El reto de hoy: confinamiento en modo avión

Aprender a Amar en Confinamiento

Hemos vivido años de gran prosperidad incluso cuando no sabíamos que así era. Comíamos, viajábamos y disfrutábamos de un ocio con pocos límites en comparación con los que vivieron nuestros padres, y muy lejano de aquel de nuestros abuelos. Los más pudientes tomaban aviones para ir más lejos, porque eso debía ser mejor, y los ultra ricos planeaban salidas al espacio, porque eso debía ser lo más. Con tanto viaje, prosperidad y expansión del límites, ¿cómo ha evolucionado nuestra capacidad de Amar?

Marisol, una clienta mía de Madrid, presentaba todas las semanas gran fatiga y dolor en el cuello, por conducir cada viernes hasta Galicia, para disfrutar del mar, o al Pirineo, para disfrutar de la nieve. Tener tres casas y un barco, suponía una obligación de disfrute, a la que no podía renunciar por mucho que yo le indicara que la veía agotada, y propusiera que se quedaran un fin de semana en casa, para disfrutar “del dulce no hacer nada”. Con su carácter abnegado por la familia, no solo se ocupaba de prepararlo todo durante horas para ir y volver de estos destinos, sino que también preparaba sándwiches caseros de ternera asada por ella, para no parar en la carretera, cubriendo ella todo el trayecto como conductora (viernes y domingo), para que su marido descansara de trabajar durante la semana. Toda esa preparación la ocupaba antes de ir, durante el viaje, y al llegar a destino, donde debía desempacar todo, preparar la casa, llenar la nevera, los niños, etc.

Llega el confinamiento, y Marisol, no ve el mar ni la nieve, pero está más contenta y serena. Disfruta más de los niños, de su casa, cocina con amor, ha corrido media maratón en una cinta mecánica el sábado, y aunque se queja de no parar de hacer cosas, porque ya no tiene servicio doméstico, el saldo es positivo, al menos estas primeras semanas. Su marido está más cercano, o menos distante, la demanda más. Puede que sea porque ya no puede ver a su amante, y esté aprendiendo a encontrar más satisfacción en lo inmediato. No lo sé, porque no es mi cliente, es ella la que me lo cuenta, también con más serenidad que estos últimos meses, donde aguantó la infidelidad de él, recordando la suya propia, esperando que se le pasara el capricho, pero con la angustia de ver peligrar su familia, estructura, incluso sustento de vida.

Como digo, Marisol, está más contenta, y me pregunto si este adjetivo, en la luz del confinamiento, no tiene que ver con la contención (contento). Tanto correr en todas las direcciones para vivir algo superior, creo que nos separa de nosotros mismos, de nuestro propio corazón, de la profundidad necesaria para encontrar el alma del otro, y de nosotros mismos en nuestro quehacer. Pasamos por la vida corriendo, y nuestros ojos se acostumbran a ver tanta variedad que dejan de apreciar, pensando que lo mejor debe venir después, superficiales en la mirada y en el sentir. La Vida en confinamiento parece que nos apretara entre sus brazos, recordando que solo en el límite, en el abrazo, podemos Amar.

¿Cuánto durará el confinamiento? ¿Cuánto necesitamos estar contenidos para aprender a estar contentos y Amar? ¿Cuántas cosas necesitamos para contentarnos? ¿Cuánto viene a quitarnos el virus para que seamos felices, en unos límites más estrechos? Marisol ya lo tiene claro, espero que no lo olvide rápidamente, y que sepa imponerse cuando su marido la lance de nuevo a esa vida trepidante. Si Dios está intentando crearnos nuevas rutinas saludables para que aprendamos, nos quedan hasta cumplir 100 días, que es lo que dicen los sabios antiguos que necesitamos para fijar el hábito más allá del cerebro, en el corazón. Mientras, impidamos que nos “entre-tengan”, y leamos apaciblemente algo bello, interesante y profundo, como a Baudelaire, que dijo hace casi 200 años:

“Para que algo resulte interesante, basta con mirarlo largo tiempo”.

Acompañar al enfermo a distancia, y más allá

Alvaro tiene casi 50 años y está pasando la enfermedad en casa a solas, porque hija se ha quedado con su exmujer para evitar riesgos. Es autónomo y no sabe de qué va a vivir, pero es un hombre fuerte, tiene familia y muchos amigos a los que ha cuidado y que ahora le apoyan, saldrá de esta. A él se lo ha contagiado su padre, quien está en la UCI “con morfina para facilitarle el tránsito”, su madre acaba de ingresar por no poder respirar, pero su pronóstico es mejor (la mortalidad de hombres con esta enfermedad es el doble). Alvaro se debate entre la fiebre del virus, y de la ira porque en el hospital no le quieren decir gran cosa sobre su padre, y aunque el padre tiene un teléfono por el que comunicar, delira con la fiebre y otras complicaciones que se le han cruzado y le están matando.

Alvaro, como tantos otros en esas condiciones, tiene la angustia de falta de información y de control sobre la situación, y contacto con un familiar, que está sufriendo aislado. No se trata solo de cómo acompañarle en su dolor y darle ánimos, sino también apoyarle en lo que en muchos casos es una transición hacia la muerte.

Alvaro es mi amigo de toda la vida, he convivido con sus padres en su casa y durante vacaciones de mi juventud. Hoy lloro con él, a distancia.

Todos tenemos a alguien que va a enfermar incluso morir estos días. Para unos será una persona muy cercana, y para otros menos cercana, pero con un impacto grande sobre un amigo o familiar, al que querremos acompañar de alguna manera. El crack del sistema sanitario nos conmina a enfermar en casa los que podamos, y a cuidar de nuestros enfermos y ancianos, pero ¿cómo, si a menudo no podemos ni acercarnos?
Si tú estás enfermo, recuerda que no eres un apestado, que eres un ser digno de cuidado y amor. Pide ayuda para lo que necesites, que el mundo verá como proveer. No solo son médicos, también los vecinos, familiares, amigos, militares, policías, protección civil. Todos te pueden hacer la vida más llevadera en este momento.

Por nuestra parte, los que no estamos enfermos, pero nos afecta todo esto emocionalmente, debemos atender a lo que nos sucede, dándole espacio, expresando, liberando el grito y las lágrimas, para poder ir a lo siguiente. Viviendo conscientemente podemos convertir emociones como el miedo, la ira, el dolor, la tristeza, en algo funcional, y trascenderlas. Es necesario vivir y trascender para poder evolucionar y no quedarnos anclados durante años en una emoción negada, reprimida, cristalizada en nuestro ser. Las catarsis colectivas e individuales, desde balcones o por internet, llevadas hacia la luz, ayudan a canalizar estos trances y sentimientos, con una sensación de que uno no está solo. Somos energía, fomentemos grandes campos energéticos de apoyo (no de odio).

Veamos cómo puedes cuidar del enfermo, moribundo, incluso muerto, desde tu casa, incluso si no puedes acercarte o comunicar con él. Piensa en lo que esta persona necesita de verdad y ofréceselo. SI tienes acceso telefónico no quemes ese rato tratando de controlar lo que hace o deja de hacer, cómo se comporta con el personal médico, y si está comiendo bien o no. Tu control no ayuda, confía en los profesionales que harán lo mejor que puedan. No estás en disposición de cambiarlo de hospital ni ejercer influencia sobre un personal sanitario ya desbordado, que no tiene tiempo para ejercer, menos para gestionar tu angustia (eso hazlo con tus seres queridos y psicoterapeutas). Además, el hecho de ser anciano o estar con funciones mentales deterioradas no te convierte en un niño al que su hijo puede regañar y castigar emocionalmente. Necesitan un buen acompañamiento. ¿cómo lo puedes mejorar?

Diles que les quieres, dales las gracias por lo que sí que te dan y dieron, lo importantes que fueron en tu vida, hazles sentir acompañados no solo por tu voz, sino también por toda la gente que hay detrás y que no se puede poner al teléfono, pero que también se interesa y quiere saber. Sois muchos, no está solo. Evoca buenos momentos de vuestra vida, buenas sensaciones y vibraciones en las que descansar hasta que dé el último aliento. Ayúdale en sus miedos ante lo desconocido, algunas personas están preparadas para la muerte, han tenido una vida ejemplar y tienen fuertes creencias religiosas que les dan sustento, pero otras, descubren que su vida y espiritualidad no ofrecen cobijo y sienten mucho miedo. Ayúdalas a sostenerlo y hacer el tránsito hacia una vida mejor, o al menos una muerte mejor.

Muchos morirán sin una cara conocida a su lado. Serán incinerados y a sus familias les darán las cenizas “en un futuro”. Si no tienes ninguna manera de comunicar con los moribundos (o velarlos, si ya han fallecido), haz un acto sagrado en el espacio del que puedas disponer, por algún recuerdo de ellos, una foto, un objeto, algo que para ti le de un significado y te ayuda a sentirte conectado con la persona. Muchas tradiciones incluyen el fuego como canal, una vela, otras el agua. Da igual, hazlo a tu manera, pero entrega toda tu atención y presencia, en este apoyo a distancia. Lo puedes hacer sólo o acompañado con más familiares, en el mismo espacio, o de manera sincrónica desde otras casas. Puedes hacerlo rezando, meditando, cantando, intentando mantener el foco de atención en el otro, siempre acompañando a su espíritu, que de acuerdo a tradiciones como la budista tibetana, pueden permanecer entre nosotros al menos tres días después de la declaración de la muerte. Dile en tu cabeza que le deseas un buen tránsito, que no tenga miedo, que su vida ha dejado huella en ti, que honraras la vida con tu presencia en ella, en su recuerdo. Cuando sientas que estás tranquilo, puedes dejarlo ir en paz, sin anclarlo a ti. Tu duelo durará un tiempo indefinido, irá y volverá. Deja que el agua corra cuando lo necesite.

Cómo salir airoso de la crisis en un minuto

meditación para la crisis

recupera tu fuerza y motivación en 3 minutos

Recupera tu fuerza y motivación en 3 minutos.

Rutinas saludables para la cuarentena


Dada la crisis desatada por el corona virus, y la cuarentena actual, comparto algunas reflexiones de lo que debe ser una rutina diaria sana, para mantenerse sano física, emocional mental y espiritualmente:
1- Levántate a una hora normal, ni un muy pronto, ni muy tarde, todos los días. No entres en el caos ni dejes que te arrastre. Date tiempo de descanso, aprovecha, pero tampoco pases el día durmiendo.
2- Aséate por la mañana todos los días, aféitate y dúchate, lávate la cabeza y la barba regularmente (foco de infección).
3- Airea la habitación, haz tu cama, y las zonas comunes. Haz de la limpieza y cuidado del entorno, tu meditación diaria. Algo que te traiga calma en el hacer.
4- Cocina zen, tranquilamente, cosas saludables, con amor y dedicación. Las cosas saben distinto y el propio proceso de cocinar así te sentará bien.
5- Lee un libro, ayuda a nivel cerebral, fija la atención, estimula la imaginación, y no fatiga como las luces azules de los dispositivos electrónicos (que debes atenuar en ajustes).
6- Limita el uso de tecnología por motivos de ocio, refuerza el carácter obsesivo, hostil y antisocial. Además, el exceso de información (sobre todo la tóxica) nos hace entrar fácilmente en el pánico, falta de responsabilidad, xenofobia, odio en general… haz un uso virtuoso de la tecnología, que de por si no es mala, nos sirve para conocer y conectarnos, entre muchas cosas. Tómate un descanso para conectar con cómo te hace sentir lo que estás haciendo, leyendo o experimentando y pregúntate si te aporta o quita energía, si te sienta bien o mal, y actúa en consecuencia.
7- Aprovecha para profundizar en ti mismo, y en tus allegados. Es un regalo de las circunstancias. Mírate a los ojos y pregunta como estás, cómo te va la vida, cual es tu sueño al salir de aquí… igual con los demás. Aprende a escuchar sin juicio, sin intervenir con lo tuyo.
8- Conecta con los tuyos gracias a la tecnología y diles que les quieres, que no están solos. Mucha gente sufre a diario, pero ahora el aislamiento les hace más vulnerables. Ancianos, enfermos, deprimidos, solitarios, arruinados… Diez personas se suicidaban al día en España antes del virus. ¿Cuántos lo harán ahora? Refuerza los lazos que nos sostienen a todos.
9- Haz estiramientos y algunos ejercicios que despierten tu cuerpo a diario, incluso a lo largo del día, dependiendo de la edad, más o menos, más o menos intensos. La energía estancada se pudre, como el agua. Publicaré algunos ejercicios de chi kong en breve.
10- Reza, medita, haz técnicas de relajación, pinta con colores, rellena mandalas que puedes imprimir por internet, escucha música con atención, canta, toca un instrumento.
11- Lee sobre inteligencia emocional y autoconocimiento. Muy por encima de la crisis sanitaria hay una crisis económica, de valores, miedo, falta de solidaridad… Aprende pistas sobre cómo gestionarlo.
12- Haz un diario donde charlar contigo mismo, hacer introspección y dejarte un registro de tu evolución del que ser consciente, releyendo. Pide ayuda a familiares y profesionales si lo necesitas, te podemos dar teleterapia a distancia. No estás solo, estamos contigo.

Claves para la teleterapia para terapeutas y pacientes.

Teleterapia: claves para terapeutas y pacientes.

En vista de la crisis actual, que aísla a la gente, con diferentes grados de estrés, ansiedad, depresión, angustia, miedo, hostilidad, incluso paranoia, he decidido compartir algunas claves para que terapeutas y pacientes, se atrevan a romper prejuicios y resistencias a un cambio tecnológico necesario para todos.

De mis casi 20 años de experiencia, llevo ya 10 dando teleterapia primero por Skype, luego por vídeo whatsapp y teléfono. Mis primeros clientes eran expatriados en Washington, Suiza, Alemania, Rusia, Inglaterra e Italia. Después, llegaron clientes que se habían mudado a Barcelona o Bilbao, que quería seguir trabajando conmigo, finalmente, se añadieron clientes que no podrían asistir de otra manera incluso si vivían en Madrid. Fui perfeccionando mi trabajo de teleasistencia, y aprendí las claves para que los clientes tomen el servicio con mejor rendimiento.

Antes de dar el manual de uso óptimo, desmontemos falsos mitos:
1- Si no es en persona, ni el paciente ni el terapeuta sienten que haya un vínculo de confianza y cercanía. Mentira, yo he llegado a llorar escuchando un testimonio de la muerte de una hija de tres años, a una persona en Moscú, lo que facilitó que aquel hombre pudiera también llorar, encontrar alivio y hacer el duelo. Ningún lugar está lejos, decía Richard Bach.
2- La tecnología es fría o inaccesible: Hay gente que efectivamente no quiere o no sabe usar estos medios, o no los tiene (pocos a estas alturas), pero otros tantos no podrían ir presencialmente. Hoy es tan fácil como llamar por teléfono, no hace falta ni más tecnología, cámaras ni ordenadores. Además hay agendas muy apretadas, que impiden directamente que la gente pueda comprometerse a una terapia, pero si descontamos el tiempo de transporte, esas personas si que pueden hacerlo. También hay contratiempos, reuniones, accidentes, enfermedades, que hace que la teleterapia sea la única opción. En cualquier caso, lo mejor es enemigo de lo bueno. Toma lo bueno.
3- La teleterapia cansa. Es cierto, las personas con síndrome de hipersensibilidad a la electrónica, lo notarán, pero el resto, lo que necesitamos es aprender a regular la luz de nuestros dispositivos (menos luces azules sobre todo antes de dormir) y ponernos gafas de ver si son necesarias. (nada que no debiéramos hacer en el excesivo consumo que manifestamos, profesional y de ocio)
4- Los clientes no te pagan. Es cierto que yo me he encontrado algún caradura narcisista que consideraba que debía pagar por escucharle, y no me pagó. Sin embargo, en el resto de ocasiones, el pago siempre se hizo por transferencia, con regularidad, lo que también puede facilitar a muchos clientes el no tener que ir al cajero. Si como terapeuta te da miedo no cobrar, trabájate la confianza en la vida, el resto de profesionales lo hacen enviando factura después del trabajo.
5- La tecnología siempre da problemas en la comunicación. No suele, pero puede ocurrir y debes estar preparado, pero todas las empresas lo hacen para ahorrar transportes, costes y tiempos, con espacios incluso de multiconferencia, confía. Yo he llegado a dar una conferencia en la Wow room del IE Business School, con inteligencia artificial a cientos de personas que asistían desde muchos lugares remotos del mundo al mismo tiempo. El futuro ya está aquí.

Manual de uso óptimo de la teleterapia:

1- Focaliza la atención: estate a lo que estás. No cuentes tus problemas mientras que pones lavadoras, cocinas y ayudas a los niños a hacer los deberes. Por las mismas, tampoco debes escuchar a un cliente haciendo eso, ni mirando Facebook, por ejemplo.
2- Si es por teléfono, un paseo por el parque mientras que hablas es interesante, porque caminando se ponen los problemas a andar. Sin embargo, la video conferencia desde la calle suele traer muchos problemas de audio y distracciones.
3- En casa, prepárate para una cita como si fuera en una consulta. Aséate como modo de romper la rutina y desidia de estar en casa (vale para las dos partes), y ten preparado un lugar con intimidad, donde poder hablar sin interferencias.
4- Si el tema concreto que necesitas tratar es delicado con respecto a alguien que está cerca, quizás te compense salir a dar una vuelta, para tener la sensación de poder hablar libremente. En cualquiera de los casos, unos auricularesevitarán que se te caliente la cabeza con el teléfono en la oreja, que te pongas a chillar o que te escuchen lo que te propone el terapeuta. Comprueba que los auriculares funcionan bien antes de empezar o ten otro juego a mano.
5- Aprende a gestionar los tiempos en las agendas y hazlos respetar: tener la sesión telemáticamente no implica que la puedas cambiar en el último segundo. Además, tener gente en otros lugares del mundo implica en ocasiones dar terapia a las 7 de la mañana o diez de la noche. Es cierto, que al mismo tiempo, el hacerlo desde casa, lo hace posible.
6- De la misma manera, las personas con niños a cargo, por ejemplo, pueden tomar o dar el servicio, sin necesidad de que nadie se encargue de ellos. Para ello deben tener la tranquilidad mental de que los niños no van a sufrir un accidente: apaga el fiego de la cocina, mete al niño pequeño en un parque de donde no pueda salir, cierra la puerta de casa con llave… así, podrás entregarte a tu sesión con tranquilidad y concentración.
7- No te cortes de cara a pedir que el otro se ponga en condiciones buenas para la comunicación. Si es con imagen, pide que el otro tenga luz en la cara. Con respecto al sonido, no te sobreadaptes a un sonido deficiente porque pasa factura. Es mejor aclarar que no estás cómodo, y solucionarlo antes de seguir. Para ello, es mejor dejar unos minutos de margen, por si se debe demorar la sesión.
8- La situación de vulnerabilidad y exposición con la que uno llega y se va de terapia es tal, que merece la pena un cuidado y atención especial en esos instantes (incluso si como terapeuta o paciente ya estás cansado). La tecnología corre el riesgo de volvernos más eficientes y menos humanos, sobre todo en el contacto y despedida con los demás. Cortar una sesión o incluso una relación terapéutica con un click es dramático e inútil para tantas situaciones que deben ser maduradas y sostenidas en el encuentro con el otro, donde aprender tantas cosas (terapeutas y pacientes). Date tiempo para cerrar la sesión, hacer conclusiones y despedirte con cuidado.

Espero que haya aportado mi larga experiencia en el campo de la teleterapia, ahora lanza tu red de apoyo en esta situación si eres terapeuta, o toma tu apoyo si eres un cliente. La vida no es tanto de dar y recibir, como dar y tomar, y aquí tienes un servicio cercano y versátil que tomar.
Jorge Urrea es terapeuta, gestor de crisis, escritor, conferenciante y colaborador habital en medios (TVE).
www.psico-tao.com
cita por teléfono 669075898

Vanidad: espejito, espejito mágico…

Vanidad: espejito, espejito mágico…

La bruja de los cuentos de toda la vida, se mira en el espejo mágico para compararse y saber cómo es con respecto al resto del mundo(antes de los aquelarres de redes sociales, likes y dislikes, que lo han agravado todo). El espejo la reafirma: “tú eres la más bella del reino”. Hasta que un día, no lo es, el espejo ha hablado y ella (que necesita ser la más bella, con un pedazo de dependencia neurótica, vulnerabilidad y fragilidad narcisista, por muy poderosa que nos pinten a Charlize Theron) manda al cazador a matar a la niña (vale, psicópata también). El cazador se apiada de ella, y la niña crece. Desde ese momento, la niña podría ir a matar a la bruja por venganza, o bien, apiadarse de ella, (porque al verla vieja, sabe que no es competencia), sin embargo, y en base a su modelo, también podría aprender a consultar al maldito espejo y acabar matando ella misma a la siguiente generación. ¿Más opciones? Si, que la niña nunca se mire en el espejo, sea bella de por sí, irradiando luz sin buscar nada a cambio.

Si, vale, muy bonito, pero déjate de cuentos, ¿tú serías capaz de no mirarte en el espejo? ¿qué harías tú? ¿Serías capaz de soportar el resentimiento? O ¿te quedarías en el miedo de que te vuelvan a intentar matar? ¿culparías a tu belleza de haber provocado el conflicto? ¿romperías el espejo para no tener tentaciones vanidosas? Todos estos casos y más los he tenido yo en consulta, desde personalidades muy distintas, pero todos pecan de Vanidad, pecamos, incluso el antivanidoso, porque para poder hacerlo busca lo contrario de la vanidad, es decir, otra imagen. Además, una pista, el espejo no se puede romper, porque siempre podemos mirarnos en los ojos de los demás o en nuestras acciones (que es donde se miran esos brujos, que se comparan los salarios, ejercitos y tamaños de todos los tipos).

Hay un libro llamado Divergente, luego llevado a película taquillera, que a mi me generó cierto interés más allá de la acción. Tenían 4 facciones o grupos por personalidad, y un grupo se llamaban los abnegados: era gente con mucha capacidad de esfuerzo y autodisciplina, sin interés por las apariencias, vestida de gris, sin espejos en su casa, de altos valores y conocimiento, pero muy fríos y sin luz. La antivanidad por abnegación es en realidad vanidosamente consumidora de uno mismo; tanta virtud mata fácilmente la pasión y la locura, que no se mueven ni expresan, no salen hacia fuera, y así te incineran, consumiendote por dentro.

La heroína de la película se llama Tris, que me recuerda al Tres del eneagrama, incluida su capacidad camaleónica para camuflarse en cualquier entorno. ¿o es que realmente es divergente?. Ella es criada en esta facción abnegada, pero tiene demasiado impulso, demasiado instinto. Tras una crisis de identidad Tris renuncia a su casa y a la pertenencia, que la colocaba cerca de su madre y hermano. Sale para probar con los osados, amantes de la acción, que aunque parecen salvajes instintivos, en el fondo también son vanidosos porque se miran en el espejo de sus osadías, otorgándose valor por ello. Hay más facciones, pero no te cuento para que lo leas tú; es entretenido y si quieres puedes reflexionar sobre facciones, números, evoluciones, involuciones y mutaciones.

Cuando yo lo leí, supongo que me sentí divergente, como tantos otros seres complejos y autoconscientes, sabedor de que uno no se puede encasillar en una facción excluyente, porque tiene de todo, y necesita expresarlo, vivirlo, disfrutarlo y empoderarse en ello. Toda mi vida he seguido esta línea de desarrollo, prefiero enloquecer escuchando las sirenas a sentirme seguro sin oír su música, prefiero expandirme en todas las direcciones de mi personalidad, a quedarme hueco en zona cómoda neurótica, automática, sin cuestionamientos. La vanidad como núcleo neurótico de la personalidad es precisamente lo contrario, una cárcel que te aleja del ser, porque se ancla en la imagen de uno en base a lo que cree ver de si mismo: cómo se ve desnuda y vestida en el espejo, cómo hablan de ella, cuánto dinero gana, cuantas personas seduce, qué poder tiene sobre los demás, etc. En ese viaje, se desconecta de quién es en un sentido más profundo y veraz. Sin embargo, no todo está perdido, la crisis del vanidoso, sea a la edad que sea, es un regalo espiritual, donde coronar un despertar de las vísceras y corazón, trascendiendo la idea del ser, para gozar del SER con mayúsculas.

Calmar y sanar la Envidia

Quevedo, buen conocedor de nuestras gentes decía hace casi 500 años: “la envidia va tan flaca y amarilla, porque muerde y no come”. ¿actual?

A quien no le suena una persona que siempre está maldiciendo de los demás, esputando prejuicios contra el mundo, contra los que sí que triunfan. ¡Cuantos se sienten mejor viendo al que cae, que al que sube! Parece que fuera un pequeño alivio temporal de su propia existencia miserable. Y siguiendo con el autor, qué lástima que ese maldecir, malmeter, perjudicar en lo social o incluso de manera directa, ni si quiera conlleve una aportación nutritiva al envidioso, que lo hace por el placer de morder, pero la mordida no le nutre.

Ruth sufre, sufre mucho, a diario. Dice que la vida no es buena con ella, que no gana mucho en comparación con su hermana, ni tiene un buen marido como su otra hermana, ni la llaman para ir de fiesta como a tanta otra gente. Trato de explicarle que tras las apariencias nadie tiene una vida perfecta, pero no es capaz de escuchar. Se ha creído el modelo que venden en redes sociales y le frustra no estar a esa altura. Se siente sola y cuando entra en meetic los pretendientes le duran un suspiro porque tampoco nadie cumple esa altura. Es muy delgada, parece que nada le engorda, y cuando me quiero dar cuenta, me he precipitado en darle todo tipo de remedios terapéuticos nutritivos, pero nada le cala. Las neuras se unen; la falsa abundancia se lleva bien con la falsa carencia. Cuidado con quien se empareja con la envidia, puede drenarte de por vida sin mejorar. Me paro, la espero. Hago un vacío, y espero que lo sostenga, con conciencia., Su voraz agujero negro se va calmando. Revisamos su realidad objetiva: tiene un sueldo para ella sola, sin dependientes; su padre le ha pagado parte de un chalet (privilegio), tiene amigos que la quieren y buscan semanalmente, una gata que la adora y acompaña, y una salud de hierro. Es una mujer querible con la que yo me río en consulta, imagino que de fiesta tiene que ser de lo más ingeniosa. La sesión le ha sentado bien. Se va más tranquila, pero teme que esta noche vuelva a sufrir, que recuerde aquel día que sufrió, que también le pasa, y eso también duele.

Mark Twain, decía “en mi vida he sufrido cosas terribles, algunas de ellas incluso ocurrieron”. Seguiremos aprendiendo a discernir.

En lo personal, la envidia es destructiva de relaciones, familias y amistades, tan solo aparentando construir cuando cohesiona círculos para la crítica, sin corazón. La envidia en el ámbito de trabajo es muy perjudicial para todo el sistema, corrompe rápidamente el clima y la buena voluntad. En nuestras investigaciones en empresas nos estamos encontrando mucho freno al talento y la innovación por pura envidia, algo así como despreciar lo ajeno, por no asumir lo miserable de lo propio, que es muy difícil de contemplar y sostener.

Para salir de esta espiral, cada uno debe encontrar su sitio en el mundo y entender lo importante de su aportación al engranaje global, sin desmerecer lo propio ni lo ajeno. Igualmente, debemos aprender a contentarnos con lo que hay, calmando la voracidad de lo ajeno, entendiendo que no es hambre lo que uno siente en la mandíbula, es más un deseo de destruir, de morder, de rasgar, de alienar algo que pensamos que nos hace sombra.

Podemos entrenarnos en detectar, contener y reprimir esa reacción visceral, desarrollando nuestra confianza en nuestra abundancia y capacidad espiritual para encontrar otro sitio, donde la sombra no nos alcance ni nos importe, donde brillar por nosotros mismos. Si sientes que ya no aportas, busca por tu bien otro sitio, otra mirada, otro enfoque que sí que aporte y haga equipo con los demás brillos. El envidioso cuando crece, resulta ser una persona humilde sabia, humana, con la que uno desea pasar tiempo de calidad, descansando de tanto hacer.

Si tú eres un líder que brillas allá donde vas, sé consciente de lo humano que es sentir envidia de tu brillo, y aunque no tengas porqué esconderlo, sí que puedes incluir el de los demás en la atención general, otorgando reconocimiento, haciéndoles sentir parte, arropando, alumbrando.
Dice Silvia Leal, una de las mejores líderes que tenemos en España: “no hagas sombra, ofrécela”. Los envidiosos no conocen su abundancia y pueden sentir que no aportan, y por vergüenza, competitividad u odio (la otra cara del amor) rechazar o atacar tus propios logros. Ten compasión sin dejarte morder y si así te mana, devuelve al resto una mirada apreciativa, lo agradecerán y tú saldrás ganando por cuanto el clima mejorará.
Estando en Alemania y Canadá, me di cuenta de que había muchas personas de profesiones humildes que emanan una felicidad, dignidad y porte, que ya quisieran muchos de nuestros políticos y grandes responsables corporativos. En concreto recuerdo un barrendero de Berlín, que iluminaba la calle por la que limpiaba. Me hizo pensar que en España, nos hemos creído el hábito del éxito, por vanidad (hermana de sangre de la envidia), y olvidado la luz interior, quedando siempre flacos y amarillos.

¿Es malo querer prosperar en la sociedad capitalista y de consumo? No, es bueno si lo tomas como motivación, pero sin olvidar que “lo esencial es invisible a la mirada,” (el Principito) y que no se mide ni se puede comparar. Camina por tu planeta cuidando de no pisar tu rosa (tu belleza, abundancia y valía), ni la de los demás.

Crisis a los 30

Con treinta y tantos tienes que estar casado, con niños, casa, amigos y trabajo estable, dicen, pero muchas crisis hablan de cansado, con abortos, y embargado. ¿Cuál es la oportunidad detrás? Gestión de crisis más allá de la terapia.

Photo by Chris Murray

Silvia, viene a contarme que, aunque es contable con contrato fijo y tiene casa propia, lo que quiere en realidad es ser misionera en Africa y no ve cómo puede pagar la casa ella sola tras la ruptura con su novio. Yo la ayudo a desmontar el mito de la misionera en la medida en la que le propongo ir a hacer voluntariado y lo pone al final de una lista interminable, dándose cuenta de que en realidad no quiere. Con respecto a la casa, como tiene miedo de no poder pagarla sola, le propongo que alquile una habitación, pero me encuentro una oposición tan fuerte que me dice que no la entiendo y que le caigo mal. No pasa nada, trabajamos desde ahí. Yo me siento muy vinculado a ella, realmente me importa su bienestar y crecimiento, y eso ella lo acaba sintiendo. Pasan los meses, y no solo alquila una habitación, sino que al compartir cocina, se hacen amigos, amantes, y pareja, dejando la habitación del huésped como despacho. Al pasar lo años, me escribe y me cuenta que han sido padres. ¿Cenicienta? No, simplemente alguien que tenía miedo de salir al mundo, pero dejó que el mundo fuera a ella, se abrió y lo abrazó.

Otros casos tras la separación o incluso defunción de una pareja, se ven obligados a volver con los padres o compartir piso (o la madre, si el padre ya ha muerto, que son menos longevos). Adelante, puede ser la gran experiencia de tu vida. En el primer caso puede que tengas temas pendientes con los padres, reencuentros y reconciliaciones. Del otro caso, sé de hombres que recordaban con nostalgia tus años de soltería compartiendo con otros hombres, casi por encima del placer de haber encontrado ya la pareja y la familia. Cuando estos hombres se separan, encuentran una gran oportunidad en la custodia compartida, donde a ratos no son padres ni maridos, ni hijos, y pueden volver a ser lo que eran. ¿Peter Pan? No seré yo quien les juzgue, ni quien digo que es bueno ni malo, es lo que necesitan en ese momento, y también será por algo, para algo.

En lo laboral cambia y reinvéntate las veces que necesites. Con la llegada de la cuarta revolución, hasta el 80 por ciento de los trabajos según la Comisión Europea van a desaparecer. ¿Realmente crees que tienes un trabajo de por vida? Tengas 30, 40 o 50, lo mejor que puedes hacer es aprender a innovar y adaptarte al cambio. Incluso los trabajos que van a perdurar, tendrán un cambio significativo en la ejecución. “Renovarse o morir”, y “El síndrome del pero si hasta ahora funcionaba” serían dos películas de Netflix que ver antes de fallecer en intento. A por ello, muchas oportunidades esperan a los valientes.

En el último lugar quiero dejar la gran crisis que Eriksson atribuía a los 20, pero que en este momento yo creo que tiene más sentido a los 30: la identidad y la integración con amigos. Parece que un adolescente tiene permiso de estar mutando, cambiando, y encontrando su propia voz, pero los demás no. Yo creo que al contrario, en los 20 y 30 uno no ha hecho más que empezar, y está bien así. Mucha gente necesita llegar al final de una pista para darse cuenta de que eso no era lo suyo. Otros, necesitan despertar a poquitos, desde su propia comodidad de quedar con los mismos amigos todos los fines de semana, hasta que se dan cuenta de que en realidad no son felices en esos encuentros, que sus caminos se han separado, y también está bien así. Déjate ir con la corriente, quizás te vuelvas a encontrar más abajo, y te podrás contar el viaje, a mi me ha ocurrido con los mejores.

En conclusión, olvido la idea de estabilidad y seguridad, te queda mucha vida por vivir, y las crisis no son más que oportunidades de acercarte a algo más verdadero para ti, con más potencial y recorrido que lo que pensabas que sería la vida.

Guerra civil informativa

Los primeros años de este siglo supusieron para mi una gran esperanza de cambio: veía venir la incorporación de la enriquecedora diversidad en todos los ámbitos, con un ascendente hombre negro hasta la cabeza de un país con tradición racista (EEUU y Obama) y una mujer en la locomotora de Europa (Alemania y Merkel). Además las redes sociales sacaban a mucha gente de la soledad, (yo incluido en medio de una separación), y los mensajes benevolentes ecologistas y espirituales se difundían impregnando una opinión que, pensaba yo, acabaría por tener su reflejo en los poderes públicos. Europa cada vez era más grande, igual que los grandes pactos comerciales por el mundo. Unir estaba en alza. La propia crisis económica traería una oportunidad para que muchas parejas, que no se podían separar (porque entre otras cosas no podían vender sus pisos comprados a precios inflados), pudieran profundizar en la mirada, compasión y comprensión del otro, lo que con el tiempo reforzaría muchos vínculos que de otra manera habrían desaparecido.

Pocos años más tarde el clima ha cambiado. El choque de civilizaciones anunciado por Huntington pasó de ser una teoría a una realidad planetaria por no saber integrar lo que Alfonso X hizo en Toledo, unir culturas y religiones traduciendo, de manera enriquecedora. El enfrentamiento y la separación parecen la mejor opción para muchos británicos, catalanes y tantas personas que no solo se divorcian, sino que hacen apología del individualismo. Mi dinero para mí, dicen negando atención y recursos incluso al abuelo y al perro, que abandonan en las gasolineras en las vacaciones de verano.

El individualismo es necio pero requiere una valentía que no tiene la mayoría, por lo que también crecen los ejercicios de fuerza pandillera. Crecen los grupos cuya cohesión es el odio a lo distinto. Nos alejamos del pensamiento libre de manera dramática. No puedo encender mi teléfono por la mañana sin encontrarme algún mensaje de incitación al odio, en una cadena viral que trata de influir a la opinión pública. Me los mandan inconscientemente amigos o conocidos de todos los partidos políticos. Son mensajes dogmáticos, totalitarios, que lejos de fomentar el sentido crítico asustan con tambores de guerra con lo que se supone que el otro está haciendo, agresivos. Voy perdiendo amigos con un click, por solo pedir que no me envíen cosas así. “Conmigo o contra mí”, vienen a decir. Deben pensar que no soy de los suyos, pero tan solo aspiro a ser libre, soy apolítico y ecuánime por naturaleza y cultivo.

La verdad es que yo solo quiero que no me intoxiquen con información no contrastada. Pensaba que estas tormentas informativas solo se producían en pleno proceso de elecciones, cuando gente sin escrúpulos inunda Whatsapp con mentiras que se multiplican con el único ánimo de ganar las elecciones, como si fuera una guerra sin ley, donde el fin justificara los medios, pero con solo dos semanas de nuevo gobierno el clima sigue igual o peor. La guerra por el poder cada vez es más sucia, y nuestros cándidos “cara libros” (Facebook) se contaminan con Cambridge analítica y tantos otros, dando de comer consumo a destajo y propaganda confeccionada y suministrada por robots pagados con criptomonedas (esas con las que ahora está de moda especular , pero que también sirven para pagar a asesinos a sueldo, terrorismo, armas y drogas).

¿Es política de partidos y multinacionales imbuida en la sociedad? No solo, eso son las grandes ligas, pero aquí hasta las antiguas causas loables están en guerra, la guerra de la información: feministas, veganos, ecologistas, animalistas, etc… Todos tienen su altavoz y muy pocos intentan escuchar y comprender al otro, tan solo sentar cátedra, asumir que su opinión es la Verdad, que ellos son la Verdad, que ellos son Dios, y el que no lo acepte, un hereje al que derribar con escarnio público.

Tan solo me queda la esperanza de recordar que la historia siempre se ha movido así, de manera pendular, que pronto cambiaremos la tendencia, y quizás acumulemos cosas buenas de este periodo, como la conciencia de que la información (desinformación) es una arma de destrucción masiva que también debe tener alguna regulación, y su uso delictivo y criminal una persecución. Eso espero, no quiero pensar que entre medias la humanidad reventará por las costuras de fibra óptica en lo que cada vez se parece más a una guerra civil informativa sin compasión por la diversidad, lo que une, lo que somos como civilización y especie, que sobrevivirá o no.

Jorge Urrea es psicoterapeuta, escritor y conferenciante.

Crisis de autoconocimiento: ¿quién soy en el eneagrama?

Hace muchos años fui a mi primer curso de eneagrama en la Fundación Claudio Naranjo, un método de autoconocimiento complejísimo que te ayuda a reconocerte en un tipo de personalidad como manera de ir luego mejorando en tu relación contigo mismo y con los demás, creciendo, abriendo el corazón y la mente. El camino no fue fácil. La primera mañana, según me lo fueron explicando…
1) Me entristecí porque me vi como un uno, iracundo, en posesión de la verdad, poniéndome por encima de los demás y de mi mismo, siempre insatisfecho.
2) Me dolió ver el daño que produjo mi orgullo en momentos donde todo se acabó porque yo di un portazo, sin vuelta atrás, acumulando muertos en mi armario existencial.
3) Exploté de vergüenza al ver mi vanidad, esa máscara bella ante el mundo, con la que dejé de saber quién era yo mismo, tratando de ganar influencia sobre los demás.
4) Exudé fatiga acumulada por no poder esforzarme más, como carácter envidioso para conseguir todo lo que me faltaba. El tesón es buena cosa hasta que compruebas que tu vida no ha tenido un descanso.
5) Vi mi avaricia, egoísmo y responsabilidad de esconderme del mundo, arrogante, como si no me hiciera falta nada ni nadie.
6) Asumí mi falta de valentía en momentos claves de mi vida, y cuantos prejuicios mentales me habían impedido ser yo mismo, libre, y amar al otro como era.
7) Pude entender mi mariposeo con todo lo que he hecho, siempre buscando la mirada del otro, y saltando a lo siguiente sin profundizar.
8 ) Pedí perdón por tantas camas recorridas buscando placer sin tener en cuenta el abandono que producía antes de llegar el alba.
9) Vomité de tanto que había comido buscando amor, tumbado, sin responsabilizarme de mi vida, asumiendo un papel de víctima y mártir por el bien de los demás, que solo compraba una imagen en el cielo de los antiguos.

Ese fue mi aterrizaje al conocer tanto de mi en las primeras dos horas. Salí de la sala a tumbos, con un ataque de pánico, temblando por todo el cuerpo con tremendo dolor en la mandíbula desencajada, un terapeuta vino y me abrazó firmemente hasta que pude recuperar algo de calma. Gracias. Fue mi primera crisis profunda de autoconocimiento, un gran despertar que me llevaría con los años a:

1) Tener compasión de los que se creen en la posesión de la verdad, yo incluido, viendo detrás de tanta seriedad el niño interior, necesitado de una nariz de payaso.
2) Apreciar y respetar las grandes mentiras que nos contamos para sobrevivir al dolor de creernos insuficientes.
3) Amar la chispa de verdad y autenticidad que se esconde detrás del maquillaje.
4) Tener compasión ante la intolerancia del envidioso, sabedor de que algún día despertará a su abundancia y mostrará una humildad exquisita.
5) Admirar lo sencillo y austero como parte de desnudarse de tanto superfluo, y ahí amar con sutilidad la piel de mariposa.
6) Pude recorrer el espacio entre tú y yo, para construir un nosotros cuyos frutos traigan un mundo mejor.
7) Poner mi narcisismo al servicio, y ver y reconocer, que el de los demás también aporta.
8 ) Aprender que el poder es un regalo del cielo, no del infierno, apreciarlo con voz clara y relacionarme de igual a igual.
9) Apreciar la belleza del virtuoso dar sin esperar nada a cambio.

¿Encontré mi número? Preguntan los que creen que esto es así de sencillo. Si, me encontré en todos. Pude desplegar el ser, abrir el corazón y comprender, con compasión profunda hacia mi y hacia los demás. Bendita crisis.

heridas


Mi hija de 9 años se cambió de colegio hace un par de semanas. Estábamos encantados de poder llevar a nuestros hijos al mismo sitio. La adaptación fue inmediata, y en dos días estaba feliz, hasta que al finalizar el tercer día, antes de ir hacia la ruta de vuelta, 4 niños la rodearon y le preguntaron cual era el más guapo. Ella pensó que si respondía los demás se sentirían mal y no respondió. La sorpresa fue que los niños la tiraron al suelo, la arrastraron hasta un cuarto de baño y le dieron patadas en el suelo, momento en el que sus amigas aparecieron y la sacaron de allí, y se pudo subir al autobús a tiempo. Llegó a casa compungida, temblando, sin entender nada. Como yo insistí en que hiciera yudo desde pequeña le pregunté si no había podido defenderse y me dijo que eran muy grandes. Además, añadió que su hermano, que pasaba de fondo, les hizo un gesto de aprobación con el dedo hacia arriba a los agresores.
¿Cómo crees que me sentí yo? ¿cómo reaccionarías tú? No sigas leyendo date un momento para respirar lo que te cuento.

Ahora te lo voy a contar otra vez, pero cambiando el género, que fue como sucedió de verdad.
Mi hijo de 9 años se cambió de colegio hace un par de semanas. Estábamos encantados de poder llevar a nuestros hijos al mismo sitio. La adaptación fue inmediata, y en dos días estaba feliz, hasta que al finalizar el tercer día, antes de ir hacia la ruta de vuelta, 4 niñas le rodearon y le preguntaron cual era la más guapa. Él pensó que si respondía las demás se sentirían mal y no respondió. La sorpresa fue que las niños lo tiraron al suelo, lo arrastraron hasta un cuarto de baño y le dieron patadas en el suelo, momento en el que sus amigos aparecieron, le sacaron de allí, y se pudo subir al autobús a tiempo. Llegó a casa compungido, temblando, sin entender nada. Como yo insistí en que hiciera yudo desde pequeño le pregunté si no había podido defenderse y me dijo que eran muy grandes. Además añadió que su hermana, que pasaba de fondo, les hizo un gesto de aprobación con el dedo hacia arriba a las agresoras.

¿Cómo crees que me sentí yo? ¿cómo reaccionarías tú? No sigas leyendo date un momento para respirar lo que te cuento. ¿qué ha cambiado?
Yo soy un padre sensible, consciente y protector. Lo primero que hice fue respirar para recuperarme del impacto emocional y ver con claridad, mientras que le arropaba, abrazaba y escuchaba. Cuando escuché que mi hija no solo no había avisado a las profesoras sino que había pasado de largo, apoyando el movimiento con el dedo hacia arriba, me indigné con ella y le pregunté cómo se sentiría de haber sido al contrario y les recordé a los dos la importancia de defenderse mutuamente para el resto de su vida. Luego les dije que en una situación así siempre deben buscar la ayuda de un mayor y gritar tan fuerte como puedan. Después medí bien mis palabras, porque de haber sido niños del mismo sexo, una patada en los huevos y una carrera habría sido una posibilidad, pero hablando de niñas aunque sean más fuertes, no quiero que nunca pueda levantar su mano contra ellas. ¿micromachismo, galantería o prudencia legal? No lo sé.

Les dije a los dos que ante un ataque nunca perdieran su altura, que se levantaran rápido; que no se dejaran acorralar; que el amor puede tener manifestaciones absurdas y resté hierro al tema, y a mi hijo después de escuchar su dolor, traté de levantarle la moral con risa y chistes compartidos, porque no se puede ser tan guapo, etc. Al día siguiente coincidía la reunión con la profesora y lo comenté sin darle importancia, pero para que estuvieran atentos, igual que hice con el padre de la principal hostigadora, sin apuntar con el dedo, restando importancia, riendo sobre su capacidad diplomática para no herir a nadie, (pero al mismo tiempo señalando que el niño lo había pasado mal). A los dos días le pregunté a mi hijo: había jugado con las mismas niñas, y se lo había pasado bien. Bravo por todos los interlocutores, que no sacaron de quicio el tema.

Llevo ya muchos años trabajando como terapeuta y sé que la herida psicológica nunca cicatriza si se hurga en ella eternamente, se victimiza o se magnifica los acontecimientos. Se pueden hacer liberaciones catárticas, empoderamiento, desensibilización contra el miedo, y muchas otras técnicas, pero demorarme en lo mal que lo pasó, más allá de la necesaria expresión del dolor, no le ayudaba, con lo que lo gestioné con calma, acompañándole en su dolor real , que no el que yo pudiera proyectar sobre él como adulto con una maleta propia de abuso, con maltrato de una expareja, y bullying en el colegio (como se puede leer en mi artículo “Me too”). Esto es importantísimo, los niños tienen una plasticidad fantástica, que les permite vaciarse de resentimiento, y volver a jugar juntos al poco, sin etiquetas ni prejuicios, sin construir ni perpetuar una guerra. Los profesionales de asistencia, no debemos magnificar las heridas, ensalzando el odio y crispando ambientes, debemos facilitar una salida a los conflictos aportando calma y sosiego. El que no lo haga así, seguramente está sacando un rendimiento económico o vengativo, que nada tiene con el interés profundo de su cliente.

La pregunta de género es: ¿y si hubiera sido al revés, y si fuera mi hija, y el niño fuera un cómplice pasivo en la escena? Yo mismo siento que mi propia emoción se altera al contemplar la escena cambiada, lo reconozco, me lo estoy revisando y reprogramando, porque si no ¿significa eso que la herida de un niño es menor que la de una niña? Si lo llevamos a los mayores, ¿las muertes de hombres en manos de mujeres, o de hombres en manos de hombres son justificables, o son menos graves? El clima de crispación actual nos lleva rápidamente a pensar en que “algo habría hecho el hombre”, ¿no? Olvidamos el principio de presunción de inocencia que la ley actual se ha cargado, porque los hombres dormimos en la cárcel antes de poder declarar. Olvidamos la no discriminación por motivo de sexo de la Carta Magna de Naciones Unidas y nuestra propia constitución, que la ley actual no cumple.

Durante años he tenido esperanza en que esta medida institucional de desigualdad redujera el número de muertes de mujeres por violencia de género, pero el gráfico siguiente, sacado del Instituto Nacional de Estadística muestra evidencias tan claras como que las muertes femeninas en 2005 y 2015 son las mismas, o que en 2010 bien consolidada esta ley, hubo un remonte fuerte. Mi conclusión con estadística en mano es que esta ley no influye de manera determimante en la reducción de muertes. Imagino que los homicidios son fruto de la locura pasajera del momento, que desafortunadamente no puede ser contenida desde la ley, o al menos esa ley. (personalmente y sin vínculo político, agravaría las penas para todo tipo de asesinatos, y la violencia doméstica en general)

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Creo que aquí no hay una lucha de sexos como nos han contado, aquí lo que hay es un enfrentamiento de algunos hombres con algunas mujeres, y viceversa, y todas las muertes son trágicas, y los asesinatos perseguibles con igual tesón y firmeza (en contra de lo que la alcaldesa Carmena dijo en televisión de que “de las 16 muertes violentas sucedidas en Madrid en 2017, lo preocupante es que 5 fueran mujeres”, como si las demás no fueran igual de preocupantes, y que conste de nuevo que soy apolítico).

Yo lloro de dolor al contemplar estas escenas, de hombres y mujeres, por todos los seres humanos que sufren injusticias y violencia. Yo todavía no estoy desensibilizado por tanto telediario a la hora de comer (que ya no veo, porque me informo de otras maneras) ni por las películas de violencia (que tampoco me aportan). Tampoco estoy desensibilizado por discursos ideológicos y políticos que nos programan con su propaganda dirigida a la defensa de un grupo de interés, que no del colectivo. El día que escuché que mujeres reían ante la noticia de que una mujer había guardado la cabeza de su marido en una maleta y le había pedido a una amiga que se la guardara, tuve ganas de vomitar y me di cuenta de que mucha gente no solo ha perdido la sensibilidad, también la cabeza para recordar lo que está bien y lo que está mal.

https://www.larazon.es/tv-y-comunicacion/una-tertuliana-de-tve-se-rie-del-crimen-de-castro-urdiales-JA25161019/

Mala cosa en una época donde parece que las redes sociales juzgan y condenan antes y después que los jueces, con enorme trascendencia porque dañan a inocentes (y sus entornos familiares, incluidas madres, hermanas e hijas) e incluso son capaces de cristalizar creencias locas compartidas como que el hombre es por naturaleza un violador y asesino en potencia, y debe tener menos derechos que la mujer. Este trato degradante y perpetuador de un conflicto solo apoya al que saca dinero con él, sea abogad@, psicólog@ o polític@, y es en realidad lo primero que deberíamos perseguir de manera implacable, para recuperar la paz y el amor que debe reinar en las parejas , familias y compañeros de todo tipo.

Saber rendirse y descomprimir

Durante muchos años he leído en los clásicos la sabiduría de la rendición, a la vida, a Dios, a lo que tiene que ser, y francamente, no siempre lo he compartido, ni mucho ni poco. Mi carácter luchador y cabezota, ha hecho que siempre tratara de hacer las cosas como consideraba que tenían que ser, incluso si muchas veces eso incluía negarme a mi mismo, y nadar río arriba en vez de dejarme caer con el torrente, que es mucho más agradable. Mi locura ha sido tal, que hasta le he podido otorgar más valor al camino cuesta arriba que al de cuesta abajo, pensando, locamente, que si cuesta más, es porque tiene más recompensa. Así, hice deporte de alta competición e incluso una de las oposiciones más duras de España, tensando mi cuerpo para atender más, 12 horas al día, seis días y medio por semana, durante cinco años. Algo de lo que me sigo recuperando décadas después.
La actitud de perseverancia podría ser contemplada a nivel muscular, como el que se sube a un toro mecánico, y se agarra con todos su músculos, para no caerse. Objetivo aguantar, y así se pasa la vida luchando por agarrarse mejor. La tensión no solo es en manos, brazos, piernas y columna, como muchos creerán. Uno se agarra también con el perineo y la mandíbula, que muchos aprietan día y noche, y hasta con las orejas, me comentaba una persona el otro día, que de tanta alerta, tenía los músculos de las orejas completamente agarrotados (¿recuerda las orejas de los perros cuando se ponen alerta? Pues esta persona no las baja). Nos puede parecer ridículo, pero así somos, así soy yo en muchos sentidos, así me empeño en ser, comprimido, apretado, tenso, cada vez que olvido. No, está mal dicho, así actúo yo, excepto cuando recuerdo que eso no es vida, que se puede y se debe respirar mejor, mover el cuello y la boca, que todo se aprieta en la especie de vida bélica que muchos llevan en tiempos de paz.
De todos los trances que yo he pasado en mi vida, que en realidad eran crisis de curación, quizás la depresión ha sido el más angustioso: era como una especie de masa negra que se me adhería sigilosa por el cuerpo, y poco a poco, mes a mes, no me dejaba moverme ni expresarme, intoxicándome y nublándome hasta el discernimiento, dejándome como única esperanza que todo se acabara pronto. Sin embargo, en una clase de movimiento expresivo, me dejé caer en un lateral, carente de vida, fuerza y ganas, y quizás por primera vez en mi testaruda vida, decidí abandonarme, dejarme partir, sin miedo a la muerte. Lo que allí ocurrió fue un verdadero milagro completamente inesperado para mi. Sentí que mi cuerpo se descomprimía de tanta lucha por sostener el tono muscular que creía necesario para vivir, falsamente, y así descansaba en la relajación de no tener que estar alerta, ni si quiera de sostenerme más, de no tener que ser más, más alto, más guapo ni más listo en esta sociedad competitiva que creamos entre todos. Lo siguiente que observé como fenómeno fue que mi alma sintió una especie de alivio desconocido, de ligereza, de subir hacia el cielo sin abandonar el cuerpo. Y mi cuerpo y yo, más allá o más adentro, lo notamos. Despertando a otra manera de estar en el mundo, desconocida para mi.
Recientemente he tenido el placer de empezar una relación de amistad con Alvaro Vizcaino, la persona cuya experiencia inspiró la película “Solo”, que recomiendo ver, como historia de superación e inspiración, jalonada además de una maravillosa fotografía y estupendos actores. Para el que no lo sepa, este hombre tuvo un accidente yendo a surfear solo en Canarias, cayó por un acantilado se partió la cadera y quedó incomunicado durante mucho tiempo (por no contártelo todo, mejor ves la película, lees el libro o le escuchas a él). Lo que para él fue una crisis vital, con todos los vises de ir a morir, le sirvió de oportunidad para salir reforzado, como tú puedes hacer con tus propias crisis.
Lo que más me llamó la atención del discurso de Álvaro, por lo profundo, y quizás incomprendido por muchos, es esta descompresión de la que hablaba antes. Cuando él se enfrentó a la muerte dentro del agua, y se dejó ir, se produjeron muchas cosas que vengo mencionando en este y otros textos: primero la descompresión, cuando el cuerpo se relaja es capaz de mil cosas más de las que uno pensaba. Segundo, como explicaba en la “gestión del dolor y la enfermedad”, uno puede en un momento dado bilocarse, “colocarse” al lado de uno mismo y hablarse de yo a yo, motivarse, darse perspectiva, introspección, confrontación, apoyo, etc. No es locura, es un don, que los que ya hemos vivido, te explicamos para que tú no te asustes si te pasa, y desarrolles en crisis y oportunidades.
Muchos de los que me leen pensarán que estas situaciones les son ajenas, que ellos no están en depresión profunda, con dolor extremo, ni en el medio del mar con una cadera rota, famélicos y sedientos, anhelando la muerte. Lo sé, pero mejor que aprendas en tus propias crisis del tamaño que sean, antes de llegar a las que menciono, donde muchos no resilientes se ahogan. se suicidan (diez personas se quitan la vida al día en España), o simplemente llevan una vida penosa en comparación con la que podrían vivir (según la encuesta de la OCU, una de cada tres personas en España toma ansiolíticos y/o antidepresivos).
Muchos de los que vienen a consultar su crisis conmigo por primera vez, tienen fantasías catastróficas sobre lo que les puede suceder si de dejan ir, y están paralizados física, mental y espiritualmente por tanta compresión: abandonar a su mujer, a la familia, el trabajo, a los padres, soltar una apariencia, una orientación sexual, un rol o una fachada ante el mundo. Por loco que parezca al que todavía está loco sin saberlo, es mucho mejor aflojar y aceptar. Además, en la mayoría de los casos no se produce nada de lo que temen, sino simplemente se descomprime el cuerpo y el alma, aprendiendo a vivir de lo sencillo, manteniendo la esposa, los hijos y el trabajo, pero enfocando la vida de otra manera, con más calidad y menos tensión.
Para finalizar, la descompresión y la rendición, a la que renegué durante mucho tiempo, empieza a ser para mí un barco cómodo desde el que vivir más cerca del Dios de las mareas que nos llevan y traen. Dejar de empeñarme en ser, y simplemente ser y flotar. Dejar de esforzarme por todo, y aceptar que lo que hay es suficiente. Dejar de anhelar otro lugar y disfrutar el presente, en lo majestuosamente sencillo, me parece la clave de todo, nada más y nada menos. ¿te atreves? No te asustes, te doy la mano para que salgas de tu jaula imaginaria, ven, se puede hacer.

Gestión de crisis: Soledad

Lola, empuja el carro de la soledad por los pasillos del supermercado, con la musiquita de ascensor, tan solo interrumpida por la voz que anuncia las ofertas del día. Comprando dos salsas de tomate, la segunda te sale un 30% más barata. ¿compensará? Algo le despertó de su letargo, de su sensación de estar sola, pero era falso, no querían nada más que su dinero, derivar su atención a la promoción. No hay nadie al otro lado de la voz de fondo. La cajera, mascando chicle, pasa los productos por la lectora sin saludar ni mirarla. Está molesta por la interrupción, esperando que se vaya para poder volver a mirar el “feis”. Ella le da las gracias al irse, pero la cajera ya está mirando su espejito mágico como si no hubiera nada más en el mundo.
Javi, está solo en el patio. Tiene el pecho hundido, la mirada baja, y esquiva. No quiere que le vean solo, pero la verdad es que está solo. Se pasea por el patio, como haciendo que busca a alguien, pero no se para con nadie, piensa que nadie quiere estar con él. Los imagina a todos criticándole en las esquinas, como critican a otros que él ha visto. Él nunca critica a nadie. Él no es así, pero tampoco habla con nadie, miento, habla con Dios, y le cuenta sus penas. Sufre mucho, porque al entrar en la clase tampoco siente que sea su lugar, no entiende lo que dicen en clase, se aburre, es mal estudiante porque no le emociona nada de lo que escucha, siente que no pertenece a un sistema donde todos menos él, parecen pertenecer. Descuenta los minutos para la salida, llegar a casa, y sentir la mirada amable de mamá.
Soledad está sola, no tiene quien la visite. Se ha comprado un teléfono moderno, y el joven de la tienda le ha creado un perfil de whatsapp, para ver si alguien conecta con ella, pero no tiene quién le escriba. Pone el volumen alto, por si a caso, pero cuando tras semanas sin una interferencia, suena el teléfono, se trata de un teleoperador, para ver si se puede cambiar de compañía telefónica. Tras darle un poco de coba al vendedor, y al contrario, cuelga y enciende el canal de telecompra, a ver si comprando algo baratito, se anima un poco: “total, siempre puedo devolverlo”.
Pepi baila sexi de más en la discoteca, bebe de cualquier vaso que le arriman y sale a fumar un cigarrito, como todos, con todos. Flirtea deseando obtener la mirada de alguno que le diga, sí, tu vales, yo te elijo, pero el final siempre es igual, borracha, sola, usada.
Pepe por fin ha podido ligar en Tinder, por fin, porque con su calva no hay manera, pero la cerveza rápida, pasó a un vino rápido en casa de ella, con un frote rápido y ducha rápida, “que mañana trabajo, y tengo Consejo, ya te llamaré si eso, Pepe”. “Algo ha cambiado, pero no sé si en la buena dirección”, piensa él de camino a casa, preguntándose si no hubiera sido mejor cenar bien simplemente, en vez de tanto fast food.
El Presidente de la compañía se reúne con el consejo, donde la vicepresidenta se muestra eficiente desde el apretón de manos: hoy tampoco hay tregua. El gran hermano es el accionista, que solo vigila una cosa, el beneficio y la competencia, y hoy también está mirando. Le rodean muchos, que le alaban y buscan, pero cuando el ruido cesa, no recuerda una mirada amable y verdadera de nadie. Está solo, en la cumbre, rodeado de gente que quiere su puesto, a la que temer incluso cuando parecen sus mejores amigos.
Juana después del trabajo revisa los deberes de los niños como si fueran suyos, mientras que ellos se marchan para jugar a la play on line con algún “niño” ruso. Luego prepara la cena con mimo que devoran con ansiosa falta de atención a lo que comen. Después presiona con acelerar los baños, que es tarde, para que puedan dormir un mínimo. Finalmente cae rendida en el sofá, deseando ver una serie cortita con su marido, pero él está “mirando cosas en la tablet”, al otro extremo del abismal sofá. Ella mira la comedia romántica y al ver la escena del beso, se toca el corazón, y los labios, recordando.

La soledad no es un tema exclusivo de viejos con nido vacío, ni de enfermos, ni de inadaptados, es un tema global.
Diez personas se suicidan al día en España, ¿Cuántos sufren soledad sin suicidarse?
Una mirada es lo único que hace falta. Una mirada benevolente, amable, que entiende, que no juzga. Una mirada que te dice, no estás solo.
Si te sientes solo, levanta la cabeza, seguro que te encuentras con alguna mirada así. Toma la mirada y déjate llenar, y devuelve la mirada. No estamos solos.
Si te sientes acompañado, no dejes de mirar fuera. Nuestros ojos emiten luz que ilumina a los demás. Estrellas contemplando estrellas, estrellas iluminando estrellas. No estamos solos.

Crisis de los cuarenta: Comieron perdices y no fueron felices

Mis amigos se ríen porque cada año les invito a una fiesta de cumpleaños donde anuncio “otro año menos de crisis de los cuarenta”, lo que parece esperanzador, pero pronto empezaré las crisis de los 50. Allá donde gente aparenta estar por encima del bien y del mal, aparentando vidas perfectas a golpe de botox, yo reconozco abiertamente que vivo permanentemente en crisis. Es por eso que hago meditación, y al menos, esos ratos escuchando el silencio, vuelvo al centro y veo con más claridad por dónde afrontar la crisis que me toque cada día, que no es más que una oportunidad, bien enfocada.

En mis cuarenta y muchos ya, me encuentro con una realidad envidiable: una esposa de bandera, unos hijos de catálogo, amigos de verdad, éxito profesional con conferencias, libros, clientes, radio, televisión… Como la envidia es moneda común, cuando alguna vez me quejo de mis dificultades, hasta los mejores amigos tienen ganas de pegarme una colleja, pero la verdad es que detrás de la apariencia vida perfecta, yo, tengo muchas crisis.

La pareja puede ser maravillosa, pero en el día a día, no está para colmar las necesidades de uno mismo. Tiene su propia misión en esta vida, y el poco tiempo que le queda está cansada, y como es normal, no tiene como objetivo regalarme la poca energía que le queda. Necesita un lugar de nutrición, como yo, donde aprendamos a darnos sin entregar nuestra sangre en ello. Esto es un arte que voy aprendiendo con los años, la verdad, saliendo de la dependencia a la autodependencia, rompiendo el espejismo de pareja para que yo sea feliz, construyendo una pareja con la que ser feliz. Emergiendo de un infantil narcisismo hacia un hombre maduro. Es un duro proceso, que yo considero como una travesía por el desierto. La sociedad de consumo, metida hasta la médula de nuestra existencia, siempre canta de fondo como una sirena, me dice que es mejor que cambie, que compre otra, que el césped de allí es más verde que éste. Lo reconozco, en la noche oscura del alma, he perdido el sueño pensando en si me estaba confundiendo, y no sé si es así, pero yo hasta hoy, he apostado por consolidar la familia y profundizar en la pareja estable. Sinceramente, a veces lo lamento, pero otras, compruebo con perspectiva que lo que construimos juntos crece sin cesar, y me siento orgulloso de ello.

La paternidad es y ha sido para mi la gran misión de mi vida. Fue la razón por la que mi relación anterior, que me era muy querida, acabó, y por oposición la razón, por la que en algunas crisis de pareja, el bienestar de la familia se pone por encima de todo, amalgamando con una fuerza mágica. Dicho esto, mi presencia diaria con los niños, toca en muchos momentos con necesidad de retirada, de silencio, de no ser padre por un rato, o unos días. Al principio sufrí mucho, porque no me gustaba la imagen que recibía de mi, hasta que lo integré sin juicio. Ahora me tomo mis retiros diarios y por temporadas, donde no hay niños ni por teléfono. Necesito silencio, y me alejo, hago mis viajes fuera, retomo mi centro y mi energía, y las ganas de volver a dar y compartir. Si crees que esto es una traición, te recomiendo hacerlo de vez en cuando, y comprobar las ganas con las que uno vuelve, al contrario de las ganas que uno pierde cuando siempre está ahí, abnegado, gris, desvitalizado por falta de motivación. Si quieres reírte con los niños, y darles un ejemplo de humanidad, siempre puedes ver la última película de Shrek, donde él también tiene su crisis. Será mucho mejor, que contarles un cuento chino de que cuando dos finalmente se casan, “viven felices y comen perdices”. La realidad es siempre más compleja, con crisis, y darles un ejemplo de cuento real es más fácil que contarles tu vida, que uno no tiene porqué compartir todo en la pareja ni con los hijos.

Los pacientes-clientes, son la otra pata de mi sensación de ser de utilidad en esta vida, y una fuente muy importante de aprendizaje de lo que es el mundo y soy yo mismo, en definitiva. Sin embargo, igual que con los niños, de vez en cuando necesito limpiarme de tensiones acumuladas, supervisarme lo que me pasa a mi con sus historias, y distanciarme en un sitio donde reganar fuerzas, Hubo un momento donde tuve tanto trabajo que tenía lista de espera, y algunas personas empujaron para no respetar mis límites. Recuerdo que mi cuerpo hablo, con sensación de taquicardia, angustia, pesar en los hombros… Pude hacerlo respetar, renunciando a clientes y a una imagen mía como de el único que podía salvarles, ayudarles, acompañarles. Fue una crisis memorable, de la que aprendí mucho, aunque “perdiera” dinero invirtiendo en pérdidas, referenciándoles a otros colegas.
Seguramente, en tu propia vida tendrás resonancias, ejemplos de tu propia vida, donde te verás reflejado en unas cosas u otras. Se me ocurre para despedir un ejemplo cómico de automatismo, identidad y manera de estar ante el mundo. Salió en redes un gracioso vídeo navideño llamado el “sentador de madres” (que mis hijos dicen debería ser el sentador de padres, luego algo hago distinto, que no mejor), donde se pone de relieve la hiperactividad de la madre de toda la vida en las fiesta de Navidad, tratando de preparar todo, y hacer que la gente disfrute. Propone el vídeo como salvación de esta madre un cinturón que te ata a la silla.

Yo creo que es buena idea para que no te muevas, asumas que no todo el mundo te necesita, aprendas a delegar, a pedir, y a disfrutar del bullicio que has montado en tu casa con tu consentimiento, porque si no es así, hazlo en casa de otro, o en un restaurante.
Muchas madres dirán, “ay hijo, a mi edad, para qué voy a cambiar, mejor aguanto el tirón, que en el fondo me hace feliz veros así”, (desaprovechando la información aportada por la crisis del cuerpo y la emoción, que dicen que ni disfrutan ni pueden más) para ocupar otro sitio en el mundo, más placentero, con más presencia de otro tipo. Ante este automatismo de la madre, la mirada compasiva del hijo le dirá que ya lo hace él, o que al menos él también quiere colaborar, mientras que la del hijo cabrón, perdón, inmaduro, añadirá, que ya puestos, le haga una tortillita mami, y es que Dios las cría y las neuras se unen…

Acabo con humor reflexivo un artículo que de fondo trae temas críticos, de crisis y oportunidades, individuales, de pareja, paternidad, género, familia y social. La razón es obvia, no hay mejor manera de afrontar una crisis que con humor y compasión, por oposición a la ira y la intolerancia, que creo que no ayudan a nadie. ¡Feliz crisis a todos!

Gestión del dolor II: Resentimiento o Resiliencia

“Hoy me vuelve a doler la espalda. No es que ayer no me doliese, es que ayer era soportable y hoy no. Siento que no puedo respirar y con el paso de las horas sin alivio voy desesperanzando. Es un chillido proveniente del fondo del alma, que se esconde en la columna, profundo, y se irradia por el cuerpo arriba y abajo. Me siento vulnerable, retraído, malhumorado, depresivo, desolado, desconsolado. He aprendido que el movimiento es mejor que permanecer parado, y como un león me muevo dentro de la jaula de mi dolor, pero ésta se va haciendo cada vez más estrecha hasta no poder espirar”.
“Me enfado con mi propio cuerpo y dirijo mi propia frustración e ira contra él. Qué mierda de cuerpo me ha tocado, tan aparente y tan poco confiable. No puedo más. Me gustaría tener a mis niños en mis brazos, pero no puedo, no debo, me recuerdo. Desde niño aprendí que mis capacidades físicas, demostradas en deporte de alto nivel, nada tienen que ver con mi tolerancia a esos esfuerzos”.
“Tanto dolor no lo aguanto más, treinta años sufriendo así son demasiados”, “soy demasiado joven”, “esto no es justo”, “¿por qué a mí y no a los otros?”, “Dios no estaba pensando en mi”, “no hay Dios misericordioso si yo sufro tanto”, “si pudiera me arrancaría el brazo”, “¿para qué me sirve tanta sensibilidad si no paro de sufrir?”
Si tienes dolor crónico puede que te suene alguna o muchas de estas frases. No lo juzgo, es humano, y si nos quitan hasta la capacidad de quejarnos, mal vamos. Si estás sano y acompañas a alguno de estos seres humanos también pueden ser pensamientos tuyos, e incluso podrías añadir tu propia versión adaptada: “¿por qué a mi familia, por qué tanto tiempo, por qué tan extremo, por qué no le ayudo a morir si es lo que quiere, por qué a mi esta carga si yo podría vivir feliz, cuánto tiempo más tendré que aguantar en este lugar tan oscuro? Tampoco lo juzgo, me parece importante que todos encuentren el espacio donde poder expresar, y trascender también. La enfermedad y el dolor crónico es una carga para todos los que la rodean, que mina con el paso del tiempo, y debe ser llevada con mucha conciencia, para no arruinarse uno, enrarecer las relaciones, ni acabar con ellas.
El gesto de mirar al cielo con el puño en alto, clamando contra Dios, como una ultrajante injusticia es muy humano, nos ha pasado a todos en algún momento, o en muchos. Sin embargo, no se puede mantener como actitud contra Dios, el espíritu y la vida (que puede que sean lo mismo). No ayuda a seguir adelante.

La energía es ilimitada, está en todas partes, en continuidad, (somos energía, y espiritualmente, no hay diferenciación entre nosotros y el resto, en términos de energía). Sin embargo, nuestro nivel de consciencia y acceso a la energía para festionarla en la actualidad es muy limitado. Por esta misma razón, debemos aprender a gestionar nuestra atención de cara a evitar fugas energéticas, y que nuestro pensamiento no se quede anclado en una espiral negativa, lo que siendo humano y comprensible, también es altamente tóxico y contraproducente.

Conducir la atención, y por tanto la energía, a lo que hay, a lo que se puede hacer, abre la puerta a la vida, a desarrollar el potencial, que con una buena motivación es mucho más que el rendimiento vital anterior a la enfermedad, pérdida, etc. No es una teoría, es una experiencia que narran y demuestran con sus vidas gente como Irene Villa, cuya madre supo orientar tras el salvaje atentado, impulsando su vitalidad y resiliencia. Genial, la resolución del genio Stephen Hawking, trascendiendo la enfermedad y el cuerpo desde el pensamiento, y viviendo (se casó dos veces y tuvo tres hijos). Si Stephen se hubiera centrado en el resentimiento contra su suerte y se hubiera dejado intoxicar existencialmente, su esperanza de vida con el ELA hubiera sido de 14 meses, lo que a los 21 años, habría implicado una muerte en la más joven edad y una enorme pérdida para la ciencia. Sin embargo, vivió 55 años más, para incomprensión de los neurólogos, que todavía no se lo explican. Yo intuyo por su mirada (abierta, alegre e ilusionada) y por la pasión demostrada por su trabajo, que su atención y energía vital se puso al servicio de su obra en este mundo, permitiéndole una extensión de vida de 54 años con respecto a la esperanza médica. ¡Gracias por la gesta y tu legado Stephen! Sirva de ejemplo para todos.

Acompañar a Stephen, así como a tantos enfermos incapaces, no es tarea para cualquiera, ni de cualquier manera, ni en cualquier momento. Muchos en poco tiempo, lo vivirán como una carga excesiva, desgastándose en el viaje. Sin embargo, los que se atrevan, con verdadera vocación de servir, sentirán una gran sensación de misión cumplida en este plano, y podrán aprender de su ejemplo vital, de su actitud, y en casos como éste, de su interpretación no solo del cosmos, sino de lo que les rodea, lo que en mi experiencia acompañando gente que sufre es un auténtico regalo por el que dar muchas gracias todos los días.

* Sigue la lectura en el nuevo libro sobre Crisis de Jorge Urrea. (fecha esperada de publicación mayo 2020)

Gestión de crisis: sufrir en Tinder

Gestión de crisis: sufrir en Tinder.
Por Jorge Urrea

Años después de escribir aquel artículo sobre ligar o enamorarse en redes virtuales,
“Me he Enamorado” http://www.psico-tao.com/?p=924
enfrento otra crisis parecida pero con una aplicación más directa, más al grano, identificada con sexo fácil para muchos. El hombre en crisis con el que trabajo tiene casi 30 años, con carrera, pero a presente pocas aspiraciones profesionales, corpulento, dice que muy bien dotado pero tímido en exceso, lo que lamenta, “porque podría dar mucho placer si tuviera novia” (no dice una aventura, dice novia). Las redes del amor, o de contactos, no solo no le están funcionando, también le maltratan: la semana pasada se quedó enfatuado por la imagen y comentarios seductores de la mujer con la que fue chateando, hasta que después de varios días, ella le dijo de manera abrupta el precio de sus servicios profesionales. El engaño le había hecho creer merecedero de amor, para luego leer que no lo merecía si no pagaba, un arma de doble filo y corte que ya había visitado. Quedó maltrecho, con la autoestima baja, desconfiado, enfadado y con sensación de haber malgastado su tiempo, como es normal..

Hoy probamos a entrar juntos en su aplicación de Tinder, que nunca había visto, y descubro algunas cosas, que si bien no puedo generalizar, sí que emergen como temas sociológicos, en su uso extendido de la misma:
1- Exceso de rapidez en el visionado: tarda apenas dos segundos en pasar por candidata. No mira sus perfiles, ni los gustos de ellas, nada. Tan solo la foto.
2- Poca adecuación al nivel de exigencia: todas las que elige son o parecen supermodelos. Mientras que él es un hombre de lo más normal, que tampoco se muestra poderosamente atractivo en ninguna otra área de la vida. (dinero, labia, amigos, ambientes, presencia, etc)
3- Aporta poca o nula información y ganas de trabajarse el perfil y la seducción. No es que no tenga que haber una tuna cantando bajo la ventana, o un hombre cómico, o romántico, o galán, es que él entrega tan poco en la conquista, que razonablemente, tampoco le dan nada.
4- Como una profecía autocumplida, los fracasos anteriores, sin cambio de estrategia, generan ansiedad y pronta renuncia. Hemos invertido escasamente 3 minutos en verlo y ya quiere hablar de otra cosa.
5- Queda una falsa sensación de haberlo intentado, en lo virtual, por lo que en la vida real tampoco lo intenta, y procrastina, sin cambiar nada, pensando que mañana será otro día, sin ver que mañana será igual, porque quien nada cambia nada mejora.

Insisto en parar su inercia, no cambio de tema y le ruego que volvamos a abrir la aplicación: Vamos a gestionar la crisis y sacar partido de ella.

1- Mejoramos sus fotos de perfil, que curiosamente, aparecía haciendo el tonto con amigos, de fondo entre varios, en vez de mostrando su mejor cara. Le hago fotos chulas, que evocan algo más interesante. Esto no es una sesión de terapia, es asesoramiento, es gestión de crisis, que es lo que más me piden, en este caso es crisis de soledad y ausencia de contacto. Que nadie lo identifique con un obseso. Hoy un sector de la sociedad está a la caza del deseo, el masculino, como si erradicarlo fuera a ayudar a nadie.
2- Trabajamos la descripción de sus gustos, como una manera de mostrarse ante el mundo: resulta que es un lector culto que gusta de los clásicos, que tiene interés e intelecto, lo que hasta ahora no había aparecido por ninguna parte. Bravo por él.
3- Le insto a pararse en fotos de mujeres más normales, con algún encanto en la mirada, la sonrisa, los comentarios… le animo a abrir los ojos a lo esencial, que como decía el principito, es invisible a la mirada. Le animo a tomar contacto con alguna de ellas, cuidando las palabras, si tener expectativas rápidas.
4- El tiempo de dedicación también es fundamental. Decía Baudelaire, para que algo resulte importante basta con dedicarle largo tiempo. Es cierto, en la sociedad de la información, con la velocidad actual, nada es importante, nuestra mirada es superficial, ansiosa por llegar a un sitio lejano, que como en los espejismos en el desierto, se desvanece al llegar.
5- Ahora si entro en terapia, y le explico que su baja autoestima corresponde a un narcisismo escondido, y que ambos son falsos. Ni es tan feo, ni tan interesante. Es un hombre normal, que debe buscar una pareja normal, y como no es el centro del universo, tendrá que ponerse en vibración con el resto del mundo para si quiera, entablar conversación.
6- Le recuerdo que estar en una red del amor no es contratar una prostituta que trabaja por ti, como ya ha hecho. Es pagar por tener más acceso a información, simplemente. El hombre (y la mujer) debe trabajar su búsqueda de candidata, tanto como su estilo de seducción, para conseguir una oportunidad, un pasar una puerta, que no es la felicidad, sino la entrada a más contacto, roce, experiencia, y eventualmente compromiso y proyecto.

Para concluir, debemos agradecer a la tecnología su aportación e incorporar la transformación digital de una manera humana en nuestras vidas. Muchos de mis clientes entran en las aplicaciones, se frustran, maldicen la tecnología y la gentuza que hay dentro, y se van. El problema no está en los canales, está en lo que uno evoca, llama y busca deliberada o incoscientemente. Un uso consciente, razonable, sosegado y dedicado, aportará mil oportunidades imposibles de otra manera, no tecnológica.

¿Hay que protegerse de desalmados? Sin duda, el corazón debe ser abierto a poquitos, y cerrado a discreción, cuando sea necesario. Aquí un ejemplo femenino, de una caperucita cándida por el bosque virtual: chico de menos de 30 años contacta mujer de cuarenta y pico, va directo al grano, y cuando ella agradada por el interés de él, pero violentada por las maneras le pide un poco de calma en el acercamiento, recibe el comentario descarnado de “ah, creía que con 40 años ya no queríais pareja, tan solo follar sin compromiso”. ¡Qué daño! Esto podrían suceder en una discoteca a todo volumen con la misma velocidad, si, pero en lo digital hay menos exposición para el perpetrador o perpetradora, que tarda lo que un click en agredir y desaparecer, y la víctima no lo ve venir dando tumbos, como en la disco.

Lo dicho, ten claro lo que quieres y manifiéstalo, entra con tacto y protección al con-tacto, y trabaja amorosamente una búsqueda que estás necesitando colmar y la tecnología te puede facilitar información para lograrlo, sin juicio ni exigencia, pero el cuidado y autocuidado, lo pones tú.

Jorge Urrea es gestor de crisis personales y profesionales.

Lecciones desde el monasterio IV- RUIDO

Lecciones desde el monasterio IV: RUIDO.
Por Jorge Urrea

Hace cuatro años cumplí mi sueño de comprar una casa en el campo, en principio era para fin de semana, pero la vida me acabó regalando la oportunidad de disfrutarla todo el año. El caso es que después de las pertinentes tensiones resultantes de firmar una segunda hipoteca, nos dieron las llaves y fui a verla yo solo. El dueño me contaba todos los trucos de la casa y yo en mi ensimismamiento, no pude ver más que cosas buenas.
Rápidamente, demasiado para mi mujer, compré muebles y nos dispusimos a pasar la primera noche en aquel lugar idílico con vista a la puesta de sol sobre el pantano de Pedrezuela. Todo era risa, alegría y compartir, pero cuando dejé a los niños acostados y salí al jardín a meditar bajo las estrellas, conecté con algo inesperado: el ruido de la carretera, que aunque estaba a unos 800 metros, suponía un nivel de ruido considerable, más alto del que teníamos en la casa de Madrid. Mi respiración se bloqueó, mi oda a la vida retirada se vino abajo, tenía ganas de llorar: me quedaban 30 años por pagar una casa con ruido. Entonces recordé las palabras de Cristina, mi alumna de tai chi que vive en la calle Príncipe, en el centro de Madrid. “Hay que ecualizar el sonido”, y poco a poco lo identifiqué con el del mar, hasta relajarme y dejar de escucharlo.
Pasaron tres años y decidimos cambiar nuestra casa por una para de todo el año, y ya de paso alejarnos de la carretera, pero yo que había aprendido de la experiencia, fui a meditar caminando en silencio (Still Walking) por la otra zona de la misma urbanización donde ya estábamos arraigados y decididos a seguir viviendo, por un interés de familia más que propio, la verdad. Al ganar silencio lejos de la carretera, me di cuenta de que los ocasionales aviones que se acercaban a Barajas, a pesar de estar a 50 km, causaban un estruendo, que de nuevo era superior al ruido que teníamos en la ciudad, o eso pensaba, porque la realidad es que en la ciudad hay mucho ruido constante, que solapa otros ruidos.
Estando en esas, conduje al Monasterio de Plum Village cuna del Mindfulness, en plena campiña francesa, a una hora de coche de Burdeos por carreteras minúsculas. El final del camino recordaba casi a las praderas canadienses por lo aislado, y la finca era tan grande, que los vecinos no podían molestar. Este es mi momento, pensé, por fin sigo el camino sosegado de Fray Luis de León. Al día siguiente nos fuimos a caminar todos juntos en actitud contemplativa, en silencio, y llegamos a una pradera custodiada por gran número de budas pétreos. Me senté, respiré, y un Boeing 747 pasó por encima de nuestras cabezas haciendo vibrar nuestros cuerpos.
Mi primera reacción fue reír a carcajadas. Ni el bueno de Thich Nhath Hanh puede escapar al ruido pensé. Luego decidí fluir con el tema, e incorporarlo, recordando que pronunciar el sonido RAM, (que bien podría ser de turbina), visualizando la zona del perineo ayuda a subir la energía. (es una de las técnicas que siempre enseño cuando formo en Alto Rendimiento) Dejé de luchar con el entorno y lo incorporé para mi bien. Fluir no es hacer yoga ni meditación dos veces por semana en una sala silenciosa. La atención plena tiene que ver con abrir la percepción y ver lo que podemos hacer con esa vida que nos llega en maneras paradójicas y que en muchos casos no podemos cambiar.
En el monasterio de vez en cuando tocan una campana y la consigna es que pares lo que estás haciendo y conectes. Puede que te pille hablando, y al parar te das cuenta de lo estás diciendo y desde donde lo haces, ¿es un sitio virtuoso, o egoico? ¿es bondadoso o malintencionado? Puede que te pille la campana comiendo: ¿a qué sabe, te sienta bien, es lo que necesitas, lo comes con ansiedad? Así con todo. Un avión es un ruido no deseable, pero también puede ser una invitación a vibrar desde el perineo y ganar energía, o podemos incorporarlo como una campana que te recuerda parar y conectar.
La atención no es necesariamente pasiva-receptiva, también se puede ecualizar, interpretar, orientar y focalizar. El proceso contrario, que es por el que he tratado a tantos clientes en consulta, es el de obsesionarse con algo que no cambia (los aviones pasan, o la vecina sigue poniendo radio olé, hay miles de distracciones). Recomiendo ver la película Noise donde resonar con las experiencias de un Tim Robins desquiciado. Puedes combatir todos esos ruido en tu vida y luchar por un mundo mejor, pero ten en cuenta que la lucha puede convertirte en una persona igual de hostil que lo que tú sientes como agresión externa. http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-69975/
Otra posibilidad es la del que se obsesiona sin reaccionar, que deja de gobernar y focalizar su atención. Es víctima de la vida. Entra en una espiral de pensamiento negativo, donde la privación de libertad es cada vez mayor, el resentimiento y la ira se acrecientan de manera exponencial. Esta mañana leía que una mujer había empezado un tiroteo en un fastfood de EEUU porque las patatas fritas estaban frías. Vivimos como auténticas bombas a presión, apretados por lo que vivimos como agresiones personales, directamente dirigidas a nosotros, sin entender que los aviones, que nosotros también tomamos, pasan sin mirar abajo, y el camarero del “fastfood” fue tan “rápido” que no frio bien las patatas o las tomó de las de hace cinco minutos (que es el tiempo que esa pasta congelada con forma y sabor a patata deja de estar rica). No es personal, no te irrites, se le puede indicar que las cambie con una sonrisa y un loto, como hacen en el monasterio, o lo que es mejor, consumir otro tipo de “patata” en otro tipo de establecimiento.
En ocasiones podemos cambiar la hipoteca e ir a otro sitio a vivir, pero es raro. La mayor parte de las veces debemos aprender a convivir con agentes estresores (incluso en sitios tan idílicos como el monasterio de Plum VIllage, donde por cierto se gestionan con una sonrisa eventos de 500 personas, con comidas, bebidas, baños, guarderías, conferencias, interpretaciones simultaneas con alto despliegue tecnológico y ventas de souvenirs ecológicos y orgánicos con facturas e impuestos). Debemos aprender a gestionar la atención, ecualizarla, subir o bajar el volumen de lo que percibimos y aportar al mundo un trato agradable, por nuestro bien, el de los que nos rodean y el de los que están por venir.

Jorge Urrea es gestor de crisis personales y profesionales.

Lecciones desde el monasterio: 3- El día de la pereza

Otra de las experiencias que me marcaron en el monasterio fue el día de la Pereza: que tiene una periodicidad semanal, y consiste básicamente en no hacer nada esforzado, ni siquiera meditar. La actitud es de relajación absoluta, aflojar exigencias, propósitos, metas, y simplemente contemplar la vida desde una no acción.
No es una prohibición de acción, pero sí una invitación a parar y aflojar. Por ejemplo, puedes aprovechar para leer, o disfrutar más de tus seres queridos, sestear, o dar un paseo. No hay como en algunas religiones estrictos códigos de actuar con número de pasos, ni ayuno, ni prohibición de trabajo. Y sin embargo la propuesta es rompedora en un lugar donde todo funciona como un reloj suizo: limpieza, comidas, actividades, conferencias, despliegue para las conferencias, etc.

Entra el verano y la pereza no parece una opción para gran parte de la población de países desarrollados. Está mal vista, parece que más es siempre mejor: más dinero, más viajes, más caballos en el coche y más megas en el ordenador, más amantes, más juergas y más de todo, con tal de no parar y conectar con el presente y lo que de verdad hay. La adicción a la intensidad y el estrés como estilo de vida, originan más muertos al año que ninguna otra calamidad en este mundo. retorciendo la salud física, mental y las relaciones humanas.
Yo voy a intentar dormir más, comer menos, preocuparme menos y disfrutar más del silencio, de la ausencia de fiesta, de la ausencia de intensidad, de un lienzo blanco donde todo sea posible, donde imaginar lo que voy a pintar después.
Detrás de tan cándida propuesta, el taoismo y la ancestral medicina tradicional china nos hablan del wu wei, del vacío, de la no acción, de un pozo donde obtener fertilidad de pensamiento y regeneración, y curiosamente la neurociencia más moderna nos habla de lo mismo. Vamos que la pereza pertenece a una pseudociencia antigua de lo más científica, que yo como persona hiperactiva con un c.v más largo que un día sin pan, te recomiendo practiques en razonables dosis diarias, así como semanal, mensual y anualmente. Es una pereza rentable física, energética, mental, emocional, afectiva y espritualmente.

Lecciones desde el monasterio: 2- La meditación del servicio

Aprender a ponerse al servicio, y disfrutar.
Una actividad clave era la meditación del servicio, karma yoga lo llaman en algunos sitios, y a mi en otros sitios me había parecido una manera sutil de ahorrarse gastos, poniendo a los practicantes a trabajar, pero en este caso, yo lo viví con otra profundidad y lectura. Había que elegir una manera de ponerse al servicio, y meditar con ello, en atención plena: yo además de hacer de intérprete en varias conferencias, colaboré junto con mi mujer e hijos de 6 y 7 años en la limpieza del comedor de 200 personas. Aprendí varias cosas:

a) En primer lugar, los comedores están limpios porque alguien los limpia todo el tiempo. No porque uno pague por ello en tantos sitios, debe dejar de agradecer y valorar que tanta gente te haya servido para poder disfrutar de eso. Debemos mostrar humildad y reconocimiento en relación con quien nos sirve.
b) El comedor era enorme, y al querer hacerlo rápido y coordinar a los niños, me entró un poco de angustia y premura, que me alejaba del mindfulness. Un aspirante a monje apareció y nos puso a cantar recordando la importancia de inspirar y expirar. Al hacerlo, me di cuenta de que no había porqué correr, y pude realmente disfrutar de mi entrega a un servicio que iba a aportar a una comunidad.
c) Entre las mesas se notaba la gente que tenía más conciencia de cuidar el sitio y no suponer una carga para el que pasa detrás, y otra que simplemente lo tiraba todo encima de la mesa, y limpiar migas de pan, no es lo mismo que raspar y arrancar trozos de fruta, mermelada, leche, etc. La falta de consciencia no solo se carga el planeta, afea y destruye nuestro entorno más inmediato.
d) Cuando sirvas, hazlo con esmero, de manera que te siente bien hacerlo: mis hijos estaban apasionados por dejarlo todo pulido y brillante, sin juicio ni resistencias, lo que me recordó que el premio de hacer las cosas bien es mucho mejor que a medias, porque uno se siente orgulloso y feliz mientras que trabaja, y después. Nota bene: no es que mis hijos sean unos santos, evidentemente, a las pocas mesas y dada su corta edad, me dijeron que querían irse al gran arbol con columpio de la entrada, a lo que no opuse resistencia, pues entendí que ellos ya habían hecho lo que tenían que hacer, que era darme otra lección más con su ejemplo en el tiempo que habían estado.
e) Lo más importante de servir es que te sana en la relación con el mundo. La sociedad de consumo nos ha vuelto estúpidos e ignorantes. Estar atento a lo que el mundo necesita de mi, me ayuda a valorar lo que de verdad importa, me abre el corazón, y cierra esa boca exigente e insatisfecha, a la que nada le vale.
f) Una vida de éxito no es la que tiene mucho dinero en la cuenta corriente, es la del que sabe que ha cumplido su misión, que en el fondo está relacionado con cuanto se ha puesto al servicio.
g) El mar es el más grande de los ríos porque se pone por debajo, dice el Tao TE Ching. La humildad en el servicio te vacía para poder tomar grandes lecciones, que llenan la verdadera profundidad del Ser.
Ahora que hemos revisado todos esos puntos, elige, ¿quieres limpiar letrinas? No es necesario, sirve donde puedas y se te de bien, en aquello que tú elijas, hazlo con amor y voluntad de servir, más allá de la remuneración y de tu autoimagen, lo digo por tu bien. Serás mucho más feliz.

Lecciones desde el monasterio: 1- Mindful Eating (comer con atención plena) y satisfacción

Lecciones desde el monasterio budista zen de Thich Nhat Hanh
Por Jorge Urrea

1- Comer con atención plena y satisfacción:
Cuando le dije a mi mujer que quería ir a la cuna del Mindfulness en Europa a pasar una semana conviviendo con los monjes me sorprendió gratamente y me dijo que ella y los niños venían conmigo, que nos sentaría bien a todos, incluidos los niños, que según ella aprenderían técnicas de concentración. (tanto mi hijo como yo, tenemos un poco bastante de dispersión, o lo que ahora llaman a veces déficit de atención).
Nuestra llegada al monasterio budista de Thich Nhat Hanh cerca de Burdeos fue amorosa. Nos esperaban muchos monjes y “benevolentes” (voluntarios), deseando que tuviéramos una toma de tierra agradable. Sin embargo, la austeridad del lugar, las duchas comunes, sucias la mayor parte del tiempo y con arañas (las limpiaban voluntarios y las compartíamos muchos), la pintura que se caía, la falta de cerradura en la habitación, fueron shocks para unos u otros, más o menos fáciles de incorporar. Para mi fue bastante fácil, tenía un aire de ya vivido, quizás en otra vida, excepto al principio su comida, vegetariana con muy pocos cambios, que era todavía más restringida para mi por el hecho de ser muy intolerante al gluten, y eso reducía mi carácter goloso a básicamente patatas, arroz y zanahoria y una deliciosa ensalada con productos de su propia huerta. La gran novedad para los niños era el rito de comer en silencio y en “familias”, grupos asignados por afinidad cultural, y acompañados por al menos un monje, que también nos acompañaría espiritualmente esa semana.
Cada uno se dirigía en “noble silencio” al buffet y tomaba en actitud meditativa lo que deseaba. Después nos sentábamos en silencio bajo un árbol, a esperar que el monje sonara la campana para empezar a comer todos, escuchando de fondo los pocos sonidos de un lugar recóndito de la campiña francesa. Ese proceso en silencio, con conciencia, a mi me dejaba en calma, para poder sentir realmente qué quería y cuanto necesitaba comer, y de qué manera y ritmo también. De la austeridad de la comida y el silencio solo puedo dar las gracias. Elegí solo lo que necesitaba comer, y luego mastiqué y disfruté de lo que allí tenía, apreciando texturas y olores, una experiencia digna de un restaurante Michelin. La nutrición del alimento no viene solo de lo que digerimos, también de cómo nos relacionamos con él, de cómo lo atacamos en boca, olfato, nuestra actitud durante la ceremonia sagrada que debería ser (más cuando la mayoría de las dietas llevan animales que han dejado de existir para que nosotros podamos comerlos, y es que no porque compremos los paquetes de filetes en el supermercado significa que detrás no hubo un animal). En fin, la experiencia de comer mindfully, en atención plena, en contacto con mi necesidad y el alimento, sin ruido, es un regalo que sugiero que todas las personas, más las que tienen desórdenes alimenticios, practiquen gradualmente, hasta que su relación con la comida y su cuerpo sea amorosa y respetuosa.
Antes de seguir con el viaje en el monasterio, quiero adelantar nuestra comida al salir de allí. Fuimos a un hotel de lujo en la misma playa de San Juan de Luz, donde el precio garantizaba satisfacción, ¿o no? Llegábamos con los sentidos abiertos, limpios, y nos encontramos que la habitación olía entre tabaco y alcantarilla. Protesté, pero no podían cambiarnos de habitación, ya que el hotel estaba lleno. Intentaron camuflar el olor, pero la experiencia fue muy desagradable, por muy lujoso que pareciera todo. A la hora de comer, nuestra primera experiencia fue mirando el mar, lo que es en sí, otra experiencia maravillosa de no ser porque al ser servidos, dependimos de una insatisfactoria espera a que la camarera dejara de charlar con sus compañeras y nos atendiera, lo que demoró 40 minutos la llegada del primer plato. En el monasterio, al no ser servido en mesa, eso no pasaba, y como yo no lo necesito, ganas me dieron de ir a la cocina yo mismo, pero claro, culturalmente habría resultado incomprensible. Ser servido porque uno paga tiene su beneficio, y su coste…
A la hora de elegir plato, más insatisfacción, porque puedes elegir mucho más que en el monasterio, y eso genera una ansiedad y ruido, efecto perverso de tanta opulencia. Además casi todos los platos llevan gluten, por lo que respiré mi resignación tratando de convertirla en aceptación como podía. Tras simplificar la elección al máximo, y renunciar a tantas cosas apetecibles, me plantaron delante de un trocito diminuto de pescado limpio en un plato muy grande con tres manchitas verdes tipo Miró, que prometía ser poco para los 28 euros del plato La angustia de ir a quedarme con hambre, hizo que no consintiera, reaccionara a tiempo, me expresara y pidiera más. Así hicieron, pero con otro trozo igual de diminuto, y me quedé con hambre, enfado y 50 euros menos por cabeza. Ya no estaba muy zen.
Tratamos de adaptarnos al hotel lujoso por la belleza del mar y el encanto del pueblo, pero tras 5 días le propuse irnos a mi mujer, un día antes, y le pareció estupendo. Loada sea la sincronía. Pasamos menos tiempo en el hotel que en el monasterio, con menos paz, disfrute y presencia. Una contradicción, que ahora reviso e interpreto bajo la luz de la sociedad de consumo y como provoca insatisfacción permanente. La austeridad y los límites tan claros del monasterio, hicieron que la loca carrera del deseo se parara por unos días, abriendo el espacio para la conexión profunda con el ser, con la harmonía y belleza de vivir la sencillez. Ole, que diga Omm.
P.D: Las dinámicas sociales y culturales que vivimos a diario, nos llevan lejos de un lugar así, claro. De hecho, hay dos anécdotas graciosas que merecen ser contadas: mi mujer, que necesita tener un café por vena antes de empezar a hablar por las mañanas, sufrió la ausencia del mismo, con su carácter estoico más que paciente, y el día que se encontró a 4 monjes preparando un café clandestino en una tienda de campaña, tuvo la oportunidad de trabajarse la gestión de la envidia, emoción extensa e intensa en nuestro país. La segunda fue que al ir a guardar las maletas en el coche para irnos, vimos que alguien había dejado una caja de pizza junto a una caravana, en el parking. Nuestras tripas reaccionaron inmediatamente. El cuerpo tiene hábitos que incluso tóxicos como el alcohol o la nicotina, reclama. Los mojes hicieron un encuadre del retiro muy rígido, para que nos sirviera a todos, pero en ningún momento miraron con juicio al que no pudo sostenerlo, más bien lo contrario, su mirada fue siempre compasiva, con las pequeñas veleidades que uno necesita para su propio camino. Yo por ejemplo, cansado de levantarme a las 5 de la mañana para ir a meditar, una tarde me quedé echando la siesta, y al monje de nuestra familia le pareció estupendo. Gracias por no juzgarme.

Me too: yo también consentí, o no.

(texto de mi intervención en el Ateneo de Madrid)

Por Jorge Urrea Filgueira

Qui tacet consentire videtur si loqui debuisset ac potuisset

Dice el derecho desde la antiguedad que quien calla cuando pudiera y debiera hablar parece que consintiera. Hoy en lugar de hacer sensacionalistmo con las historias desgarradoras de algunos pacientes, hombres y mujeres, quiero repasar algunas escenas en torno al consentimiento en mi propia vida, que ha sido bastante normal. Les animo a hacer el mismo ejercicio en casa, sorprenderse y aprender.

NO me callé cuando con 6 años, una señora en el autobús se sentó y me aplastó y le grité “señora yo también necesito un sitio”. Todo el mundo se rio, me contó mi madre. Bendita espontaneidad infantil. Ojalá no la perdieramos nunca.

Sí me callé cuando con 7 años mis primos, un poco más mayores me indujeron a consumir cigarrillos y pornografía, lo que me desagradaba, recabando mi propia paga infantil. Necesitaba sentir que pertenecía a mi familia y ellos tampoco eran conscientes. Está reflejado en un profundo análisis en el artículo Educar en el porno. https://www.womenalia.com/blogs/yin-yang-del-desarrollo-personal-y-profesional/educar-en-el-porno

Me callé también cuando el profesor de lengua daba capones con el anillo, o el de dibujo técnico arrancó las patillas a mi compañero de clase al levantarlo en peso de las mismas, y le dejó sangrando. (hoy nadie se quedaría callado, afortunadamente avanzamos, pero entonces el miedo a la autoridad del profesor nos congelaba).

Sí me callé cuando me hicieron burla y acoso, tanto un profesor, como varios alumnos, durante años. Me callé tanto que fuera de mi amoroso hogar dejé de hablar prácticamente, eligiendo la soledad, hasta que un chico benevolente me sacó de ella. Gracias Alberto!

No me callé cuando mi entrenador abusó verbalmente de mi, como de tantos otros, y lo denuncié ante el director de deportes. Al final volví al equipo y él también, yo motivado por el entrenamiento, y el deporte, válvula de escape para aquella soledad silenciosa. Él sin cargas, pues nadie más se atrevió a confirmar que con ellos también lo hacía. Todo parecía igual, pero no, yo había hablado y él aprendió a respetarme.

Me callé cuando intuí que un religioso de mi colegio estaba abusando de su posición con algún compañero, tocándole, llevándolo a su despacho en privado. A mí sinceramente me dieron celos de la atención que él recibía, pero intuí que había un precio, que no estaba dispuesto a pagar. 25 años después me confirmaron que así fue.

No me callé el día que el prefecto de disciplina me tuvo 40 minutos de pie a diez metros, con 39 de fiebre, esperando a ver si quería abrirme la clase para llevarme el libro del examen a casa. Le mandé a la mierda literalmente. Tenía mucha fiebre y no medí bien, tuve suerte, porque el día siguiente que nos vimos me pidió perdón. Un hombre sabio.

Me callé cuando una novia modelo me dijo que estar con ella era un privilegio, y que yo tenía que cubrir sus gastos, en concreto los de nuestra estancia en la sierra, aquella semana santa que tanto había deseado compartir con ella. Aprendí que mi amor no debía valer lo suficiente, que también tenía que pagar. Aquello no era machismo, era mercantilismo, y yo lo compré acumulando mi normalitas “pagas” semanales (y perdí autoestima).

Me callé del todo cuando mi novia empezó a mostrar rechazo y desprecio a mi sentido del humor, a mis opiniones, a mis amigos, y luego siguión con enfados coléricos que no supe confrontar. Mi mejor amigo me dijo, “esta chica te quita el habla”. Yo me justifiqué con que no necesitaba acaparar la atención, que ese lugar de fondo también me gustaba, con tal de estar con ella, tan guapa, tan singular, tan especial. Consentí en eso, y consentí con que me contara que constantemente le atraían otros hombres y tenía presentes imágenes muy vívidas con ellos. Yo elegí escucharla durante interminables sesiones, donde ella se ponía de víctima de brujería negra, y yo de terapeuta impasible. Una locura mutua que me destruyó la autoestima durante años, más el día que se fue con un famoso, cuya cara me encontraba después en la televisión y los quioscos. Cuando ella pretendió que yo siguiera estando para ella, al mismo tiempo, yo conseguí decir NO, y separarme. Sin embargo, pronto retomé contacto con ella, como amigos, me decía, pero era por dependencia. Necesité 10 años más de terapia y empoderamiento psicocorporal para moverme ante ella de manera más natural, solo como amigos, hasta el día en que me levantó la mano, y yo pude echarla de mi casa.

Me callé cuando me contrataron al más alto nivel y sin seguridad social, a pesar de ir contra la ley (porque yo tenía mi despacho en la institución), pero lo hice por amistad a quien me introdujo y por miedo a perder el trabajo.

No me callé cuando trabajaba para el ministerio de exteriores y entramos en guerra en Irak, colaborando solo, pero me pareció suficiente, fui a la manifestación y ahí sí me jugué el puesto de trabajo, que no perdí, pero un atropello en bici me paró la vida, reflexioné en cama y dimití por pura coherencia.

Me callé cuando en un ejercicio de psicodrama propusieron cambiar roles, y como chico me convertí en Mía, una atractiva mujer fatal, que pensé dominaría con sus encantos, pero me encontré con que las mujeres presentes se convirtieron en machos burdos que me sobaron el culo, el pecho y hasta el paquete, violando mi intimidad. Yo les decía no, estate quieto, pero flojito, pensando que no me pasaba nada por soportar unas cuantas bromas. Cuando acabó el ejercicio, nos pidieron que conectáramos con como nos sentíamos y yo me puse a llorar desconsoladamente. Les sacaba una cabeza a todas esas mujeres vestidas de hombre, pero no fui capaz de impedir una agresión que me había herido el alma. El miniejercicio de empatía me hizo pensar que es absolutamente imposible ponerse en la piel de tantas mujeres dañadas y abusadas durante tanto tiempo, Vayan mis propias lágrimas por ellas.

No me callé ni me callo, cuando aprendí sobre la realidad de los refugiados, y colaboré con Comisión Española de Ayuda al Refugiado, y aporto dinero todos los meses a ACNUR para no consentir la injusticia de haber nacido en el lugar equivocado.

En conclusión:

Hay mucho más, pero hasta aquí puedo leer. Cuando repaso todos esos contextos, encuentro muchos factores que me impulsaron a la resignación y aquiescencia: necesidad de pertenencia a un grupo, necesidad de gustar, de ser querido, necesidad económica (no perder el trabajo), necesidad de amparo espiritual, etc. En unos casos pude expresar un No, pero en otros, no fui capaz, no me compensó, no estaba maduro, o preferí seguir forzando la máquina, la mía y la del otro, para mantener aquellas relaciones. “Un privilegio”, pensaba yo que tenía al lado de mi novia, creyendo que era una diosa, y yo un mortal. Nada más lejos de la realidad.

Ha pasado mucho tiempo, pero hoy al escribirlo todo junto me siento víctima de tantos abusos, me siento resentido y tengo ánimo de venganza. Durante tiempo me recreé pensando en romperle las ruedas y ventanas del coche del profesor que me amargó la existencia y las matemáticas durante años, cuando acabara el colegio, pero el día que años después volví allí, le vi anciano y amargado, y entendí que lo mejor que podía hacer yo era olvidar, que no perdonar. Desvincularme de él, soltar el pasado para volver a mi presente, a mi aquí y ahora, y disfrutar de lo mejor que puedo hacer en cada instante, con toda mi fuerza y mi capacidad de expresión. Debo respirar, volver a mi centro, recordar quien tiene el poder. Soy yo.

No tengo culpa por las veces que no me expresé ni pude ver con claridad lo obscuro de la situación. Durante tiempo era menor de edad, y estaba en situación de inferioridad. En otras ocasiones las relaciones verticales hicieron que yo desde abajo me dejara abusar por el de arriba. En otras, supuestamente horizontales, simplemente la inconsciencia del precio a pagar, me llevó donde no debía ir. ¿O acaso sí que debía ir? Como persona resiliente, reconozco que gracias a mi entrenador conseguí una capacidad de esfuerzo y disciplina que me ha ayudado a sostener momentos realmente complejos en la vida. Gracias a aquella novia, me separé de la diplomacia, que poco tenía que ver conmigo, fui a terapia y luego me hice terapeuta, lo que me hace muy feliz y en lo que soy mucho mejor profesional de lo que sería en cualquiera de los muchos estudios que hice antes. Gracias a aquellas vivencias hoy puedo acompañar a muchos hombres y mujeres en situaciones parecidas y entenderles mejor que si las hubiera leído en un libro. Mi camino es sagrado y por ello le doy gracias a todos los que lo han compartido conmigo. Gracias por lo bueno y por lo malo.

Hoy he hecho una catarsis escribiendo todo esto, pero no pienso seguir revisándola. Mi lugar es el presente. Revisar el pasado reproduce heridas, me pone en la víctima y me quita el poder. Además, estoy seguro de que otros o las mismas personas que menciono pensaran que yo fui su verdugo en otras circunstancias. Todos, hombres y mujeres, somos ángeles y demonios por momentos, es cuestión de darnos cuenta de lo que estamos haciendo en cada instante, empoderarnos con responsabilidad y salir de los juegos perversos, sin consentir.

Es bueno también haber revisado escenas donde sí que pude decir no. De no hacerlo así, me contaría una versión de mi mismo como ser débil, flojo, incapaz, y no es cierto. Hay mucha fuerza bajo mi dulzura, debo recordarlo y ejercitarla. No hace falta que sea en grandes dramas, basta con devolver un plato que no está bueno en un restaurante.

Hoy soy un hombre mucho más poderoso, con más autoestima y recursos, pero todavía hay escenas donde pierdo la voz. Todo el trabajo que he hecho y sigo haciendo, incluidas artes marciales meditativas, terapias, danza, teatro, estudios, y la vida misma, me aportan una capacidad que entonces no tenía, es cierto, pero debo permanecer siempre alerta, que no crispado, pero sí consciente, con la garganta clara y el diafragma presto a inspirar profundamente y decir tan alto como haga falta ¡NO!

Por Jorge Urrea Filgueira, consultor de crisis y autoconocimiento.

el sí de las niñas, y niños…

Cuando Moratín escribió El sí de las niñas a principios del siglo XIX no sabía que las cosas podrían cambiar tanto y tan poco en 200 años. Hoy en día el acceso a la educación de las mujeres es un derecho libre en nuestro país, plenamente ejercido por ellas, que las forma y da recursos para ejercer su libertad, hasta el punto de que las universidades tienen en general más presencia de mujeres que de hombres.
Sin embargo, tal y como está conformado el mercado laboral, sus leyes, y las expectativas socioespirituales de hombres y mujeres, llega un momento en que ellos prefieren seguir saliendo a “cazar”, proveyendo, y ellas prefieren dar su atención a la familia y a un estilo de vida más humano, con menos hostilidad. Esto que explicábamos en nuestro libro Ingenio, sexo y pasión, como el factor Atenea, se produce más en las carreras técnicas, pero no solo, y con la llegada del tsunami digital, promete tener un potente efecto sobre el componente de género a nivel sociológico. Lo que nos hace distintos nos hace rentables, pregonamos mi mujer y yo en el libro, para que la igualdad de oportunidades no sea vista como un ideal, sino como una verdadera oportunidad de sumar talento y formas de trabajar distintas, sinérgicas y eficientes.
Por otro lado, hablemos de poder: Sabemos desde Cristo, con su mensaje “no se puede servir a Dios y al dinero”, o Quevedo (poderoso caballero es don dinero), que el dinero ha estado y seguirá estando en nuestra atención, tentando, sacándonos de nuestro centro. El representante del infierno, sin que nos demos cuenta es el sistema de consumo, que abarca toda la enorme red de influencia que nos golpea en cada anuncio callejero o del móvil, donde depositamos nuestra mirada cada 5 minutos según el estudio de Oracle de este año. Nuestras pasiones internas se desatan por envidia de lo ajeno, ambición. Vanidad, gula, lujuria, o simplemente aburrimiento. I want it all decía Queen.
Al quererlo todo, soltamos lo que tenemos en las manos para poder tomar lo siguiente, individualistas, encontrándonos siempre insatisfechos porque las manos no acaparan más de lo que ya tenían, y la experiencia real de consumo nunca trae satisfacción duradera. La diferencia es que con el ejercicio de poder individualista cada vez estamos más insatisfechos y más solos.
Ampliemos ahora el argumento, manifestando que hoy el sí de las niñas lo están dando también muchos hombres, hijos de la madre, que juraron no hacerlo como sus padres, renunciando a la agresividad y carácter depredador de su antecesor, buscando un lugar más humano, más cariñoso y nutritivo para los suyos, proveyendo otro tipo de comida que no se paga con dinero. Sin embargo, de nuevo las dependencias sacuden a los que así actúan, y ahora hay muchos hombres que llegado un divorcio no pueden ni pagar la pensión por alimentos, porque no desarrollaron carreras más lucrativas. Esas situaciones de dependencia que antes se atribuían solo a la mujer, ya están sucediendo a muchos hombres, que a menudo deben volver a vivir con sus ancianos padres, permanecer con sus parejas por conveniencia, o volver a unirse con otra pareja como modo de sobrevivir económicamente en un mercado cada vez más aparentemente opulento de tecnología, pero donde la comida y el techo tienen un precio más inaccesible.
De nuevo poderos@ caballer@ es el dinero, o la plata… Llamativo es el contraste entre las películas de amor ideal y esas relaciones más o menos de conveniencia de tantas personas con personas, donde el factor sexual (género) ya no determina tanto, para convertirnos a hombres y mujeres en víctimas del nuevo culto, el del individualismo y el poder, el económico, donde el que más puede más tiene, pero no por ello se siente más amado ni acompañado, pues como Don Diego en la novela de Moratín, ser el más poderoso y experimentado no implica ser el más feliz, ni el elegido de la diana de amor del otro, ya que la joven y bella Doña Francisquita, reconoce amar al menos poderoso.
Ampliemos ahora la comprensión del poder, como algo más amplio, que incluye el dinero, pero también el atractivo físico, o la propia juventud, que implica años de vida y posible cuidado del otro. Son todo monedas de cambio en un juego mercantilista donde se va perdiendo el corazón. Cuando se da un consentimiento, el sí, es porque ambas voluntades están de acuerdo en hacer algo. Si una de las partes no lo tiene claro, que no lo haga, que se aclare antes en terapia o simplemente con tiempo para reflexionar. El viejo Don Diego en la obra de Moratín, convence a la madre de su pretendida de que su hija no le ama a él, sino a su joven y apuesto sobrino. Es un bonito y sabio final no solo por los jóvenes, sino también por el anciano, que se separa de la tentación y no presta su propio consentimiento a un encuentro viciado. No es mejor la soledad del que sabe que no le queda otra que aceptar que su consentida no le ama ni le amará. Todas esas comedias románticas se convierten en dramas Shakespearianos, como la vida misma.
Como terapeuta creo que con el cambio de circunstancias y oportunidades es positivo que hombres y mujeres sufran y aprendan, porque no hay mejor manera de entender lo que el otro atraviesa que meterse en sus zapatos. Hoy tenemos zapatos de todos los tipos, cálzate el que quieras y puedas, aprende, y recuerda lo que era estar en los anteriores, porque pronto llegará el momento en que otra persona te hablará de su dolor y falta de libertad, y sí quieres entenderle tendrás que evocar lo que aquí te cuento. Mi recomendación es que eventualmente intentes profundizar en la naturaleza humana del otro y la tuya propia, sin juicio, abriendo el corazón a lo sutil, aumentando la conciencia, explorando el microcosmos y el macrocosmos, con el mismo interés. Somos UNO, nademos en el amar como sirenos y sirenas, libres, bajo la mirada de la Dama azul de Ibsen, que presta su consentimiento de manera inconsciente, porque todavía no se atreve a soltar su cabeza, ni sus miedos ni su apego a lo que no vive, y la priva de lo que sí que puede vivir, un poco más abajo y más adentro.

Gestión del dolor y la enfermedad: 0- Antes de que ocurra.

Comienzo una serie de artículos, sacados de un libro que pronto publicaré, dedicados a la gestión del dolor y la enfermedad crónica. Después de décadas de aprendizaje, de lidiar con ello y acompañar a números clientes, me doy cuenta de que un conocimiento así debería ser impartido en las escuelas, porque antes o después todos pasamos por la enfermedad y el dolor, y se puede hacer mucho para mejorar la calidad de vida, la propia y la de las personas que acompañamos. Con todo mi cariño, espero que te guste.

Antes del dolor y la enfermedad:
No conduzcas tu vida a modo paliativo, hazlo preventivo. El autoconocimiento, la nutrición y técnicas como el chi kong, la acupuntura, o la medicina tradicional china te ayudan a llevar una vida sana y sanadora, donde la autoregulacion organísmica sucede de manera natural y a tiempo. No quiere decir que uno no caiga enfermo ni sufra, pues el equilibrio es un concepto inestable, lo que sí que pasa es que las crisis son menores y duran menos tiempo.
¿Por qué el autoconocimiento? Despertando la conciencia uno vive de manera responsable el contacto con el mundo exterior e interior, dándose cuenta de lo tóxico o nocivo que no debe consumir ni frecuentar, de lo que cuidar, de respetar los ritmos, el descanso por ejemplo (cuantas mujeres han olvidado exigirse menos en los días de sangrado, por ejemplo). No es fácil, hay que aprender a conectar con el cuerpo, introducir inteligencia emocional y espiritual, detectar cuales son los hábitos tóxicos, las personas y dinámicas que a uno no le sientan bien, desprogramarse de ideas locas. Claros ejemplos son las dependencias de fumadores, alcohólicos, alteraciones alimenticias, o las mismísimas víctimas de maltrato. Siendo evidente incluso para ellas que su apego no es sano, les falta conciencia del daño para dejar de hacerlo.


Mi consejo es invertir en autoconocimiento, medicina preventiva y hábitos saludables todos los días, no solo cuando uno está enfermo. Esto no es una chinada ajena a nuestra cultura, antiguamente en España se hacía: el médico del pueblo conocía tu familia, incluso podía visitarte en casa y ver tus hábitos, tu entorno, tus preocupaciones del alma. No te miraba solo lo que te dolía, como ahora, te miraba el iris, la lengua, charlaba contigo… Ahora no es que los médicos no quieran, es que el sistema no se lo permite. Deben ver a 50 pacientes por día, y no hay tiempo para eso. ¿Quieres un servicio diferente? Paga por él, prioriza tu salud en tus gastos, y luego sé disciplinado: si te dicen que estás estresado, relaja, y si te dicen que estás sedentario, activa. No hay otra, es tu vida, tu cuerpo y tu obligación de cuidarlo como una nave sagrada que habitas.
Por otro lado, cuando uno conduce su vida de manera sana, la psique está más fuerte e higiénica, con capacidad de sostener crisis puntuales que a uno le llegan, incluso aprendiendo de ellas. No es así cuando uno no se cuida y no para de sufrir todo tipo de males, pues el nivel de saturación hace que la fortaleza psíquica se resquebraje, que un mal menor parezca mayor, y que la mejor de las esperanzas sea que la vida se acabe rápido. Así, unos se suicidan, y otros se deprimen, que es la manera de cerrar los ojos y esperar que todo acabe. Ambas opciones son de un coste altísimo, (individual, familiar y social) y pueden evitarse de manera mucho más fácil si se trabaja a tiempo, a modo preventivo, que no paliativo.

Continuará.
Jorge Urrea es experto en autoconocimiento, terapeuta psico-corporal y gestión de crisis.

Gestión del dolor: 1- Me va a doler.

Gestión del dolor y la enfermedad crónica: 1- Me va a doler.
Jorge Urrea www.psico-tao.com

Es un rumor, lo siento leve, pero sé lo que viene detrás, me va a doler y mucho. Mi cuerpo se prepara para el impacto como en un accidente de coche, se tensa, se aprieta, se cierra en una coraza intentando eludir el dolor. Sucede con las migrañas recurrentes o con el cólico nefrítico, por ejemplo. Los testimonios al respecto son muy claros: generación de ansiedad, mal humor, retirada del contacto (no estoy para nadie), crispación del cuerpo con dolores añadidos en cervicales (zona de control), espalda, costillas, mandíbula, ano, etc. “Me va a doler, y mucho, prepárate”, se dicen de manera consciente o inconsciente, pero ¿saben hacerlo de manera eficiente?

Aprender a gestionar la psique, y en concreto, la anticipación del dolor es fundamental. Primero porque no siempre corresponde a una realidad posterior, y la preparación para ese impacto, es como en tantas otras ocasiones de nuestra vida, una ansiedad para nada, o lo que es peor, para sufrir hoy por un motivo psicológico, no fisiológico. Para ello es importante ir haciendo chequeos cada cierto tiempo (la periodicidad depende de la enfermedad) valoraciones del uno al diez, de cómo es el dolor real ahora. Respira profundamente, vuelve al presente, observa cómo se mueven tus pulmones y tu cuerpo con la respiración, resetea tu memoria del dolor y evalúa otra vez, sin prejuicio. Hazlo al menos hasta que alcance un 8 sobre 10, momento en que realmente el dolor se ha instaurado, y borrar la huella dejada en cuerpo, mente, emoción y espíritu lleva más tiempo, días, incluso semanas dependiendo del trauma. Trataremos sobre qué hacer en ese caso más adelante.
Segundo, y aunque parezca contradictorio con el primero, la alerta temprana es buena para reaccionar con lo que sí que se puede hacer. Ahí, el apoyo farmacológico es una ayuda del siglo XXI que sólo los curanderos del medioevo rechazarán, por conflicto de interés. En el caso de los cólicos nefríticos, por ejemplo, el conocedor por experiencia, como yo, sabe diferenciarlo de un dolor de espalda, y lo mejor que puede hacer es doparse cuanto antes para que el nivel de intensidad no se instaure en el cuerpo físico y energético, momento en el que incluso la morfina no parece hacer gran cosa para el dolor. En mi caso personal, aunque lo pude reconocer 30 años después de la primera crisis, sostuve el dolor agudo durante 4 horas hasta que me vieron en las segundas urgencias (no tuve la serenidad de chequear y donde fui al principio era solo traumatológico, razón por la que tuve que esperar a llegar a otro hospital, es decir, aprende de mi error y pregunta bien donde debes ir antes de salir de casa). Cuando por fin me trataron el dolor ya estaba tan instaurado que medicamentos como la buscapina fueron más ayuda para la facilitación del proceso de gestión de la crisis, que la propia morfina, que aunque me calmó la ansiedad, no quitó la sensación de dolor ya instaurada en forma de lo que visualizaba como una garra de una pantera negra, clavada en mi riñón derecho. (las visualizaciones para determinar y sanar correlatos arquetípicos y energéticos con importantes, por eso lo menciono)
Acudir prontamente, autogestionando la ansiedad, a un centro de urgencias adecuado y cercano a la primera intuición de que un dolor así viene, es importante, como digo, porque después, los diferentes cuerpos se quedan con la memoria del dolor cristalizada, y deshacer eso no es sencillo. Además, evitar llegar a un umbral así, se debe evitar también ciertas drogas, cuyos efectos secundarios pueden causar un dolor añadido a una persona ya saturada de por sí (en mi caso la morfina bloqueó mi digestivo, que solo pude disolver con 4 días de espera, laxantes y … chi Kong en la cama, con el gotero puesto. Hablaremos de esta gimnasia más adelante, pero me parece fundamental recordar que el movimiento ayuda en muchos procesos con gran alivio (nunca entenderé que no dejen moverse a una parturienta, por ejemplo). Los hospitales son lugares donde sobrevivir con ayuda, eternamente agradecido, pero uno no puede soltar la responsabilidad de su propia vida y proceso de sanación, porque se hace víctima, pierde su poder, y con el tiempo encamado, la vitalidad, el humor y hasta el amor por la vida desaparecen. Así, muchos enfermos crónicos pierden la autoestima y el aprecio por la vida, hasta el punto de suicidarse.

En conclusión, sí, te va a doler, pero que no haya pánico ni resignación. Pide ayuda y haz lo que debas y sepas diligentemente para prevenir y no aumentar ese dolor, y menos precipitarlo de manera exponencial con ansiedad. Respira, gobierna, mantén la cabeza por encima del agua, para no ahogarte. Mi experiencia personal y con clientes es que la gestión de la atención, mindfulness, incorporando el cuerpo, el movimiento, la respiración y una cabeza clara, reduce el dolor entre un 15 y un 35 %, lo que en muchos casos es la diferencia entre la desesperación y la cordura. Tú eliges.

Continuará.
Jorge Urrea es experto en autoconocimiento, terapeuta psico-corporal y gestión de crisis.

El buen padre de familia se retira a morir

Hoy viene un hombre a consulta por primera vez, le miro con atención y lo primero que me llega de él es un aire cansado, la cara gris, falto de brillo, la mirada dura, el entrecejo fruncido, el gesto despreciativo desde el primer segundo. Le pregunto qué le trae a visitarme, y me responde sin disimulo que él no cree en estas cosas, pero que un familiar suyo trabajó conmigo y le ha obligado a venir.
Veo mi propio ego saltando: “Pues si no cree en estas cosas, no cree en mi trabajo, no cree en mi, y su desprecio es una toxicidad que no deseo ni pagando”, pienso, pero antes de reaccionar respiro profundamente un par de veces y recuerdo que está ahí, que yo no tengo nada que ver, que a mi no me conoce, y que pide ayuda con los pies, viniendo, incluso, si al final de las sesiones le da por negar el valor de lo trabajado (y así será, pero también seguirá viniendo). La consciencia me permite no dejarme llevar por mi ego, en esta ocasión, y me vuelvo a poner al servicio.
Se trata de un hombre de 55 años, ingeniero de los de antes, cuadriculado, sin una pizca de ilusión por el cambio, lo distinto, la innovación, lo humano ni las humanidades. No encuentra su lugar en lo personal, donde no se entiende con su mujer ni hijas, ni tiene amigos ni ocio. Tampoco en el trabajo encuentra ilusión, no hace nada nuevo, ni le motiva aprender. Dice que quizás tenga suerte, le despidan en el próximo ERE y pueda volver a casa, a esperar a la muerte, vigilando desde el pasillo que todos hacen lo que deben, como un perro guardián, dice. Hombres identificados tan solo con modelos obsoletos del pasado y sobre todo el deber, están amargados y amargan sus entornos. La violencia no tardará en llegar. Mala cosa.
No es una excepción. Ayer vino un prestigioso cirujano que ha dejado el hogar familiar, incapaz de entender a sus hijas y de mantener la llama del amor con su mujer. No encuentra sitio en su sistema y la tentación tecnológica de las redes sociales promete sexo sin compromiso a mansalva, una adicción que alivia, pero no sanará su alma.
El otro día vino otro hombre que se lo ha dado todo a su mujer y sus hijas, su tiempo, energía, atención. Su padre les abandonó, y él rechazando ese modelo, ha cumplido de adulto con el rol de ama de casa que vio en su madre, y que parecía que su mujer deseaba, desde una posición más poderosa económicamente. Sin embargo, a ella no le vale: le ha dicho que la pequeña no es hija suya, que es de otro, “más hombre”, y se ha ido robándole la paternidad de una niña, regalándole la tutela de las otras dos, por las que no pagará pensión ni apoyo afectivo, dejando un vacío que ningún reality de fonfo con la tele a todo volumen tapa. La realidad supera la ficción.
Hace un tiempo ya, me consultó un maltratador. Su mujer retiraba la denuncia si se comprometía a verme: El hombre decía que siempre había sido pacífico, y de repente se encontró con un cuchillo ensangrentado en las manos y la policía entrando en su casa. Él No recordaba como llegó allí, pero sí que el niño no obedecía y les hacía la vida de pareja imposible. Otro hombre que no sabe ocupar su lugar en el sistema familiar, de manera amorosa, armónica, tranquila y poderosa… En este caso el consultante no durará mucho en terapia: el día que revisamos la escena de su infancia en la que su propio padre le tenía contra la pared, en el aire, antes de pegarle, pudo entender, pero no sostener. Pudo haberse responsabilizado de su comportamiento, más allá de la culpa, pero no lo soportó y salió corriendo para no volver, al menos conmigo. Una pena.
El último ejemplo ya, un alto directivo de una multinacional, tras la trágica muerte de la hija pequeña, y la zozobra conyugal, se marchó a miles de kilómetros, para encontrar la paz del trabajo bien hecho, la tranquilidad de la soledad, y seguir manteniendo a la mujer y otros dos hijos, como buen proveedor, aunque abandonador, restando valor emocional y afectivo a su propia presencia. Estando, sin estar, o al contrario…
En todos los casos, cada uno con su complejidad, encuentro hombres profundamente necesitados, incluso si ellos no se dan cuenta. Los unos reaccionan de manera vital, buscando un espacio distinto, donde poder ser, o sacan los dientes y pegan, autoafirmándose, y otros se deprimen y miran al mundo con desesperanza, esperando a morir. Ninguno de ellos consigue ser y perdurar en el sitio, en el proyecto que eligieron, feliz. No son excepción. Las estadísticas hablan de cada vez más hombres fuera de casa, arruinados, infelices, agresores, vagabundos, alcohólicos, politoxicómanos, desorientados.
¿Qué nos ha pasado a los hombres? Recuerdo de mis años de facultad que en derecho se hablaba del hacer del “ buen padre de familia”, (modelo de conducta aparece expresamente recogido en diversos preceptos del Código Civil, artículos 1094, 1104.2, y 1903) como un referente social admirable, recto, referente para todos, en una sociedad española en la que debemos recordar que hasta el año 1977 la mujer no ha tenido derecho a tener cuenta bancaria.
El triunfo del feminismo denunciando injusticias y abriendo oportunidades a las mujeres ha sido un avance social indudable. Las mujeres ahora pueden aportar y disfrutar no solo en lo familiar, sino también en lo profesional. Suman entre otras cosas un tipo de inteligencia distinta, a menudo más creativa y flexible al cambio, a la mirada periférica, inclusiva de factores que a los hombres nos suele costar tener en cuenta.
El péndulo de la historia va trasladando la creencia y fe colectiva en el padre de familia, hacia la reverencia de la mujer, que gana algunos pulsos por exceso, acabando con la igualdad ante la ley. Ahora si eres un presunto agresor duermes en la cárcel antes de poder explicarte, y si eres una presunta agresora no, por ejemplo.
La transformación no solo tiene efectos positivos sobre la mujer, también le cercena su propia conexión con el instinto en demasiados casos, pero hoy nos centraremos en los hombres. Los hombres que crecieron en una generación machista, que primaba y castigaba al que no hacía lo que era necesario como “buen padre de familia”, ahora se escapan por las esquinas de la que igualmente será una quema, de brujos esta vez. Si el hombre se pone fuerte en su sitio, ejerciendo autoridad, el mero hecho de alzar el tono, es reprobable en un supermercado. ¿será un maltratador? Juzgan los ojos de la cajera que no conocen.
El verano pasado en Francia, mi hijo de 7 años tuvo la mala suerte de ser picado por mosquitos feroces en el párpado, oreja y labio, con las consiguientes hinchazones. En un bar me vi obligado a explicar los hechos a un grupo de hombres en un momento de tensión. Ahora son hombres los que igualmente juzgan.
El siglo XXI es de la mujer. Todavía el sistema tiene mucho de patriarcal, pero el sentido de lo correcto, se ha hecho extensivamente femenino, para hombres y mujeres. Ahora los hombres, ya no saben como ser hombres, porque no está bien visto, por el qué dirán, por lo que pueda pasar, por rechazo a antiguos hombres descentrados, y por muchas otras razones. El hombre pierde fuerza y seguridad en su propia esencia, criterio, fuerza, etc. Por un lado esto es interesante, es una oportunidad de crecimiento para el hombre, que antes no se cuestionaba cosas tan graves como ridículas, como si la mujer podía o no tener una cuenta corriente. Ahora nadie lo cuestiona, claro.
Ser hombre no significa ser perfecto, como el modelo de buen padre de familia. Es cierto que ahora hasta el buen padre de familia puede decidir romper la familia, buscando un entorno más sano y amoroso. Son movimientos antes imposibles para muchos hombres, y bien planteados, pueden ser para mayor felicidad de todos los miembros. Sin embargo, la mayoría cree que ser bueno no pasa por eso, y se van al lado oscuro sin consciencia, huyendo de la quema de la culpa, de manera irresponsable, rompiendo platos sin darse cuenta de que lo están haciendo. Víctimas ellas, ellos y los hijos de primeras y subsecuentes parejas.
En todo este proceso, lo que no ayuda es la criminalización y culpabilización del hombre por ser hombre, por ellos mismos ni por los demás. En todos los casos reales que comentaba al principio, lo que hay detrás es un ser humano, con una biografía o circunstancias complejas, necesitado de apoyo, comprensión y luz, para reinventarse otra manera de ser hombre, sin renunciar a su fuerza ni felicidad, sin verse obligado a salir de la familia necesariamente, ni deprimirse, ni lanzarse a un crimen violento. Los hombres tenemos del siglo XXI tenemos el reto de crecer y aportar todo nuestro acerbo de siglos en la esfera pública y privada, para ello necesitamos aliados y aliadas. No debemos sustituir un patriarcado por un matriarcado, como si este fuera mejor. Demasiadas veces, el matriarcado que se plantea por parte de mujeres heridas, es una compensación, una manifestación de venganza de su propio dolor. No es justicia, ni avanzar, es una oportunidad perdida. Démonos la mano hombres y mujeres, empoderándonos mutuamente, con fuerza, sensibilidad y sentido común, que en época de lucha de sexos es el menor de los sentidos.
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Ilustración de Juan Berrio, del libro Diario de un hombre supérfluo, de Nórdica LIbros.

Gestión de crisis en vacaciones

Gestión de crisis en vacaciones.

Llegan las anheladas vacaciones y tanto esfuerzo durante el año pide una compensación en felicidad, pero el camino lejos de fácil, es en muchos casos tortuoso. Pongamos varios ejemplos distintos:
El que nos toca a todos: desde la organización a la vacación. Planificar un viaje puede ser algo realmente estresante, lleno de detalles ínfimos y timos en todas las esquinas y clicks. El acceso de la información en internet es una bendición como oportunidad de accerder al mundo, pero una maldición por lo laborioso y engañoso que puede ser en muchos casos. Lo que antiguamente se resolvía con una agencia de viajes en media hora, donde tu agente de confianza te ofrecía varios paquetes y tú elegías sin más, ahora puede implicar un proceso parecido a la compra de una casa, tal es nuestro nivel de exigencia de calidad y precio.
Mi recomendación es que hagas una búsqueda mindful, consciente de si en el proceso ganas ilusión, o todo lo contrario, lo tomas con ansiedad y esfuerzo. Devuelve la atención a la respiración, recupera una sensación de plenitud en el presente y no pidas lo mejor, que es enemigo de lo bueno. Además una alta expectativa es garantía de una alta decepción. Una vez que salgas de viaje, abre los ojos para disfrutar de lo bueno que sí que hay, apreciando cada paso del camino, sin ansiedad por llegar a destino y origen.
Casos concretos: El viajero individual. Yo lo he hecho en numerosas ocasiones en mi vida, incluido cruzar Canadá de costa a costa durante casi dos meses, y francamente, pasados ciertos trances, uno es la mejor compañía de si mismo. Cuando quieres estar en silencio, lo estás, y cuando decides hablar, siempre hay gente con ganas de hablar cerca. Hablar por hablar no es más que ruido, que te priva de la experiencia de vivir y apreciar cosas que están sucediendo delante de ti (el sabor de una comida, el olor de una flor, el retrogusto de un vino, la sensación de calor o la brisa en la piel, o la mirada de otra persona deseosa de un encuentro, que no apreciarías en la comodidad de una dinámica de amigas, donde el parloteo te dificulta estar abierto a lo nuevo. Yo animo seriamente a todos, solteros o no solteros, a hacer una escapada consigo mismos; les sentará realmente bien. Dicho esto, la primera crisis que les pasa a muchos es que el momento antes de organizar el viaje y si quiera salir por la puerta de casa, para por muchas somatizaciones, miedos, sensación de soledad, depresión, etc. No es cosa ligera. Si te pasa pide ayuda, los profesionales ayudamos a dar saltos al vacío peores, con menos ansiedad y mejor aterrizaje.
El viajero en familia: el día que escuché este chiste me hizo reír, llorar y reflexionar un buen rato. “¿Qué tal tus vacaciones Jorge, bien o en familia? Unas vacaciones en familia no son garantía de felicidad alguna. Lo normal es que emerjan asuntos pendientes con la pareja, hijos, hermanos, padres… Si asumimos que eso va a suceder y de nuevo, enfocamos la experiencia desde el no juicio, no expectativa, y mucha mirada de compasión, podremos aprovechar las crisis que seguro que van a suceder, para no solo disfrutar más, sino aprender y reforzar nuestros vínculos para el resto del año. ¡A por ello!
Jorge Urrea es experto en gestión de crisis y autoconocimiento, Mindful Leadership
http://www.psico-tao.com/?page_id=9

EMPODERAR O VICTIMIZAR

Empoderar o victimizar
Jorge Urrea

Durante años he trabajado con mujeres, desde terapia con víctimas de violencia de género hasta coaching con altas directivas. Con las víctimas he escuchado el dolor de tantas heridas, reconstruyendo la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia, la capacidad de volver a sostenerse sobre sus piernas. Con las directivas he hecho el mismo proceso, pero ha habido más esfuerzo en determinar lo que se perdieron de camino, a lo que en realidad no quieren renunciar, y cómo hacer carreras de alto rendimiento sostenibles, donde lo afectivo ocupe el espacio que también necesitan. Sin embargo, al profundizar el proceso ha sido parejo, llegando a lo mismo, y empoderando a la mujer, cuando, por ejemplo, quiere ser madre, y no se lo permiten como alta directiva (igual que en otros niveles).
El feminismo más notorio (el que preconizan los mass media) busca compensación por injusticias históricas y actuales, y no les falta razón, pero con el paso del tiempo, observo el efecto del trabajo institucional, como un movimiento pendular de un extremo al otro, con un efecto perverso que lejos de disminuir la violencia, refuerza el odio y el enfrentamiento entre sexos, perpetuando el conflicto y la herida, que no para de manar, no solo porque se sigan cometiendo atropellos todos los días, que no lo dudo, sino porque se fomenta la visión sesgada de la mujer como víctima y el hombre como malvado, y sobre todo se fija la atención constantemente en la carencia en lugar de focalizar la atención en lo que sí que se puede, en multiplicar el poder personal y los aliados.
Desde mi propio lugar en el sistema, que es el de sanador y empoderador, como terapeuta y coach, quiero dejar claro que la última salida no es la victimización, como muchas mujeres poderosas también advierten.

https://elpais.com/elpais/2018/03/05/opinion/1520273619_739464.html

A un nivel público, los poderes deben garantizar el siguiente proceso de sanación individual-social para poder pasar página: Verdad (que se reconozca lo que pasó), Justicia (cumplimiento de penas), Reparación (la solicitud de perdón y pago de compensaciones económicas, que aunque no compensen nunca, son en si un gran reconocimiento), y por último pero no menos importante, Garantía de no Repetición, la gran asignatura pendiente de nuestros poderes y sociedad, y en la que quizás la tecnología y la inteligencia artificial puedan ayudar de cara a prevención y eliminación del crimen,

Volviendo a mi esfera de trabajo, quiero adviertir que perpetuar la autoimagen de víctima, acostumbrándose a privilegios (la desigualdad ante la ley lo es), o lo que es peor todavía, minusvalorar o incluso humillar a la otra persona, NO es un camino de sanación, empoderamiento ni manera de conseguir la paz, ni individual ni social. Esos caminos solo conducen a la falta de fe en una misma en primer lugar, y en la psicopatización en el segundo donde, como vemos en las guerras, víctimas se convierten en agresoras, y se siguen viviendo como víctimas. Ten cuidado si eres un profesional asistencial de la abogacía, psicología, medicina, etc. No se debe armar al cliente para ir a golpear al sexo contrario, con mentiras y abuso de ley. La violencia solo genera violencia.

Reviso mis propias palabras y me doy cuenta de que debo explicar todos los conceptos que manejo desde el principio, para evitar malas interpretaciones:
Escuchar el dolor de las heridas: trabajo psicológico necesario. La persona que sufre necesita expresar, y que alguien le acompañe, vea y escuche. No estás sola, te escucho, te acompaño y te limpio las heridas. Este espacio es absolutamente necesario en etapas iniciales de un proceso terapéutico. En este sentido, las manifestaciones masivas, son catárticas, porque expresan dolor real, y son escuchadas por muchedumbres, lo que genera una sensibilización que permea clima y cultura (aunque desgraciadamente, los asesinos no escuchen).

Reconstruir la autoestima y el autorespeto
: tolerancia cero a la violencia y el maltrato. Solo podemos gestionar las situaciones, nunca cambiar a las personas, que solo cambian si lo desean y con mucho trabajo personal detrás. Debemos entrenar a las personas en la gestión de las situaciones. Defensa personal, comunicación no violenta, inteligencia emocional y desarrollo de la empatía. Los golpes no son demostraciones de amor tordu, enfermo- No hay amor enfermo, no hay amor en los golpes. Si me quiero no tolero que me agredan de ninguna manera. Mi compromiso ante todo es conmigo, de autocuidado y autorrespeto. ¿Me amo? Anclar la autoestima a una sensación de fortaleza interna, nunca a una imagen.
Autoimagen: limpiar el espejo en el que me miro. Yo valgo mucho más y mucho menos que los referentes sociales en los que me muevo. Soy mucho más que mi valía en términos de estudios, capacidad de generar dinero, aprecio social, parental, educativo… Mi trato conmigo mismo debe ser sagrado. Sea cual sea tu religión o espiritualidad, trátate de manera sagrada. Todavía hay prejuicios en contra de muchas identidades, incluso dentro de las mismas etnias: por ejemplo, existe un lucrativo negocio de cremas blanqueadoras, para parecer menos negro, que por cierto tiene alto riesgo de producir cáncer de piel. Un thriller horrible con éxito mundial, como el del cantante.

Autoeficacia: término relativo a lo que yo creo que hago bien. Si durante años las mujeres se pensaron como amas de casa, maestras, enfermeras o costureras. Hoy el acceso a la educación les permite reprogramarse, ampliando sus horizontes y capacidad de movimiento. Si crees que no puedes, no podrás. Abre tus ojos. Si quieres puedes, es cuestión de insistir por tu parte, y de apoyarte en otras personas. Busca aliados y aliadas de verdad, no dañes la relación con hombres ni mujeres que te pueden apoyar. Muchas más personas de lo que parece, lo estamos deseando. Busca relaciones de empoderamiento mutuo, no te conformes con menos.

Ensalzamiento del odio: lo que hacen personas con poder y heridas no sanadas, y es justo lo contrario de lo que debemos hacer. La gente profundamente herida no debe estar en ámbitos de poder, porque no busca la justicia, busca la venganza, es humano. No hay un lado oscuro de la historia, todos tenemos historias personales que nos han marcado y llevado a un punto más o menos desviado del camino de la virtud. Las personas maltratadoras de ambos sexos deben ser ayudadas a resolver sus traumas y sanar para dejar de dañar, al resto y a sí mismas, víctimas de su propia autodestrucción. La cárcel actual en este sentido no parece funcionar como sistema de reeducación ni reinserción. Todo el mundo está en lo mismo, somos a la vez víctimas y agresores-as en un momento dado, ángeles y demonios. Debemos trabajar desde esa premisa o todo lo que construimos mentalmente está basado en una peligrosa falsedad que perpetúa el conflicto.

Empoderamiento psico-corporal: el proceso cognitivo no es suficiente, muchos discursos mentales no son sostenidos en la vida, porque la emoción te hunde y no eres capaz de sostenerlo físicamente. El cuerpo debe ser trabajado, con artes marciales, danza, gimnasia y todo aquello que veas que te hace bien, que te empodera. ¡A por ello! Yes, you can!

Aprecio y empoderamiento mutuo: Hombres y mujeres deben seguir empoderándose, como colectivos y como aliados. Un hombre verdaderamente poderoso, no comete actos denigrantes a una mujer y viceversa, porque no lo necesita. Muchos hombres necesitan construir una autoestima sana, no relacionada con los logros, y una mayor sensibilidad, para mejorar su autocuidado y el de su entorno. Esto, no se hace solo. Las instituciones públicas deben potenciar los círculos de masculinidad, donde hombres con voluntad de transformación se empoderen y sensibilicen, convirtiéndose también en motores de cambio. (y para ello lo primero es despertar a la gente sobre esta necesidad). Yo lo he hecho durante años y agradeceré siempre lo logrado allí, tanto como participante como facilitador. Si no conoces el tema, te propongo un libro de Alfonso Colodrón en el que tuve una pequeña colaboración desde mi propia experiencia.

https://www.edesclee.com/tematicas/crecimiento-personal/guia-para-hombres-en-marcha-de-la-linea-al-circulo-detail

En este sentido, todos los círculos de mujeres conscientes, son exactamente igual de virtuosos y bienvenidos. De hecho, el nivel consciencia alcanzado en ambos, hace que cuando se da el encuentro entre ambos grupos, surja una semilla capaz de irradiar el mundo entero de amor verdadero. Un espectáculo digno de presenciar, te lo aseguro.

Si quieres a tu pareja apóyala en lo que desee empoderarse, en su camino, no la moldees a tu deseo, ni hombre ni mujer. Si no te gusta, cambia de pareja. Evitarás frustración en ti y en tu pareja. Como persona que ha conocido mucho mundo, en España y fuera, te puedo asegurar que hay de todo, es cuestión de salir de tu zona de comodidad y entrar con generosidad en la relación.

Sé tú mismo-a. Si dejamos que los dogmas nos digan cómo debemos ser, nos alejaremos de cómo necesitamos ser. Hoy tanto el machismo, como el hembrismo nos acosan diciendo cómo tenemos que ser. Al hombre no se le permite ser como le dé la gana (productor o sensitivo, masculino o femenino, heterosexual-homosexual, mental o emocional). Igualmente se juzga a la mujer por sus opciones actuales fruto de la libertad de elección. Por ejemplo, no es ni peor ni mejor, sino legítimo decidir ser directiva/o o ama/o de casa. ¡Por favor, libertad, déjenos ser lo que queramos ser!

robots comunicando con robots

Tengo un amigo que no es muy elevado, pero es muy práctico, y me ha desvelado sus claves del uso de las redes sociales, moral aparte, que resume así: “debes darle siempre a me gusta (o sus equivalentes), para que tus contactos sientan que les has visto y les aprecias, aunque no te importe nada lo que dicen, es más, ni si quiera hay que leerlo, porque llevaría demasiado tiempo. El efecto, es que ellos se interesan más por lo que tú haces, y te responden con reciprocidad, e incluso comparten tus cosas, dando eco a lo tuyo, que es tu verdadero deseo, que se te vea a ti, ya sea por motivos personales o profesionales”. Toma ya.
Esta mañana después de meditar en el parque, pensaba que debería trabajar más mis redes para tener rendimiento profesional de tantas apariciones como tengo en público (tv, radio, prensa, conferencias, libros…), pero que a mi poner mi energía en una dinámica tan falsa y vacía como narra mi amigo, no me apetece nada. Dado que al final uno compite con otros profesionales dentro de un sistema, entendí que tampoco puedo desenchufarme de las redes, que es lo que me pide el cuerpo si tales son las reglas del juego. Entonces se me ocurrió que quizás se podía hacer un programa, un robot, que trabajara por ti, haciendo todo eso que a mi no me apetece hacer. Lo contrataría como se contrata publicidad por radio, tele o internet. Según escribo esto me doy cuenta de que como con tantos otros inventos, seguro que ya existe.
El siguiente punto en esta cadena de evolución de acontecimientos, sería que evidentemente, antes o después, los demás también usarán este robot, que vaya haciendo guiños seductores y a diestro y siniestro. Pero entonces, el resultado final sería tan esperpéntico como que mi robot (con apariencia de mi) estaría trabajando porque tu robot (con tu apariencia), le mire. No se me ocurre nada más absurdo, no solo por evidentes motivos narcisistas, sino también, porque el resultado final es nulo en términos de eficiencia publicitaria.
¿La pregunta es dónde queremos ir con la todavía naciente sociedad de la información? Y digo naciente porque si tenemos en cuenta el ritmo exponencial de volcar información en la red, lo que llevamos hecho, no ha hecho más que empezar. ¿De verdad queremos crear un sistema donde todos sean reclamos de miradas, pero poco interés en mirar? Nuestra capacidad de asimilar información está ampliamente sobrepasada. ¿Deberíamos construir otros robots que decidan por nosotros qué información nos debe llegar? Pues de nuevo, ya existe, ya están decidiendo por nosotros: google, Facebook, linkedin, etc todos tienen robots analizando nuestras cookies para decidir lo que conviene que recibamos. ¿De cara a nosotros o de cara a lo que nos quieren vender?
El análisis masivo de datos, BIG DATA, se presenta como una enorme oportunidad para hacer grandes cosas como la prevención de accidentes, crímenes, previsión de clima, aumentar la productividad de cosas tan inverosímiles como un partido de baloncesto, donde por poner un ejemplo, se recogen hasta 30 millones de datos por partido, que luego analizados ayudan a aumentar la eficiencia del equipo.
Me preguntaban en una entrevista del telediario de antena 3 si google nos quitaría el puesto a los psicoterapeutas-psicoanalistas, y yo respondía que como profesional no me gustaría renunciar a información, que sin manipular, puede ser tan extensa como valiosa, pero que eventualmente la mano que lleva la sesión, debería ser siempre la de una persona con un alto sentido de la compasión, para no juzgar las veleidades ajenas, y ayudar a la persona a recomponerse de las crisis aprendiendo la lección. Sin embargo, mi miedo es claro, tanto yo, como el entrenador de baloncesto, como el cirujano, o el maestro, corremos alto riesgo de desaparecer como profesionales, porque la tentación de que un robot sin corazón sea mucho más eficiente en análisis de datos, está ahí y no se va a ir, sino que va a aumentar. ¿Conseguirán acertar en sus caminos introspectivos esos clientes y los jugadores de baloncesto, que ya no pueden comer, beber ni amar, como a ellos les plazca, sino como les dicen? Tengo mis dudas.
Me despido recordando a todos, que la sociedad no es algo distinto de la suma de todos, manifestada en nuestra voluntad consciente o inconsciente, al menos hasta ahora. Somos nosotros los que la creamos, mantenemos, nutrimos y defendemos. No podemos ni debemos soltar nunca la responsabilidad de lo que queremos hacer de ella. Yo hoy renuncio a entrar en juegos que no comparto, y espero que el sistema no me fagocite, porque algún robot de hacer ruido con millones de seguidores en twitter, tenga más voz.

no estás solo

Si no lo puedes ver bien, pincha aquí:
http://canalceo.com/no-estas-solo-trailblazer/

Jorge Urrea: «No estás solo, trailblazer»
(artículo publicado en Canal CEO)

Recientemente he estado en el impresionante congreso de Salesforce en San Francisco, donde tras una sesión Mindful con los monjes de Thich Nhat Hanh, uno de ellos se me acercó y, sin conocerme de nada, me soltó: “Puedo verte, compartimos camino, no olvides que no estás solo, estamos contigo”. Me emocioné.
El lema-mantra del congreso repetido hasta la saciedad, aunque muchos todavía no se han dado cuenta, era: trailblazer, el que abre el camino. Yo llevo rumiándolo desde hace varias semanas, como rumio mi propia historia y la historia presente de la humanidad, tratando de entender qué está pasando y, de repente, hoy conecto los puntos:
Me veo a mí mismo desarrollando un nuevo tipo de liderazgo –Mindful– que la gente no entiende porque es un camino nuevo y no saben incorporarlo a sus mapas previos de conocimiento. Me veo breando con mucho trabajo, esfuerzo y sin sabores, dudando de mí mismo, de si acierto, de si no me sería más fácil hacer algo que la gente ya conoce. Trabajo mucho en la definición del servicio, en el canal, en los clientes, en el seguimiento de trabajos… Mucho trabajo, en soledad, de ahí que me emocionara con el monje.
El trailblazer y la crisis de fe
¡Cuánto de esto pasa a tantos y tantos emprendedores que se lanzan en medio del campo a hacer una ruta nueva, que la gente no sabe adónde lleva, pero que no solo es buena, sino también necesaria! Yo trabajo en conciencia, verdadero salto cuántico para otra calidad de vida, relación, sostenibilidad… Y otros hacen de la ciencia ficción realidad, con algoritmos, impresiones 3D, biotecnología, blockchains, robots, etc. Cambiamos no solo las reglas del juego, sino el juego en sí, pero ¿qué es un juego? Un divertimento acompañado con otras personas, competidores, aliados, etc. Sin embargo, el trailblazer a menudo ha dejado de divertirse, está solo, y tiene una crisis de fe.
Lo primero para mí es que uno debe sostener las crisis. No se trata de encontrar la solución de inmediato, se trata de escuchar bien lo que está fallando, para cambiar lo que de verdad es esencial, sin desmotarlo todo “por intentar algo”.
La palabra sostener implica una madurez que nada tiene que ver con aguantar. En la primera actitud, de sostenimiento, hay algo de sincera y sabia humildad, tratando de aprender, mientras que la segunda, aguantar, solo refiere a una capacidad estoica de sufrimiento, que sin escucha y aprendizaje no lleva a ningún sitio.
La importancia de los aliados…
Continuemos por la importancia de los aliados. Colón no se fue solo a descubrir si tenía razón, se llevó muchos aliados, en su barco y en los de los lados, en el viaje y en tierra. ¿Cuántos aliados tienes tú? En el congreso de Salesforce había 171.000 personas conmigo. Sin embargo, el trailblazer suele viajar absolutamente solo, pecando en ocasiones de avaricia, pensando que lo que va a descubrir es tan extraordinario que se hará rico y teme que le roben la idea. No obstante, usando el ejemplo de Colón, probablemente otros exploradores anteriores a él habrán muerto rodeados de riquezas (ideas), pero sin capacidad para volver, contarlo y disfrutarlo. Atreverse a compartir la expectativa de lucro, prestigio, marca, es importante, pues sin ello acabamos como Golum en el señor de los Anillos: aislados, fríos y desnutridos.
A nivel de liderazgo recuerdo el discurso del rey de España actual, que en plena crisis independentista catalana lanzó un mensaje sencillo: “No estáis solos”. ¡Cuántos de los españoles no independentistas que viven en Cataluña se debieron emocionar al sentir que no los estaban dejando a su cuenta y riesgo, que alguien se preocupa por ellos! De igual manera, cuántos independentistas, convencidos de sus ideas, sienten que Puigdemont, desde fuera de la legalidad y del propio país, les sigue acompañando en su necesidad de protegerles de lo que ellos interpretan como otra agresión centralista. Se podrá estar de acuerdo o no, pero la necesidad de fondo siempre es la misma: soledad. Y el buen líder sabe responder a la misma, fortaleciendo el vínculo con su gente.
Si eres un líder autoritario, que inspira miedo a su gente, no te seguirán. Dale valor a lo emocional y lo compasivo: sé un Mindful Leader.

…y de los refugiados
También me viene en el contexto más global, los grandes emprendedores de nuestra historia presente, los que se guían a sí mismos: los refugiados. Pensemos por un momento en el arrojo de una persona que cruza el desierto del Sahara, llega hasta la costa norteafricana y se lanza al mar en una balsa para intentar conquistar la costa europea. La experiencia narrada por ellos y por los que les rescatan de una muerte segura es de transformación total. El mensaje cuando les dan la mano para salir del bote, es “no estáis solos”.
Desde lo micro hasta lo macro, lo local a lo global, vivimos épocas no solo inciertas, sino realmente desesperadas donde muchos trailblazers se lanzan a abrir nuevos caminos. Yo desde aquí te animo a lo siguiente:
• Conócete a ti mismo, desarrolla tu inteligencia emocional, con compasión, por ti y por los demás. El camino así es mucho más agradable.
• Viaja acompañado. Es más fácil abandonarse y morir en el medio del mar si uno está solo. Acompañados llegamos más lejos.
• Lleva una vida espiritual, no necesariamente religiosa. Sentir que hay algo mayor que uno y entregarse con confianza a la misión que uno tiene, es contar con un refuerzo interno brutal, sobre todo a la hora de abrir caminos nuevos.
Jorge Urrea | Gestión de crisis personales y profesionales · Mindful Leadership

Inteligencia artificial para la inteligencia espiritual

Leo un artículo de mi mujer, Sivia Leal, sobre inteligencia artificial y arte, del que destaca una composión musical, y este poema, y saco mis impresiones, pero primero ten tú las tuyas.
“He was silent for a long moment (Estuvo en silencio durante un largo momento)
He was silent for a moment (Estuvo en silencio un momento)
It was quiet for a moment (Estuvo tranquilo un momento)
It was dark and cold (Estaba oscuro y hacía frio)
There was a pause (Hubo una pausa)
It was my turn (Fue mi turno)”

¿Qué tal tu experiencia como lector? ¿Te ha conmovido? ¿te ha provocado imágenes en tu cabeza? ¿te deja ganas de seguir leyendo, o un eco de lo que allí pasa?
La máquina creó esto con solo la última y primera palabra, y no está mal. Consigue que yo atienda, quiera saber qué pasa, me hace sentir frío y desasosiego, incluso soledad pero para mi tampoco es genial, porque entre otras cosas solo llega a una conclusión lógica, y el alma humana se define precisamente en su falta de lógica aparente, en sus pequeñas veleidades que la hacen imprevisiblemente humana. Mi previsión de futuro es que sí, las máquinas irán invadiendo el ámbito creativo también, pintando nuestros paisajes reales e imaginarios con códigos binarios, que nosotros disfrutaremos en función de nuestra exclusiva capacidad de resonar en nuestro alma, en nuestra experiencia previa, en nuestro sentir más superficial y profundo a la vez. El que esté por sentir, sentirá, como puede sentir el onanista con un juguete a pilas. No seré yo el que le juzgue, con tal de que no olvidemos que la realidad es mejor, es infinitamente más compleja, no se define solo con unos y ceros.

Por otro lado, ¿dónde podrá aprender la máquina la espiritualidad del maestro creativo, que habría acabado el verso sosteniendo el vacío en silencio, testimoniando el efecto de su obra sobre nosotros, espectador de su propio arte que actúa en nuestras venas? Si los robots van a contestar a nuestras preguntas del alma, ¿dónde está el acompañamiento humano, la salida a la soledad? ¿Serán falsas sensaciones de compañía? Ahora hay un robot con forma de peluche foca, monísimo, (Nuka se llama en España, Paro en el extranjero), que hace compañía a los ancianos, con aparente muy buen efecto, lo que me recuerda a aquella gallega de la aldea que según contaba mi abuelo, pedía disculpas a los señores de dentro de la televisión, porque sus hijos habían comprado una televisión más pequeña que la anterior e iban a estar más incómodos (cuidando la relación como si estuvieran dentro, y la escucharan…). El tema no es nuevo, nosotros de niños acariciábamos a nuestro viejo seiscientos cada vez que amenazaba con volver a dejarnos tirados. Era un pensamiento infantil, mágico, que nos volvía más humanos en nuestra relación con la tecnología. Era cosa buena, inventada por nuestra mágica madre, pero hoy la rapidez de expansión de la matrix donde vivimos, es enorme y muchos ya viven más tiempo en el mundo mágico virtual que el real, para lo personal y lo profesional. Cuidado. Usar la inteligencia artificial a favor del factor humano es desarrollar Inteligencia Espiritual. Lo contrario es un embrutecimiento tecnológico que atonta y tira a Dios de los altares, cambiándolo por un becerro robot.
Jorge Urrea
Gestión de crisis y autoconocimiento.
Mindful Leadership, Humanizando la transformación digital

There are no arrows left

extract from my book “The passion factor”. LID Publishing

There are no arrows left (by Jorge Urrea)

If you intend to fire an arrow, first centre yourself, look carefully, check the wind, imagine the journey the arrow will make through the air, feel how it will penetrate the target, and then draw and fire. According to the Zen master archers, beginners should never have two arrows. The thought that if you miss with the first you can always succeed with the second means that your concentration is never complete. If you are not convinced about your business, then don’t bother to launch it, don’t waste your energy and your time firing your arrow. Wait for kinder weather. If you are not convinced then you will never devote yourself to anything or anyone, neither a partner nor work contract, but if you have already done so, then live it as though there was never any other possibility. “There are no arrows left,” should be your mantra. This is the only way that you will do your work correctly.

In this sense and contrary to what many think, seeking added time merely anchors you in the past and makes it harder for you to be absorbed into the present and the new adventure you’ve decided to embark upon. I recall an engineer who hired me because he wanted to get out of a loop of wasting hours every day wondering whether he should go back to his old company some months after he had left it. On the personal front, we all know someone who can’t stop sending love letters to the ex-partner in the hope that love lives on, and can be relied upon if the new partner fails to deliver. Let go of the mooring rope, explore other seas, because you can’t reach them from the harbour of the past.

bonjour tristesse: mindful melancolía

 

Por fin llega el otoño, o eso parece, y con las nubes y la vuelta al trabajo, la euforia del verano, con el sol en lo más alto se va mitigando, para terror de algunos, y depresión de otros. No lo temas, es el ciclo natural de las cosas y si aprendes a rentabilizarlo aprovecharás sus ventajas.

En medicina tradicional china, se consideran 5 estaciones, así como 5 elementos, cinco vísceras, animales, etc. El final del verano, corresponde al elemento tierra, la energía del bazo y vesícula biliar, el oso como animal arquetípico, etc. Desde fuera se puede juzgar como un folclore antiguo, pero si se profundiza en su sabiduría se encontrará mucha información interesante.

Por ejemplo, tras el sol abrasador del verano, la madera de la primavera ha ardido y ha generado unas cenizas (tierra), sobre las que se puede llorar por lo que ya no hay, o se puede plantar semillas que esperen latentes, rodeadas de nutrientes, la llegada de su despertar. Después del oso viene la grulla, bien entrado el otoño, energía de pulmón, respiración acompasada, sin excesos, melancolía consciente de la que aprender.

En tu caso, reflexiona sobre lo que el verano y la euforia se ha llevado por delante, no te entretengas demasiado con el duelo, tan solo lo justo, y aprovecha el espacio de lo nuevo, ahora que ya no hay tanto ruido para reflexionar sobre lo que quieres plantar.

La energía ha subido hasta la cúspide del cielo durante el verano, y ahora se retira, no te asustes. Es bueno aprovechar ese cambio de dirección para ir hacia tu interior y hacer un recogimiento contigo mismo: ¿qué necesitas ahora y en qué dirección quieres ir en un medio plazo? Estás triste porque hace frío y ya no puedes jugar con la arena de la playa? No te preocupes, volverá, ahora aprovecha el fuego de alguna chimenea para calentarte y reflexionar.

La tristeza está muy desvalorada en occidente y sin embargo bien utilizada trae información importante que recoger y escuchar. De acuerdo a la encuesta de la OCU hasta el 50% de las mujeres, verdaderas maestras de los hombres en cuanto contacto interno, tomaron el año pasado ansiolíticos y/o antidepresivos. Si nuestras “fareras”, las que nos traen luz cuando no vemos en la tormenta, se duermen, enmascarando su ansiedad y tristeza, ¿hacia dónde vamos como sociedad? Si necesitas tomar mediación, hazlo, para poder trabajar en ti misma, no para olvidarte de ti.

Uno debe decir “buenos días tristeza”, como en aquella obra y película, tomarla de la mano, y darse un paseo bajo los árboles que dejan caer sus hojas otoñales, y llevan la energía de la salvia para dentro, protegiéndose sin temor, haciendo lo que hay que hacer.

El que se acompaña a si mismo con cariño en este proceso, saca buenas e inteligentes conclusiones de su interior, se cuida, se da calor, descansa… el que no, se maltrata psicológicamente, se acusa de ser insuficiente, de no estar a la altura, se deprime por falta de afrontamiento de lo que tiene pendiente, abandonándose a la intemperie, en vez de replegándose de manera responsable.

El animal arquetípico que mencionaba es el oso, que representa una montaña de asentamiento sobre sus patas; con semejante fuerza y aplomo, nadie le podría acusar de falta de autoestima, que es lo que de verdad esconden muchos procesos depresivos. Un no saber colocar la mirada donde sí que hay, en vez de donde no hay. Evocar este animal e imitarlo psicológica y energéticamente, es más sabio que esconder la cabeza debajo del ala, esperando a que el ciclo vuelva a cambiar o que alguien nos pague las facturas.

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Pintura de Jesús Galiana

feliz de volver a trabajar

Mi suegro el año pasado, amenazó a mi hijo con la que se le venía encima, porque “pronto empezaría el colegio, y se iba a enterar de lo que era bueno”, con un tono irónico que seguramente mi hijo no estaba preparado para entender con 5 años, pero más allá de eso, al comentarlo con mi mujer tuvimos la misma reacción, afortunadamente.

Esto que para él era una mera broma sin importancia, en realidad es un fiel reflejo de lo que culturalmente arrastramos desde que “nos echaron del paraíso” con la amenza bíblica de “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Nosotros dos pusimos el grito en el cielo, porque desde hace años recorremos el mundo formando a la gente en la pasión por el trabajo como modo de ser feliz y subir el rendimiento, personal y de equipo. El problema de luchar contra la incultura popular, es que está muy arraigada, y la gente te toma por un vendedor de crecepelo, pero la evidencia científica nos da la razón.

No solo es que la pasión determina el 35% del éxito profesional, que nosotros comprobamos estadísticamente con miles de encuestas, es que está demostrado también que en el ocio somos mucho menos felices que en el trabajo. ¿Te parece una broma de mal gusto? Párate a hacer memoria: ¿cuantas veces en el trabajo tienes la sensación de contínuo de atención, de que el día se pasa volando, que estás centrado en lo que haces, y que conseguirlo te da una sensación de logro, disfrute, triunfo, que te pone las pilas? Ahora reflexiona, ¿cuantas veces te pasa eso en tu ocio?

Un estudio de la universidad de Chicago nos da números muy claros: mientras que la gente pasa un 54% del tiempo con sensación de fluir, con su atención y producción en el trabajo, en el ocio, baja al 18 %, vamos que estamos empanados. Como precisamente yo defiendo que el tiempo de aburrirse en necesario para la creatividad, autoregulación organísmica, etc, no quiero hablar excesivamente mal de ese ocio, pero tampoco me parece, con estadística en mano, que haya que alabar el ocio, por encima del trabajo. Como mínimo hay que darle una vuelta a nuestra actitud en ambos casos.

Como muchos sabéis, en la actualidad creo que la atención plena es la clave del rendimiento y la felicidad, pues no solo mejora la relación con lo que uno hace, sino también con los demás. La atención plena no es solo enfocar la mente, también es enfocar el corazón, las caderas y las vísceras, ponerlo en sintonía con lo que uno hace, y disfrutar con ello. El trabajo no es una maldición divina, como nos han vendido, es una manera estupenda de ganarse la vida, que por encima de todo, nos centra, da un sentido de orden, de estructura en la que agarrarnos, nos saca del empanamiento de muchos, que en el fondo no aguantamos más en la playa.

Muchos pensarán que hablo del lujo de trabajar porque uno quiere, porque ya tiene resuelta la vida, o como dice Oscar Wilde: “El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer”, pero no. Las estadísticas nos hablan claro: en todos los niveles profesionales, las personas estaban más implicadas en lo que hacían cuando trabajaban, que cuando estaban de ocio. Es cierto, que los cargos con más responsabilidad, suelen estar más centrados o despiertos, atentos, en comparación con los que tienen labores más mecánicas, donde es más fácil aburrirse y contemplar el trabajo como una mera manera de subsistir. Ojo, que estos trabajos van a desaparecer con la llegada de los robots. Si eres de esos, despierta, fórmate y especialízate en algo que tenga futuro, y presente, pues como explico, dormirse, no es en modo alguno fuente de felicidad, rendimiento ni trabajo. Es cierto que todos conocemos alguna persona con trabajo muy humilde, que está más centrada que nadie, que disfruta con lo que hace, incluso si lleva haciéndolo 40 años, y que es verdadero ejemplo de vida para todos. De esos más que de nadie debemos aprender, pero maestros así no se encuentran en todas partes. De hecho, el entrenamiento en atención plena que facilito, apunta hacia esa maestría, de pensamiento, corazón y acción. Un reto para el que dormirse no es una opción.

En lo que se refiere a lo personal, y en contra de toda predicción, focalizar la atención es más importante que nunca. El ocio, no puede ser solo un descanso pasivo, vegetativo, playero. Nos desvitalizamos. Ojo los jubilados, que tras años de duro esfuerzo trabajando, alcanzan la anhelada jubilación y ahí para su sorpresa, enferman y mueren, sin saber por qué. Muchos hombres creen que es la edad, que evidentemente influye, pero algo que no ven es que probablemente nunca supieron sacar jugo a su ocio, valorando lo productivo por encima de lo sensitivo y afectivo, y ahora siguen recurriendo al descanso como una fuente donde retomar fuerzas, pero esa agua está estancada, podrida. Deben moverse, excitarse, por lo que les de la gana, pero seguir vivos y despiertos. Observen a las mujeres jubiladas y aprendan: una alumna mía de tai chi, con 80  años, practica padel, danza, aerobic, escritura creativa y ¡tantra!, ah si, también se nutre de sus 8 hijos y 21 nietos, cuando le sobra un rato. ¿Creen que es una excepción de los tiempos? Mi propia abuela, al llegar la jubilación, hace 40 años, en vez dejarse mustiar, se sacó el carnet de conducir e inscribió a inglés y alemán. Recuerdo las voces juiciosas de la época, que lo consideraban inadecuado en una dama, más de su edad, y no veían la productividad en ello, pues nunca podría viajar al extranjero, y conducir en aquella pequeña  Pontevedra era una excentricidad. No tenían ni idea: mi abuela tuvo una buena calidad de vida hasta casi su muerte, siempre alegre, feliz y con ganas de disfrutar hasta el final, con sus guantes especiales para conducir.

Volviendo a los que todavía trabajan, parece que hemos aceptado que la fuerza se pone en el trabajo, lo que está bien, pero a menudo, uno no se repone de esa fatiga, dejándose caer ante la televisión, sin más. No es que sea mala, yo mismo veo un poco todos los días en forma de series o películas seleccionadas. Mi atención está presente sin casi esfuerzo, y disfruto de compartir ese rato haciendo comentarios con mi gente. Sin embargo, más allá de ese rato, y del necesario descanso, debemos variar, organizar, planificar, enfocar nuestro ocio para que no se nos escape por el desagüe.  Cada uno a su manera: los hay que juegan a las cartas, ajedrez, hacen sudokus o crucigramas, pasean, hacen deporte, cortan el césped, desarrollan amistades, etc. Da igual lo que sea, con tal de que en ello haya, como en el trabajo, una sensación de disfrute, de entrega al momento, de voluntad de sacar el jugo de esos instantes, sin dejarse ir. En ese tiempo sin tiempo, por la sensación de no aburrimiento, el espacio también se expande y contrae, como si alteráramos las dimensiones. El planeta entero nos parece abarcable para nuestra ilusión y ganas de recorrerlo (que le pregunten a Marco Polo), y al mismo tiempo, un espacio tan reducido como un tablero de parchís, es suficiente para acaparar nuestra atención, haciéndonos pasar un buen rato. El universo en un grano de arroz, decía Buda.

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Neurociencia y Santo Tomás

Durante casi dos décadas ya, he dado conferencias sobre los beneficios del autoconocimiento y las prácticas meditativas, como un entrenamiento psico-corporal, que trae enormes beneficios para la salud mental, emocional, corporal y espiritual. Mi capacidad de convencer a los que allí me escuchaban, pasaba por lo que yo emano, los estudios internacionales que traigo, o la propia confianza en las instituciones para las que trabajo, punteras a nivel mundial. Sin embargo, eventualmente, había un acto de fe que muchos no eran capaces de hacer, escépticos, pensando que era pura mitología china. Ahora ya no hay excusas, gracias a los avances de la tecnología, y la neurociencia, podemos observar a meditadores, incluso en tiempo real, y medir la evolución de indicadores como la tiroxina, colesterol, azúcar, regeneración del hipocampo, etc.

No juzgo las resistencias a creer, yo mismo hace 25 años, fui a un restaurante chino de un barrio modesto, donde moraba un chino viejísimo, que me decían “capaz de curar con las manos”, para ver si me ayudaba con un esguince recidivante. Le expliqué con gestos, porque no hablaba español, que había comenzado a hacer tai chi, a lo que el hombre se puso a tres metros de mi, y me pidió que extendiera la palma de mis manos. Él colocó sus dedos en forma de “espada de luz”, se concentró y proyectó sobre mi palma un calorcito que me recordó aquel de las máquinas de onda corta de los centros de rehabilitación. Me fui de allí con sensación de no entender para qué había estado, pues francamente, la curación no fue milagrosa, como me habían prometido, sino más bien otra sesión de rehabilitación con “calorcito”, un pequeño paso en comparación con lo que yo iba buscando, que eran pasos de gigante, sin entender entonces la importancia del camino.

Hoy leyendo sobre neurociencia, me doy cuenta de que quizás aquella fue la prueba de Santo Tomás, dónde yo me reafirmaría y continuaría trabajando la energía a diario, pues a tres metros de él, realmente pude sentir su proyección de calor en mis manos. No somos un cuerpo físico aislado, lo supe entonces y lo vivo cada vez que hago meditaciones dinámicas, donde juego con la energía, la expando, la concentro, la muevo, la reubico en mi cuerpo facilitando que mis órganos se mantengan sanos, es más mi estado energético tiene un efecto sobre mis clientes y entorno personal, donde la gente encuentra calma cerca de mi. “Efecto lexatín”, lo llaman. No es que sea un brujo, un curandero que ha heredado un don y vivo en la sombra de un restaurante chino, no, es que practico todos los días, cuido mi alimentación y los entornos que frecuento huyendo de toxicidades de todos tipos. La meditación es una “medicina” autoinducida, ¿a ti no te interesa? Es gratis. Si tienes curiosidad mira este vídeo de una de mis prácticas, a ver que te llega:

https://www.youtube.com/watch?v=ibRxsK4J-c0

A pesar de que es gratis, todavía hay rechazo cultural por parte de muchos, que para defender inercias, conductas y actitudes propias insanas, rechazan lo ajeno, juzgando sin conocimiento. “Mira a los chinos y los indios, su poco respeto por los derechos humanos”, “no ves que viven como animales, no tienen nada de avanzados”, “nuestra cultura es mejor que la suya”. Son algunos de los comentarios que he escuchado en defensa de no sé qué y en contra de tampoco sé qué, pues como digo, ya no hay que hacer actos de fe. Los efectos de las prácticas meditativas y de atención plena han sido corroborados en universidades y hospitales de todo el mundo. Vease Massachussets, Carolina del Norte, Harvard, Gran Canaria, etc. No veas choque de civilizaciones donde no los hay. Los listos no chocamos, hacemos alianzas, de civilizaciones en este caso, y sacamos lo mejor de cada una, sin substituir una por otra, ni restar valor a nuestros propios genios, como Machado, Ortega, o el mismísimo científico Ramón y Cajal, que por cierto ya hablo de regeneración neuronal en 1900, para burla de académicos retrógrados de la época, (cien años después se ha podido comprobar que era cierto, recuerden lo que comentaba al principio sobre el hipocampo).

Aquellos que todavía necesitan pruebas intelectuales, que lean informes de Harvard y libros bien documentados (como Flow, de Mihaly Csikszentmihalyi, o la película “y tú qué sabes”), y los que necesitan experimentar, que se expongan como yo a experiencias, pero está claro que cuanto antes se pongan todos a practicar con frecuencia diaria, antes sentirán los efectos. Para finalizar, creo importante no confundir leer sobre el tema con practicar las técnicas. Este año he tenido la rara coincidencia de tener como clientes a mucha gente con cocientes intelectuales elevadísimos, auténticos genios, que han leído mucho más que yo sobre Yoga, Chi kung, Vipassana, misticismo sufí, Zen, Zog Chen, Mindful, neurociencia, etc, y aunque lo entienden todo debo decir que la lluvia no les había calado por debajo de la cabeza.  Da igual cuanto sepa uno sobre neuropéptidos,  teoría de cuerdas ni siete dimensiones: si no te entregas, practicas y abres tu experiencia a energías sutiles, nada cambia. Si lo que digo te suena a chino quédate simplemente con esto: nutre tu corazón aportando a un entorno de paz y harmonía. Tendrás una vida larga y amorosa. Si focalizas tu atención en la lucha, siempre encontrarás donde luchar, y enfermar, pareciéndote a tus enemigos, por puro roce. Tú eliges y tú conformas tu realidad.

Jorge Urrea facilita la gestión de crisis y procesos de autoconocimiento profundos.

Espiritualidad robótica

 

Pregunta Silvia Leal, reconocida experta en sociología y tecnología, si los sacerdotes están a salvo de ser substituidos  por robots, en un artículo que como todo lo que publica merece la pena leer, si quiera para contestar, como aquí hago yo, sabedor de que todos y ninguno tenemos la razón, porque no dejamos de ver más que un solo fragmento de la realidad, con lo que espero apoyar en la construcción de una percepción más amplia.

http://www.efeempresas.com/blog/estan-los-sacerdotes-salvo-de-los-robots/

Yo leo el artículo, y aprecio en primer lugar el mensaje principal, que es que espabilemos, que casi ninguna profesión está libre de ser substituida por robots, y si queremos ganarnos el pan tendremos que hacerlo en otro sitio y/o de otra manera. Lo segundo que agradezco es que habla de fomentar nuestra humanidad como clave del éxito, para aquellos que todavía intentan ser más eficientes que un robot. Locos. Eso ya es imposible y además, lo que realmente podemos aportar en la competencia con la inteligencia artificial, que puede gestionar sin esfuerzo millones de datos para una decisión sencilla, es sin duda nuestro alma y por ende nuestra capacidad de entender nuestras miserias humanas y saber acompañarlas.

Es ahí donde confronto de pleno la posibilidad de un robot monje budista, cristiano ni de ninguna otra religión o rama espiritual. De igual manera que en Antena tres confrontaba que Facebook o Google puedan no solo saber más de nosotros o que nuestra propia madre, sino que también nos puedan acompañar mejor que ella, o que un psicoterapeuta o coach, que es en lo que a mi me toca. (ver artículo http://www.psico-tao.com/?p=879 )

Es cierto, que si es cuestión de acceso a la información, los robots pueden en el caso de los monasterios, recitar textos sagrados, mantras, laudes gregorianos o lo que se quiera. Igualmente debemos agradecer a tantos maestros del mundo entero, que ahora comparten su sabiduría y luz en forma de vídeos, artículos y conferencias en formato digital. (un ejemplo es el del Lama Rimpoché con el que trabajé un verano, que luego nos dijo que publica en youtube, y recomiendo vivamente https://www.youtube.com/watch?v=ZUvykNc6vYs&t=353s )  Es una oportunidad sin igual en la historia. Muchas enseñanzas antes permanecían ocultas no solo por límites teconológicos, también por avaricia, cual tesoro a no compartir, bajo el falso mito de que una iluminación antes de  tiempo podía volver loco (siempre fomentando el miedo para controlar el poder sobre la gente...) Sin embargo debo decir que el acceso a la información no implica la comprensión, ni el acompañamiento, que debe seguir siendo buscado en personas, profesores, maestros, seres queridos a los que escuchar con la humildad  del que no está lleno de si mismo.

Por otro lado, coincido con Silvia en que es mejor no resistirse, y abrazar las nuevas tecnologías tan rápido como sea posible, antes de que nos fagociten, y esto no es ninguna broma, como ella misma denuncia con labor verdaderamente oráculo-profética, estúpidamente desatendida por demasiados. Animo igualmente a abundar en la propia humanidad, y añado la importancia de hacer trabajo de autoconocimiento, que sirva en la relación con uno mismo, con el medio y con el otro. Por un lado nos dará una ventaja competitiva en comparación con lo que sí puede hacer un robot, de hecho servirá para que los robots puedan hacer bien su trabajo, porque “lo que nos diferencia nos hace rentables”. Por otro lado, la realidad tal y como la conocíamos de niños ha cambiado mucho, pero tampoco tiene nada que ver con lo que está por venir en poco tiempo. (Entrenarse en el vacío para no tener miedo y sabir fluir es buena cosa).

Los creativos, que a menudo son verdaderos visionarios, lo plasman en películas de niños y adultos, y nosotros, que tenemos los párpados abiertos, pero los ojos cerrados no nos damos cuenta de que lo que parece fantasía es o va a ser realidad en poco tiempo. Acompañando a mis hijos a ver una película de dibujos, Wally, “descubrí” una sociedad en la que los robots nos hacían la vida tan fácil que habíamos renunciado al movimiento corporal, deformando nuestros cuerpos de manera esperpéntica. Por cierto los robots mantenían funcionales nuestros cuerpos a base de masajes robóticos, que imagino moverán las carnes, pero no tocarán el alma, como sabe hacer el terapeuta sensible. Se me hizo obvio, una vez más, que uno debe desconfiar de los avances tecnológicos y no sumirse en un sendentarismo enfermizo, recordando aquello de “mens sana in corpore sano”.

¿Crees que exagero? ¿Quién no conoce los sillones de masajes electrónicos, las plataformas deslizantes de dos ruedas en diferentes versiones, las escaleras o plataformas mecánicas? Lo próximo, que ya está aquí, son las prendas termoregulables (que atrofiarán el propio mecanismo tiroideo de autoregulación y consumo energético) y los exoesqueletos para labores cotidianas, facilitando levantar pesos imposibles para un humano, pero con el riesgo de anular nuestra propia musculatura si lo usamos en exceso o “en lugar de”. Todo usado con mesura e inteligencia es un avance indudable, pero sin consciencia, tiene consecuencias drásticas.

En la relación con los demás seres humanos es igual. Recuerdo aquella otra película de los Surrogates, con Bruce Willis, que lo dejaba muy claro. No te la pierdas. Si te atreves con algo más duro, lee el libro “Eres bella”, de Chuck Palahniuk, conocido autor del Club de la Lucha, que te dará otra visión de los juguetes sexuales.  Si uno usa a un robot para interactuar con el mundo, corre el peligro de que solo se relacione con otros robots, mientras uno permanece en el sillón, sin asear, sucio, estancado como el agua, podrido física y espiritualmente. Advertido quedas.