizo en su tiempo y mesura, pero dando. Eventualmente, tanto ha sido el dar y recibir que en pocos años hemos  tenido dos hijos, casa, árbol y libro conjunto publicado (Ingenio, sexo y pasión).

Nada de esto ha sido exigiendo, sino generando una relación donde uno desea estar cerca del otro, y crear algo juntos. No hicimos un macheo perfecto de nuestras afinidades, gustos, medidas y estudio de ADN. No. Nos limitamos a dar lo que podíamos y respetar el tiempo propio y del otro. Llegado el momento nos lanzamos a una mayor intimidad y compromiso estable, donde encontrarnos en paz o en guerra, pero encontrarnos, y crecer aprendiendo de lo que hay, y crear en base a lo que sí se puede.

Hubo un momento, en que todo parecía loco, pues la velocidad de transformación de uno, de otro y de la relación, fue muy alta, y a mí me provocaba vértigo, pero no era más que mi resistencia al cambio y mi necesidad de controlar un proceso incontrolable, donde muchas parejas que llevan todo aparentemente controlado y han vivido juntos durante años, se estrellan a pesar de las supuestas seguridades.

En conclusión, animo a todos los solter@s a dejar de pedir por adelantado y no mirar a los pretendientes como artículos de consumo, donde unos parecen mejores y otros peores. En esa subasta a mí no me habrían comprado. Atrévete a viajar, acompañado, independientemente de los comienzos. Nunca se sabe, la historia, la literatura y el cine están llenos de ejemplos interesantes y sorprendentes como “El velo pintado”.

La clave está en aprender a dar y recibir, en respetar, intimar y comprometerse, para hacer viajes más interesantes que si uno se queda en la orilla guardando la ropa, o en la barrera sin salir a torear. Nadie da  garantía de que en un caso u otro, la relación sea sostenible y perdure en el tiempo, la mía tampoco, pero yo sí me atrevo a garantizar que la experiencia será infinitamente más rica e interesante que si uno se queda oteando el horizonte desde tierra.

Atención Plena: mucho más que relajación.

 

La atención plena sigue siendo un concepto de difícil comprensión para los no iniciados, y en sus vertientes más profundas, todo un enigma para la gran mayoría, que lo identifica con una simple técnica de relajación. Hoy me gustaría comentar cómo cambia la percepción en base a una experiencia con un reventón de rueda este fin de semana.

Conducía desde el País Vasco, a velocidad moderada, sereno, disfrutando del paisaje, con atención plena, cuando el indicador del coche me avisó de que perdía aire por una rueda, y en escasos 20 segundos, pasé de una presión de 230 a cero. Circulaba sobre tres ruedas. Llevando un cuatro por cuatro, sentí que el coche no perdía equilibrio, y decidí rodar lentamente hasta una gasolinera cercana, donde parar no implicara un riesgo, aunque pudiera salirme más cara la reparación por haber destrozado las ruedas rodando sin aire (invirtiendo en pérdidas, perder para quizás ganar). Efectivamente, había reventado. Tuve suerte, pero en toda la escena rodaba más lento que la mayoría (mindful, relajado diría la mayoría), y el acceso a mayor información, me dio una capacidad de decisión mejor que ir a 180 km hora, con volantazos agresivos, urgencia por parar en medio de la autopista, etc. Dos panoramas distintos, con consecuencias distintas, vamos.

Lo que sigue fue un cambio de rueda por la galleta (pequeña rueda de repuesto con un máximo de 80 km hora para rodar), y retomar el camino a casa. Me entró un poco de ansiedad, porque se hacía tarde y el viaje se alargaba mucho dentro de la noche, por lo que los niños estarían cansados y al día siguiente tenían colegio. Sin embargo, con atención plena, me di cuenta de que mi familia era demasiado valiosa como para arriesgar y rodar el coche más rápido, como me proponía el genio de la grúa. El mundo está lleno de “expertos” formados no se sabe dónde, ten cuidado dónde te asesoras y desde donde lo haces. Si tienes prisa solo querrás escuchar al que te diga que sí puedes.

Lo más interesante del ejercicio de consciencia viene después: al tener que rodar a un máximo de 80 km/h decidí poner los warnings de coche averiado porque había muchos puertos de montaña por pasar, y tanto los turismos veloces, como los pesados camiones se podían llevar un susto por no poder frenar ante un coche mucho más lento, cuesta arriba o abajo… La sorpresa fue, que en vez de agradecerlo, muchos samaritanos se esforzaron en hacerme saber que me debía haber confundido, que tenía los warnings encendidos. Iban tan rápido, que su velocidad no les permitía entender que la mía era muy inferior por motivos de seguridad. Su limitada percepción no les dejaba ver mi realidad. No me lo tomé a pecho, “tan solo querían ayudar”, pensé, hasta que uno se emperró en hacerme ver su versión de la realidad de manera insistente, con luces, claxon, y hasta frenando frente a mi (para habernos matado con mi mini rueda, líbreme Dios de los bien intencionados…)

El estilo de vida Mindful, de atención plena, es sin duda más lento que esta alocada vida que llevamos corriendo en todas las direcciones sin saber habitar el presente, pero no es solo una manera de vivir más relajada, es un manera de vivir consciente de lo que pasa, en mi coche y en el del otro, en mi trabajo y en el del otro. Esto  ayuda profesional y personalmente a mejorar las relaciones, tener más empatía, ejercer un liderazgo consciente, ser eficiente, mejorar la productividad, seguridad, etc.

Para finalizar la historia, me gustaría añadir, que una vez que renuncié a llegar a la hora prevista, y asumí que la velocidad había cambiado (slow life), pude disfrutar de la carretera de noche como hacía años que no lo hacía. Llegué a casa cansado, pero mucho menos que si me lo hubiera tomado con estrés (mejoré mi rendimiento y lo hice sostenible), pero lo mejor fue que mental y emocionalmente sentí un enorme bienestar. Disfruté de la paz de conducir casi tres horas en estado meditativo, que debería ser la única manera de hacerlo, incluso de vivir. La experiencia de conducir tu vida con atención plena, mindful, es de alta presencia, alta percepción sin exceso de control, con claridad mental sin alerta, disfrutando como en el anuncio de coches, e incluso teniendo alta inspiración porque desde el vacío, de no estar dándole vueltas a nada, uno se encuentra con ideas nuevas, innovadoras, perspectivas espontáneas sobre cuestiones que no nos ocupaban, pero que de repente, aparecen en nuestra mente, y podemos registrar para volver a la experiencia de presente, plena, vital, placentera, serena, productiva, y segura…

Preguntas para reflexionar:

¿A qué velocidad conduces tu vida? ¿Esa velocidad es pareja a la de tu equipo profesional o familiares? ¿es sostenible como individuo, pareja o colectivo? Mucha atención al estrés o las drogas estresoras.

¿Te dicen que no les entiendes? Baja de velocidad. Así no puedes percibir bien. No se trata de que te exijas controlar más, tensarte más, estresarte más. Tu corazón y cerebro también tienen sus límites.

¿Eres de los que creen que solo se disfruta del destino y no pones atención al viaje? Mucho cuidado, los destinos duran segundos, porque en seguida ponemos otra imagen mental de un sitio donde llegar (nueva pareja, trabajo, actividad, etc), que nos impide vivir el presente. ¿qué prefieres un millón de experiencias vitales, con atención plena a cada instante en lo pequeño o solo tres o cuatro grandes cumbres? Si eliges lo segundo, seguramente mueras antes de conquistarlas o si lo logras no les darás valor, porque siempre hay otra cumbre más alta que conquistar.

Atreverse al cambio. Gestión del miedo

 

Gestión del Miedo: atreverse al cambio.

Se habla mucho de que en crisis hay que enfrentar el cambio, la gestión del cambio, y demás, pero cuando a uno le toca, lo primero que responde, es “No”, y lo segundo o incluso lo último, es: “bueno, si tengo que hacerlo, analicemos cómo, cuándo hacia dónde”. Este análisis, más análisis, finalmente lleva a parálisis, que es la gran enfermedad actual. Por todo ello, me atrevo hoy a compartir una anécdota personal.

No ha mucho, recibo una llamada de mi madre avisándome de que hay una película en la televisión basada en mi bisabuela, y corro a verla, curioso. Encuentro una mujer, Imperio Argentina, que no acabando de encontrar su sitio en la vida, cambia, y decide tomar votos como monja. En el proceso descubre su vocación de ayudar a los demás, en colaboración con un médico, y contagia con su pasión y felicidad donde va. Sin embargo, su confesor, sospechando algo raro, prueba a sacarla del hospital, y del médico, antes de que tome votos perpetuos. El efecto es inmediato: médico y monja se ven muy alterados. Él muy nervioso, y ella deprimida, por la separación. Ella, gracias a la orientación de su confesor que bien podría ser hoy en día terapeuta, acaba decidiendo renunciar al hábito, y así el médico pierde a su colaboradora monja. Finalmente, reinventándose una vez más, deciden casarse y tienen a mi abuelo.

Yo, que me dedico a la psicoterapia, quedo maravillado con la fuerza y empuje de personas como ella, que no han hecho 15 años de psicoanálisis ni un ERE para moverse, dando las vueltas en la vida que hagan falta para encontrarse. Atreviéndose. Al ejemplo me remito, que es absolutamente verídico, para observar lo difícil que puede ser enfrentar el cambio en ocasiones, donde uno arriesga, y pierde tanto yendo como viniendo, y sin embargo gana. Hay viajes que uno tiene que hacer para poder llegar más lejos, le guste o no. Ulises, y mi bisabuela, no llegaron a Ítaca en línea recta, pararon en muchos puertos. El problema actual es que nadie quiere perder con los cambios: ni una posible indemnización por despido por antigüedad, ni una comodidad de lo conocido (sea trabajo o pareja), ni una estabilidad, ni una ilusión de que su piso vuelva a valer lo que se dijo, etc. No hay manera de ganar sin arriesgar, sin perder algo. El miedo paraliza, pero la vida, con sus experiencias nos demuestra que sobrevivimos a todo, y que nos hacemos más fuertes si aprendemos de la experiencia. “Invertir en pérdidas”, viejo concepto taoísta, incluye vender aunque sea con pérdidas, para seguir con la vida y lo nuevo que nos traiga. Parece loco, pero es la única manera de recuperar vida, alegría, dinamismo y fe.

Vuélvanse locos y muévanse, háganlo de inmediato, que la vida pasa. Si no “enloquecen”, pueden pasar toda la vida bloqueados, quejándose y temiendo el cambio. Atrévanse, por el amor de Dios, de la monja y del médico que me precedieron.

  • Extracto del libro “Ingenio, sexo y pasión”, Ed. LID

Facebook el gran psicoanalista

 

Facebook el gran psicoanalista:

por Jorge Urrea (cuadro de Jesús Galiana)

 

Con motivo de la entrevista que nos hicieron en el telediario de antena 3, me quedé reflexionando sobre el alcance y utilidad del conocimiento que Facebook puede tener de nosotros mismos. Tal y como dije, nos hemos convertido en verdaderos artistas de proyectar imágenes de nosotros mismos, hasta el punto de que a muchos les cuesta ahondar más allá de la careta y encontrar su verdadero ser.

Sin embargo, es cierto que Google, Facebook o cualquier similar, sí que podría sería un buen aliado para un psicoterapeuta, como asistente que observa sin juicio, remarcando cosas obvias, que un psicoanalizado pudiera apreciar para cambiar su conducta. Por ejemplo, si Facebook o google, te pasan un informe de cuantos me gusta has dado por sector de interés, amigos, cuanto youtube o simiilar has consumido y de qué tipo, qué deportes, partidos políticos, documentales, cotilleos, atraen tu interés, etc, podrás inferir tú solo qué tipo de persona eres más allá de tu propia autoimagen distorsionada de ti mismo.

Yo que me consideraba más bien intelectual, un día hace  25 años, me senté con una revista TP, de programación de la televisión de la semana anterior, y marqué qué programas y películas había visto y sumé cuantos minutos. La conclusión hizo que cambiara completamente mi consumo de televisión, porque la imagen que pude observar desde la conciencia no me gustó nada: unas 16 horas de televisión semanal, o lo que os lo mismo, dos jornadas de trabajo enteras, muchas de ellas dedicadas a seudo-informativos sesgados, otras a películas de acción (violentas), y otras a series de poco o nulo nivel intelectual. Nada más lejos del hombre culto que yo me consideraba, o que al menos quería ser. Darme cuenta de todo aquello fue un fuerte revulsivo que me sirvió para reducir drásticamente mi consumo de televisión (en la actualidad no la veo nunca) y para elegir con consciencia donde quería poner mi energía y mis días antes de morir, pues recuerda que todos estamos en cuenta atrás.

¿Hay que evitar que el gran hermano me mire? Sinceramente creo que a estas alturas solo se pude evitar si vives fuera de la sociedad, lo que es bastante imposible, porque incluso si no tienes teléfono ni internet, sí que sueles tener una tarjeta bancaria cuyo consumo pueden observar. ¿Se le puede sacar algo bueno? Sí, se puede tomar esa información como herramienta de trabajo interno, como yo hice entonces con la programación de la televisión.

La mirada de uno, tiene tantos ángulos muertos o zonas en sombra, que es muy difícil tener conciencia de si, lo que está haciendo con su vida o si quiera responsabilizarse de las propias acciones. Por ejemplo, muchos adictos a la telecompra, buyvip o similar, deberían tener un cuadro en el salón, al lado de la televisión o en la nevera, con la factura de cuanto consumen. Igualmente con cualquier adicción, televisiva, sexual, alcohólica, etc. Un contador de cuanto llevan consumido en el día, semana, mes, año, cambia la perspectiva y puede ayudar a contener el impulso que falsamente trata de llenar un vacío.

La información, como dato objetivo, ayuda a comprender el alcance del problema. No es lo mismo, tomarse un Martini de vez en cuando, que observar las botellas de vodka o cerveza que uno tira todas las semanas. No es lo mismo, pasar un rato agradable en Facebook, que darse cuenta de que el número de horas invertido en él, es muy superior al dedicado a la suma de todos los miembros de la familia. No creas que apunto a los típicos adolescentes encerrados en su sufrimiento de hormonas y complejos, que encuentran alivio en el doble refugio de su habitación y su videojuego o red social. No. Hablo de que los cada día más mayores por edad y adicción a las redes e internet, que no miran a sus hijos, que no les tocan, que no juegan con ellos, como tampoco miran ni tocan a sus parejas. Bajo la creencia de que más es mejor, en lo virtual siempre puede haber más “amantes”, más “amigos”, más “deseos”.  Mentira. Son ilusiones tan superficiales como la pantalla, que por mucho que se toque, no tiene carne ni piel, ni calor ni ternura.

Post data: Es cierto que al menos las generaciones que hemos crecido jugando en la calle, con palos, pelotas aviones de papel, tenemos una impronta celular vital muy fuerte, que recordar en un momento dado, pero las generaciones actuales, que entran directamente en lo virtual, corren más peligro que nadie, por lo que recomiendo la abstinencia total durante los primeros años de vida, y muy moderada en los siguientes, hasta el final de la vida.

Ángeles y demonios

Ángeles y Demonios. (atreverse al cambio 2)

Piensan algunos, que no entienden bien mis palabras, que mi animar al atrevimiento, el movimiento y el cambio, puede ser un grito hippie, liberal, alocado e insensato y yo les voy a dar más motivos para pensarlo, aunque los que de verdad entiendan, seguro que volverán a comprender.

A menudo, quien intenta evolucionar, crecer, ser bueno, o como lo quieran llamar, se polariza en un extremo del péndulo de su personalidad, y se empobrece, sin pasar por el otro extremo, donde por ejemplo, ser egoísta puede ser virtuoso. El empobrecimiento es mayor, al creerse “el bueno” su hábito o disfraz, pensando que ya consiguió el cielo en tierra, y que no necesita seguir poniendo conciencia, y creciendo, porque ya es bueno para siempre. Mentira.

Ya que me atreví a contar cosas de mi bisabuela materna, sí aquella monja que fue y vino, hoy compartiré la historia de mi tatatarabuelo paterno, Urrea como yo. Este “ángel” emprendió su camino por la religión ascendiendo rápidamente hasta arzobispo, de Tarragona, para después marchar a luchar contra “el turco” en el Mediterráneo en pleno siglo XV, donde acabó convirtiéndose en el seguramente primer y último arzobispo pirata de la historia, porque probablemente creyéndose en posesión de la verdad y otorgándose derechos, se dedicó a saquear por donde pudo, como tantos políticos actuales. El mismísimo Papa, que lo anatemizó, no pudo darle conciencia social,  y siguió pirateando “arzobíspamente” hasta que fue el Rey Alonso V, quien le llamó al orden con éxito,  volviendo a su sede en Tarragona (sí han leido bien), donde todavía cuelga su pendón en la catedral.

Esta historia, que data de 6 siglos nada menos, pudiera parecer antigua, pero no lo es, más bien todo lo contrario, está de rabiosa actualidad y es preciso sacarla a la luz para darnos cuenta de la verdadera naturaleza humana, que todos tenemos. Angeles y demonios que paseamos por la tierra haciendo el bien y el mal, con o sin poder ni conciencia. Es muy importante que no nos creamos el hábito que llevamos, ya sea éste de eclesiástico, político, médico, enseñante, de luchadora por la igualdad, o incluso terapéutico, porque todos sin excepción somos ángeles y demonios.

Ojalá esto llegue a todos, sobre todo a los poderosos, porque una cosa es atreverse a vivir el propio destino, moverse y luego poner conciencia, para vivir y evolucionar, como animaba en el pasado artículo, y otra cosa es lo que se está haciendo, yendo y no volviendo; movimiento sin conciencia, arrasando con la economía, los derechos no solo laborales sino humanos (me permito señalar que el derecho a la educación, los alimentos, una sanidad y una vivienda digna están recogidos en la Gran Carta, la de Naciones Unidas).Pero no sólo eso, también se están cargando, nos estamos cargando, el medio ambiente, bosques ríos, montañas, el agua que bebemos y aire que respiramos. ¡Qué barbaridad! ¡Basta ya!

Volvamos TODOS al orden, por el amor de Dios, que debe estar más allá de ángeles y demonios. Recordemos que de acuerdo con la ley del péndulo, para ser demonios con gracia y virtud, hay que volver a pasar antes por ángeles esforzados y bien intencionados.

Jorge Urrea Filgueira

www.psico-tao.com

Psico-Tao: entre meditación y autoconocimiento.

Psico-Tao: entre meditación y autoconocimiento.

Jorge Urrea www.psico-tao.com

Hoy me piden de la universidad de Chicago una entrevista sobre mi modo de aplicar el Tai Chi a la psicoterapia, y me doy cuenta de que durante no pocos años ya, me he identificado como psicotao en las redes, sin aclarar porqué, y creo que va siendo hora de explicar un poco la relación entre psicoterapia y Taoismo, con todo lo que lleva detrás como filosofía de vida y prácticas de salud, bienestar, centramiento y acercamiento a la realidad.

Desde niño leí textos taoístas, sin entender lo que era el taoísmo, pero incorporándolos a una manera de estar ante el mundo, que me hacía más flexible al cambio, con confianza en la vida y mis propios recursos para afrontarla. Pasaron los años, y una amiga en Canadá, me dijo que yo era taoísta, y como no entendí qué quería decir, me regaló una edición del Tao de Pooh, que recomiendo a todos antes y  después de otros textos supuestamente más serios.

Entonces fui entendiendo que aquella especie de danza coreografiada que es el Tai Chi que practico desde hace varias décadas, tenía un alcance no solo estético y autoindulgente, como podía experimentar, sino que favorecía la autoregulación organísmica y cambiaba la vibración de mis células por todo el cuerpo, colocándome además en un sitio distinto con respecto a mi mismo, al otro y al mundo en general. No solo conseguía paz y serenidad en ese momento, sino que también me acercaba a una manera de estar a diario, con mucha atención en el presente, lo que ahora se llama Mindful (con atención plena), moviéndome circularmente, sin aristas, con buena raíz más abajo de los pies y buena conexión con lo superior más allá de la cabeza, que diría un taoista.

Con el paso de los años, me formé en varias ramas de psicoterapia, e incluso experimenté con psicotrópicos con ánimo de expandir mi percepción de la realidad, pero a cada vez, mi mejor aliado, el que realmente me abría las puertas de la percepción, era el taoísmo y en concreto las prácticas de meditación en movimiento, con Chi Kong o artes marciales internas del tipo Tai Chi, Ba kua, Xin Ji, etc.

dar y recibir es el camino

Durante años me sentí partido entre dos mundos, el de la psicoterapia humanista moderna, que acumula la labor de tantos sabios, y el del saber milenario taoísta. Los unos aunque conocedores de la importancia del “aquí y ahora” insistían en investigar en el pasado, los vínculos parentales, la biografía, la raíz de la neurosis, etc. Por cierto a la vista de los últimos compendios psiquiátricos, estamos todos neuróticos y trastornados, lo que paradójicamente tampoco está mal como punto de partida para abrazar la humildad del que se cuestiona y vacía, lejos del que zoquete que pagado de si mismo muere como vivió, pobre de ánimo, conocimiento y espíritu.

Por otro lado, me encontré grandes practicantes de Tai Chi, Chi Kong, Zen, Vipassana, que ante cualquier pregunta sobre autoconocimiento me repetían siempre, “tú practica”, lo que es una verdad como un templo, ya que practicando uno vuelve siempre al presente, y así ni el pasado ni el futuro generan ansiedad ni duelo, luego es la única manera de sacar rendimiento al presente. Sin embargo, también es cierto que entre respiración y respiración, vacío y vacío, surgen insights, cosas de las que uno se da cuenta, que no hay porque borrar a golpe de respiración sin antes dejar una buena huella de memoria corporal, emocional, mental y espiritual. Además es preciso exportar al día a día aquellas cosas que uno vio en un momento de lucidez, porque reconozcámoslo, aunque intentemos llevar vidas mindful, de lucidez continua, la mayor parte del tiempo vivimos atontados, dormidos, moviéndonos en base a prejuicios, creencias y etiquetas, lo que genera no pocos conflictos, internos y externos.

Como este tema da para mucho, además de lo ya citado, de soslayo, quiero añadir como temas a desarrollar en otros artículos.

1)      No hay proceso de autoconocimiento que no pase por la consciencia corporal, y para eso, las técnicas de meditación son fundamentales, pues vacían de ruido y ponen la atención en el presente. La aportación del Tai Chi y Chi Kong con la meditación en movimiento es un fácil acercamiento a algo que en silencio y estatismo puede ser mucho más difícil.

2)      Ejercicios físicos como el empuje de manos, manos pegajosas, Bakua, etc, en realición con otras personas traen mucho información valiosa sobre uno mismo no en el espacio seguro del diván, sino en la vida misma, en tiempo real, donde la lucha de egos salta en breves segundos, y aprender a incoporar una torta, es fundamental para la citada humildad.

3)      El uso de armas a nivel meditativo aporta no solo una maestría en la gestión de un cuerpo extraño, al que puedes conducir o todo lo contrario. Además, cada arma aporta una manera de estar ante el mundo completamente distinta, desde la que empoderarse y poder evocar en momentos distintos de la propia vida (como actitud existencial, sin arma). Las horas de práctica de palo largo, corto, espada abanico, etc, van dotando a la persona de un movimiento y presencia, con un correlato sanador, por ejemplo, la gestión de la ira con el palo largo o lanza (desde 2,20 m de largo), trabajo sobre el elemento madera o tendino-muscular, hígado vesícula biliar.

4)      Igualmente pasa con los arquetipos de animales tan famosos por las películas de artes marciales o los dibujos animados. Los trabajos psico-corporales de origen chamánico d Hua To, son una auténtica joya para descubrir el talento y entrenar distintos tipos de liderazgo de uno mismo y de los otros.  La formación que imparto desde hace años en prestigiosas escuelas de negocio con alumnos incrédulos al principio, grandes seguidores después, me reafirma la necesidad de trabajar el liderazgo desde el cuerpo, la meditación dinámica y la filosofía de vida.

A seguir… practicando y observando.

Padres volvamos al cole!

¡PADRES, VOLVAMOS AL COLEGIO!

Se habla mucho de cambiar el modelo de educación, y se mira con esperanza al norte de Europa y sus sistemas de clases sin paredes, y casi sin profesores, donde el alumno es más libre y reafirma su autoestima en una búsqueda sana de su propia guía interior y talento. En otras ocasiones hemos comentado sobre medidas concretas en esa dirección, planes, profesorado y límites reales necesarios para contener tanta libertad y que ésta no se convierta en angustia en unas edades, donde los límites también traen serenidad. Hoy sin embargo me gustaría aclarar la importancia de la educación de padres, reprogramación, o todavía mejor, desprogramación.

Para poder sostener un nuevo modelo educativo, no solo hay que cambiar la ley, también hay que preparar a padres, profesores, directores, escritores de textos, programas, etc. El camino es largo y tan amplio como la sociedad entera. Es por ello que a mí no me entra ninguna prisa porque prefiero trabajar con la humildad del barrendero, que pacientemente barre cada losa, sabiendo que quedan mil detrás,  y sin pretender establecer un nuevo totalitarismo educativo, que en lugar de libertad, derive en nuevas falsas verdades y creencias.

Volviendo sobre los padres: todos los que en este momento tenemos hijos en edad educativa, todos, hemos mamado de un sistema educativo muy rígido y represivo, y una educación parental y social enraizada en un régimen ultraconsevador y autoritario.

Esta primera observación está dirigida a entender el abismo que hay entre generaciones que no entienden de límites, pues en el espacio virtual, donde muchos viven la mayor parte de sus vidas, casi no hay, y la  generación anterior, que hemos crecido levantándonos cuando llegaba el profesor, con miedo de caerle mal y las posibles represalias, y tratándole siempre de usted. Ahora los alumnos no es que no se levanten cuando entra el profesor, es que no se callan, el que tiene miedo es el profesor de ser demasiado duro con el alumno y las posibles represalias de éste o de un padre que no secunda a la autoritas, quizás proyectando antiguos resentimientos.

El enfoque de los padres, por lo tanto, es en muchos casos excesivamente controlador, falto de confianza en el sistema y el profesorado, y poco contenedor de unos hijos, que no están por ser contenidos tampoco.

Volviendo a los padres y su entorno doméstico: ¿de verdad pensamos que por pagar la cuota de un colegio caro donde ya se aplica un sistema más libre lo llevamos integrado en nuestro código genético como padres? Yo nací y fui criado en la cuna de Fundación Libre de Enseñanza y me dedico al desarrollo personal, sin embargo he necesitado y necesito de continuo acompañamiento terapéutico y espiritual para no confundir mis percepciones con lo que deseo percibir, y estar centrado en lo evidente. Con mi ejemplo, quiero decir, que si queremos que los niños vivan de verdad un nuevo modelo educativo, los padres también debemos volver a la escuela.

Esto significa que los padres debemos ante todo recuperar la humildad del que quiere seguir aprendiendo sobre el mundo y sobre uno mismo, todos los días. En segundo lugar, debemos presentarnos a la paternidad desde la vocación de servicio, donde no somos autoridad paterna por reconocimiento jurídico, sino porque de verdad tenemos voluntad de servir desde nuestra función, y con esa responsabilidad nos viene un poder que emana de nosotros, benevolente, consciente, centrado, y responsable, que no se impone, sino que se nota, y se respeta…

Volver a la escuela, ser alumno, ayuda también a entender los tiempos de los alumnos, que fácilmente podemos olvidar en nuestros hijos: si yo no lo entiendo y necesito tiempo para incorporar algo, mi hijo también, o más.

Por último, que en realidad es lo primero, volver a la escuela significa conocerme a mi mismo y reconocer el mundo más allá de lo que pensaba que era y de aquello para lo que fui programado. Esta parte es sin duda la más difícil de todas, porque implica mucho atrevimiento primero para presentarme con toda mi locura neurótica, ponerla encima de la mesa, y luego observar con atención plena (mindful) para entender qué está pasando, qué parte de mi es solo un personaje que me he montado, y qué parte es real.

Cierro este artículo animando a todos y todas a hacer procesos de autoconocimiento, terapéuticos, individuales o grupales, por vuestro propio bien, y por el de vuestros hijos. Así podemos aligerar la mochila personal y evitar traspasarla de generación en generación. Así podremos respaldar un nuevo modelo educativo, que no puede luchar contra lo que perpetuemos en casa los padres. Si no lo hacemos así, el esfuerzo institucional y de profesores será malogrado.

Jorge Urrea

www.psico-tao.com

Un hombre como yo entre 200 mujeres

Comparto con emoción la página del diario de Sevilla sobre el evento Tiempo de Mujeres, donde participé, compartí y aprendí. Abrazando la diversidad nutritiva.

Blog en Womenalia

Si te apetece echar un ojo a mi otro blog, más centrado en reflexiones desde las filosfías orientales, sobre temas cotidianos como nuestra vida en el mundo digital, el amor, etc. Pincha aquí

http://www.womenalia.com/es/blogs/yin-yang-del-desarrollo-personal-y-profesional

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Blog en Mujeresycía

Desde hace unos años trabajo en colaboración con esta plataforma especializada en enfoque de género, donde publico artículos de muy diversa índole, te animo a echarles un ojo.

Aquí tienes uno de ellos, pero son muchos más si preguntas a su buscador por mi nombre

http://www.mujeresycia.com/index.php?x=nota/87135/1/un-hombre-como-yo

Sobre Ingenio y pasión. Dossier de medios (TV, Radio, Prensa…)

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Ingenio y pasión ha sido mucho más que un libro, ha sido un proyecto de transformación personal, profesional e incluso social, con tantos impactos bellos que prefiero compartir directamente el dossier para el que quiera investigar en entrevistas y demás. En breve sacamos Ingenio, sexo y pasión, versión ampliada del anterior con capítulos inéditos apasionantes sobre cómo las diferencias de sexo nos hacen rentables, capital sexual personal y profesional, y psicopatía y poder.

http://issuu.com/lideditorial/docs/press_clipping_ingenio_pasion_14071

A los que añadir las recientes intervenciones en TVE y Radio

https://www.youtube.com/watch?v=KslvNRYHG5A

https://www.youtube.com/watch?v=RasHCESBuAg

https://www.youtube.com/watch?v=qovh1Qm_OvE

¡Qué buen rato en Gestiona Radio en el programa de Pilar Carrizosa piérdete y disfruta! Yo hablé del viaje de Alicia en el País de las maravillas y sus símbolos, para los que quieran escucharla desde el minuto 41,30, aunque otro contertulio era Iñigo Ibañez, cuyas anécdotas bién merecen la pena…
http://www.gestionaradio.com/20057-pierdete-y-disfruta-pil…/

Clima de trabajo

 

Clima en el trabajo.

Publicada en Leaners
Magazine abril 2013

Por Jorge Urrea

http://www.leanersmagazine.com/docs/publicaciones/02-reinventing-innovation/firma-jorge-urrea.pdf

 

 

El buen ritmo vital y profesional

El buen ritmo vital y profesional. BSP.Mayo2013 JUF.

 

El buen ritmo vital y profesional.

Jorge Urrea FIlgueira

www.psico-tao.com

publicado en
BSPreviews mayo 2013

 

¿Se imaginan un surfero que decidiera que va montar la ola
cuando él diga y no cuando la ola llegue? Loco ¿verdad? Así hacen muchos en lo
profesional, y en lo personal…

Son muchos los que no aceptan que la vida o el trabajo
tienen unos ritmos y tratan de resistirse como gatos panza arriba, sin
conciencia de lo mal que le a cae una ola encima a un gato. Otros, por el
contrario, ansían tomar olas y olas, y se suben a la ilusión de la ola, con
adrenalina y todo, pero sin ola, remando y remando, con sensación de velocidad,
pero sin ola.

Frecuentemente los primeros se llenan de ira y o la sacan de
alguna manera o sufren una depresión, pasivo-agresiva, pues se dan de baja. “El
sistema no les comprende, el jefe les pide cosas imposibles, los niños no les
dejan vivir…” Ellos para hacer el trabajo bien, deben hacerlo “a SU manera y en
SU tiempo”. Los segundos, meros espejos de los primeros, sufren problemas de
tiroides, ese órgano que entre otras cosas regula el consumo de energía
necesario para la actividad que deseamos.

Muchas profesionales, sufren de hiper o hipotiroidismo en
sus variantes. Digo muchas porque en esto hay una diferencia de género
llamativa. Muchas mujeres, y también hombres, se pasan de eficientes y se
vuelven adictas a la acción. Gestionan trabajo como gestionan hogares y cuando
la lista de tareas, “to do”, se vacía sufren una ansiedad derivada de no saber
cómo existir si no es corriendo en alguna dirección. Tienen un problema grave.
Si quieren hacer carreras profesionales o personales sostenibles, deben revisar
sus vidas y ver cómo estar llenas en el presente. De otra manera el entorno les
pondrá en su sitio antes o después, con mayor o menor dureza.

Los unos por lentos y los otros por acelerados son locos, o
mejor dicho, están locos, pues la verdad es que todos podemos entrar en estas
dinámicas en un momento del vida y salirnos en otro, sin estar estigmatizados a
“ser locos” para toda la vida. Es muy importante para poder salir de la locura
tomar conciencia de ello: escucharse a uno miso y al medio, aprender a ver las
olas de verdad, aceptar que el mundo no va a ir un ritmo distinto porque ellos
o ellas lo digan, etc.

Así, muchos que escuchen o si quiera recuerden, podrán
rescatar comentarios recientes o antiguos del tipo: “no me escuchas, eso no
hacía falta hacerlo ahora, te he pedido otra cosa, ¿por qué no has hecho esto?,
estoy cansado de esperar, o simplemente, lo siento pero ya no es posible. Yo lo
veo en mi trabajo a diario, de los casos más trágicos y largos de aceptar son
los de las clientes que ya no pueden ser madres, por posponerlo demasiado. Se
quejan y no aceptan el límite: “¡si ahora con 45 dicen que se puede se madre
primeriza!” Mentira, eso es una excepción, la ola llega antes.

Otros pasan por trabajos renegando de que les exigen
demasiado, que no pueden con esos picos, sin poder triunfar en ninguno.
Recuerdo un responsable de compras de flores, que aprendió a aliarse con los
picos de trabajo (San Valentín, día de la madre, difuntos, etc) y así salir de
su depresión, sintiendo lo divertido de la activación, y descansando después en
ritmos más pausados, donde poder redirigir la atención a la familia y su ocio.

No se engañen, no estoy diciendo que todas las empresas
tengan ritmos sanos, eso tienen que evaluarlo ustedes, quizás con la ayuda de
un profesional. Hay trabajos con picos brutales que se compensan con etapas muy
relajadas, donde poder reconstituirse, por ejemplo los atletas de élite. Otros
puestos simplemente queman al personal hasta que contratan a otro fresco que
consumir. Estudie si puede y quiere adaptarse al ritmo de su “empresa” y su
“expectativa de vida”.

En cualquier caso tome el timón de su vida, y la
responsabiliad de la misma: si decide poner su vida en un proyecto, empresa,
matrimonio, familia, etc, debe irremediablemente aprender a tomarle el pulso y
bailar a su ritmo. Si no lo hace estará constantemente fuera del eje, ahogado o
ansioso, y su demostraciones de resistencia en contra, solo perjudicarán su rendimiento
profesional y personal. No será más feliz ni cambiará el ritmo externo. Créame.

Me despido con la famosa frase que mi genial maestro de
inglés Mike me repitió semanalmente durante mis largos  años de formación para diplomático, en los que
francamente naufragué:     “keep your head above the  water!”

Gracias a la vida, que me da tanto.

Dar y recibir, o el Sentido de Pertenecer.

Yo, que no tengo ningún credo, cada vez que voy a comer, empiezo por agradecer a los alimentos que me nutren y cuya existencia acaba como tal cuando tomo su energía para poder seguir con mi vida. Después paso a agradecer internamente al tendero y el transportista que me los han hecho llegar, así como en el agricultor, el pescador, mi mujer que, entre otras cosas, me ha dado estos hijos maravillosos que me acompañan en la comida con sus sonrisas; la asistenta, que hace mi vida infinitamente más llevadera, mi madre, que siempre acude a la petición de ayuda, mis amigos, mis pacientes y alumnos, que me ayudan a seguir aprendiendo cada día y me dan unos ingresos necesarios, la médico que me vio el otro día y descartó un parkinson para gran alivio nuestro, el fisio que me cuidó el cuerpo, etc, etc, etc.

De repente me siento pequeño, miento, me siento menos grande, menos autosuficiente, menos arrogante, menos “yo puedo solo y no me hace falta nadie”, y también menos solo y más acompañado. También me siento infinitamente agradecido por toda esta red de gente, de  grandes y pequeños, que me dan sentido de pertenencia y hacen que la vida que elijo sea posible. Muchos me dan comida, otros apoyo, luz, calor, contribuyendo en mis sueños (familia, profesión, amigos, estilo de vida…). Mi ego se contrae a un tamaño sano, humilde, y mi reconocimiento de necesitar al otro hace que mi corazón esté abierto a todo y a todos, haciendo que yo también quiera contribuir más todavía. Estrellas que iluminan, estrellas en el firmamento. Dar y recibir.

Mi abuela ya hacía esta ceremonia de gracias con cada comida. Recuerdo que la mayoría de los que estábamos en la mesa ansiábamos que aquello pasara rápido para poder comer y muchos de los mayores que seguían aquella retahíla de palabras, ligadas y medio masculladas a toda velocidad, lo hacían como algo rutinario, cumpliendo simplemente en vez de repasar el sentido profundo y sagrado del dar gracias. ¡Qué gran error! Debemos recuperar el sentido y la sabiduría de nuestros mayores, pues es un gran faro en momentos donde toda la tecnología e información no garantizan que veamos mejor, ni comprendamos, ni que seamos verdaderamente felices.

Esto que aquí menciono se aplica en lo personal y en lo profesional. La ambición de muchos, profesionales y políticos, hace que cada uno piense que está solo contribuyendo o tomando, chupando en algunos casos, cuando la realidad es que  todos estamos dando y recibiendo, remando y siendo impulsados, apoyándonos unos a otros, necesarios y complementarios. Esto incumbe desde las señoras de la limpieza o los servicios de basuras, que tan necesarios se han demostrado recientemente con las huelgas, hasta los presidentes de las compañías, pues en este Gran Teatro del Mundo, que diría Calderón, todos ocupamos nuestro sitio, y gracias a eso el mundo puede ser. Todos estamos a la misma distancia del centro y todos creamos el todo, el Uno, el Tao, o el proyecto empresarial que sostengamos entre todos.

Animo pues a todos a hacer un acto de agradecimiento diario por todo lo que recibimos, a la par que seamos conscientes de cuánto aportamos, para que con plenitud humildad y fortaleza, ocupemos nuestro lugar en un mundo donde el engranaje es perfecto, existe la felicidad del trabajo bien hecho y la vida es celebrada.

Desesperanza y estrés

La desesperanza viene de la mano de la crisis para muchos profesionales. Pasan los meses, incluso los años y uno tiene la sensación de no poder hacer nada al respecto, tira la toalla y desespera, “deja de esperar”, sumiéndose en un limbo realmente complejo de sostener.

Aparentemente ya no tiene estrés, ni aquella adrenalina corriendo por las venas que tanto le activaba ante las demandas urgentes; ya no tiene el pulso rápido, está repanchingado en el sofá, viendo la tele o simplemente el techo, “esperando sin esperar”. La desidia pareciera relajación, por aquello de que ni siquiera se afeita o maquilla, pero lo que sufre en verdad es una fase del estrés, marcada por una retirada, falta de afrontamiento, renuncia a la lucha y un mero soportar “estoicamente” lo que haya que soportar. Esta fase, que parece mejor que la anterior, es sin embargo muy grave.

Nuestros científicos advierten: el nivel de desesperanza y estrés de una persona cuando siente que no gobierna su vida es tal que se puede medir objetivamente: cambio en los niveles de presión arterial, azúcar, colesterol en sangre, aumento del tiroides, inhibición de timo, dermatitis, etc.

El común de la calle o del trabajo, por hablar más claro, siente que no le queda fuerza ni ganas de luchar, que la suerte está echada, que la autoestima está arruinada y que no hay otro futuro posible. Para más inri, todo esto funciona como una profecía autocumplida, reafirmada por la propia persona, que no permite otra posibilidad.

Brevemente, el trabajo que uno debe hacer, con verdadera disciplina diaria, por mucho que el panorama esté negro, es el siguiente:

  1. Cuidar el cuerpo, hacer ejercicio, caminar, hacer bicicleta o correr, desarrollando un buen centro bajo, física y energéticamente. ¿Se acuerdan de los romanos y sus marchas militares? Sirven y mucho.
  2. Encontrar algo de excitación y diversión cada día, que haga que la vida merezca ser vivida. Búsquelo en lo sencillo, no hace falta consumir para ello.
  3. Alimentarse sanamente y con mesura, y asearse y poner orden diario en su propio entorno.
  4. Cuidar el corazón, con uno mismo y con los demás. Esta es una buena oportunidad para recuperar los afectos perdidos en la ambiciosa carrera del capitalismo rampante.
  5. Expresar su propia verdad y mandar sobre la propia vida dentro de lo posible. Esto se puede hacer en cosas grandes y pequeñas, manteniendo la sensación de que en muchas áreas uno no deja nunca de gobernar el propio barco. Charle, comunique, exorcice, hágalo de palabra, oral o escrita, en privado o en un blog, pero limpie su interior para no estallar por dentro.
  6. Dedique tiempo a la meditación, que es la observación sin juicio, para desde el vacío encontrar la brújula por donde ir. Trate de mirar recto, periféricamente y más allá, y sobre todo siga mirando, lo que le permitirá avistar tierra cuando llegue, si no, la cabeza baja le devolverá siempre el recuerdo de lo que fue, aunque cambie.
  7. Confiar, entregarse a la vida y fluir con ella, cada vez más al ritmo de la misma y menos al del ego, que puede ser demasiado rápido o demasiado lento. Es el más complejo, pero el que más frutos dará.

Conclusión: cuando uno pierde la esperanza se convierte en víctima y no hace más que perder poder personal, deprimirse y arrugarse. Uno debe cuidarse en todos los niveles y seguir mirando el cambio, lo nuevo, todos los días, convencido de que hay vientos que se acercan y pronto hincharán nuestras velas en larga primera travesía hacia el Nuevo Mundo, que es, a fin de cuentas, la nueva realidad económico-político-social venidera. Si ahora nos entrenamos, el salto que daremos será cuántico.

Sartenazo Zen y confianza en la vida

Al Tao a través del Río

Las clases de movimiento expresivo, sistema río abierto, son un lugar donde poder danzar, expresar, encontrarse con uno mismo y con el otro, disfrutando y auto-conociéndose. Este trabajo corporal tiene su raíz más profunda en el conocimiento indio de los chakras.

Personalmente, he investido mi larga práctica taoísta, de tai chi y chi kong, de un aire serio, ausente de emoción, inexpresivo, que haciéndolo solemne, me permitía concentrarme y facilitaba la concentración en mis alumnos, pero también me impedía una profundización en la alegría de corazón de la práctica. Desde que practico Movimiento Expresivo, incluso si lo hago a modo taoísta, he podido profundizar en la experiencia del TAO, de la no diferenciación, de la comunión con el otro y con el ser más profundo que habita dentro de Uno. No es necesario ser serio, no siempre al menos. Ser aplicado y constante en la práctica es fundamental, pero no necesariamente introvertido, ni ausente ni carente de vida, que es el riesgo que tienen estos caminos mal llevados, ya que entre otras cosas, nos pueden inducir una exigencia y dureza nada caritativa con nuestros egos, y por la misma, nada útil. Recordemos que el ego crece más cuanto más duro le pegamos.

El trabajo en movimiento expresivo es amable con el ego, lo lleva de la mano, le da un espacio donde expresarse, ser, y compartir con otros egos, sin juicio, donde todos juntos, al final, tornan un equipo de virtudes precioso, lleno de movimientos distintos, colores, luces y armonía creadora.

Y, en lo concreto, ¿cómo puede ser una sesión? Fácil. Por ejemplo, uno se pone a seguir al facilitador, emulando su movimientos, luego imita a sus compañeros, con diferentes pautas y músicas de fondo, y en determinado momento toma contacto con su propia necesidad de movimiento y la sigue, con la gestualidad y fuerza que le surja. Acaba la sesión y uno se siente liberado. El río se abrió, y las compuertas dejan pasar la vida que hay por nuestro cuerpo, que estaba bloqueado, por estrés, traumas cotidianos o antiguos, o lo que es más antiguo todavía, la cristalización del carácter en nuestro cuerpo. Esto último nos volvió máquinas repetitivas, especialistas en determinados movimientos y actitudes ante el mundo: el apolíneo, el dionisíaco, el culposo, el orgulloso, etc.

El Movimiento Expresivo nos ayuda a recuperar movimientos, que perdimos en la mecanización del carácter, y nos devuelve la experiencia de ser más libres y plenos de manera liviana y gozosa.

Sexo a los diez, y a los 20, 30, 40, 50…

Me llama un amigo lleno de angustia desde África, porque su hija, que vive en España con su exmujer y su nueva pareja, se quería escapar del colegio, a la edad de once años, para ir a tener sexo con un niño de 14 con el que se puso de acuerdo en el patio. Tras una larga conversación, para apaciguar las aguas y ayudarle a enfocar su energía y atención, me quedo pensativo. ¿qué ocurre para que una niña de once años “esté cansada de masturbarse durante un año y quiera consumar ya, y con cualquiera”? (palabras textuales)

Al margen del despertar fisiológico, creo que muchos nos movemos por energías colectivas, por masa, por influencias, sociales, familiares, escolares, televisivas, etc. Esta niña, seguramente ha visto los dibujos manga con su sexualidad tipo lolita rebosante por todas partes, y que por cierto, tanto provoca a tantos adultos y daña a tantas mujeres por asentar el modelo de delgadez infantil. Volviendo a ella, seguramente, es una niña con ganas de vivir, que no cierra los ojos cuando pasa por las marquesinas de los autobuses, y ve mujeres y hombres semidesnudos, reclamando y vendiendo su poder por la sexualidad. Tampoco, cierra los oídos ni los ojos ante los mayores y por esa misma razón puede ser doblemente dañada. En el colegio puede ser positivo o no, ser la pionera en explorar esos valles, generadora de envidias y admiración por su valentía, pero para otros compañeros y padres, será un estigma dificil de sobrellevar, injusto cuando todos pasaran por el mismo sitio, eso sí, condenados por sus propios prejuicios.

Aprender a gestionar la sexualidad.
Uno conduce su existencia, como conduce su sexualidad. Cuando doy terapias profundas, la sexualidad termina por salir, antes o después, como ejemplo de lo mismo que se hace en la vida no sexual, ni más ni menos. Así de importante, con lo que más nos vale aprender a gestionar nuestra sexualidad, para saber acompañar a nuestros hijos, alumnos, pacientes, feligreses, en un camino que es natural y parejo con la existencia humana. De otra manera, todos los libros y principios estudiados de memoria pronto pasarán con el fogonazo del placer, o displacer, piel arriba y piel abajo.

Ahora que cito el displacer, es importante decir en voz alta que no todo en el mundo sexual es gozo ni fiesta. Para muchos es una fuente de problemas, dolor, sufrimiento, falta de autoestima, adaptación al mundo, consentimiento viciado, etc. No hablo de homosexualidad, que también implica un proceso complejo de integración en uno mismo y en el entorno, sino de aprender todos a gestionar una energía poderosa, que nos lleva, enciende, consume o apaga. Veía hace poco un documental de la BCC muy interesante sobre la sexualidad en Japón, reino del manga, donde la falta de sexo se ha convertido en un asunto gubernamental, por la gravedad que contrae a muchos niveles. De la mano, viene el mercantilismo del mismo, no solo en la prostitución sino en el matrimonio (donde el consentimiento sexual viene condicionado a que el marido gane cierta cantidad de dinero), la venta de muñecas hiperrealistas vendiendo el contacto irrealmente perfecto, el auge del narcisismo onanista, etc. Frío, mucho frío, en una sociedad marcada por una perfección que pasó de la virtud zen a la de-solación heladora,  falta de contacto, de calor, y de amor, de amor… tan falta está que los hombres de dinero se van a clubes especiales donde ni si quiera toman mujeres, sino que van a acariciar gatos, para suplir lo que no tienen.

Dolor en el sexo.
Muchos adultos en España pensarán que a ellos no les toca esto, pero les invito a mirar sus relaciones sexuales, consigo mismos, con sus parejas, con sus amantes… ¿Cuánto de humanidad, calor, respeto, interés por el otro y por uno hay en el encuentro? Algunos machos y hembras alfa se desmoronan en consulta cuando se dan cuenta de que tanta masturbación diaria y montar a su mujer-hombre, incluso amantes, no esconde más que una compulsión, una huida, un desenchufar para no sentir, para no conectar con lo que les pasa en sus vidas. Más allá estos hombres, y mujeres, descubren dolor en su sexo, en su vida, en su biografía, la falta de cuidado de sí mismos, de los otros, falta de cariño, falta de satisfacción. Falta.

Verdaderamente no es una cuestión de edad, pues lo que puede empezar a los diez, se repite cual programación automática a los 20, 30, 40, 50, 60, 70…  NO es una cuestión de represión, como se sigue insistiendo desde la religión y algunas corrientes incluso taoistas y budistas, sino de integración, de poner consciencia, de hacerlo sagrado,

Ojalá mi amigo, su exmujer, padre sustituto, famililas varias, colegio y demás entornos consigan acompañar a esta niña en su transición hacia la edad adulta. Ella ahora tiembla y vibra por el sexo, pero mañana puede ser por la integración de su cuerpo con cambios adolescentes, al siguiente, por la bebida y las drogas, al siguiente por su ideología política o filosía nihilista, cada uno con su viaje vital. Ojalá esta niña sea acompañada con respeto de su exploración y pulsión vital, con contención para que se sienta segura, sin represión pero con un limite protector de su propia inocencia y fragilidad, esa que seguimos teniendo en la edad adulta, aunque esté oculta. Ojalá ella no se sienta juzgada, y disfrute sanamente y para siempre de la energía sagrada que le pertenece, ojalá sienta que puede pedir ayuda, preguntar, buscar referentes externos sanos y encontrar su auténtico referente interno, magistral. Si esta niña lo consigue, tendrá mucho que enseñarnos a todos, niños y adultos, occidentales y orientales, que tenemos mucho que aprender.

Artículo publicado en Mujeres y Cía.

Desinformación en tiempo real.

Meditación y alto rendimiento.

 

 

 

El Mobbing de la Prima de Riesgo a España.

En las “sociedades avanzadas” el principio económico que rige todo, no es tanto el consumo como piensan muchos, sino la vanidad, madre del primero, que muchos entienden como ese pecadillo que hace que te  mires un poco de más en el espejo porque te gustas, con tu ipod, tu 4*4 y tu ático. Siendo esto verdad, el calado es más profundo: la vanidad es aquello que hace que uno no tenga conciencia de lo que es más que por imágenes externas, de los demás, de los espejos, de sus logros o lo que es peor, de sus caídas.

Víctimas perfectas del mobbing laboral son los vanidosos, y lo digo por propia experiencia y sin ofender a nadie. El mobbing se refiere a la acción acosadora de un superior sobre un empleado, que cada vez más cargado de trabajo, exigido en tiempo, calidad cantidad, fuera de un límite real, empieza a sentir que quizás lo que le piden es normal y el problema es que no vale, que no puede y que debería renunciar pues pierde la confianza en sí mismo. Sin autoestima, sufre en consecuencia graves síntomas, como fuerte pérdida o ganancia de peso, desequilibrio hormonal, taquicardias, depresión psicológica , herpes zoster, o tantas otras enfermedades inhabilitadoras para el trabajo. El anzuelo que une acosador con acosado es que el segundo siente que tiene que poder, y por eso trata de hacer lo que haga falta.

Nuestra autoestima decrece como país
Si se fijan algo bien, así está ocurriendo con el mobbing de la prima de riesgo, y de los que hay detrás de ella, sobre España.  Cuando hace poco nos decían que el sistema financiero español era de los mejores del mundo, nos lo creímos y ahora que nos dicen lo contrario también nos lo creemos. Vanidad.  Nuestra autoestima decrece como país y como personas, que no nos compran deuda o que no nos dan crédito, que no nos contratan, que nos exigen más de lo que podemos dar, y cuando por un milagro nos estiramos y cumplimos con lo que nos piden, al día siguiente la prima de riesgo exige más, viendo que todavía podemos estirarnos un poco… Pura especulación. Nuestros síntomas son claros, nuestra inversión en nosotros mismos baja o nula, nos creemos la cantinela de que no valemos, muchos españoles atesoran dinero en casa, en el extranjero, en dólares, llenos de miedo, sin confianza en nuestros propios recursos. El miedo se nos mete en los huesos y nos paraliza, nos pasamos años sin reaccionar: a ver si no moviéndome y pareciendo bueno, se les olvida la reprimenda y me dejan volver a salir al recreo. Dejamos de innovar, de emprender, de arriesgar, que es lo que de verdad “prima” en este momento.

Además enfermamos como país: no solo enferma nuestro sistema financiero, también nuestro sistemas de salud y de educación, que con el cáncer de la crisis ven extirpadas partes fundamentales como i+d, médicos, camas y profesores. No es que no haga falta hacer recortes, sí que hay que amputar los miembros gangrenados, que están llevando a la muerte al resto, y esos no son ninguno de los anteriormente citados. La crisis trae la oportunidad de sanar nuestra herida profunda, que son enormes injusticias y chiringuitos que unos y otros se han montado.  Ha llegado el momento de apretar la herida para que salga todo el pus, que no es bonito de ver, pero debe hacerse para poder sanar de verdad. Llega el momento de recortar gastos generados en la expectativa de una sociedad increiblemente opulenta, sobrada, sin restricciones. No es de recibo que un señor por ser diputado un mes, ni cuatro años, tenga una pensión de por vida. No es de recibo que tengamos el triple de políticos que Alemania, que nos duplica en población y tiene todavía más estratos administrativos.

No puede ser que algunos de nuestros funcionarios, es decir, “de función pública”, cobren este año entre 200.000 y 300.000 euros netos anuales, por llevar “c.d” en la matrícula. Tampoco  nuestro país puede seguir jugando a estas alturas a príncipes y princesas, con presupuestos del Estado. No se puede tener a la gente con hambre pidiendo en las iglesias y dejar que estas no paguen los impuestos que pagamos los demás. No todo el mundo puede tener coche oficial, ni avión, ni seis  guarda espaldas.  Todos estos vampiros, los internos y los externos de la prima de riesgo, chupan la sangre a una España confundida, sacudida y en clara falta de autoconfianza para decir NO, en vez de por favor, me presta unos eurillos…

Podemos.
Yo me pregunto desde cuándo España y los españoles, conocidos por nuestra alegría de vivir, por nuestro desenfado, por nuestra fuerza y valentía, capaz de enfrentarnos a un toro o a descubrir las Américas, aquel mundo que decían que no existía… desde cuándo nos hemos vuelto pusilánimes, vanidosos, que ya no sabemos quién somos y necesitamos escuchar todos los días lo que dice la prima de riesgo sobre nosotros para saber cómo vamos.

Mucho más importante que ampararse bajo el ala de alemanes, FMI u otro plan Marshall, mucho más importante, es que recuperemos la fe en nosotros mismos, nuestra autoestima, nuestra alegría y fuerza,  y volvamos a poner a este país en pie, por nuestros propios recursos, mucho mejor que seguir atendiendo a las exigencias imposibles de unos patrones superexigentes, que demandan la reducción del déficit, pero no saben cómo generar negocio para luego poder pagar sus préstamos. Si todos los españoles, desde la portera del “13 de la calle tribulación”, hasta Nadal y Amancio Ortega, si todos nos unimos como nos unimos para apoyar a la roja, conseguiremos levantar la bandera de la dignidad de este país, y los niñatos que deciden lo que vale nuestro país desde un ordenador de la City, se verán obligados a decir a sus millonarios clientes inversores que nuestro país va bien, que ahora sí nos lo creemos, que ahora sí pueden comprar nuestra deuda, porque ahora sí que podemos.

Artículo dedicado a esos ancianos que recientemente vi en una entrevista callejera de un telediario, diciendo que si tenían que arrimar el hombro, que lo arrimaban con sus precarias pensiones. Un ejemplo, la verdad.

Ángeles y Demonios. (Atreverse al cambio II)

Piensan algunos -que no entienden bien mis palabras- que mi animar al atrevimiento, el movimiento y el cambio, puede ser un grito hippie, liberal, alocado e insensato y yo les voy a dar más motivos para pensarlo, aunque los que de verdad entiendan, seguro que volverán a comprender.

A menudo, quien intenta evolucionar, crecer, ser bueno, o como lo quieran llamar, se polariza en un extremo del péndulo de su personalidad, y se empobrece, sin pasar por el otro extremo, donde por ejemplo, ser egoísta puede ser virtuoso. El empobrecimiento es mayor, al creerse “el bueno” su hábito o disfraz, pensando que ya consiguió el cielo en tierra, y que no necesita seguir poniendo conciencia, y creciendo, porque ya es bueno para siempre. Mentira.

Ya que me atreví a contar cosas de mi bisabuela materna, sí aquella monja que fue y vino, hoy compartiré la historia de mi tatatarabuelo paterno, Urrea como yo. Este “ángel” emprendió su camino por la religión ascendiendo rápidamente hasta arzobispo, de Tarragona, para después marchar a luchar contra “el turco” en el Mediterráneo en pleno siglo XV, donde acabó convirtiéndose en el seguramente primer y último arzobispo pirata de la historia, porque probablemente creyéndose en posesión de la verdad y otorgándose derechos, se dedicó a saquear por donde pudo. El mismísimo Papa, que lo anatemizó, no pudo darle conciencia social,  y siguió pirateando “arzobíspamente” hasta que fue el Rey Alonso V, quien le llamó al orden con éxito,  volviendo a su sede en Tarragona (sí han leido bien), donde todavía cuelga su pendón en la catedral.

Todos somos ambas cosas.
Esta historia, que data de 6 siglos nada menos, pudiera parecer antigua, pero no lo es, más bien todo lo contrario, está de rabiosa actualidad y es preciso sacarla a la luz para darnos cuenta de la verdadera naturaleza humana que todos tenemos. Angeles y demonios que paseamos por la tierra haciendo el bien y el mal, con o sin poder ni conciencia. Es muy importante que no nos creamos el hábito que llevamos, ya sea éste de eclesiástico, político, médico, enseñante, de luchadora por la igualdad, o incluso terapéutico, porque todos sin excepción somos ángeles y demonios.

Ojalá esto llegue a todos, sobre todo a los poderosos, porque una cosa es atreverse a vivir el propio destino, moverse y luego poner conciencia, para vivir y evolucionar, como animaba en el pasado artículo, y otra cosa es lo que se está haciendo, yendo y no volviendo; movimiento sin conciencia, arrasando con la economía, los derechos no solo laborales sino humanos (me permito señalar que el derecho a la educación, los alimentos, una sanidad y una vivienda digna están recogidos en la Gran Carta, la de Naciones Unidas).Pero no sólo eso, también se están cargando, nos estamos cargando, el medio ambiente, bosques ríos, montañas, el agua que bebemos y aire que respiramos. ¡Qué barbaridad! ¡Basta ya! Si hoy viviera un “Rey” con la autoridad de Alonso V con mi ancestro, debería llamar al orden, y si no, cuestionarse sus hábitos, que también es humano.

Volvamos TODOS al orden, por el amor de Dios, que debe estar más allá de ángeles y demonios. Recordemos que de acuerdo con la ley del péndulo, para ser demonios con gracia y virtud, hay que volver a pasar antes por ángeles.

Educación postural (o no perder el eje).

Afortunadamente cada vez se habla más de educación postural, como algo que llevar a la oficina y la vida diaria. Se alude a ello, como una buena inversión no solo para los individuos, sino también para las empresas, porque si sus empleados sufren menos en el cuerpo, estarán más felices, trabajarán mejor, producirán más y estarán menos de baja.

Esto ya es en si un paso muy importante en la toma de conciencia que necesitamos, pero sería bueno ver lo que implica perder el eje a un nivel no solo físico:

Uno “pierde el eje”, cuando abandona la verticalidad que le da equilibrio en este planeta, marcado por la gravedad. Claro está, la perdemos por un lado, por el otro, a una altura y a otra, por compensación. A lo mejor llevamos la cabeza adelantada hacia delante, como si nos fueran a cortar la cabeza y quisiéramos hacerles el trabajo más fácil. Esto hunde el pecho, y nos deja respirar menos, aprieta el abdomen que se curva hacia atrás y delante, dificultando la digestión, sacamos las rodillas hacia delante, compensando para no caernos, y la pelvis se retrotrae, los tobillos tratan de sostener este castillo de naipes, con esfuerzo, sufriendo. Otras personas, por ejemplo, llevan la pelvis tan adelantada, que se diría que primero llega su sexo y al rato la cabeza para ver lo que están haciendo, por sus “cojones”. Otros van suspendidos desde el cielo, con los hombros alzados y el pecho hundido, con los pies arrastrados sin casi tocar el suelo.

Todos rompemos nuestro eje en un momento u otro. Muchos lo hacemos la mayor parte del tiempo. La conciencia corporal es lo que nos permite volver centrarnos. Si notamos que para hablar o relacionarnos con alguien, por ejemplo, tenemos que echarnos tanto hacia delante (o ir a su terreno) que vamos a perder el equilibrio, podemos concluir que no es hora de rompernos los dientes en monumental caída, sino de volver a nuestro sitio. Si al otro no le interesa acercarse, escuchar lo que tenemos que decir o simplemente “vernos”, es mejor dejarlo, forzar las cosas es una estupidez que hace correr riesgo a nuestro cuerpo, autoestima, etc.

Aquellos otros, amantes de la ubicuidad, que siempre corren para estar en dos sitios al mismo tiempo, empezarán a darse cuenta, gracias a la conciencia, de que su cuerpo ocupa un espacio concreto, y que pretender lo contrario no solo es loco, sino que puede causar un ataque al corazón, tratando por ejemplo de llegar a satisfacer a la esposa, a la amante, a los hijos, al trabajo, al trabajito extra, etc. Más, más, más, nos hemos vuelto amantes y adictos de la intensidad, y si puedo hacer dos cosas, es mejor que una.

Al final, esta sociedad vanidosa, se encuentra con que los referentes del éxito, son en realidad personas con vidas huecas, aparentemente perfectas, pero faltas de esencia y calor, porque nunca tuvieron tiempo para dárselo. Testimonio de esto dan por ejemplo, las bandas de niños bien que destrozan coches para volcar una ira que no entienden y que puede venir de no haber sido vistos, ni cuidados.

En un mundo donde la gravedad tira hacia abajo, y las personas, llevan ejes distintos, se produce una falta de encaje, donde la vibración no es armónica. Centrémonos y nuestro entorno se centrará.

Elogio del Atrevimiento, o la Hermana San Sulpicio.

Me avisa mi madre de que hay una película en la tele basada en mi bisabuela, y corro a verla, curioso. Me encuentro una mujer rebosante de pasión por la vida, que sin embargo no acaba de encontrar su sitio en su vida y decide tomar votos como monja para ver si ahí lo encuentra.

Allí descubre una vocación de ayudar a los demás, en colaboración con un médico, que la llena y su pasión y felicidad se contagia donde va. Sin embargo, su confesor, sospecha algo raro y prueba a sacarla del hospital, y del médico, antes de que tome votos perpetuos, y ceda su patrimonio a la orden. El efecto es inmediato: médico y monja se ven muy alterados, él muy nervioso, y ella deprimida, por la separación. Ella gracias a la orientación de su confesor, que bien podría ser hoy en día terapeuta, acaba decidiendo renunciar al hábito, y el médico renuncia a su colaboradora monja. Reinventándose una vez más, deciden casarse y tienen a mi abuelo, gracias a lo cual llega un servidor hasta aquí.

La película, con Imperio Argentina, interpretando a mi bisabuela, está tratada con una delicadeza y corazón, que hacen comprensible que fuera aceptada incluso en aquella época. Yo, que me dedico a la psicoterapia, me quedo maravillado con la fuerza y empuje de personas como ella, que no han hecho 15 años de psicoanálisis, pero sí se han atrevido a dar las vueltas en la vida que han hecho falta para encontrarse, rompiendo toda imagen cómoda de si mismas. Atreviéndose.

Vuélvanse locos, háganlo de inmediato, que la vida se pasa, y si no enloquecen, pueden pasar toda la vida aburridos, acomodados, dormidos, fingiendo una vida que no les pertenece. Atrévanse, por el amor de Dios, de la monja y del médico que me precedieron.

En busca de la felicidad.

Vivimos en una sociedad de consumo, donde todo nos indica que la felicidad reside en otra parte, en el futuro, cuando consigamos ese coche, esa casa, ese aparato electrónico, esas vacaciones… La realidad es que cuando llega esa meta, nos entretenemos un rato, y luego ponemos la felicidad en otra nueva meta, lejana, viviendo siempre de espejismos de felicidad, en lugar de ser felices en nosotros mismos.

La felicidad es una actitud, una manera de vivir, no una meta alcanzable por logros o bienes personales. Recibo en consulta gente con mucho dinero, y más bienes y caprichos de los que muchos podamos conseguir jamás, y no son felices. Tienen el punto de enfoque en otra parte, más en lo que no hay, que en lo que si que hay.

La sociedad de la opulencia, y la nuestra lo es incluso en crisis, tiene esto como riesgo.
Pasamos nuestras vida hipotecados, corriendo en la lucha por conseguir algo, que nunca va a llegar, porque perseguimos espejismos de felicidad, cuya función no es hacer felices, sino, generar una imagen. Siempre va a haber un coche más grande, una casa mejor, y un iPod con más megas, que justifique que no somos felices porque todavía no tengo el objeto que realmente me dará la felicidad, porque no me lo puedo permitir, pero cuando pueda… El que “puede” sabe que no viene de ahí. El sistema de consumo se sostiene sobre esto, y nosotros dentro de él.

Este asunto, llevado a lo personal es todavía más grave: por ejemplo, si mi compañera es alta, guapa, y lista, pero podría tener los pechos más grandes, lo mejor es que se los opere, o que me busque una que los tenga, “porque seguro que eso es lo que me haría feliz”. Quizás no es eso, sino que tenga más dinero, o que sepa disfrutar de la lectura de Rilke, o le guste el heavy, o vete tú a saber. El caso es no contentarse con lo que uno tiene, ni amar realmente, respetando la diversidad, y apreciándola.

Estamos perdiendo corazón. Confundiendo amar y desear.
Consumimos personas, como consumimos coches o iPods. El nivel de superficialidad y de falta de corazón en las “sociedades avanzadas” es grotesco cuando en vacaciones se deja abandonado en la gasolinera al abuelo o al perro. Estamos perdiendo capacidad de amar, a base de no practicar, volviéndonos seres sin capacidad de contacto, egoístas y descentrados. Bellos por fuera, y fríos y huecos por dentro.

La famosa crisis no va a durar lo que decía Zapatero, va a durar mucho, de hecho, lo que haga falta, para que aprendamos de algo que estamos haciendo mal. Con el cuestionamiento de los criterios de mercado, debe venir, el cuestionamiento de uno mismo, como agente que crea mercado. Ojalá salgamos reforzados de esta, y no consigamos salir de la misma manera que siempre, recortando salarios, y derechos, sino aprendiendo a hacer las cosas de otra manera.

Yo para ser feliz, voy a intentar serlo con lo que me de la vida, todos los días. No voy a buscarlo, lo voy a ser. No voy a esperar aprobar ninguna oposición, ni que me asciendan, ni que cambie de pareja, lo voy a ser hoy, aquí y ahora, que la vida pasa…

Agresión.

Octubre 2009. - Durante mucho tiempo, traté de no agredir nunca, jamás. De hecho si en alguna ocasión lo he hecho en mi vida, luego lloraba, y/o me tornaba obsesivo sobre la escena, hasta que evidentemente la deformaba y yo era la única víctima, injustamente tratado. En cierta ocasión incluso acabé dejando que me pegaran entre varios, por no devolverla.

Tengo miedo de mi capacidad de agresión, hasta el punto de temer matar a alguien si le pego físicamente. Por todo ello, desde siempre, mis modos de agresión fueron inconscientes, tan sibilinos, que ni yo me daba cuenta de que lo estaba haciendo. En alguna ocasión, amigos me llamaron para decirme que al llegar a casa después de estar conmigo se habían dado cuenta de que se sentían agredidos, y que antes no se habían dado ni cuenta.

Siendo esta una zona no deseada de mi personalidad, estaba oculta para mi, y cuando me lo decían, no solo no lo reconocía, sino que me extrañaba mucho que el otro lo considerara así. Mi autoconcepto amoroso no casaba bien con aquello.

Hoy, tras tirar la toalla en la lucha por la iluminación, he podido bajar al instinto para volver a subir a la luz, y he comprendido que la agresión es otro instinto más, que no debe desaparecer de nuestras vidas, sino ocupar el espacio justo que requiere, y procurar que sea de manera lo menos dañina posible para uno mismo, el otro o el entorno.

Aceptar esto me lleva a una mayor conciencia de cuándo soy agresivo, más responsabilidad de cara a los platos rotos, y más prudencia, de cara a no hacer demasiado daño. También me da más poder, más fortaleza de cara a defender lo mío, mi espacio, mi familia, mi salud, etc. De otra manera, el “virtuosismo egóico” no me deja más que en una posición débil en las luchas cotidianas, y en un ego inflado, cero responsable sobre mis desperfectos.

Hoy acepto que la vida es como un deporte en el que estamos todos jugando. Jugamos  las cartas que nos dan de la mejor manera posible: el atractivo sexual, la inteligencia, la fuerza, la intuición, etc. Negar cualquier instinto va contra natura, y por tanto en detrimento de uno mismo. ¿Se imaginan a una mujer muy bella que se tapara completamente para que nadie le viera nunca su atractivo? ¿Podría aspirar a ser integrada en la sociedad? ¿Encontraría marido? Si lo hiciera, sería sin duda más difícil, ¿no?

Los que fuimos educados como niños buenos y perdimos confianza en nuestros instintos, estamos castrados y somos como esa mujer hipotética de la que hablo, cubierta, escondida, tratando de relacionarse sin entender que algo en ella falta.

Me pregunto porqué en nuestra educación no se nos enseña a vivir los instintos de manera más sana, con ciertos límites prudentes, sino que se persiguen los instintos, tratando de ponernos en contra de ellos, como huyendo de nuestro lado animal, que en realidad es sagrado, y nos permite sobrevivir como especie y con gozo de vivir.

La psicoterapia Gestalt, ha sido y es para mi un lugar donde poder reconectar con mi fuerza más antigua, la que hace que como mi bebé, salgamos del útero e inmediatamente nos pongamos a reptar por el pecho de la madre para mamar y sobrevivir, sin pedir permiso, ni pensar si está bien o mal.

Desde aquí aplaudo la labor de los educadores y padres formados en Gestalt, que están llevando esta educación a la escuela y la familia, creando los verdaderos cimientos del mañana, personas fuertes y responsables.